Medico viejo de Rubén García

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Los buenos médicos de Rubén García García
Se murió el médico más viejo del pueblo. Dice el cura que lo asistió en su agonía que poco antes de fallecer salieron palomitas de su corazón que volaron hacia el cielo y algunos gusanos reptaron a los ríos del inframundo.
Liberado de sus secretos se fue con el deber cumplido.

Consejo de Rubén García García

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Ni se te ocurra salir un martes trece, porque nunca llegarás a un puerto y en algún mar se detendrá el barco. Salió en la fecha indeseable y para su fortuna llegó. Una reparación menor requería la nave, pero no pudo continuar el viaje. La tripulación incluyéndolo a él fue tirado a una fosa común, aún vivo, lleno de pústulas hediondas, recordó, antes de morir al abuelo, y sus proféticas palabras.

La rana

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Brinca sobre los juncos y trepa al macizo. Canta toda la noche. Algunas veces cambia el tono porque la víbora se ha comido a sus amigas. Solo queda ella y canta doliente. Cuando en el cielo se enciende una perla, su canto se hace íntimo.

La dilatada oscuridad la deprime y se queda el pantano en silencio.

La mandarina de Rubén García García

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Las mandarinas tienen la piel blanda y olorosa. Caen del árbol con el color del ocaso. Se construyen en gajos simétricos, protegidos por hilos acremados. Un gajo en la boca complace al paladar más exigente, morder y sentir que los flujos dulces te inundan es refrescante. Una mandarina para un sediento es un placer inefable.

¡Por supuesto que no!, la mandarina no es la esposa del mandarín.

Ella y el mar de Rubén García García

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Ella y el mar.

Frente al mar contempla la puesta del sol. La brisa contiene  perfumes de Sirena. El fresco hurga sus pechos. Entrecruza las piernas. Los brazos reposan sobre el abdomen. Dormita.

La imagen de la hermana mayor le punza.  Vio que ella estaba sentada sobre las piernas del novio.

Despeinada. Respira profundo, sus pechos empujan la blusa; germinan sus pezones. Entrelaza sus piernas una y otra vez.  Se inquieta. La rebalsa el bochorno, Hay un rosario de latidos en su vientre. Cierra los ojos y vuelve a recordar que su hermana que es besada en la nuca, las orejas y su cadera se mueve como trompo próximo a desfallecer. Está roja, y gime.

Los dedos de su mano derecha están bajo el short. La mano laboriosa y gatuna salta al monte de Venus y retoza.

El mar estalla.

Lo que no quiere

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Lo que no quiere. de Rubén García García

Baja del árbol cargada de fruta. Sus senos brincan en cada salto que hace. Sabe lo que no quiere: terminar maltratada y enferma como su mamá. Anhela vivir en un departamento, lucir vestidos, collares, zaptillas. Quiere ser profesionista y que necesita constancia y, dinero que su familia no tiene.

Es una adolescente que sabe lo que quiere y frente al espejo del baño enjabona y acaricia sus armas.

Espejismo de Rubén García García

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Hay un hombre en la choza. Afuera hay silencio, soledad y árboles petrificados. Duerme profundamente, y un dolor en el tórax lo despierta. Se sienta, se masajea la parte adolorida. Recuerda la cita bíblica: “Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre”. impulsado por la fuerza de la fe, pregunta ¿¡eres tú Eva!? mira a su alrededor y solo encuentra el esqueleto de la araña.

Génesis 1-28 de Rubén García García

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Había una corredera de gatos… Gato mirado, era gato muerto. Las ratas proliferaron, ni que decir de las pulgas, que las tenían saltando de rata en rata y de rata hacia los humanos. La sangre de la pulga no era tan dulce como la de la gente. La pulga era el insecto adecuado para un microbio, le servía de alimento, de transporte y por la voracidad la pulga salto hacia la multitud. Si Atila fue el azote de dios, la rata, la pulga y la Pasteurela fue el azote del hombre.
Olvidaba a los gatos crucificados. Y las aves escucharon: Creced y multiplicaos, y llenad la tierra (Génesis 1:28)

Los niños sepultos de Rubén García García

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El viento juega

con las luciérnagas,

las hace remolino

y las esparce a la vera de las tumbas;

y, los niños difuntos

juegan a ser ellas

Sonríen,

y aletean hasta el cielo

para rozar la luna.

