Carmen de la Rosa en la antologia «o dispara usted o disparo yo» de L. Elphick

Dos minificciones del género negro


Natillas de la abuela


El aroma escapa por la ventana abierta de la cocina: vainilla, limón, canela; serpentea bajo la puerta del garaje donde el tercer marido de la abuela remacha los clavos del asiento de una silla, penetra
en su nariz, le hace salivar. Le impulsa a soltar el martillo y salir al jardín, hace semanas que desapareció el candado de la puerta de la cancela, que una maleta vacía espera con las fauces abiertas sobre la colcha del cuarto de invitados. Vete, vete ahora… Aquel olor irresistible le atrae hacia la casa: un cuenco de natillas reposa en el poyo de la cocina. Desde su habitación la abuela escucha el crujido de la gaveta de los cubiertos al abrirse, el clanc repetido de la cuchara contra la loza del cuenco, qué poco le duraba a ella el amor, descuelga del armario su vestido negro, retira la funda que lo protege de las polillas ¿Por qué nunca se marchaban sus hombres despechados? ¿Por qué tenía que
decidir ella: vainilla, limón, canela, cianuro?

El peso de la genealogía

Algo crujió bajo la suela del zapato del detective Johnson cuando entró esa mañana en la biblioteca de Regent Mansion. Con su pañuelo recogió los restos del monóculo del quinto conde de Badmington, que había salido despedido por la violencia del impacto. Lo mostró a la joven condesa y ella asintió en silencio, el verde desvaído de un cardenal en uno de sus pómulos, disimulado bajo una capa de polvos de arroz. El detective advirtió que los lacayos y sirvientas alineados a la derecha del mayordomo contuvieron la respiración al unísono, como un cuerpo de baile, tantos años juntos soportando insultos, esquivando bastonazos, mientras él recogía las alcayatas de la alfombra. Percibió el nerviosismo de todos los presentes cuando observó bajo la lupa los cortes a navaja, casi imperceptibles, del grueso cordón deshilachado del que había colgado el cuadro. Solo se necesitaba un calculado portazo del mayordomo después de servir al señor el whisky tras la cena, solo aquel mínimo seísmo temblando en la pared, para que el descomunal retrato del primer conde de Badmington, el ogro de Regent Mansion, se desplomara sobre el último malvado de la estirpe. Un accidente fatal, concluyó el detective Johnson; brillaron lágrimas de alivio en los ojos del mayordomo, los lacayos, las sirvientas. Mi más sentido pésame, condesa.

Carmen de la Rosa, Santa Cruz de Tenerife.

Sus relatos y microrrelatos aparecen en Entre humo y cuentos, Todo vuela, Acordeón, las
antologías: Somos Solidarios, 99 crímenes cotidianos, Primavera de microrrelatos indignados, Ellas, Eros y Afrodita en la minificción; la revista Fahrenheit XXI, los blogs: Antología Mundial de Minificción, Químicamente Impuro, La cazadora de relatos, Máquina de coser palabras, Brevilla, Internacional
microcuentista y Lectures d´ailleurs. Participó en el I Simposio Canario de Minificción (2015).

Su primer vuelo

De José Manuel Ortiz Soto

Pero en un acto meramente reflejo, dos de sus tres pares de patas fueron al encuentro de la pista de aterrizaje, causando la colisión y el desastre.

La vi descender segura, midiendo la distancia. Daba sus primeros pasos en el fascinante y peligroso mundo de la aeronáutica civil.

—Recuerden: si quieren salir airosas de esta aventura, deben conservar la calma. Cuando estén a punto de aterrizar y sientan que la tierra viene en dirección a ustedes, por ningún motivo, ¡óiganlo bien!, traten de alcanzarla. Permitan que sea el piso el que se acerque manso, receptivo. Porque en este negocio, descuido significa muerte —repetía el instructor, clase tras clase.

«¡Chingada madre!», maldecía la joven mientras daba tumbos fuera de la pista. «¡Juro por Diosito que si salgo de ésta me redimo!».

Los rescatistas ni se movieron; el instructor cono-cía de sobra a aquellos truhanes para quienes era mucho más fácil y barato ayudar a bien morir a una alumna infortunada, que enfrascarse en una lucha titánica por conservarle su mísera existencia. Tragó saliva y ordenó con voz agria y rencorosa: —¡Que se arroje de la mesa la siguiente!

La metamorfosis de Diana”, José Manuel Ortiz Soto - Letras de Chile

Olvido de Gabriel Ramos

Tomado del libro la fuerza de la costumbre y otras brevedades

Cuando se separaron después de 30 años de matrimonio, él decidió olvidarla. Tiró a la basura sus fotografías, cartas, regalos y hasta las mancuernillas de plata del último cumpleaños.

