De Rubén García García
Me joden los tipos que quieren agandallar tu turno. Rodé por el piso saqué mi çold y un tiro en la frente a cada mañoso. Volví a mi lugar en la fila y seguí con mi lectura.

El blog no tiene propósitos comerciales-Minificción-cuento-poesía japonesa- grandes escritores-epitafios
En esta categoría ubico los textos que son de mi autoría. Ficción breve, miificción
De Rubén García García
Me joden los tipos que quieren agandallar tu turno. Rodé por el piso saqué mi çold y un tiro en la frente a cada mañoso. Volví a mi lugar en la fila y seguí con mi lectura.

Sí era el mismo. Premio mayor. Rumbo a su casa hacia cuentas para tener una idea aproximada del monto. Una cuadra antes de llegar, se le prendió como garrapata una duda. Estaba seguro de que era el mismo número, pero si no fuese la fecha…volvió sobre sus pasos y pasando el crucero estaba el estanquillo. Todos los días lo hacía para llegar a su trabajo, al cruzar recordaría su último vuelo y a su lado el boleto de la lotería.
Si en el cuento cada palabra es importante, en el microrrelato mucho más. Cuando tienes que causar sensaciones en el lector con tan solo un puñado de palabras, has de elegirlas bien. Intenta que no sobre ni falte nada, que cada palabra esté donde debe y que se trate de la palabra correcta. Busca sinónimos si hace falta, elige siempre la que evoque aquello que quieres transmitir, vigila la sonoridad del texto… Tendrás que revisarlo unas cuantas veces hasta alcanzar el resultado que persigues, pero al ser una narración tan breve, puedes dedicarle más tiempo.
Tomado de la red


La señora está cansada. “mañana lavo los trastos” le dice a su esposo en voz alta. Apaga la luz y se dirige al dormitorio. A los quince minutos regresa, enciende el foco y con horror mira sobre la mesa cientos de cucarachas. Con insecticida en spray rosea abundante. Algunas yacen boca arriba y el resto quedan inmóviles. “eso querían desgraciadas” Si hablé con voz alta fue para que salieran todas. Apaga el foco y satisfecha se va hacia su recámara.
Las cucarachas empiezan a moverse y las que están paradas ayudan a las que se encuentran patas arriba. Todas están sobre los platos disfrutando las sobras de la cena.
Todo salió a la perfección “mejor imposible” dijo una de ellas. Ellas ya son inmunes a los insecticidas. El teatro que hicieron fingiéndose muertas es una actitud aprendida de los humanos.
Tal vez un día…

por Rubén García García
Por la mañana tuve una furiosa pelea, y ahora, aquí estoy; comiendo tierra. A mi contrincante lo tengo de vecino.
Por Rubén García García
Abrió el libro. Un enjambre de sílabas encimó sus sentidos. El corazón indiferente se hizo dulce, suave y empezó a latir; había terminado la oscuridad de la palabra y de los días.

Rubén García García Médico y escritor, entrando peligrosamente a la cuarta edad, pero capaz de emocionarse.
De Rubén García García
Soy tan infiel que mi sombra me cela, piensa que tengo otra.

Rubén García García
Cada vez que ella acariciaba a Duque, él metía su hocico entre sus piernas y segundos después daba tres ladridos, lo hizo muchas veces. Recordó el fino olfato de los canes y se hizo revisar por un ginecólogo. Resulto un cáncer incipiente que resolvió con un tratamiento oportuno. Evitó los controles subsecuentes bañándose cada semana con su mejor amigo.
Ruben García responsable del blog y escritor de mnis, cuentos y poesía

por Rubén García García
Abraham Lincoln (1809-1865) Mártir que luchó por los derechos civiles de los blancos y que tras una cruenta guerra civil alcanzó la victoria. Fue asesinado por un negro en el teatro Ford. Esperaba la puesta en escena de “Yanga”, un héroe negro que luchó en contra de los españoles. Una obra escrita por Kaneth un indio maya.

Rubén García Garcia blogero, minificcionista, militante de la tercera edad, tarde, pero llego a este nuevo género de la literatura.
Rubén García garcía
En medio de la pandemia, el imperio del norte vive momentos complicados. Los blancos cansados de la pobreza y la injusticia protestaron violentamente después del asesinato de Smith por la policía negra. A la multitud no le importó que se estuviera inmerso entre las patas de una epidemia. Solo abrieron el recuerdo de Lincoln, que luchó contra la esclavitud; tomaron las calles, levantaron los puños y marcharon en caravana exigiendo el mismo trato que se daba a los negros.
Rubén García con 74 años de edad aún aspira a dejar un buen recuerdo en narrativa. Médico de profesión, actualmente jubilado y atrapado en la palabra, en la minificción, en el cuento y en hayku y feliz de conocer a mi último nieto que se los presento.

De Rubén García García
Debo de aceptar que mi Ángel de la guarda hizo un buen trabajo hasta que cumplí los quince años. Era peor que mi madre, siempre detrás de mí. Las veces que se quedaba fuera era cuando me bañaba, quedándose a un costado de la puerta. Primero fue el jabón, luego la esponja y después con la mano. Tenía sosiego; pero insuficiente.
—¿ te pasa algo? —pregunta mi Ángel cuando me escuchó gemir.
—Nada, solo fue por lo frío del agua;. abrí la llave del agua caliente y enmedio del vapor, apareció un fauno.
Te pasa algo, volvió a preguntarme, nada, nada…le dije con voz entrecortada.

Escribirás cien veces: «el ave canta, aunque la rama cruja, como que sabe lo que son sus alas*”. —No puedo—, gimoteaba el Correcaminos a su mentora.

Después del Covi ya nada es igual. La pandemia ha hecho daño. Ayer encontré a Frankenstein salir de un taller de maquillaje y observarse detenidamente en uno de los enormes espejos que se instalan para marketing. No, nada que se le parezca, era un fifi, lucía una cabellera en dorado que terminaba con una breve colita de pato. Cicatrices, ninguna, parecía ser sacado de una revista para señoras maduras. Lo seguí hasta una sala de espera donde departía con un grupo de personas a quienes les confesaba que era un monstruo y todos reían hasta romperse la mandíbula. Poco después se puso serio y espero su turno para un maniquiur. Yo soy el hombre lobo y por mi olfato sé reconocer que efectivamente era Frank. Con franca desaprobación y para calmar mi enojo me fui a perseguir a los carros que velozmente pasaban por el bulevar.
Después de veinte años de levantarse en la madrugada, el matrimonio al fin sabría lo que es ser despertado por los rayos del sol. Solo que desconocían la furia de la cama que los echó al llegar la alborada.
