El ciego Tiresias de Rubén García García

sendero

Solo Tiresias sabía de mi viaje y pasé a despedirme. En la bolsa acomodé la flauta, los maderos, cuerdas y un ramo de hierbas aderezadas por el sereno y la luna. «suerte y buen viaje» me dijo cuando me abrazaba.

Un mes después, en la puerta al inframundo toqué con maestría la flauta y las tres cabezas del perro se durmieron. Caronte me dijo, al bajarme de su barca, «no tienes mucho tiempo». La vi en su sueño profundo y unté en su frente el humor de las raíces. Con dos tablas y las cuerdas inmovilicé su cuello. Poco antes de la salida se oyó una voz imperativa atrás de ella: «¡A dónde vas!» Ella quiso voltear, pero no rompió los amarres. Corrimos hasta ver el día. La mujer florecía en lágrimas al abrazarse con sus hijos, que decían «has vuelto mamá».

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s