     Hace varios días se sorprendió gratamente porque ya no recordaba cuál era el sonido de su voz, en diversas ocasiones fue incapaz de visualizar su rostro y solo entre sombras recuerda su figura. Ahora no tiene memoria para recordarla, pero ha olvidado el lugar donde vive y los nombres de sus hijos.

Gabriel Ramos Zepeda - Revista Anestesia
Gabriel Ramos Zepeda:  Nació en la Ciudad de México. Es psicólogo, Coach Profesional, escritor y promotor cultural. Su interés está centrado en la creación de minificciones y cuentos breves. Ha publicado en: La Revista Minificción, Falsaria, Tus relatos, Cincuenta palabras, Cultura Colectiva, Culturizando y En sentido figurado. “Vivir es arriesgarse” es su primera publicación en papel. Cuenta con una publicación de sus minificciones traducida al francés en  Lectures du Mexique 2. Auteurs Mexicains. Nouvelles et microrécits.

Ricardo Calderón Inca de la antología de pequeficciones

Antología creada por José Manuel Ortiz Soto y Chris Morales

Ricardo Calderón Inca (Perú, 1986).

Docente y escritor. Ha obtenido diversos reconocimientos literarios, entre ellos destacan dos menciones honrosas en el Primer y Segundo Concurso de
Microrrelatos Bibliotecuento, organizado por la Biblioteca Mario Vargas Llosa de la Casa de la Literatura Peruana, 2016-2017 (Perú).Ha publicado tres libros de microrrelatos: Microacertijos literarios (Ediciones Orem, 2009), Alteraciones (Ediciones Orem, 2013) yGrafitos (Quarks Ediciones digitales, 2020).

En el armario
Ricardo Calderón Inca
La pequeña me dijo que jamás abra la puerta de su armario, dice que
ahí viven extraños monstruos. Al escucharla, solo me restó sonreír y
agachar la cabeza como aceptando su ingenuidad. Siempre he
admirado la imaginación de mi nieta. Hoy, por ejemplo, la vi hablar en
voz baja frente a su ropero, como si estuviera advirtiéndole a alguien
de mi presencia. La pobre se pasó todo el día conversando con cada
rincón de la casa. Al terminar la tarde, se despidió con un beso y un
breve comentario: “abuelo, ya no hay monstruos en el armario”.
Mientras caminaba hacia sus padres, agitó la mano y se despidió con
una mirada perdida. Entonces, en el silencio de la casa, me acerco
hacia la habitación, hacia el guardarropa, abro las puertas y descubro
en él un gran espejo. En su interior se encontraba mi nieta, quien decía:
“abuelo, hay monstruos fuera de mi armario”.

El monstruo del espejo amanda ventura montilla - Artelista.com


Quintilla de minificciones: Pía Barro, P.Nasello, J:M. Ortiz S. A. Sánchez A. M. Espada.

EXÁMENES FINALES

Pia Barro – Chile

La calle está desierta. Desde la esquina se aproxima el hombre dispuesto a cruzar en diagonal la plaza.
Desde la esquina opuesta, un grupo de colegialas viene apuradas, cabeza gacha, los doce años contenidos en el jumper azul y la blusita blanca. Se cruzarán en breve. Una de las chicas parece saludar con el brazo en alto. Las otras cinco se detienen apretadas a ella.
El hombre sonríe confiado.
Una descuelga la mochila de su espalda, las otras imitan el gesto.
Lo rodean. El hombre pierde aplomo, intenta unas palabras.
– Mañana a las diez, recuerden el examen de química.
La que había levantado el brazo, incrusta lo que ha extraído de la mochila en su costado.
– Ni ese examen ni ningún otro bajo la falda, profe.
La plaza entera vibra con el estampido.
Las seis se alejan a paso breve hacia la noche.

