Un dia en la vida de una mujer

Rubén García García

Me levanto sin pensarlo. Se oye el aleteo de los murciélagos en el perón; la noche ha sido fría y húmeda. A la olla del café le pondré más canela y agua. Despierto al marido y busco un pedazo de pan para que se vaya con algo en la tripa. ya se levantan los chiquillos y piden, —no saben si hay — pero piden. voy de prisa a llevarle el almuerzo: son tortillas untadas con frijoles y un poco de chile para que sienta que algo le pellizca el estómago. Limpiamos la milpa. Él se queda, yo me regreso a preparar un caldo de chayotes. Me llevo los niños a la cañada para que ayuden a cargar agua. con una buena vara se pueden cargar dos cubetas y otra en la cabeza. Agua para el marrano, para las plantitas de olor, las gallinas. Los perros piden después de que se come su mazorca. Agua en la cocina para el atole, el café y para la sed. Nada se desperdicia. Ya mañana que lave aprovecho para bañarlos y de regreso me ayudan cargando con la ropa seca; también compraré un litro de petróleo para los candiles, a oscuras no se puede remendar la ropa. Hace mucho que no tengo un hato seco de leña y los que la traen a vender no se arriman por aquí, saben que el dinero está escaso y los chamacos piden, —ellos no saben si hay— pero piden.

Archivo Fotográfico Rodrigo Moya: 2012
Foto de Rodrigo Moya 2012

Efectos secundarios

Rubén García García

Aspiraba el humo del café y decía: “en este momento puedo hacer locuras.» Yo reía, pensaba que era una broma. Una mañana fría después del exprés subíamos por el elevador y empezó a besarme. «tengo citas pendientes” y se fue corriendo. Jamás se volvió a tocar el tema. Un fin de semana tuve que ir a su departamento y dejarle los  documentos que necesitaría para una reunión de negocios. Tomé el aromático que me ofrecía y ella sólo agua. «Entonces, no me acompañaras con un café y le dí mi taza», le dio tres sorbos y espontáneamente me tomó de los hombros y me besó en el cuello. «Tienes una fragancia y suspiró». Dos horas después estábamos bajo la misma regadera. La acompañé y pasamos un domingo increíble. El aroma del café se alejó de mi sueño y encendí la luz del velador y solo habían transcurridos dos minutos. Mi esposa dormía profundamente. Fui de nuevo al baño, y regresé  satisfecho y relajado.

El León no es como lo pintan

Rubén García García


Tiene los ojos de muñeco. Buscó sus cigarros, tocó su cabeza, su cara, la barba. Su coleta había desaparecido. Miró a su derredor: las paredes impolutas, lisas y un cielo azul. El pasto mullido, la sombra acostada de los árboles que invitaba a la oración. Musica de chelos brotaba del suelo.
Iracundo gritó: ¡No! ¡basta! ¡basta!, ¡pongan a Metálica! ¡Mac Sabbath! ¡Ladybird! ¡quiero morir!, quiero morir!
—Estás muerto
—Quiero ir al infierno
—En él, estás. Y diviértete, …tu angelito al que siempre mandabas a la chingada.

Bajo el volcán

Rubén García García

En las noches de frío intenso te hacías bolita y tus pies se calentaban entre los míos; mi pierna derecha cubría tu redondez con fiebre y olor a canela. Ayer, dijiste que me apropié de la frazada y en la madrugada te despertaste. Vi en el reclamo de tus ojos una luz de enojo con regusto a quina. Dejamos de abrazarnos y había en la cama lejanía; cada uno comenzó a abrigarse con su propio cobijo de lana. En la noche, el frío regó cristales de sal en la casa.
No puedes conciliar el sueño, porque tu cuerpo no responde al acomodo; yo me cubro hasta la cabeza y, aunque mis ojos permanecen abiertos, solo veo una profunda oscuridad –fría como la menta– Afuera el viento ulula.

El canto de la primavera

Rubén García García

Escucho el ruido de la heladera. Afuera, va gritando el vendedor de mondongo. Flota una calma que no lo es. Se oye la alarma de un vecino. Después el silencio; veo por la ventana el pájaro azul negro. Es un día nublado, los cotorros en el patio chiflan fiu-fiu a mujeres inexistentes. Desde la avenida se oye el ir y venir de los carros. Muy a lo lejos llega el canto de la primavera. Me encimo en su silbido para escapar de la soledad.

Flota una calma;

no lo es, pero asfixia.

Vuelo a la sábana.

