Horóscopo de Rubén García García

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Para los nacidos en capricornio se les advierte que la literatura es un espejismo. Los oasis son ilusión. Algunos, que son los menos, toman su reserva de agua y se adentran. Se topan con caravanas y eso les da ánimos para seguir en la búsqueda. Sucede, hay que consignarlo, que si miran a un niño vestido de príncipe platicando con un señor que repara una avioneta se dicen “estoy en el camino”. Entusiasmado sigue, sigue y sigue, hasta que se hace punto. Solo uno que otro se transformará en cocuyo, que en la oscuridad dará un chisguete intermitente de verde luz.

Juana de Rubén García García

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Hay lluvias que empapan y transforman los caminos en lodazales. Es el invierno de la sierra donde los días se atascan. Mi auxiliar salió pródiga para atender con paciencia a los enfermos. Nada raro que fuese amiguera, ya que el consultorio era paso obligado para llegar a la iglesia.

Juana vendía tamales que traía desde su comunidad y llegaba salpicada de lodo. Frente a la puerta de mi consultorio me pedía permiso para cambiarse. Cuando salía me percataba de que se había lavado con esmero pies y piernas, la cara polveada con retoque labial, su cabello peinado y de algún lugar oculto, sacaba un par de sandalias limpias.

Juana solo hablaba el totonaco y se ponía a platicar con mi auxiliar. ¿qué se dirían? no lo sé, pero le dije: “se me hace que Juana anda de novia” y ellas volvían a entablar la platica y se soltaban algunas sonrisitas maliciosas. A Juana se le formaba dos hoyuelos a uno y otro lado de la boca y sus ojos negros miraban hacia abajo dejando ver sus pestañas rizadas.

Cuando se iba, le preguntaba a mi auxiliar que es lo que habían platicado. Desviaba la plática y sin mirarme, sonreía. “ le dejó dos tamales para que almorzara”

Un día supe de que hablaban y sí, Juana era de armas tomar.

Madre soltera de Rubén García García

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El varón le dijo con su voz gruesa recién estrenada.

Mamá ya me fastidiaron las gordas. (una tortilla de maíz gruesa)

¡Tan sabrosas que son! Calientitas, con manteca, salsa de tomate con chile verde, mmm, dijeron sus hermanas.

Todos terminaron de comer en silencio.

Los días siguientes tuvo gordas en la mañana, en la tarde y en la noche. Tres días después, comiéndose su gorda, le dijo: “mamá que sabrosas están las gordas” “qué bueno que a mi hijo ya le gustan”

El tigre intertextualidad

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El tigre todas las noches visita la cueva que está a la mitad de la montaña. Sigiloso olfatea y escoge a su presa. Un grito y un cuerpo que es arrastrado es lo que se escucha, luego el silencio y el resto vuelven a dormir. Mañana sabran quien fue el alimento de la bestia. Suk, es el jefe de la tribu. «a este paso no quedará nada de nosotros».

En el pequeño valle se disputan el alimento con otras especies. Cada día tienen menos fuerza y más hambre. En el recoveco sacrificaron una cría porcina. Obligó a todas las mujeres a comerlo. Primero crudo y luego sabrían que lengüeteado por el fuego la carne se hacía dócil y mejoraba el sabor.

Meses después había una mejor luz en los recién nacidos y en las madres leche espesa y abundante. Se hicieron activos y al tiempo pelearían por la fuente de agua que tenía otra tribu, Un día descubrieron el poder del ingenio.

Esa noche, como todas las noches, el tigre va por su sagrado alimento. Tan facil como desprender de un árbol el fruto. No aguzó sus sentidos y despreocupado se sume en la oscuridad de la cueva. Cuando se dio cuenta, ya era demasiado tarde. Seis lanzas lo atravesaron. Tuvo suerte, solo una de ellas le atravesó el corazón.

«es hora de recuperar el ojo de agua» Llegaron al manantial. La otra tribu los esperaba con piedras y palos. Ensartada en una lanza traían la cabeza del tigre, que al verla huyeron horrorizados.

Han nacido nuevos críos. El viento anuncia la epifanía de las heladas, pero ahora la cueva es tibia y escandalosa

Crepúsculo de Rubén García García

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En el claroscuro de una fría y lluviosa tarde pasó el vaquero cubierto por la manga de hule. Sombrero texano y con las manos en el fuste. Cansado de la cara y espuelas de plata. A quien no logré divisar fue al caballo; aunque, sí se escuchaban los cascos sobre el trenzado de piedra.

A un año sin mi madre

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Mi madre descansa, es una jacaranda que da flores en otros cielos.

