Rubén García García
Desde mi sueño
veo que vas y vienes. Sosiégate y sintoniza. Darán un curso por la red de cómo encontrar la paz eterna.
Es gratuito.

El blog no tiene propósitos comerciales-Minificción-cuento-poesía japonesa- grandes escritores-epitafios
En esta categoría ubico los textos que son de mi autoría. Ficción breve, miificción
Rubén García García
Desde mi sueño
veo que vas y vienes. Sosiégate y sintoniza. Darán un curso por la red de cómo encontrar la paz eterna.
Es gratuito.

La tía Gertrudis no puede ver una puerta abierta de la alacena porque se enoja, pero ella deja abierta la de su dormitorio.
La puerta del estante, se entiende, se meten las pipiliacas que se comen el chile del mole. La de su recámara no sé, quizá extraña a su difunto esposo. La escucho llorar y creo que por sofocarlo se oye como un quejido.
-¡ Flaco, flaco! ve con don Demetrio y pides un kilo de bisteces y medio de chorizo.
Buscó el dinero y no lo encontró.
-Dile que te lo apunte, luego voy y se lo pago.
-Me dijo el carnicero que más tarde pasa a cobrarle.
Hizo un gesto de rechazo y luego la cambió a una sonrisa forzada.
Yo no vi que don Demetrio llegara ni por la tarde, ni por la noche. Algunos susurros en la madrugada y los quejidos de mi tia antes de que cantara el gallo.
Lo que recuerdo es que nunca faltó en la mesa un trozo de carne. Aun la escucho.
» No desperdicien nada, que no me la regalan»

Rubén García García
El atrevido oso acarició el rabo de la elefanta. Nunca supo cómo es que llegó a estar a tres metros del suelo y cogido por la trompa de la paquidermo. Frente a ella, un gorila se daba de golpes en el pecho, se llevaba las manos a los genitales y después daba de vueltas levantando ambos brazos y gritando ua ua ua pa pa pa… El oso hizo contacto con el piso y la elefanta caminó moviendo sus caderas con femenina armonía

Llegó la abuela a cenar. Ella de por si come poco. Mal comió dos tamales de mole, su taza de chocolate y pellizco su pan de muerto y terminó con su copita de anis del mono. Cruzamos miradas, al mismo tiempo nos levantamos y ya en la puerta, nadie se animaba a encaminarla, hasta que mi madre le dijo: abuela usted ya conoce el camino. Bien sabe que al final fe la calle comienza el cementerio.

*intertextualidad
Rubén García García

Cayó al pozo. Ocho días después se despertó la niña y los padres sonrieron. ¿ Dónde está mamá Lucha?, preguntó con claridad. Nadie de las mujeres se llamaba así.
Rubén García García
La muñeca gritó cuando iba a ser violada.
Cerca, los soldaditos de plomo
jugaban a «serpientes y escaleras»

Autor Rubén García García
Soy fea, se dijo murmurando. Yo también le contestó una voz que arrastraba las palabras. La luz disminuida del bar y con pocos clientes facilitó el acercamiento. Su estima se inflamó. Una mano húmeda peinaba su pelo, dos brazos la sujetaban de las caderas. Otros arremangaron su vestido, Lo confirmó el frescor en los muslos. Iba a protestar, pero se contuvo cuando un muñón acariciaba con destreza ocasionando un placer nunca antes sentido. fue la primera vez que supo que era una mujer y contestó con un beso intenso y profundo. Los orgasmos bajaron de un tobogán que la cimbraron de rubor, asfixia y gritos contenidos. Llegó a su casa sin saber nada del furtivo amante, pero al volver la película se percató que los brazos la habían tocado al mismo tiempo y se sonrojo, luego le agarró un episodio de risa y se preguntó ¿sería un calamar?
se transforma en prostituta y vea que hace con un supermacho.
Voy por la calle de música y aparadores contoneando mis caderas. Hay aromas de carne que fritan y de miradas que apuntan a mis nalgas. Ninguno me convence. Cuando estoy por regresar, me sale un ejemplar que me mira como su presa y eso me convence, me excita los sentidos. En el camino al hotel me seduce con sus marranadas y terminada su faena saca el puñal y allí es cuando inicia mi diversión. Lo desarmo, lo anestesio y lo transformo y desaparezco.Por la mañana verá en el espejo a una hermosa madona. Pensará que está soñando. Tendrá ganas de miccionar y al no encontrarse ningún apéndice lo hará en cuclillas. “Le estoy dando lo que el odia” Años después los encuentro como homosexuales, o prostitutas. Muchas aceptan su realidad y me llena de gozo, algunas lo aceptan tan bien que disfrutan el noble retozo y una porción muy menor se hacen lideres para defender lo que tanto asco les causaba.

