¿Cuál es tu ansiedad? de Rubén García García

Sendero

Me quedé quieto, en silencio. Ayer caminaba sin preocupaciones. Por la noche me despertó el llanto de mi vecina. Alfredo, su esposo, había muerto. Una semana antes, el velador del vecindario fue cruelmente asesinado. Mi esposa que parece que nunca duerme, me platicó que los perros no han parado de aullar; el colmo fue cuando lo hicieron en pleno día.

Ya se llevan el féretro, mi mujer estaba a punto de integrarse al cortejo, la detuve. «Te quedas en casa, ya habrá oportunidad de darles el pésame». Se han ido y quedó en el aire un aroma de flores deshojadas.

Tomando café en la cocina, vi pasar a mi hija. Llegó mi esposa, me dijo: «no sé cuál es tu ansiedad, al final tú y yo tenemos un año…», «¿un año de qué?» —le pregunté ansioso. «qué ya no te acuerdas que venías manejando y caímos al abismo del diablo. A ti el golpe no tan solo te quitó la vida, también te jodió la memoria.

La Honda

Sendero

La carretera es una serpiente que corre. Escucho detrás el motor de una “Honda” que pasa veloz a mi lado. Es una motocicleta que se vuelve diminuta a medida que se aleja. Corro. El sol cae sobre mi espalda y sobre el asfalto goteo el asma y regatos de sudor. Al llegar a la loma se mira el río. ¡Qué ganas de meter la cabeza y limpiarme el cansancio en los meandros donde la corriente se estanca!

La “Honda” viene de regreso, tan veloz que se pierde en las curvas y reaparece montada en las tiras del cielo.

Su primera declaración de Rubén García García

Sendero

Y con la mirada azul y sus dientitos de leche, el Bebé dijo: lo primero que se aprende, es que hay saber chillar; pues, el que no chilla, no mama.

Disciplina

Sendero

El búho tan serio y sabio. Pocos saben que para llegar a tal estado de sapiencia tiene que comer diario un ratón de biblioteca.

El clavel de Rubén García García

Sendero

El clavel es la flor favorita de nuestra comunidad política. El otro quehacer que ejercitan con maestría es el de la “vista gorda” que justifican diciendo que apenas pueden ver, y la poca agudeza solo da para no caerse en los escalones.

Las razones por Rubén García García

Sendero

Las razones

«Médico, usted me entenderá. Mi mujer si yo digo no, ella dice sí. Los hijos ya hicieron su vida. He estado a punto de hacer mi maleta y salir corriendo, en el último instante me arrepiento. Está tan fea, que no creo que haya varón que quiera juntarse con ella. Desisto y salgo a caminar». Por la tarde me consulta una señora alrededor de los sesenta años, presentable, y me dice: «Ya no aguanto a mi esposo, desde que se jubiló, no sale de la casa y está jode que jode. Me pone tan tensa que quisiera salir corriendo de la casa. Me detengo, y regresó a mis quehaceres. Más calmada tomo consciencia de que él es un tesoro para mi rencor, y es mejor tener con quien pelear que vivir en la soledad.»

El predicador de Rubén García García

Sendero

Los caminos hacia la muerte son infinitos, decía el maestro a sus pupilos, en una tarde soleada: «hay muertes, que se construyen día a día, como las iglesias góticas que requieren de un tiempo dilatado.  y otras, que bajo un ardiente sol caen como un ra…«

¿Dónde estás mamá? de Rubén García García

Sendero

—¿Qué tal las enchiladas de la fonda?

—Mejor estaban las de mamá.

—Ya vendrá, fue a ver a su abuela que está enferma.

—De eso ya tiene un mes y no viene.

—Ya vendrá, ten paciencia. El fin de semana nos vamos a buscarla.

—Eso me dijiste hace ocho días y te fuiste con el «Mastique” a la cantina. Algo le hiciste a mamá para que ya no venga.

—Tu papá es incapaz.

—No sea mentiroso, si bien que vi cuando la golpeaste en su panza.

Él miró hacia otro lado, no dando importancia a lo que dijo el escuincle.

—Un día de estos te llevo a donde está. Y salió golpeando la puerta.