FUEGO

Patricia Nasello – Argentina

Sabe que tiene que irse.
—Apure, profesor —llaman desde afuera.
—Ya voy. —Ajusta la lente del telescopio y sigue mirando. Contra el negro de la nada los rayos se descomponen en mil colores.
La luz. Siempre la misma y sin embargo distinta. El hombre la contempla con ojos de enamorado.
Y el calor.
Hasta ayer, con una toalla grande y gesto indiferente, secaba el sudor que corría por su cara, por su cuerpo. Hoy ya ha renunciado al intento de mantenerse seco. Al esfuerzo de tomar notas también.
—No queda mucho tiempo —insiste la misma voz, ya lejana.
Mira en derredor. Instrumentos de laboratorio y algunos efectos personales. Amados objetos que debe abandonar. El saxo de su padre. “Esta es una familia de músicos, el científico es nuestra oveja negra”, bromeaba, orgulloso, el viejo. También está la pintura. Lara, preciosa como era. Viva.
Su equipaje ya ha sido cargado.
—Sólo lo imprescindible, profesor, menos, si puede. Usted comprende —él entiende perfectamente.
Las diez de la noche. Sale al horno que es la calle. Cierra con llave. ¿Para qué? Nadie se queda. En pocos días quedará nada.
Aún peor que la temperatura es el silencio. La ciudad ya ha sido evacuada. La ciudad y el mundo.
Quita el cerrojo que acaba de poner, abre la puerta, se sienta en el suelo bajo el marco.
Aguarda un rato.
De pronto, ciento veinte segundos de ruido ensordecedor. Luego, la más absoluta calma. La nave ha despegado en el horario previsto.
Pasan un par de perros, ahora sin dueño, desorientados.
Mira el cielo. En una hora, a los sumo dos, no será necesario el telescopio. Se podrá observar un bello espectáculo a simple vista.
El Sol continúa agigantándose.
No cree estar solo. En algún lugar del planeta habrá otro ser humano que, como él, haya decidido quedarse a esperar el amanecer en casa.

GÉNESIS

José Manuel Oriz Soto – México

A sus pies, el mundo era una mierda por el lado que lo viera. ¿Tenía sentido hacerlo redondo nuevamente? El escarabajo dijo que sí y continuó empujando el pedazo de excremento.

LOS INCONVENIENTES DE LA ASOCIACIÓN LIBRE

Alberto Sánchez Arguello- Nicaragua

El psiquiatra pronuncia la primera palabra, con la entonación más fría posible. El paciente la descompone en fonemas, se los traga y los devuelve convertidos en un escena en la que una mujer da el pecho a un bebé violeta que suelta el pezón para reírse tan fuerte, que salta el vidrio de las ventanas del consultorio, activando las alarmas de los autos del vecindario. El ruido asusta al paciente, que se transforma en una parvada de palomas que huyen hacia el cielo, sin dar las gracias y sin pagar la cita.

MARCHA ATRAS

Manu Espada – España

Laura no está en la cama. Marino saca el brazo y pone la alarma del despertador a las siete de la mañana del día anterior. Se levanta y comienza a caminar de espaldas. Se viste y baja al garaje. Arranca el coche y conduce marcha atrás. A través del retrovisor, contempla cómo el sol sale por oeste y vuelve a iluminar la carretera. Cuando llega al trabajo, el último compañero que queda se despide de él. La oficina comienza a llenarse de gente. El bullicio es ensordecedor. Marino deshace varias gestiones. Horas más tarde vomita la comida (intacta) al plato y vuelve al despacho, donde borra letra por letra varios mails. Cuando a amanece regresa sobre sus pasos y se va a casa. Discute con Laura, que amenaza con irse. Cuando se acuestan, él le asegura que pueden volver atrás, que estarían juntos otros diez años, hasta el momento en el que se conocieron, pero ella no le cree. Suena el despertador. Marino abre los ojos para comprobar si Laura se ha ido de su lado. —oñirac, saíd soneuB —dice ella.

http://letras.mysite.com/pbar060615.html

https://leamoscuentosycronicas.blogspot.com/2018/04/fuego.html

http://1antologiademinificcion.blogspot.com/2011/02/jose-manuel-ortiz-soto.html

De la metámorfosis de Diana

José Manuel Ortiz Soto

Creer en sapos y viajar

El sapo dijo que no habría poder en la charca que lo hiciera cambiar de parecer.

—La vida aquí se ha vuelto insoportable, todos me acosan por mi fealdad; es momento de irme, de recorrer el mundo ―concluyó.

El sapo se enfundó en los pantalones de mezclilla deslavada que tanto le gustaban, calzó zapatos tenis y se echó a la espalda una mochila de lona con sus escasas pertenencias. Dio a su madre y hermanos un último beso pegajoso y se marchó a encontrar el resto de su vida.

Luego de mucho caminar, el batracio llegó a un estanque donde se criaba peces de colores. Fue tal el asombro que le causó la reverberación efervescente del agua, que no dudó en externar a los desconocidos:

—¡En verdad que son ustedes bastante raros, por no decir otra cosa!

—¡En verdad que tú eres más que horrible! ―replicaron los peces, ofendidos, pero sobre todo desconcertados, pues en su breve y cautiva existencia no habían visto sapo alguno.

—Quizá no sobresalgo por mi belleza ―contestó el visitante, inmutable―. Pero a diferencia de ustedes que destilan hermosura en el estanque, yo admiro y poseo la belleza de los lugares por donde voy. ¡A pesar de ser feo he estado en tantos sitios!

Sin nada más que decir, el sapo se dispuso a continuar su camino.