Gauguin, El Greco, Edward Hopper... o el arte de viajar a través de la  pintura
Gauguin

Complicidad en los aromas

Rubén García García

El ayer lejano. Duele porque ya no estoy en tus pensamientos. Hay días que tus manos acarician mi cara, y tus piernas rodean mi cintura. Los labios gritando hacia dentro y después el silencio cómplice. Hoy nos encontramos en el cinema, tú fingiendo una plática con tu pareja, yo, simulando no verte. Solo los aromas se mezclaron, viejos conocidos.

Plantas con mejores perfumes, aromas, fragancias | Página 3

El nido de las arañas

Rubén García García

La pelota hace una parábola y va rumbo al ángulo de la portería. El portero, pasmado la sigue con la mirada. El esférico rebotó en la fina malla tejida por una araña. Satisfecha de la resistencia, ahora espera algo más sustancioso.

Los goles de la final de la Champions: Los increíbles yerros del portero  del Liverpool y la chilena de Bale | Emol.com

El hada helada

Rubén García García

Makiu implora que aparezca su Hada. Está sentada en la cama y no puede dormir. Llega y acariciando su cabeza le pregunta:

¿Qué te sucede?

Cuando cierro los ojos, sale un león.

El Hada sonríe.

—Acuéstate y duerme. Yo haré lo mismo.

La niña se relaja y cuando ya abría la puerta del sueño, le pregunta el hada.

¿El león es de melena negra?

—Si. -Dice la niña—a quién se le cierran los ojos.

La madrina se retira, sonríe cuando la mira dormir. Llega a su retiro, pone la varita en el estuche, se tiende sobre la sábana, cierra los ojos, divisa la floración de las azaleas y entre los tallos se asoma una melena de color negro…

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El diario…

Rubén García García

Me duele pensarte. El ayer cómplice es sombra. Duele porque estoy fuera de tus pensamientos. Rumeo Los falsos de la vida, la promesa enterrada. Es cierto, nada nos debemos. Hay días inevitables, inconfundibles, tus manos en mis mejillas; con mis piernas rodeando tu cintura. nuestras bocas mudas, ahogadas, gritando hacia dentro y después… el silencio.

2.4. El Postimpresionismo. Cézanne, Gauguin, Van Gogh | Las Vanguardias.  Las primeras Vanguardias
Henri de Toulouse-Lautrec:

Algo me recorre

Caballos en la marisma: Yegua retozando sobre la fresca hi… | Flickr

Rubén García García

Soy una mujer juiciosa, socialmente discreta, compañera y hasta tierna.  Veo la grama húmeda y lleva a imaginarme una yegua fina retozando. Me estremezco. Y me posee la hembra en la hierba, De la nada salen remolinos de lumbre y me incendio. Trompos que solo pueden ser calmados por dedos hábiles, una lengua ávida y un falo sublime que acaricie y frote. Mis labios exigen besar hasta tener en mi boca el recipiente exacto de tus germinales. Ser insaciable y ver de lejos a la mujer impoluta que por cualquier cosa se persigna.

Andrew Atroshenko: Expresionismo y la mujer como protagonista – Trianarts
Del Pintor expresionismo;Andrew Atroshenko
Nació en 1965 en Pokrovsk, Rusia
En 1994 ya, colgó su obra en importantes exposiciones como la de San Petersburgo Reutlingen, Alemania…
Tras graduarse de San Petersburgo, en la «Academia de Arte en 1999», fue invitado a participar en el Grupo «Arte de la Bahía» de Nueva Inglaterra. Si bien el trabajo de Andrew se vendía con éxito en galerías de toda la Florida, California, Ohio y Arizona, el artista participaba en un gran número de exposiciones colectivas y subastas en Francia, lo que dio lugar a que su obra se venda a en todo el mundo.

Intercambio*

Por Rubén García García

  • Rehaciendo un chiste

Eran las seis de la mañana cuando la madre superiora salía de su dormitorio. Monjas y novicias le hacían reverencia al cruzarse en los pasillos del convento. Las de más confianza la detenían y la interrogaban acerca de su descanso y ya para retirarse se despedían con un “ me saluda al padre Ramón” Recordó que en quince minutos estaría con él en el confesionario y  la referencia a él, lo atribuyó a este hecho.

Después de haberse confesado el padre le pidió que se acercara y discretamente le dio un pequeño bulto que se sacó de entre la sotana y le dice:

Ahora me da mis sandalias y aquí tiene las suyas.

Yucatán | El Ilustrador: Mérida, pasado y presente: Monjas (6)

Una cantina sobre el río subterráneo

Rubén García García

Cerraron el bar y se quedaron con ganas. Siguieron las vías del tren y encontraron una cantina abierta. Pidieron cerveza. Tarros, espumosa, fría y oscura.