Regresan antes que el alba

y se despierten los girasoles.

La jirafa de Rubén García García

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La jirafa de Rubén García García

Te es sencillo doblar y desdoblar nubes como si estas fueran edredones. En la noche, cuando el sueño se esfuma, tus ojos de laguna negra caen en el manto luciente de iridiscencias y juegas ajedrez en los cielos con la osa mayor. ¿Qué aroma tienen las estrellas? ¿Qué secretos te ha contado la luna? Animal celestial, que siempre estas mirando a Dios, que terrible para ti, inclinar tu cuello¿ hasta la suciedad para beber el agua terrenal.

El trópico helado de Rubén García García

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Las iguanas abultaban a los tallos de las ramas. Algunas se confundían con los frutos de la guanábana. Esa noche tanto frío se sintió que por la mañana el pasto crujía al caminar sobre él. Iba con mi padre, y al paso encontramos a las iguanas tiradas en el suelo, “¿están muertas pa?” No hijo, “solo dormidas”.

Cuando el sol salió, corrieron a los arboles a posar como estatuas.

El pueblo habló, y a ese día en junta de cabildo, se le conoció como el día que llovieron iguanas.

En el crepúsculo de Rubén García García

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La tarde envejece y en el claroscuro pasó el ranchero montado en su yegua. Él de sombrero y con las manos en la rienda. Bronco de cara y charreras de plata. A quien no logré divisar fue al caballo. Aunque se escuchaban los cascos sobre la laja.

La sepías.

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Antes de que abra la noche, la tarde de su chistera no emociona con el brincoteo de las sepias. Las nubes mórbidas y con sobrepeso caminan lentas en el cielo donde la osa mayor se maquilla. El sol aun da la nota roja que se desvanece tiembla y deja en el aire una respiración con silencios y estertores. A los lados del río el puzle de piedras se ha tenido de añil. La linea definida se ha vuelta grotesca y los montes se van perdiendo en la mirada los montes. El pardo de la tierra va cubriendo el todo.

El río corre dando golpes y revuelca remolinos. Bajo el chapoteo del agua, anima el canto intermitente de las ranas. La noche se da por instantes al silencio y al sopor le crecen olores de flores trituradas. Nada perturba, los gusanos dejan de roer y el sopor, el silencio y las sepias se tensan cuando el monte pare el silbido profundo de la serpiente. El sol ha muerto.

El trio de Rubén García García

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Su delicadeza me ganó y durante meses fui su amante. Mi esposo en la construcción de su novela interminable, nunca se dio por enterado. Me confundía y mi estado de ánimo iba de un extremo a otro. Me decidí a dejarle pequeñas pistas, hasta que una de esas veces que teníamos intimidad en vez de gritar ¡Oh dios Roberto!, dije Antonio. En la sobre cama me dijo con una calma de franciscano: «¿Quién es ese Antonio?».

Con Antonio las cosas fueron más sencillas, «mi esposo sabe de nuestra relación». —le dije— Con el tiempo ambos me preguntaron lo mismo y por más que evadía ese tipo de cuestiones poco a poco supieron de mis preferencias y de las suyas.

Un día, me dijo que lo invitara. La cena y los vinos fueron una delicia.

—¿De quien fue la idea del menú?  —está excelente todo un agasajo. El vino afrutado tierno es ideal para la langosta. Buen gusto… —la idea del menú y de los vinos fue de Antonio. La platica siguió por dos horas y aunque se habló de todo, no hubo discrepancias, llegó el momento de despedirse, y estando en la calle, dice Roberto «la otra cena la invito yo.

Ayer llamó Roberto y estaba con deseos de él. Pero no escuché esa palabra que te enciende “a dónde vamos a comer chiquita” En la plática estuvo un tanto evasivo, al final se decidió y me dijo: «Pásame a Roberto».

Resped de Rubén García García

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Se dijo lista la sierpe. Después de tomar baños de sol y cambiarse de piel, se miro al espejo para comprobar el filo de su lengua.

Tomó un Taxi y dijo: A los estudios de televisión.

—Seguro es usted la conductora.

—¿Cómo lo supo?

—Por su reflejo.

—¿Mi reflejo?

—Sí, para todo saca la lengua. Nadie como usted para dar esas noticias que nos hipnotizan.