Zancadilla al cazador de Rubén García García

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Es un baño comunal, yo, mecía mi poltrona en el corredor. La vi salir con una media toalla en su cabeza y la otra enredada a su cuerpo, iba sin zapatos. Se dio cuenta que la veía e hizo lo mismo. Era la hora de la siesta y la gente de la vivienda dormitaba. Seguí la huella y la puerta de su cuarto estaba entreabierta. Metí un ojo en la rendija y me percaté que buscaba su ropa interior en un cajón inferior. Con un valor, que no sé de donde lo saqué, y tras de ella me llegó su fragancia a hierbas. Leve fue su resistencia y grande fue el placer para los dos. Diez años hace de esto y lo recuerdo como si fuese ayer. Ella no se encuentra, se fue por los niños al colegio y aquí estoy cuidando que la sopa no se queme.

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Alo, alo… soy lobo

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Terminaba el arreglo de la oficina escolar dirigida por monjas, cuando repiqueteo el teléfono.

—Sí… a escasos metros la superiora dejó la lectura y paró la oreja.

—Soy lobo. Habla lobo. —Era la primera vez que escuchaba aquella voz, pero el alias le era conocido. La voz le cayó con la fuerza de un martillo y la hizo tartamudear. Sabía que la superiora la tenía en el foco. ´

—¿eres tú, alada? Ella engoló la voz, la hizo firme y le respondió.

—Habla usted a la dirección de la escuela ¿se le ofrece algo?

—Sí, eres tú, así es como imaginé tu voz: clara, con un siseo musical… ¿sabes dónde estoy?, sin esperar la respuesta prosiguió, estoy en tu ciudad, he cruzado el mar para venir a verte y estar a tu lado.

Con fuerza colgó el teléfono, pero no pudo evitar que la palidez se apropiara de su rostro juvenil.

—¿Quién era novicia?

—Teléfono equivocado, Superiora.

Sor Angélica movió la cabeza mentalmente y se dijo “la novicia cree que nací ayer…” y continuó con sus quehaceres.

La cuenta cuentos de Rubén García García

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Amábamos a Lía. Ella nos contaba cuentos y nos hacía reír. Las horas pasaban sin sentir. Nuestros hijos volaban a paraísos y tierras de misterio. Para que ella pudiese continuar cautivando la imaginación de nuestros hijos, las presas más bellas, dejaban sus senos a la mirada del jefe de los custodios y otras descruzaban sus piernas, así, los soldados permitían que ella se extendiese. Lía era un viento fresco… en aquella cárcel donde habían nacido nuestros hijos. Hijos de nadie y de todos.

El Universal - El Mundo - ONU: hay un millón de niños en prisión

La fortaleza

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Fue contratado por una empresa televisora por su pericia y arte para aplaudir. “lo hace con gracia y espontaneidad” Fue su primer trabajo y el único. Toda su vida el aplauso fue su mejor arma. Los artistas y políticos tenían en coincidencia que siempre estaban pendientes de su quehacer. “su forma de aplaudir era luz en los demás”, “tiene tal fuerza infectante…”  Hizo su fortuna al poder de su aplauso. Cuando la última palada cayó sobre su ataúd solo se guardó un minuto de silencio.

El aplauso de los necios

En la madrugada de Rubén García García

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El dia lunes 13 a las cinco de la mañana, Juan el repartidor de pizzas tuvo un accidente mortal. El negocio informó que era día de su descanso y se le facilitaba el vehículo por vivir en una zona alejada. El cuerpo portaba la camisa que identificaba a la pizzería, calcetines negros y un bóxer ajustado de color rojo. Algunos trasnochados vieron la moto circular a gran velocidad y tras de ella un auto compacto de color indefinido. Seguiremos informando.

Video] Desató persecución al ser ubicado por C5i y Policía de Hidalgo a  bordo de moto robada - La Prensa | Noticias policiacas, locales, nacionales

El rastreo de Rubén García Garcia

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La llevé a una recámara de aquella mansión solitaria, boca con dulce de sandía. Era tarde para arrepentirse, mis manos subían llenándome de tul y seda. Los labios de ella iban y venían por mi cuello olfateando el mejor latido.

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Alzheimer de Rubén García García

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Esa noche terminó de leer el libro de la vida, en el último párrafo las palabras jugaron como niños a las escondidas. Las luces se fugaron por la ventana y sobrevino el silencio. Los ojos veían sin ver, y el alma dejó de tener sentido.

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Es temporada de Rubén García García

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En una tarde, le dije a la Cristina que el mango de don Nicolás estaba a reventar, que teníamos tiempo de ir a cortar.

Ya es muy tarde,

no lo es.

y si llega mi mamá y no me encuentra me deja sin cabellos,

No. Vi que se llevó su librito de rezar y estará ocupada con el difunto.

¿Estás seguro?

claro que lo estoy, pues mi mamá también fue al velorio, así mientras me subo al árbol, los corto y tú los cachas.