Indignado por la actitud del anuro, y desoyendo a los patriarcas del estanque, un joven y pendenciero pez salió del agua y fue tras el sapo. Pero apenas el calor abrasivo del mediodía cayó sobre su cuerpo escamoso, el pececillo comenzó a boquear desesperadamente y murió. Mientras el alma abandonaba el cuerpo reseco del pescado, todavía tuvo algunas palabras para el sapo: ―¿Quién dijo que no se puede ser bello y viajar?

Vectores de stock de Peces cartilaginosos, ilustraciones de Peces  cartilaginosos sin royalties | Depositphotos®

O dispara usted o disparo yo.

Tomada de la antología coordinada por Lilian Elphick

El último retorcimiento del cuchillo de Cristobal Zapata

En la nevera el cuchillo reposa su larga siesta de invierno.
Separado de mi mano, descansamos. Cuando lo despierte derretirá su
hielo en la caliente linfa de tu ombligo. Quiero escuchar cómo se
quiebra tu sangre en su glacial cubierta hasta ahora intacta, helada,
llena de amor.

Alberto Blanco Rubio (Salamanca, 1987)

El asesino se confundió con su víctima para matar las horas de
tedio».
«Aquella pista le llevó a comprender que el único final que
verían sus ojos tendría el perfume de la sangre».

Don Francis - ¿Dispara Usted o Disparo Yo? | Facebook

Agustín Cadena en Pequeficciones

Los mejores amigos


Milo y el monstruo que dormía bajo su cama se hicieron amigos porque
ambos tenían miedo de las arañas.
Antes, Milo tenía miedo del monstruo. Sus padres trataron de
convencerlo de que existía sólo en su imaginación, pero él no les
creyó.
Una noche en que había luna llena y la luz entraba por la
ventana, vieron cómo una araña grande, negra y peluda bajaba por la
pared y se escondía bajo la cama. Milo no se atrevió a llamar a sus
padres; ya lo habían regañado por miedoso. Pero el monstruo sí se
atrevió a salir de su escondite. De un brinco ya estaba sobre la cama,
metido entre las sábanas, abrazado a Milo y tiritando de susto. Milo
correspondió al abrazo, sintiendo que aquella enorme masa de
peluche verde no era tan terrible como pensaba.
Así nació esa amistad que duró mucho tiempo, hasta que el
monstruo creció y dejó de tener amigos imaginarios.

Agustín Cadena (México).

novelista, cuentista, ensayista, poeta y traductor, además de profesor universitario de literatura. Ha publicado más de treinta libros y ha recibido varios premios nacionales e internacionales. Parte de su obra ha sido antologada y traducida al inglés, al francés, al italiano, al griego, al portugués, al húngaro y al urdu.

Agustín Cadena - Detalle del autor - Enciclopedia de la Literatura en  México - FLM - CONACULTA

Paola Tena y El mundo, tomado del microDecamerón

El último texto del libro virtual que deje a propósito como reconocimiento a la coordinadora y participante del libro.

El mundo


Según la tradición, Dios vivía en el bosque y gustaba de acoger a los peregrinos, ofrecerles alojamiento y regar sus viandas con los vinos mejores, por lo cual mereció fama de magnificente. Mucho
después el Demonio –que vivía en el desierto– quiso imitarlo y construyó un hogar más grande, de camas blandas y los banquetes más profusos, pero aún así nadie hablaba de él con tanta
admiración como de Dios; por eso, siendo joven e impulsivo, decidió ir en su búsqueda y matarlo.
Cuando llegó a la casa de Dios, se encontró con un anciano encorvado paseando en el jardín, que lo escuchó con tanta paciencia que el Demonio le confió sus angustias y planes. El anciano le aconsejó lo que debía hacer: acudir una noche sin luna al claro en el centro del bosque, donde habría de encontrar a Dios sin defensa. El Demonio, haciendo así, se armó con su puñal de oro y llegado al lugar encontró al anciano sentado sobre una piedra lisa, contemplando los astros. Entonces, comprendiéndolo todo, cayó a sus pies e imploró perdón.
–Eres joven –le dijo Dios, acariciándole la cabeza. –Y yo estoy viejo y cansado, pero joven como tú quisiera volver a ser. Entonces Dios le propuso intercambiar sus moradas. Y aquí termina la historia; no sabemos qué pasó después. Algunos creen que Dios sigue en el bosque, y otros afirman que esa noche se marchó al desierto. Pero lo que de verdad nos preocupa es ser incapaces de distinguir la diferencia.

Tutorial Escritura Creativa Microrrelatos - YouTube
Paola Tena. (México, 1980). Pediatra de profesión y escritora por vocación. Ha publicado algunos de sus microcuentos en antologías de minificción (Señales mínimas , Ediciones Idea, Tenerife, 2012; Érase una vez… un microcuento, Diversidad Literaria, Madrid, 2013; Saborea la locura, Chiado Editorial, Barcelona, 2013; Vamos al circo, BUAP, Cd. de México, 2017; Las musas perpetúan lo efímero, Micrópolis, Lima, 2017). Ha publicado sus microcuentos en diversos blogs y revistas digitales, participando de manera activa en las redes sociales. Las pequeñas cosas es su primer libro.

