La niña el hado y el león de Rubén García García

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Makiu implora que aparezca su hado. Está sentada en la cama y no puede dormir. Él llega deshaciéndose en disculpas. Acariciando su cabeza dice:

—¿Qué te sucede?

—Cuando empiezo a dormir, sale un león y me persigue.

El hado sonríe.

Duerme.

Él entra en su sueño y sí, hay un enorme león.

—¿El león es de melena negra?

—Sí —dice la niña.

—Ya no te molestará.

El hado se retira y sonríe satisfecho cuando la ve dormida. Llega a su retiro, pone la varita en el estuche, se tiende sobre la sábana y sueña con un campo de flores. Hay un extenso jardín donde florean las azaleas. Entre los tallos y las ramas irrumpe el color negro de una melena y el brillo frío de unos ojos. Se despierta angustiado y de inmediato le habla a su hada madrina… Y así, hasta que todos se quedan dormidos, incluso el león de melena negra.

Simbiosis de Rubén García García

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Llegó abrupto y entró como la navaja en un tomate. El mayo soleado dejó paso a un día invernal. Desaparecieron las moscas y el gato fiel a su costumbre fue hacía el tejado, pero se regresó antes de que la puerta se le cerrara. Al fondo del patio la lluvia helada caía sobre el naranjo. Él esperaba un chubasco que lo refrescara y no la insolencia de este frío que lo estremece. Las gotas resbalan por sus hojas. Él no sabe dónde quedó la gabardina. Mi madre con una sábana de plástico lo cubre y protege a los minúsculos botones que mañana perfumaran el viento.

Felicidades a los maestros. Recordando a José Negrete Herrera

Felicidades José Negrete Herrera de Rubén tu alumno de siempre.

«hacemos la incisión, alejamos el tejido graso, no usen instrumentos de corte, solo de disección. Vean, cuento uno, cuento dos y tres y aquí está el nervio circunflejo», «Pintamos a la vena de azul, a la arteria de rojo y al nervio de verde y esto lo llamamos disectocromia. ande, ande, toquen… el que no toca no siente, el que no siente es como el que no ve y el que no ve, no sabe».

«la anatomía que enseño es bajo la óptica de la medicina clínica. Lo que es útil para el médico joven»

Ese era el maestro José negrete Herrera. El libro que escribió es de gran utilidad y aún pasado muchos años lo siguen consultando.

En él había un valor mayor, la de ser humano. Un compañero me confesó: «vivo solo con mi madre, y ella tuvo un dolor en el vientre y fiebre, le hablé al maestro explicándole, y apresuradamente me dijo que la llevara a urgencias del hospital Juárez, que él estaría. Diagnosticó un abdomen agudo y operó de inmediato, se había reventado el apéndice. Mi madre vive por él».

Lo conocí cuando sus condiciones físicas mermaban, pero su pulso se mantenía firme, su cariño por enseñar era su diario. Tuvo el atributo de las personas sabias: enseñando lo que sabía y amando a las personas que lo rodeaban.

Ha pasado mucho tiempo pero su presencia persiste, su estatura moral sirva a nuestro México y al mundo.

En el cielo nublado, en salud y educación, que atormenta al país, más que nunca lo necesitamos.

Brujos y sanadores de Rubén García García

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El hermano Carlos llegaría a casa de Juana, que a sus veinte años está tan débil que sus rodillas desfallecen. Ella entregará su corazón y fe al sanador.

El Hermano ordena que las veladoras y los santos estén en armonía con las flores. Reza como si platicara con Juana.

¿Recuerda el vestido de flores amarillas? La noche aquella en que lloró. ¡Qué nadie supo! ¿recuerda? —la olisquea.

Su libro de misal, que es de ella, olía a lágrimas infectadas de algo insano.

La intensidad de su voz resuena por los rincones de la casa y de los entramados. «¡Será el día en que el milagro llegue! Que lo insano se derrame en las almas proclives». Después de tres horas las plegarias están en camino celestial.

«Te pedimos por la alegría de ver caminando a Juana por los montes de Dios».

Meses después ella deambula por el jardín, corta la hierba que merma las dalias. mientras el sanador la recuerda con dolores intensos en las rodillas, con un perfil céreo y maltratado por las fiebres.

Ha llamado a su maestro, que atiende a tres horas de su pueblo, y no aparece.

La amante musical de Rubén García García.