—No escuchas como si el bar estuviese lleno de gente y todos en la plática.

—Apenas distingo las mesas. Mejor digamos salud.

—Se oyen muchas voces le dice al cantinero.

—No se preocupe. Debajo de la construcción pasa un río subterráneo y afuera los trenes van y vienen.

Salieron con el tanque lleno, zigzagueando y cada quien cantando a su manera. Al cruzar la vía, de la nada, se encontraron con el expreso de medianoche… Se levantaron con sed y regresaron a la cantina. A la misma, solo con la diferencia que ahora si se apreciaba el ambiente: pláticas, algunas discusiones, una guitarra, un trovador y el olor a tabaco.

Abajo, un barquero cobrando por subir al bote y llevarlos a la otra orilla del río Aquaronte.

EL ENEBRO: EL TREN DE MEDIANOCHE

Pruebas diagnósticas C.19

De Rubén García García


Caronte no tenía problemas con las almas, sólo lo había si no le pagabas. Tampoco las aceptaba si éstas provenían de un cuerpo colmado de virus. En la entrada al inframundo custodiaba la puerta Cancerbero, un monstruo con tres cabezas de perro, que poseía olfato para escrutar aromas virulentos. Si lo distinguía, ipso facto, los situaba en cuarentena*. Caronte sabía de tamañas cualidades.
En este dato se basó Dominique Grandjean de la Escuela Nacional de Veterinaria de Alfort de Francia para entrenar perros, que sale más económico y rápido que estar haciendo pruebas en las terminales por un personal altamente capacitado**.

Cerberus: The three headed dog, Guardian of the Underworld, who was the twelve labor of Hercules.
Rubén García García jubilado mexicano que gusta escribir historias breves que llaman minificción. Tiene 74 años y padece de curiosidad .
  • La cuarentena posiblemente consistía en vagar por la rivera del río Aquaronte, junto con las almas que no pagaban.

**Tomado de la prensa nacional

El vicio del deseo

De Rubén García García


Me gusta dormir boca abajo para relajar el cuello. Debí soñar que ella me daba masaje, tenía arte para hacerlo. últimamente me ofrecía una aspirina. Solo sentí un piquete y las luces se apagaron. Me enterraron en el sótano. Cosa graciosa, en este lugar yo me hacía el muerto para no ser descubierto en el juego de las escondidas. Salí del encierro a nuestra recámara. Dormía de espaldas a su amante, la desperté acariciando su frente. Abrió los ojos. espantada de ver mi cara llena de gusanos, los suficientes para ocasionarle un infarto en un corazón ingrato, pero ya dañado por una fiebre que tuvo en su juventud. El sujeto dormía boca abajo muy parecido a como yo lo hacía. Encontré la aguja de raquea y entró sin resistencia, profundamente en su médula espinal. Le di la vuelta y lo reconocí. Siempre supuse que mi otro yo me envidiaba.

Alguna vez Rubén García, el administrador, tuvo deseos de hacer deporte y encontró en el trote un placer que guarda cariñosamente. La carrera de resistencia le dio la oportunidad de ponerse en contacto con la naturaleza. Paisajes muy bellos que están cerca del habitad. Fotos que como buen anciano las conserva, como para decirle a los nietos que el abuelo un día también fue joven.

Señales que te indican que no estas durmiendo lo suficiente | En Pareja

La falsa coma

Rubén García García

Regresé a casa con más copas que las debidas. Recordaba haberme despedido de mi esposa con un luego vengo. Por la noche llegó mi suegra, viuda que se la pasa viajando en competencias deportivas. Mi mujer le dio la habitación nuestra.
En la madrugada que llegue no prendí la luz y en la oscuridad total le cumplí con fogosidad.
Salí al baño e instantes después llegó mi esposa. Me quedé con la palabra en la boca, cuando dijo, “llegó mi mama y está durmiendo en nuestra recámara…, regresa al cuarto y saca tu ropa. Veo que ya traes el piyama puesta. Se me bajó toda la borrachera.
En la mañana me despertaron los gritos de mi esposa diciendo que su madre no se despertaba, que llamaría un médico. Estuvo ocho días hospitalizada con diagnóstico de estado de coma. Una mañana se despertó buscando los tenis ya que tenía competencia. La suegra no recordaba nada y yo me sentía aliviado por su desmemoria. Días después cuando tomaba el avión me dijo en un momento en que mi esposa nos dejó solos “ aún tengo la huella de tu boca en el interior de mi muslo. Eres un tigre…

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Tomado de la red

Rubén García García administrador del blog. Jubilado y aprendiz de escritor