Adriana Azucena Rodríguez: He terminado el Microdecamerón.

Tomado del libro Metámorfosis de Diana de José Manuel Ortiz Soto

José Manuel Ortiz soto

Un futuro prometedor

El hombre inspiró profundo, retrajo el mentón y apuntó seguro a la distancia. El gargajo salió silbando por los aires para estrellarse contra el piso de mármol, metros adelante. «¡Un tiro perfecto!», dictaminó su instinto, anticipándose al aplauso de los espectadores. El guardia encargado de acordonar la zona ―impecable uniforme de gala con botonadura dorada, zapatos negros relucientes, solemne—, inició la medición:

—Siete pasos, tres cuartas, nueve dedos. ¡Nueva marca nacional! —anunció con voz potente a los cientos de curiosos que colmaban los andenes.

Estalló la ovación de los usuarios. Tal vez sofocadas por el calor veraniego que comprimía el lugar, quizá arrobadas por la emoción del momento, varias jovencitas fueron presa del desmayo.

Después de firmar el libro de personajes ilustres, el desconocido contendiente recibió de manos del jefe de estación el diploma que lo acreditaba ganador del certamen:

El Metro, un espacio público para la cultura y el deporte…

Primer lugar en lanzamiento libre de gargajo bajo techo…

Ciudad de México a los 28 días del mes de agosto del año… Augurándose una larga y brillante carrera deportiva, el nuevo campeón se alejó carraspeando y escupiendo a lo largo y ancho del andén. «Ojalá que el metro no se tarde o llegaré con retraso al trabajo», murmuraba.

Karla barajas en el MicroDecamerón

Coordinadora de la antología Paola Tena

Superación personal

Desde pequeña practiqué el fino arte de la falsificación de firmas en reportes, permisos y materias reprobadas. A los 17 años me superé en la técnica del engaño; para recoger una boleta de calificaciones con cinco materias reprobadas, llevaba ropa y maquillaje en la mochila. A la hora de la entrega, entré al baño y me pinté la cara. Me puse en la fila de padres de familia y al llegar a donde las secretarias entregaban las boletas, dije que era la hermana de la irresponsable alumna. Creo que no me creyeron,
pero por los niveles de desesperación que habrán notado en mí, aguantaron la risa y finalmente dijeron: Firme aquí.


Su reciente libro  Cuentos desde la Ceiba, es una plaquette perteneciente a La Tinta del Silencio, Colección bocanada Número 7. Ahí se publicaron alrededor de 20 relatos, cuentos y minificciones, distribuidos en 56 páginas en total. Refleja las modificaciones sociales contemporáneas en su narrativa mediante el estilo que la caracteriza con relatos, cuentos y minificciones.
Así también, agrega humor y acidez a sus escritos, en donde sutilmente aborda temas de género, social y cultural. Leerla en Chiapas, no significa que sus escritos estén situados en esta zona geográfica sino más bien, son la extensión de un país, de un continente, en dónde se encuentran esas voces que diariamente son escuchadas pero ignoradas.


AC ¿Por qué le diste el título Cuentos desde la Ceiba a tu reciente libro?
KB: Desde pequeña me llamó la atención cómo se construían personajes femeninos en las películas de terror, las escenas en las que sentía empatía y que no olvidaba eran aquellas en las que existían atmósferas cercanas a mí, como puede ser una habitación y que dentro de ella viviera una paciente con una enfermedad terminal.


En cementerio de mascotas una mujer adulta llamada Rachel recuerda el sentir hacia su hermana Zelda, quien tenía una discapacidad que le impedía salir de la cama y permanecía acostada el día entero. A través del diálogo, el personaje manifiesta cuál era su visión y sentir como niña frente a la enfermedad y muerte. Ese era un recuerdo que escondía, intentaba reprimir y que se convierte en un trauma en la etapa adulta.


Para mí, lo más terrorífico de la historia, era la escena de la mujer diciendo: “Voy a torcerte la espalda, como la mía, para que no vuelvas a salir de la cama nunca”, porque era una metáfora de la acumulación de miedo, culpa y abandono que vivió una niña hasta la etapa adulta. Existe lo ominoso, aquello que hace de lo íntimo y lo doméstico: confortable, amigable, que nos brinda la sensación de familiaridad y a la vez puede producir angustia y horror. Puede existir locura en esos espacios en los que habitamos y un efecto siniestro. Eso es lo que me a mí me atrae.