Estás en un horizonte lejano, invisible, tan lejano que no puedo tocar con el pensamiento. Solo mi corazón te imagina sonriendo.

La nave ha dado un vuelta alrededor del sol y aunque no lo creas, aquella lámpara que me regalaste, dispuesta en mi mesa me sigue alumbrando.

Cuando recuerdo las pisadas del gigante cortando leña en los cielos y el rodar de los troncos como preámbulo de un zigzag de luz que estallaba a un lado de la casa. Cobijabas mi temor con tu inmenso abrazo que calmaba los caballos de mi corazón.

Es entonces que prendo la lámpara.

Cuando siento que mis fuerzas son ninguneadas y creo que es hora de que te alcance, la luz se abre en mi cara falleciente y entiendo tu regaño y vuelvo al lápiz y a interrogar la imaginación.

Mi verso es un barquito de hoja rayada de cuaderno que navega por los cauces. Un día, madre, de no sé cuando, volveré al vientre de tu abrazo.

Prevención de Rubén García García

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¡No sé por qué pones esa cara de palo! ¡Luces un vestido espectacular!, el maquillaje es discreto. Sé que disfrutas las flores y en esta parte las hay en abundancia. Sé también del rechazo de tu piel hacia ellas. Para cuidar de tu salud cerraré la tapa, no sea que te agreda una alergia postmorten.

El matriarcado de Rubén García García


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¡Qué bella es cuando la veo dormir! Su cabellera extendida es un río de oleo encrespado. Su pelo fulgura. Es mi señora y enriquece mis sentidos con tan solo verla. Mi congoja llega si ella juega y apuesta. Cuando en la mesa de juego el silencio pesa como el enramado de un gigantesco árbol es que está apostando fuerte. Me hago añicos cuando pierde, pues bien sé que el objeto de la apuesta soy yo y ocultando mi rabia me llevan para satisfacer los apetitos carnales de quien le ganó.

El lado amable de Rubén García García

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No es tan malo haberme casado con un príncipe con genética de sapo. Tiene una forma encantadora de matar las moscas. Gracias a él disfruto de las comidas, por la noche no hay mosquito que se le resista. Oh la la. Sí que su lengua es un primor.

Una mamá de Rubén García García

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«Venía sola, ya era de noche. mi hija apenas si podía respirar, creí que se moría. La inyectó. Una hora después respiraba sin silbidos y dormía como si nada hubiera pasado. Pude tomar el último camión que me llevó a la comunidad. Ya no le ha dado esa enfermedad». Ella se acercó y me dio un beso en la mejilla. “verdad que ya no se acordaba”

Después de su abrazo, me dijo orgullosa «ya va a entrar a la escuela»

El punto impropio de Rubén García García

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Fuimos dos líneas paralelas. Distantes en el trayecto de la vida, pero que al final se unieron, un evento matemático en el devenir. Tu en la gaveta superior, yo en la inferior, y en la misma morgue. Así estábamos cuando la ráfaga de la ak-47 nos sorprendió.

A veces es mejor no saberlo de Rubén García García

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Semanas después de aquella noche de placer, en un parque cercano donde camino, me encontré a Armenia y al besarme en la mejilla me dice. ¿Cuándo me puedes dar una cita?

Quedamos de vernos. Había concluido que sería la última vez que la viese. Después de la comida, cuando sorbía el café, me dijo seria, «ya sé porque te me hiciste conocido». Sonriendo con esfuerzo le pregunté, «mi novia se parece mucho a ti». Sentí que se aceleraba mi pulso y quise desaparecer. «¿eres su papá?».

Lo supe aquella noche por una foto que ella tenía en su tocador y ella, aun siendo bisexual, conservaba su observación y su capacidad intuitiva.

Un día de no sé cuando será de Rubén García García

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El sol vespertino se filtra y pincela en la hojarasca un cuadro de sombras y amarillos. Recojo el fulgor de las monedas derramadas. Hay humedad y helechos vociferando. El silencio lo quiebra el repentino aleteo de los tordos. Encima de la cuesta está el árbol de anono que sueña sus retoños al ser cobijado por el olor de los capulines. Llego hasta él y lo abrazo. Mi cuerpo exhausto descansa en la silla de sus ramas, Lo mojo con el sudor de mi esfuerzo que resbala hasta llegar a las greñas de su raíz. Una mañana despertaré entre sus hojas satisfecho de ser balanceado por el viento que llega del bosque de los capulines.

Marvel de Rubén García García

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Caminan drogados con solventes. Irrumpen, acosan a la comunidad que pide auxilio y corre. Y cuando parecía que la violación sería inminente saltó en su ayuda el Superimán, quien dobló a la banda de los clavos sin cabeza en aquel taller maléfico de carpintería.