Ha causado mucha expectación la competencia: «la desaparición de montañas» que se llevará a cabo en el Himalaya. Todo indica que el ganador saldrá del Tíbet o del Medio Oriente, regiones donde la fe campea.Occidente envió a un jovencito llamado David Copperfield a quién no le dan ninguna posibilidad.
Noticielo, su agencia de noticias.

Rubén García García
Antes de morir el abuelo le dice al hijo “pon en mi caja un frasco de pastillas azules, no sea que me tope con alguna de las once mil vírgenes que viven en el cielo».

Rubén García García
¿Quién mató al susodicho?Cuando me fui a comprar la carne, él estaba escuchando a todo volumen el concierto de rock y sobre el buró estaban los cigarros. Con seguridad tenía uno prendido y se durmió. La humazón se hizo al quemarse la sábana y el colchón. —¿Y por qué no abrió la puerta? —Lo intentó. Pero yo me llevé las llaves del cuarto.—Mire nada más y él, siendo tan buen cerrajero.

Rubén García García
Así, calladito, calladito… ¡se ve tan bien!, nada de sombrerazos o alharacas. De esa manera hay que enfrentar a la muerte, como si fuese una vieja amiga, o una esposa a quien se le dice que sí, porque es el día de compra. Calmado. Ya vendrá cada año a festejar. Seguro que tendrá sus viandas de mole, su cerveza oscura y hasta es posible le ofrenden ese ron blanco añejo que tanto disfrutó. Claro que podría no suceder, si su esposa decide continuar la relación virtual y viajar a una costa en el Pacífico para hacerla real, donde los festejos hacía los difuntos son diferentes. No se altere, es poco probable, pero posible.




Rubén García García
Volvió el viejo deseo en su fiesta de cumpleaños y encapsuló el secreto. La pretensión cuchicheo en sus sueños y un día, contrario a sus hábitos, se vistió con sencillez, dejó de asistir a las reuniones de canasta y disfrutó con emoción de niña los ritmos afrocaribeños de su pueblo. Su esposo, fiel acompañante, se extrañaba de los cambios, pero los atribuyó a los vaivenes que las mujeres padecen. Ella seguía siendo la mujer sencilla, apasionada y buena madre. Su esposo así la amaba.
Meses después llegó una ambulancia hasta su residencia. En el servicio de urgencias el médico no dudó en intervenirla. El marido, sorprendido, veía a un vástago que hacía contraste con la piel blanca de ella. Hinchada del corazón, acariciaba maternal a su oveja negra.

Rubén García García
El pescador regresó al caer el sol y piensa en voz alta “el mar ha sido todo para mí. me da el sustento y la belleza. Me ha enseñado tener paciencia: hoy no hubo pesca, mañana tal vez la haya” Por reflejo echó la red. No tuvo que luchar para depositar en el bote su presa, era una sirenita con ojos verdes y cejas color carbón, una niña que lo miraba resignada. Sabía que no le harían daño, y que tampoco podría escapar.
“Debería sentirme afortunado, es un golpe de suerte”. Todo estaba bien, lo que no encajaba era la mirada de la niña, inmensa, lejana y su cara tan parecida a la de su nieta que ya estaría esperándolo en el muelle. En silencio la liberó y la puso entre las olas del mar. Ella se impulsó dándole un beso en la mejilla. Cerca, su mamá la esperaba.

Rubén García García
El búho alisa sus plumas y lava su pico antes de dormir. Hoy no saldrá de caza.
La luna canturrea entre las estrellas. Él la acompaña con el pensamiento. No quiere disgustarla; sólo desea estar con su recuerdo. Así que cuando pase, cantará de pico hacia fuera.
Dentro de él, hierven los vientos y agitan el polvo que el tiempo ha depositado.
Es gracioso y él se da cuenta, que no puede evitar su pensamiento analítico. Sonríe y después exhala un silbido que compite con el de los vampiros. Es la manera en que los búhos suspiran.
Ha perdido la figura esbelta y por más que alisa el plumaje da la impresión de ser un paréntesis. Nunca está solo, siempre acompañado por sus pensamientos filosóficos que guarda en las sienes de su testa.
Tuvo amores pasados que fueron y vinieron. “Las féminas estorban las cadenas de mi inferencia”, decía, después de saciar su apetito corporal. Sin embargo, se enamoró de una que no tenía cursos, ni recursos y su método de análisis era un champurrado de tonterías. La veía aletear alrededor de él demostrándole su entusiasmo. Hubo momentos que sonreía, luego se hizo insoportable. No estaba hecho para el dulce y un buen día se alejó.
Hoy la recuerda y comprende que hay fulgores que el pensamiento no puede obsequiar. Y el método de la razón magnifica la inmensa soledad en que vive.
Él ya no suspira, risotea como lo hace la hiena. La verdad es que llora, sólo que disfraza su emoción, pues no es saludable que pierda compostura e imagen: ahora canta alargando el tono como lo haría un bandolón.