Richard Billigham, a través de la fotografía explora la miseria y el alcoholismo en la intimidad familiar. En David Lynch la dimensión doméstica, también es recurrente. Lo que se obtiene al final es una sensación de angustia. A mí me angustia la realidad porque tiendo a extraer lo más oscuro de ella, aunque intente no hacerlo.


Cuentos desde la Ceiba es un plaquette que conjunta minificciones, cuentos y relatos en que los que sin importar el número de palabras, contarían en cada uno, partes de la historia de un pueblo imaginario llamado San Cayetano y de lugares cercanos a él, desde esa visión que es cotidiana, en una dimensión doméstica y a la vez puede resultar perturbadora o maravillosa en algunos casos. Finalmente me di cuenta que para mis fines era mejor usar los lugares que dados sus usos, costumbres y tradiciones dotarían verosimilitud a mis historias.



Por ello inicialmente la plaquette se iba a llamar; historias de San Cayetano y otros lugares. Cuando iba a la mitad del proyecto escuché un poema de la autora Artemisa Zamudio, el cual decía: “Dios te salve Ceiba mía/ llena eres de gracia”, la palabra ceiba como deidad, como un cimiento cultural del sur se me hizo  bellísima y escribí un cuento para encarnar a esa ceiba, se llama: La Herencia, el cual será publicado en la II Antología de Escritoras Mexicanas, y no está incluido en la plaquette. Influyó también, la escritora Sue Zurita con quien Karla Gómez, Merly Macías y yo trabajaríamos un proyecto donde la ceiba tendría un lugar fundamental, por lo que estaba continuamente pensando en historias alrededor del árbol. La plaquette llama Cuentos desde la ceiba porque son cuentos desde mis cimientos culturales.


AC: ¿Cómo surgieron las historias de tu libro?
KB: Creaba minificciones y cuentos con lo que observaba y escuchaba; extraía tanto lo más oscuro, como lo más luminoso arraigado en tradiciones y creencias de diversos lugares. Por ejemplo, en la minificción de La Mapacha, la cual mencionas, dice:


¿Otra vez metida en el negocio? Encontré tu ropa brillosa, los calzones con lentejuelas, las medias, las botas a la rodilla. ¡Hija, no tienes necesidad de estar metida en esas cosas! No es de mujeres decentes estar rodeada de hombres gritándote:
¡Dale duro, Mapacha, dale con todo!
Lo que haces no es de Dios, recapacita, deja esas tonterías de ser luchadora.


Es una historia que nos contó una mujer que nació en una colonia del municipio Venustiano Carranza, en donde se educa de manera tradicional; sí se estudia, pero regularmente lo principal es dominar los quehaceres domésticos, brindar cuidados, formar una familia y trabajar. Además de estudiar una licenciatura, ella trabajaba; había sido modelo, vendedora, miembro de una asociación de escritores, siempre era un gusto escucharla y verla plena. El día que nos contó su historia como luchadora vi  un diamante en ella. La escribí, años después, Delphine Nimmo eligió la minificción y la tradujo al francés.
Hablo desde mi terruño pero la condición humana es universal, apelo a ella en cada historia.


Hay por otro lado cuentos como Recuerdos, que se conforman justamente de fragmentos de infancia, como era ir a los circos que se ponían afuera del estacionamiento de Blanco Sol, oler las palomitas, tomarse una fotografías, tocar a un elefante, cuando era niña no pensaba en el maltrato animal, sólo en la emoción de ir al circo y quería que el tono de la historia quedara impregnado de esa emoción.


AC: ¿Qué presencia ha tenido para ti la tinta del silencio?


KB: La Tinta del Silencio es una editorial independiente, presidida por Anais Blues y Luis Ramos, quienes con recursos propios han publicado autoras y autores que escriben poesía, cuento y minificción, en América Latina; además de promover el trabajo de sus autores en filiales, escuelas y encuentros de escritores.
En el 2013, una minificción de mi autoría fue publicada en la Antología Cuéntame un blues; ese fue mi primer acercamiento con la editorial y es cuando me enteró que Ana es chiapaneca, egresada de la Universidad Autónoma de Chiapas, lo cual me llenó de alegría porque debido a su trabajo son un referente en la industria editorial dedicada a la publicación y difusión de la minificción.
En el 2017, tuve la fortuna de publicar La Neurosis de los bichos, en el número siete de la Colección Minitauro; y en este año, en el número 7 de la Colección Bocanada: Cuentos desde la Ceiba. Para mí, esto es un aliciente porque la editorial me ha respaldado desde el 2013,  ha confiado en lo que escribo, pienso y siento; y han tenido ese detalle de darme un lugar en su casa editorial y llevarme con ellos. Se los agradezco.


AC:¿De qué se nutre Karla Barajas?


