Quintilla de minificciones: Pía Barro, P.Nasello, J:M. Ortiz S. A. Sánchez A. M. Espada.

EXÁMENES FINALES

Pia Barro – Chile

La calle está desierta. Desde la esquina se aproxima el hombre dispuesto a cruzar en diagonal la plaza.
Desde la esquina opuesta, un grupo de colegialas viene apuradas, cabeza gacha, los doce años contenidos en el jumper azul y la blusita blanca. Se cruzarán en breve. Una de las chicas parece saludar con el brazo en alto. Las otras cinco se detienen apretadas a ella.
El hombre sonríe confiado.
Una descuelga la mochila de su espalda, las otras imitan el gesto.
Lo rodean. El hombre pierde aplomo, intenta unas palabras.
– Mañana a las diez, recuerden el examen de química.
La que había levantado el brazo, incrusta lo que ha extraído de la mochila en su costado.
– Ni ese examen ni ningún otro bajo la falda, profe.
La plaza entera vibra con el estampido.
Las seis se alejan a paso breve hacia la noche.

FUEGO

Patricia Nasello – Argentina

Sabe que tiene que irse.
—Apure, profesor —llaman desde afuera.
—Ya voy. —Ajusta la lente del telescopio y sigue mirando. Contra el negro de la nada los rayos se descomponen en mil colores.
La luz. Siempre la misma y sin embargo distinta. El hombre la contempla con ojos de enamorado.
Y el calor.
Hasta ayer, con una toalla grande y gesto indiferente, secaba el sudor que corría por su cara, por su cuerpo. Hoy ya ha renunciado al intento de mantenerse seco. Al esfuerzo de tomar notas también.
—No queda mucho tiempo —insiste la misma voz, ya lejana.
Mira en derredor. Instrumentos de laboratorio y algunos efectos personales. Amados objetos que debe abandonar. El saxo de su padre. “Esta es una familia de músicos, el científico es nuestra oveja negra”, bromeaba, orgulloso, el viejo. También está la pintura. Lara, preciosa como era. Viva.
Su equipaje ya ha sido cargado.
—Sólo lo imprescindible, profesor, menos, si puede. Usted comprende —él entiende perfectamente.
Las diez de la noche. Sale al horno que es la calle. Cierra con llave. ¿Para qué? Nadie se queda. En pocos días quedará nada.
Aún peor que la temperatura es el silencio. La ciudad ya ha sido evacuada. La ciudad y el mundo.
Quita el cerrojo que acaba de poner, abre la puerta, se sienta en el suelo bajo el marco.
Aguarda un rato.
De pronto, ciento veinte segundos de ruido ensordecedor. Luego, la más absoluta calma. La nave ha despegado en el horario previsto.
Pasan un par de perros, ahora sin dueño, desorientados.
Mira el cielo. En una hora, a los sumo dos, no será necesario el telescopio. Se podrá observar un bello espectáculo a simple vista.
El Sol continúa agigantándose.
No cree estar solo. En algún lugar del planeta habrá otro ser humano que, como él, haya decidido quedarse a esperar el amanecer en casa.

GÉNESIS

José Manuel Oriz Soto – México

A sus pies, el mundo era una mierda por el lado que lo viera. ¿Tenía sentido hacerlo redondo nuevamente? El escarabajo dijo que sí y continuó empujando el pedazo de excremento.

LOS INCONVENIENTES DE LA ASOCIACIÓN LIBRE

Alberto Sánchez Arguello- Nicaragua

El psiquiatra pronuncia la primera palabra, con la entonación más fría posible. El paciente la descompone en fonemas, se los traga y los devuelve convertidos en un escena en la que una mujer da el pecho a un bebé violeta que suelta el pezón para reírse tan fuerte, que salta el vidrio de las ventanas del consultorio, activando las alarmas de los autos del vecindario. El ruido asusta al paciente, que se transforma en una parvada de palomas que huyen hacia el cielo, sin dar las gracias y sin pagar la cita.

MARCHA ATRAS

Manu Espada – España

Laura no está en la cama. Marino saca el brazo y pone la alarma del despertador a las siete de la mañana del día anterior. Se levanta y comienza a caminar de espaldas. Se viste y baja al garaje. Arranca el coche y conduce marcha atrás. A través del retrovisor, contempla cómo el sol sale por oeste y vuelve a iluminar la carretera. Cuando llega al trabajo, el último compañero que queda se despide de él. La oficina comienza a llenarse de gente. El bullicio es ensordecedor. Marino deshace varias gestiones. Horas más tarde vomita la comida (intacta) al plato y vuelve al despacho, donde borra letra por letra varios mails. Cuando a amanece regresa sobre sus pasos y se va a casa. Discute con Laura, que amenaza con irse. Cuando se acuestan, él le asegura que pueden volver atrás, que estarían juntos otros diez años, hasta el momento en el que se conocieron, pero ella no le cree. Suena el despertador. Marino abre los ojos para comprobar si Laura se ha ido de su lado. —oñirac, saíd soneuB —dice ella.

http://letras.mysite.com/pbar060615.html

https://leamoscuentosycronicas.blogspot.com/2018/04/fuego.html

http://1antologiademinificcion.blogspot.com/2011/02/jose-manuel-ortiz-soto.html

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