Hay soledad, bosques petrificados y solo un hombre con coronavirus.
Al resto, ¿los mató el virus?
No. Se mataron entre ellos.

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En esta categoría ubico los textos que son de mi autoría. Ficción breve, miificción
Hay soledad, bosques petrificados y solo un hombre con coronavirus.
Al resto, ¿los mató el virus?
No. Se mataron entre ellos.

Un escritor puede escribir lo que le de la gana siempre que sea capaz de hacerlo creer.
O sea tenemos los temas del mundo que son infinitos. El problema reside en la segunda parte «hacerlos creer»
Para llegar a esta segunda parte se requiere oficio y para lograrlo hay que leer, leer, analizar el cómo lo hizo el escritor y escribir y escribir, tallerear, escribir, dejar que el producto se añeje y luego volver a leer y leer y volverlo a escribir. Si quién me lee es un Cortázar, un Rulfo, seguro que lo hará en mucho menos tiempo.
Nosotros los de por acá, que somos muchos, tenemos que sudar el calzón por estar tanto tiempo «culiatornillados» como bien diría el maestro Renato Leduc.
Si es de culo ansioso y no le gusta leer, es mejor que se dedique a otro oficio.

Renato Leduc, en la siguiente entrada: un soneto donde emplea la palabra «culiatornillado».
Es tan cabrón el codiv-19 que ya se reportan brotes en algunos cementerios.

Un conjunto de coronavirus penetra en el tejido adiposo de una muestra recogida de un paciente estadounidense a finales de febrero. Cada virus puede llegar a crear de una sola vez entre 10.000 y 100.000 réplicas. Además, este tipo de virus pueden infectar células cercanas o desplazarse a través de pequeñas gotitas que escapan de los pulmones, de ahí la enorme capacidad de contagio de estos virus. En cada proceso de replicación el virus destruye la célula infectada, por lo que puede acabar causando estragos a los pacientes, que pueden desarrollar neumonía y llegar a morir.
Dañaste a reyes y aldeanos. la mayoría muertos, otros ciegos. En mi perversidad mezclaré tus ácidos para forjarte más letal; me excita saber que un descuido puede ser mi mortaja. Un día, cuando nadie te nombre y solo seas referente, en el mejor aeropuerto te dejaré olvidada. Quince días después renacerás en forma de vesículas hediondas de pus y fatalidad. en la hecatombe te preguntaré desde mi fosa: ¿estás satisfecha?RGG
*La viruela es una enfermedad aguda y contagiosa causada por el virus “variola”. Recibe su nombre del término en Latín que significa “moteado”, haciendo referencia a los bultos y pústulas que aparecen en el rostro y cuerpo de los afectados. Históricamente el virus ha matado al 30% de las personas que lo han contraído. Los que han sobrevivido a menudo quedaban ciegos, estériles, y con profundas cicatrices, o marcas de viruela, en la piel.
La OMS calcula que el virus de la viruela ha sido responsable de más de 300 millones de muertos… solo en el siglo XX.
Pocas gentes en el mundo están protegidas contra la viruela. Como ya no hay casos, ya no se vacuna.
Solo existen dos laboratorios del mundo que albergan partículas virales, pero ¿quién nos asegura que algún político o científico fuera de sus cabales no sea capaz de manipularla geneticamente y dejarla olvidada por ahí…?
Mucha tecnología pero pocos avances hay en el alma de los hombres.
https://www.nationalgeographic.es/ciencia/viruela
En alguna parte del bosque.
La última vez que la vi estuvimos en insana distancia. Me encuentro enfermo desde hace ocho días. Hace quince, le pregunté si le iba a dar gripe.
—No creo, tal vez sea el humo de la leña, me dijo.
Ahora, ella está en cuarentena y yo con dolor de garganta y sin deseos de no hacer nada. “como vivo en soledad no contagio a nadie”
Me hace saber que no puede salir de su casa y que su mamá es la que se encarga de todo. Que vea a su abuelita pero que no me la coma. Cómo le digo que llegaron los de salubridad y se la llevaron al hospital.
Me da vueltas la cabeza no saber porqué la mamá de Caperucita no se enfermó. Cerca de su casa está la tienda, donde va dos o tres veces al día a comprar víveres a la tendera, y de ella refieren, que fue el primer caso de la enfermedad que tiene en un “Jesús” a la comunidad. La buena señora es muy trabajadora; tiene un horno que funciona con leña y hace pan cada tercer día para vender.
El bosque está en silencio y eso no es habitual, aparte de la algarabía de los cotorros hace falta el toc-.toc del hacha del leñador. Sé que cada mes tiene que salir para promover su negocio de venta de leña, o bien para entregar pedidos. Negocio que ha extendido a otras comunidades. Hace más de un mes se fue, sin que lo vea, sé que es él quien camina. Esa manía que tiene de ir pegando con un palo a los árboles, lo delata. Desde esa fecha no he vuelto a saber de él. A quien he visto es a su esposa que sale con un machete a leñar las ramas secas. ¿estará enfermo?
No puedo dejar de pensar que hay gato encerrado, ¿Quién le pegó la enfermedad del coronavirus a Caperucita? La mamá no puede ser, puesto que no se enfermó. ¿Acaso, el leñador fue a visitarla? Sé que la tendera es su clienta y con seguridad pasó a la tienda y de ese lugar, a la casa de la mamá de Caperucita, solo media una cuadra. ¿estaría en insana distancia con el leñador? Eso no me lo contaría, bien sabe que entre el leñador y yo tenemos pleito de tiempo atrás.
Intenté una supuesta relación de los hechos: hace mes y medio se fue el leñador en viaje de negocios. Allá lo contagiaron de la enfermedad, entre el que va y viene transcurrieron ocho días y de regreso pasó a la miscelánea y platicó con la dueña (quizá, él ya empezaba con estornudos), después visitó a Caperucita, tal vez solo la saludo, pero me muerden los celos. ¿Y la abuela quién la enfermó?, ¿sería él?
No pude contenerme y fui a casa del leñador. Pregunté a su esposa y me dijo que él no estaba, que se había ido por el atajo.
—Supe que estuvo enfermo.
—¡Ah!, una gripe que con los remedios que le dio la abuelita se curó rápido. Ya solo de vez en cuando tose.
— ¿Y usted no se enfermó?
— No. Me he sentido muy bien.
Días después leí que algunos no enferman y son los portadores sanos.
Ya vino la niña de rojo, pasó de rápido, Fue a la casa de la abuela que ya la dieron de alta. No pude callarme y suavecito le comenté como no dando importancia.
—Supe que fue el leñador a verte.
—Así es, ¿y eso te pone de malas?
—Para nada… y ¿a qué vino?
—Me trajo una bufanda que tejió mi abuela. Había hecho unas galletas y se las mandé con él. y que aprovechara a preguntarle de un remedio contra la gripe, pues no deja de estornudar.
La acompañé por el atajo y cerca de la casa de la abuela me dio un beso y me dijo…Te quiero. Estaré con mi abue unos días.