KB: De las lecturas una se nutre y con el paso del tiempo lees nuevas propuestas de las cuales aprendes, disfrutas, y que te muestran otros caminos. En mi caso lo que hago es leer y/o escuchar autores u autoras que me interesan. Hoy en día es sencillo porque comparten fragmentos de obra en revistas electrónicas, cuentos o minificciones en antologías, posteriormente busco sus libros, no siempre se encuentran, por ejemplo tengo pendiente conseguir: Dientes blancos, de Zadie Smith.
Leí Si lo propio del cuerpo es ajeno, publicado en la Revista de la Universidad de México, luego busqué los libros del autor y encontré Un Diccionario sin palabras y tres historias clínicas, y los ensayos que realiza el doctor Jesús Ramírez Bermúdez, me llevaron recientemente a leer: El hombre con su mundo destrozado, de Alexander Romanovich Luria, y El hombre que confundió a su mujer con un sombrero, de Oliver Sacks (no lo he terminado).




Otra manera es a través de diplomados, voy haciendo listas con recomendaciones y buscando material. Me interesa leer a Ingrid Solana por la manera en que abordó una clase acerca de Chantal Maillard. La última es por recomendación de amistades, ahorita estoy leyendo: Largueza del cuento corto chino.  Recopilación, prólogo, traducción y notas, de José Vicente Anaya, por prescripción de Edgar Núñez.


AC:¿Quiénes son tus influencias?


KB: Disfruto leer la poesía de Wislawa Szymborska, Olga Gutiérrez García, Rosario Orozco, Óscar Oliva. Me gusta  leer los cuentos de Julio Cortázar. En materia de minificción he ido leyendo a diversas autoras y autores, siguiendo las recomendaciones que hacen en sus libros entre ellos: Ricardo Bugarín, Fernando Sánchez Clelo, Javier Perucho, José Manuel Ortiz Soto, Miguel Antonio Lupián, Agustín Monsreal, Gabriel Ramos, Laura Elisa Vízcaíno, Dina Grijalva, Pía Barros, Marcia Ramos, Angélica Santa Olaya, Gloria Ramírez, Adriana Azucena, Azucena Franco, José Luis Zárate… El maestro Ricardo Bugarín y Fernando Sánchez Clelo han tenido la generosidad de orientar y mostrarme cómo puedo mejorar lo que escribo.  Y hay páginas como la Antología Virtual de minificción y, libros como los de Violeta Rojo y Ana María Shua, Javier Perucho, que me permiten buscar otras bibliografías como: Opio. Diario de una desintoxicación, de Jean Cocteau.


AC: ¿Qué significa para ti leer y escribir?


KB: La lectura y la escritura son un refugio, en el cual recupero la calma que a diario se desgasta. La escritura es ese lugar donde ordeno mis ideas, emociones, cuando lo que escribo se publica y alguien lo lee, siento como si se sentara a escucharme y hablar conmigo sin necesidad de tener otro estímulo visual o sonoro más que los que guardé en mi historia. Cuando esas historias son compartidas siento una satisfacción muy grande porque lo que escribí está acompañando a alguien, por alguna razón, en algo se habrá identificado esa persona y quizás logré hacer sentir lo que a mí me hizo comenzar a disfrutar historias: sentir que no era la única niña que temía a la enfermedad y la muerte, ahí estaba Rachel.

Ricardo Bugarín en pequeficciones

Antólogos José manuel Ortiz soto y chris Morales

Mucho juego

El pulgón toboganeaba en los jacintos. Aburrido ya de jugar, se subió al colectivo y abandonó la plaza. En la esquina del colegio descendió y a paso lento ingresó a la iglesia. Se acomodó entre los faldones que halló en primera fila y se dispuso a escuchar misa. De cabeceo en cabeceo, se fue durmiendo. Cuando quiso saber, estaba en un ropero.

Ricardo Bugarín (Argentina, 1962).

Publicó Bagaje (poesía, 1981).
En el género de la microficción ha publicado: Bonsai en compota
(Macedonia, Buenos Aires, 2014) , Inés se turba sola (Macedonia,
Buenos Aires, 2015), Benignas Insanías (Sherezade, Santiago de
Chile, 2016), Ficcionario (La tinta del silencio, México, 2017) y
Anecdotario ( Quarks, Lima, Perú, 2020).

