El León no es como lo pintan

Rubén García García


Tiene los ojos de muñeco. Buscó sus cigarros, tocó su cabeza, su cara, la barba. Su coleta había desaparecido. Miró a su derredor: las paredes impolutas, lisas y un cielo azul. El pasto mullido, la sombra acostada de los árboles que invitaba a la oración. Musica de chelos brotaba del suelo.
Iracundo gritó: ¡No! ¡basta! ¡basta!, ¡pongan a Metálica! ¡Mac Sabbath! ¡Ladybird! ¡quiero morir!, quiero morir!
—Estás muerto
—Quiero ir al infierno
—En el estás. Y diviértete, tu angelito al que siempre mandabas a la chingada.

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