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Tuve una amante musical. Al pulsarla escuchaba que caían sobre el tejado gotas de lluvia. Si mis labios rodeaban sus ojos me parecía escuchar los oboes al caer la tarde. Cuando mi respiración corría por la senda de su cuello susurraba su latido en un solo de maracas. Si besaba la oscuridad de sus colinas, ella me hacía oir los tambores de mi corazón en un frenesí que simulaba el aleteo del colibrí.

Día de las madres de Rubén García García

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Debo a la mujer mi nacimiento. y de mi esposa los cuatro hijos. Las mujeres me enseñaron a leer y escribir. Lo mucho o poco que sé de narrativa también se lo debo a ellas ¿Cómo no amarlas? Felicidades a las que han dado vida, poniendo en riesgo la suya. Las que día a día se la parten. Las que hacen milagros para sobrevivir y que apartan algo de algo para un sobresalto. Las que muy cansadas llegan del trabajo y continúan con él para que la casa no se caiga. Aquellas que en la madrugada se levantan para confirmar que sus hijos duermen tranquilos. Mucho les debemos.

Hace un año aún pude abrazarla y cuando decidió irse la tuve a mi lado.

Añoranza de Rubén García García

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Camino. La tarde gris. Llueve y ya algunos hilos de agua corren por la mejilla. Recuerdo tu cabello abundante, suelto, que se movía al vaivén del viento, despidiendo olores de manzanilla. Ese día te pediría que fueses mi novia, no llegaste, de hecho, nunca llegaste. Han pasado muchos años y cuando la tarde se hace gris, lluviosa. No puedo reprimir una exhalación y preguntarme: ¿Cómo estarás?

LA MINÚSCULA CUERDA FLOJA ANTOLOGÍA DE MICRORELATOS

Descarga gratuita

Agradezco a Lilian elphick, Daniel Frini, Sergio Astorga, Eddie Morales Piña, Camilo Montecinos Guerra y Andrés Pérez F. por acompañar a una lista de excelentes escritores y conformar el libro «La minúscula cuerda floja» antología de microrelatos 2023.

EL TRAPECISTA

Rubén García García

Tiene una semana que no se baja, el dueño ha comprado para él diferentes platillos y los rechaza. Sólo come alpiste, después de dormir arrodillado, se levanta y silba. Ni por equivocación hay que pasar por debajo.

Rubén García García. México, 1946. Médico cirujano con maestría en salud pública. Jubilado dela facultad de medicina de la Universidad Veracruzana. Ficticiano. Textos publicados en antologías:100 Fictiminimos, Libro de los seres no imaginarios, Alebrije de palabras, Cuentos pequeños, grandes lectores, Eros y afrodita; cuentos en libros escolares editorial Sm. Publica un libro de la editorial BGR, «La seña del murmullo». Se le encuentra en Fb como Rubén García García y en el blog https://wordpress.com/view/sendero.blog

LA MINÚSCULA CUERDA FLOJA». ANTOLOGÍA DE MINIFICCIONES.

DISPONIBLE AQUÍ:

o aquí: https://letrasdechile.cl/…/la-minuscula-cuerda-floja…/

https://revistabrevilla.blogspot.com/

En el pueblo de las nubes de Rubén García García

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Mientras buscan a donde acomodarse en el salón de clase de la escuela, las señoras del pueblo se saludan y el vaho denso y nuboso sale de su boca. De las casas cercanas llega el olor a café. Presido la mesa del comité de salud. Las personas se animan a preguntar. Contesto, dialogo y respondo con pasión. Se hacen señas, muestran interés. Hay gente de pie, otras escuchan fuera del recinto soportando las ráfagas de viento frío. El sol se ha mostrado y entre la plática con la comunidad, se abren silencios.

«Puedo verte a la distancia. Si tú pudieras hacerlo verías la sombra del pino en mi rostro»

Me preguntan, diálogo. Así son las mesas de trabajo.

Espero otro silencio para imaginar que nos damos vueltas con los brazos abiertos. Allá el monte del abuelo con su pinar, abajo el rio que serpea entre las lajas.

Finalizó la reunión.

Las mujeres mayores, se enteran que me gustan las flores, desean enseñarme su jardín.

—Llévese un codito y la siembra, con esto recordará nuestro pueblo. —Otras me ofrecen rosas.

Nadie nota mi urgencia. Es un viaje largo. «me embarcaré en el río de tu espalda para sembrarte de flores que me dieron en la comunidad». Eterno se me hace el viaje, pero que placentero es sentir cosquillas en el corazón.

la mandarina de Rubén García

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Las mandarinas tienen la piel blanda y olorosa. A medida que maduran la cascara toma el color de cobre sucio. Se construyen en gajos simétricos, protegidos por hilos acremados. Un gajo en la boca complace al paladar más exigente, morder y sentir que los flujos dulces te inundan es refrescante. Una mandarina para un sediento es un placer inefable.