Le hincamos la muela a los mangos. Sonreíamos y sonreíamos porque a ella y a mí se nos escurrían hilos dorados que llegaban a la barbilla y al cuello. En un impulso, se los quité del mentón y me dejó seguir como si ella fuese el mango. Se hacía de lado, pero fue cediendo y llegué al cuello y más abajo. La tarde si hizo parda, así que me embarré de mango y le dije: te toca a ti… “no va a querer”, pero sí quiso. Después destripamos más frutos. Y con la lengua y labios sorbíamos el arroyo de dulce que regaba nuestros cuerpos. Regresamos sin mangos.

Días después de haber hecho el corte dejó de hablarme y me evitaba, ahora me hizo la seña de que me esperaba bajo el mango. No estaba lejos. Teníamos la misma edad, por eso, algunas veces, hacíamos la tarea en su casa o en la mía. Y cuando terminábamos sonreíamos a la menor provocación. La Cristina me gustaba.

Le reclamé, porqué dejó de hablarme. No me hagas caso. Entonces la besé, ella no dijo nada, pero al tocarle sus pechos saltó hacia atrás y dijo que no, qué estaba asustada y ahora contenta porque la regla ya le había bajado, aunque con muchos dolores. Qué mejor la viera en el patio de su casa en tres días, sus padres se irían a la ciudad a visitar un compadre. Antes de despedirme me dijo al oído: es el tiempo de las mandarinas.

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La fiesta de Rubén García García

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La barbacoa fue apetitosa. Cuando supieron que era de “chivo expiatorio”, todos se sintieron culpables.

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Sin límites de Rubén García García

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Sin limites

Está tan desatada la delincuencia, que por la noche asaltaron a un banco de niebla. Cómo siempre, no hubo detenidos.

El minuto envenenado de Rubén García García

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— ¿No has visto mi libro, donde aparece mi cuento?
—No se. Sé de mis cosas, de las tuyas solo puedes saberlo tú, me contestó molesta mi mujer.
—Hace una semana lo dejé sobre mi escritorio. Debiste verlo cuando hiciste la limpieza.
—Recuerda que la limpieza la hizo la muchacha que viene cada ocho días. Mañana, vendrá. Pregúntale a ella.
Guardé silencio, mientras ella trabajaba haciendo artículos navideños que entregaría a sus pupilos. El brillo del metal me atraía, así que tomé las tijeras y… en el instante que iba a levantar el brazo, escuché su voz.
—¿Verdad que me odias?
—¡Cómo crees! Simplemente me perturba no encontrar mi libro.
dándole las tijeras, le dije: estaban escondidas entre la tela y seguro las vas a necesitar. Abrí la puerta del jardín y respiré profundo.

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Pasión de Rubén García García

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Tanta timidez tiene su corazón, que no se atreve. No soy yo quien tiene que dar el primer paso. No me obligue.

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La bruja del barrio de Rubén García García

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Entre aromas de comida rápida, luces intensas, ella camina al son de la cumbia. Calza un vestido flojo, que no esconde la sinuosidad de su cuerpo. Lo sabe, y sonríe. Espera a un macho, un macho alfa, de una sola pieza. A ella le excitan esos varones. Se deja conducir. Es el encuentro de la arcada y la pera madura. Él, no esconde su deseo y lo expresa ¡Qué buena estás morena!, ¡será tu noche! No se equivocó, él es intenso, brutal. Vive para satisfacerse y después se enciende de odio y mata con saña. —Aun sabiendo eso—, … Sí. Me preparé para tal, jamás imaginó que lo sometiera. Lo dejé con vida y en su soledad. Por la madrugada, el alfa se levantó a orinar. No encontró su apéndice, por más que hurgó en el bóxer y tuvo que sentarse en el W.C. Imagínate un macho castrado que se acuesta como varon y se despierta como mujer. Mueve la cabeza: «esto es una pesadilla” pero el tiempo le dice que no, que es una mujercita, con pechos erectos. ¿Te apetece que grite de furia y se desquite con todo lo que está a su paso lector? Tiene dos opciones: matarse o aceptar lo que ya es, generalmente pasa lo segundo y al tiempo algunas se convierten en lesbianas, otras, transforman y subliman su realidad y las encuentras como excelentes muchachas que disfrutan del retozo y que luchan por conseguir un trato igual al de los varones. Defienden lo que antes tanto asco y odio les causaba.

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Ella me cortaba las uñas de Rubén García García

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Sus amigas, del club, le dijeron que su proceder era una actitud sumisa. Dejó de hacerlo. Por mi torpeza me herí. Días después mi primer dedo, el pie y la pierna cambió a un azul marmóreo. Ahora camino con el apoyo de una muleta. Para complementar la mesada, ella arregla las uñas de sus amigas.

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Una historia de Sexo de Rubén García García

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Una mujer frente a mí, descruza la piernas y no puedo evitar verle su ropa interior. Ruborizada me dice » ¡ay ya lo retraté! » expresión que me hizo recordar mis días de escolar. Con picardía le contesté -Sígale y me animo con un clos-up. Al terminar la espera, la invité a un estudio fotográfico, para hacernos una de cuerpo completo.

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