Sueño que duermo abrazado a tu talle; que te despierto y grito y te asustas.
-¡No eres mi esposo!
¡ ni tú, mi mujer!
Después de la sorpresa seguimos durmiendo.

La pitahaya es una muñequita con pecas, gorda; vestida con olanes de rosa con ribetes color maíz.

Estoy desordenado, confuso. Sentía a deshoras que tus cabellos danzaban sobre mi cuerpo. Entresoñando olía tus manos y encontraba el aroma que respiramos juntos. con gritos de silencio lo negaba; pero hubo noches que percibía tus pasos recorriendo mis latidos y me levantaba habitado de ti.
En la mañana cantaron los Jilgueros, los mismos que silbaban en nuestra cita de las tardes. Sé que nada es cierto, es mi torpeza o mi cuerpo desatento. ¡Qué difícil es negar que aún te espero!

Llegaron los recuerdos como un sub que arriba a la estación con las puertas abiertas. Encontré sabanas, soledad, gente que subía a la montaña, otra que venía e iba a la ciudad buscando trabajo. Me vi correr en la pradera; dándome de vueltas sobre la hierba mojada, imaginando tener bajo mi vientre el peso de una piel diferente a la mía.
Con el tejido en manos, me pregunto. ¿por qué no lo hice? Sigo siendo la mujer sin mancha que todas las tardes toma camino hacia la iglesia al repiqueteo de las campanas, mientras en el atrio los niños juegan con las palomas.
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Amábamos a Lía. Ella nos contaba cuentos con su voz, sus manos y nos hacía reír. Era mucho o poco dependiendo del humor del jefe de guardia. Las horas pasaban sin sentir. Nuestros hijos volaban a paraísos y tierras de misterio. Para dilatar el horario algunas presas, las más bellas, dejaban sus senos a la mirada y otras cruzaban y descruzaban sus piernas, así los soldados, dejaban transcurrir el tiempo. Lía era un viento fresco… en aquella cárcel donde habían nacido nuestros hijos. Hijos de la reja y el fusil.
El hecho de que hagamos una fila extensa cada quien cargando la sagrada manutención, de ninguna manera quiere decir que lo estamos sustrayendo cínicamente, por eso interponemos una queja y a nombre de todas mis compañeras levantamos la voz para que de su vocabulario desaparezca la despectiva frase de robo-hormiga.

La marcha fúnebre se detiene, se abre el ataúd, corroborado que el cuerpo está, se prosigue. Y no es para menos Harry Houdini tiene fama de ser el mejor escapista del mundo.

Después del carnaval.
Y me la lleve al río creyendo que era mozuela, y no… Era mi mujer. Y me dijo la muy masoquista: pégame, humíllame, muérdeme… Se denudo y me dio el látigo. Lo levanté para azotarla, pero no lo hice… mañana te doy, -le dije. y salí rumbo a la ciudad silbando.

Sobre el tejado del portón, se ha desparramado “la copa de oro”.Se enjuta si el sol de agosto achicharra sus retoños. Cuando la luna emerge, ella mitiga sus ardores y crece. Sobre su cielo armaron una espiral de púas, con el deseo de impedir que los mañosos penetren a la residencia. Ella, que tiene miles de manos y maneras, cubre con sus hojas la cerca de alambre. Días de verano lastiman su tejido, pero las noches alunadas la robustecen. Al tiempo, cubrió el metal y el sol de septiembre la ve erguida, fogosa de flores de un amarillo rabioso, con hojas verde limón.

Antes morías en casa rodeado de tus familiares. Ahora mueres entre sonidos de ambulancia, luces intensas y batas blancas. Antes los viejos tenían la alegría de mirar el paisaje y sus recuerdos, meciéndose en la poltrona. Ahora los achaques lo comentas con otros ancianos en el asilo. Hoy, todos los hijos con su pareja están insertos en el trabajo diario.
Hemos cambiado. Los bebes de ahora desde los tres meses están guardados, porque los adultos laboran. Que no extrañe que estos bebes, el día de mañana estén firmando el convenio para que los padres sean enviados al asilo.
Ese es nuestro presente y futuro.