¡Por supuesto que no!, la mandarina no es la esposa del mandarín.

Sorpresa de Rubén García García

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Salí a caminar por el centro histórico. Mi esposa salió fuera de la ciudad y llegaría dos días después. Mi hija recién regresó de un curso de informática y viajaría a una ciudad aledaña con un grupo de amigas. Sin plan me introduje al primer bar que vi. Había reproducciones de Van Gogh y música de saxofón. Le pregunté al capitán de meseros si me recomendaría una acompañante. Me desagrada estar solo.

Dos horas después teníamos una plática afortunada. Ella tenía alegría en su voz y al mover su cuello su pelo ensortijado bamboleaba sobre su exacto perfil. «Creo haberte conocido antes, tu cara me es familiar» —me dijo. Fueron tres horas excelentes. Me despedí, no sin antes agradecerle con una transferencia. Me acompaño hasta mi auto tomándome del brazo. ¿Cuál es tu rumbo? Coincidentemente vivía en un departamento cerca de mi residencia, así que la dejé frente al edificio. «metete al estacionamiento, te invito una copa. Yo la pago». Me sonreí. Un departamento mediano, íntimo, de colores sobrios con algún detalle que rompía la monotonía. Después de la copa puso música tranquila y la invité a bailar. Fue una noche deliciosa que amenizamos con la fluidez de la plática y algunas intimidades familiares. Nunca pensé que una mujer de veinte años menos que yo me instruyera en algunos secretos sexuales. Ja, yo que pensé que me las sabía de todas todas. Después me confesó que también tenía predilección por las chicas. Soy una mujer bisexual, me dijo con franqueza cosa que le agradecí.

Por la mañana, mientras se bañaba, yo lo había hecho antes, la rutina de levantarme temprano. Fui a su tocador a peinarme y hacerme el nudo de la corbata. Miré hacia la repisa y veo su foto acompañada de otra chica. La veo de cerca y me desordené. Tuve que sentarme. Reconocí a la mujer que estaba al lado de ella y haciendo un esfuerzo le pregunté cuando regresó. ¡Qué bien saliste en la foto Armenia! Sonriendo la vuelve a ver y me dice bajando la voz, mejor salió mi novia. Una semana estuvimos en Can Cun. La acompañé en un curso que llevó de informatica.

Lo que queda del día de Rubén García García

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Dejé de comentarte porque me sentí un hombre que hablaba solo. Estabas con tu taza de té meciéndote en el sillón, con tu mirada en la lejanía. Te limitabas a contestarme con monólogos, como desde hace meses lo hacías. Me recluí en los periódicos, y tú en las telenovelas. Desde el balcón veía tu quehacer en el jardín, yo dibujaba. Los hijos, los nietos reunidos era uno de los momentos que disfrutábamos. Tarde nos dimos cuenta que jugábamos en equipos contrarios. ¿Volar? es ridículo. Esta casa la construimos hombro a hombro, es lo que logramos. Aquí viven los años felices, el silencio. Están en mis oídos tus pláticas con el rosal, como sus rosas lo están en mi lienzo.

Para el niño que todos llevamos dentro de Rubén García García

30 de abril día del niño en México

Abrió el libro. Una colmena de sílabas y palabras se hicieron imagen. Sus sentidos se abrieron. El corazón duro de tantas batallas en el desierto cambió de modo. En la loma estaba el Principito hablandole a las dunas. —El viejo se quebró—, al escuchar la voz dulce que decía:

«no hay nadie… como mi rosa»

Impotencia de Rubén García García

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En la oscuridad y el silencio de una tarde en la caballeriza de la hacienda coincidimos. Sobrevino la indiferencia. Como vaquero me emplee en otros ranchos. Años después te vi sobre una yegua fina con nuestro hijo en tu regazo. Un hijo mío inocultable por el lunar entintado que ambos tenemos en el brazo. Atrás, tu esposo sobre un fino alazán.

De nadie me despedí, solo tomé el primer autobús que salía del poblado. Es cierto soy un cobarde, ¿pero, que haría usted, en mi lugar, amigo lector?.

Abono

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Aquel tipo declaró que mató a más de cuarenta. En un acto de remordimiento aceptó donar una cornea, un riñón, una porción de hígado. Así cuando Dios lo llame a cuentas, la deuda será menos.