Sendero
Fue en su primer año de occiso, que se dio cuenta que su mujer le ofrendó con tamales de chivo. Tienen el mismo sabor ahora, que cuando los degustaba en vida.

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Sendero
Fue en su primer año de occiso, que se dio cuenta que su mujer le ofrendó con tamales de chivo. Tienen el mismo sabor ahora, que cuando los degustaba en vida.

Sendero
Cuando me fui a comprar la carne, él escuchaba en la cama a todo volumen el concierto de rock, Sobre la mesa estaban los cigarros. vicio que no puede dejar, ¡seguro! que se durmió con uno en la boca. La humazón se hizo al quemarse la sábana y el colchón.—Debió despertarse ¿por qué no abrió la puerta? —Lo intentó. Pero yo me llevé las llaves del cuarto.—¡Mire nada más! Y tan buen cerrajero que era.

Sendero
Corro por desiertos, laderas de nieve y el pulso salta. Voy por tejados abrasados y me da por brincar tan alto que vuelo. Volar siguiendo un pelícano rozando el mar. Volar entre yuyos y flores y salir con olor a hierba y jazmín. Ver desde el cielo a los pescadores que llegan al puerto y volver al paso por callejones trenzados piedra con piedra y llenarme del aroma sagrado del pan.
Regresar a la profundidad del silencio, inflado de aroma y color.

Sendero
Es la primera vez que invito a un hombre a mi dormitorio y quizá la última. Cerré mis emociones y deseos con una rutina de quehaceres y deporte. En el closet, hay una pequeña puerta, la abro y veo a una mujer, qué soy yo. Danza al son de tambores y el sudor de su cuerpo extiende el deseo. En otro cuadro aparece sacando del horno una pieza de carne. Al final hay una abuela que teje por tejer, y percibe el aroma de una piel sudada y deseosa. me he puesto la bata de seda escarlata y mi compañero me pregunta si me gusta el baile.
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La copa de oro se retraía por el sol, pero crecían sus retoños al salir la luna. Se propuso cubrir con sus raicillas la red de púas de alambre. Una lucha tenaz contra el ardiente verano y al mes levantaba sus hojas de verde intenso y flores amarillo fuego que se mecían con la brisa de la tarde. Y yo me quejaba porque el maestro me exigía.

Dio muestras de vida, cuando ya había sido enterrado.

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Todos los días venía Narciso a mirarse en las aguas del río. Tal vez, se buscaba a sí mismo, o no tenía con quien jugar. Una tarde vieja, que el arroyo iba con pereza, se hundió para nunca volver. Lo amé cuando lo vi, y desde aquel crepúsculo no he parado de llorar.

Sendero
No tuvo que luchar para depositar en el bote su presa, era una sirenita con ojos verdes y cejas color carbón, que lo miraba resignada. “Debería sentirme afortunado, es un golpe de suerte”. Lo que no encajaba era la mirada lejana de la niña, y su cara tan parecida a la de su nieta que ya lo esperaba en el muelle. La depositó sobre la espuma del mar y enfiló hacia el atracadero sin pesca.

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Le ordenaron reposo absoluto. Su esposa, siguiendo indicaciones, compró el mejor ataúd para que el descanso fuera serio y efectivo.

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La garza mecánica hunde su pico en las vísceras del pozo. Es un moderno succionador que no descansa. Una y cien mil veces lo hace, obsesa por el hígado que yace en el vientre de la tierra. Nada le cansa, ni el sol abrazador, ni la noche tormentosa. Un dia quedará inmóvil, satisfecha de secar los veneros. Prometeo no duerme, espera el pico y la gula del águila, hasta el final de los tiempos.
¿ Nunca le llegará el hastío al ave?

Sendero
Leía el cuaderno de su novia: El hombre joven caminaba disfrutando. Spark era su nombre. El novio se preguntó ¿Quién es? entrecerró los ojos y cruzó las líneas y lo enfrentó,
—Quién eres?
—para ti soy una espina, soy quien despierta a tu novia a mitad de la noche y platicamos, o también soy una profundidad de ella.
—Tú solo eres una retórica de Alicia.
—Si esa es tu impresión vale, pero en otras soy sueño y pensamiento, si lo dudas pregúntale que soñó.
Cerró el cuaderno, escucho su voz, que lo nombraba. Lo besó cerca de sus labios, sin embargo, percibió su lejanía.
— con quién soñaste anoche?
— No lo vas a creer, me encontré un sujeto caminando en la alameda que me invitaba a salir. Tenía nombre de historieta Spat, Spark.
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Tomado de una lectura de hace mucho tiempo
—Señor presidente tengo la solución para sacar a nuestro país de la pobreza.
—lo escucho secretario
—declarémosle la guerra al imperio. Seguro la perdemos y conociendo sus políticas, nos recompensaran con programas y apoyos que nos permitan rehacernos y salir del subdesarrollo.
El Señor se quedó pensativo.
—Y si la ganamos secretario. ¿Qué haremos?

SENDERO
lo arrasó un sueño profundo. Masticó un chicle imaginario y roncó. Sabía que al despertar tendría la respuesta a la duda del hombre. La sombra soltó el primer garrotazo. El agua fría en la cara lo devolvió y más el tono de la voz. “¡Levántate bueno para nada, deja de soñar y ayuda, ¡qué la casa se cae”!

Sendero
Por la mañana, si mamá hablaba sola; había que levantarse. Dormíamos en catres de yute y los gallos solo eran callados por el estruendo de los cotorros. <<yo estaba en ese sopor del sueño que vuelas en un pozo a media luz y que regresas en un abrir de párpados al oir de nuevo la voz de mi madre>> ¡Qué cosas! de niña odiaba el alboroto de los pericos, y hoy que no los veo, ni los escucho, los extraño. Como extraño la voz de mi madre hablando de la huevonería de los gallos. Tiempos idos hijo. Ahora percibo el canto del gallo cuando me llega un mensaje de tu hermana, que me hace saber que está bien.

Sendero
Ella le susurra, aquí hay mucho ruido. Llévame donde estemos solos. Al día siguiente vio las sábanas revueltas, y resabios en su piel. La humedad, y el vapor opacando el espejo del baño. supuso que estaría en la tina. Corrió las cortinas con suavidad, no había nadie. Movió la cabeza y se dijo: «Malditos sueños, cada vez son más reales».