Colibrí de Rubén García García

Sendero

Cuando chupaba el dulce de la flor en el jardín de su casa, su corazón se pensó colibrí y aleteó como tal. Muy lejos escuchó «500 voltios al desfibrilador». Necesitó tres golpes eléctricos para que el músculo recobrara el ritmo de su latido. Si bien el obispo no pudo libar toda la miel de la flor, ahora se encontraba en otro sueño menos agitado.

«Por poco se nos va, dijo el cardiólogo».

Microfábula de Rubén García García

Sendero


«Conoce el mundo; la hierba es dulce y fresca»
Y el grillo en el vuelo miró que sobre las hojas había aun, canicas de rocío; después sobrevino la oscuridad y los brincos del sapo.

Contemplando la alborada de Rubén García García

Sendero

Era una mujer que corría en contra de la brisa. zarandeaba sus rizos castaños y la blusa parecía un globo que se comía a bocanadas el aire. La falda enredada a su silueta con su cuerpo de garza impulsándose al vuelo. Blanca de algodones, canela en sus piernas, me llevó tan lejos que cuando mis manos rozaban su pelo de cobre, se perdió en el murmullo de las olas.

En el patio de la quinta una perra ladraba. Contemplé la alborada, no tardaría el sol en mostrarse y yo, en desaparecer.

La fiesta de las babosas de Rubén García García

Sendero

La fiesta de las babosas de Rubén García García

Cansada del trabajo del día, apenas si pudo regar el jardín, le emocionaba mirar los botones de las rosas y la floración del durazno. Mientras ella duerme a pierna suelta, las hormigas en una fila interminable llevan el sustento a los hongos que cultivaban. Las babosas hicieron una ensalada de gloxíneas y violetas y se fueron con la panza llena…

La playa de Rubén García García

sendero

Se miró en la playa en un cielo anaranjado. Estaba arrodillada con las manos sobre la arena. Los últimos rayos del sol aún pintaban de sepia la curva de mi talle; la popa era un puerto expuesto. A cada empuje de mi amante mis dedos se enterraban en la humedad. Los labios de él en mi nuca. Tienes — dijo—, un río hermoso en tu espalda. Desperté en mi dormitorio sudorosa, asombrada y pervertida con granos de arena en mis pezones.

Anestesia de Rubén García García

sendero

Anestesía de Rubén García García

No conoció el placer de danzar con el viento, Jamás se emocionó con el solo de la flauta, ni se detuvo cuando el aroma de la vainilla placía en el viento. Yace virgen, se fue desconociendo la infinitud del amor y el placer, envuelta en una sábana que tiene más vida que ella en vida.

Muerte programada de Rubén García García

sendero

Esa mañana entraban y salían de la casa del anciano amigos y familiares. Escuché que deseaba despedirse de sus amigos porque mañana por la tarde moriría.

Lo encontré sonriendo, limpia la mirada y con su traje blanco. El olor de los enfermos terminales es evidente. La muerte se huele; yo no la olía. Estaba recostado sobre una almohada. Lo saludé a su usanza: tocando la punta de sus dedos con los míos. No sabía qué decirle y él fue quien rompió el silencio, nunca lo había tratado. Me miró sereno y en castellano, me dijo:

—Voy a morir. Lo tengo previsto. Mis hijos ya saben qué les va a tocar. Me iré limpio del corazón y de la conciencia, el padre ya me confesó.

—No te vas a morir — le respondí.

Lo veía tranquilo. No tenía signos atrevidos de enfermedad.

—Así está dispuesto. Ya sé en qué lugar quedaré. Escogí en lo alto de la loma, para que mire hacia mi casa.

El cementerio tenía una parte en la loma. Desde allí, su casa era visible.

—No te vas a morir, verás que mañana tomaremos café con tamales. —Y me despedí con respeto.

Nunca supe qué sucedió. El anciano habló de la muerte como si fuese parte de la vida, como decir mañana haré esto y lo otro. Cierto, murió en la madrugada, claro de conciencia, fibroso como una raíz y está enterrado en la loma, mirando hacia su casa a la que volverá cada año.