Ilustración de Plagas De Pulgón y más Vectores Libres de Derechos de  Cuadrado - Composición - iStock

Matar a la bella de Solange Rodríguez

Tomado de la antología » o dispara usted o diparo yo» Lilian Elpick antologa


Los medios explicaron que a la bella la mató la ciencia; las
cirugías que le estrecharon la cintura también le iban quitando poco la
respiración, hasta que una madrugada murió de asfixia. A la bella la
mató su psiquiatra. Cuenta que cuando lo llamaron de emergencia por
lo del frasco pastillas, él se acercó al disimulo a la cama y le comprimió
fuertemente la nariz con toda la palma, hasta que estuvo pálida.
«Muerta antes o muerta después», dijo a la prensa, «¿qué diferencia
habría si se iba a morir de amor tarde o temprano?» A la bella la
asesinó él gobierno, el agente Norman Hogdes, en sus últimas horas
testifico haberle inyectado Nembutal entre los dedos de pie izquierdo
mientras dormía. «Nunca había matado mujeres», confesó mientras se
relamía los labios secos por guardar tantos secretos de estado, pero
siempre hay una primera vez; a la bella la mató su último amigo, un
pedazo de carne joven que había enganchado en un bar y que se agarró
tan fuertemente a sus costillas que las fracturó en un abrazo. A la bella
confesaron haberla envenenado su nana; su chofer de limosina; su
masajista; alguien que no estaba en el país esa noche; un astronauta; un
extraterrestre que no podía ser penalizado por las leyes humanas y un
viajero del tiempo… La fila de los que decían ser culpables logró dar
varias veces la vuelta a la estación de policía y eran mucho más celosos
que sus amantes en vida, los que decían haberla recibido la primicia de
su último aliento.
Todos equivocados, para entrar en un estrecho vestido de
pedrería, antes de cantar el cumpleaños para el presidente, la bella en
un complicado procedimiento hecho en una clínica cubana, se había
hecho extraer el corazón. Anticipándose a su destino fatal de diva,
desde 1960 estaba muerta, pero era buena actriz.

Solange Rodríguez Pappe.

Obtuvo su licenciatura en Letras
en la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil con un trabajo
dedicado al microrrelato en el Ecuador. Es profesora de ramas afines a
la Comunicación y al Lenguaje, al tiempo que ha incursionado en el
periodismo, el ensayo, la ficción audiovisial y talleres de creatividad. Ha
publicado los volúmenes de cuentos Tinta sangre (Editorial Gato
Tuerto, 2000), Dracofilia (Quelonio Editores, 2005) El lugar de las
apariciones (Edino, 2007) contiene textos que merecieron el primer lugar
en el Concurso Hispanoamericano de Microrrelato Escrito en las
Estrellas y Balas perdidas (2010) ganador del premio Joaquín Gallegos
Lara a la mejor producción de relatos de ese año. También ha realizado
estudios en Literatura posmoderna y microrrelato, siendo antologadora
del tomo de minificción ecuatoriana Ciudad Mínima (2011).

Revista Librujula - Solange Rodríguez Pappe: en Ecuador, las escritoras  mandan

Los pesacadores nocturnos de Ildiko Nassr

Tomado del Microdecamerón


Solos. A la deriva. De noche. Salíamos a pescar con mi papá. La
corriente nos iba llevando. Llegaba un momento en que las olas
crecían y ya no era cómodo y hermoso. Podía sentir su miedo.
Una cierta desesperación y ese hombre fuerte y seguro, que tanto
había vivido, tenía un instante de vacilación. Acaso recordaba
cuando tuvo que dejarlo todo, huyendo del enemigo en otra
guerra. Era un segundo eterno. Las olas nos llevaban donde ellas
querían. Y estábamos solos en esa lancha pequeña, en medio del
agua, sin nadie alrededor.
Durante años tuve sueños y pesadillas sobre ese lugar y
ese terror en la mirada de mi padre era el punto cúlmine que me
despertaba. Echábamos anclas. Una a cada lado del bote y nos
quedábamos fijos en un lugar. Nuestra pesca continuaba como si
nada. Pero yo seguía con miedo. Por él y por mí.

Entretiens Lectures d'ailleurs: Ildiko Nassr (Argentine)

Fe de erratas tomada de «Pequeficciones» de Sandra Bianchi

Antologos: José Manuel Ortiz soto y Chris Morales


Cuando era chica incurrí en uno de esos horrores casi irreversibles.
Por un error de audición confundí la palabra pecado con pescado, y
aunque me aclararon muchas veces el malentendido, quedé anclada
en aquella primera idea. Así llegué a pensar que quebrantar la ley de
Dios era equivalente a sacar algo comestible del agua y fue por eso
que nunca me tragué la historia de la manzana.

Sandra Bianchi (Argentina).

Es profesora en Letras, docente,
escritora, crítica literaria, editora y gestora cultural. Es jefa de edición
en Ediciones Santillana Argentina y se dedica al estudio y difusión de la
microficción. Además de escribir artículos críticos y prólogos, ha
elaborado las antologías Arden Andes. Microficciones
argentinochilenas, Cartón lleno I y II y la versión argentina de ¡Basta!
cien mujeres contra la violencia de género y ¡Basta! cien hombres
contra la violencia de género (en colaboración).

Internacional Microcuentista -: Breve entrevista a Sandra Bianchi