Pamplinas dijo el más anciano a los jovenes que discutían acerca de Tarzán. Chita fue la compañera, no fue cónyuge. Él Tampoco llegó como niño extraviado a la selva. No, Tarzán era hijo de una mona que fue criada en un pueblo de hombres. Fue rescatada por un macho alfa que la hizo parte de su harem. Parió cuates, que eran de espermas diferentes, El débil sobrevivió por el cobijo de su madre. Al hacerse mayor no podía competir por una hembra, pero si en destreza. Chita fue mona prematura, y él la protegió. Cómo era imposible que Tarzán ganase en una lucha cuerpo a cuerpo con Kurú, chita muy despierta servía de celestina y le conseguía las mejores monas.
En la cantina había una mesera rodeada siempre de clientes. esa tarde estaba sola y la Invité. Departimos con cervezas y una botana de quesos. Me juntaba cada vez más y por debajo de la mesa, acaricié la pierna. A veces llegaba un cliente, en cuanto se desocupaba venía a mi lado. Sin presionar ella ponía su palma en mi pierna. Más osado subí mis dedos hacia su ingle y me sorprendí al sentirle una dureza; en ese momento pagué la cuenta y salí. Los cuatro maestros, con los que departía, se reían. Un silencio dio paso a una pregunta: ¿le creen a este cabrón? —Besotes que le ha de haber dado —Bien apañada, metiendo mano. — Hasta imagino que la lengua de ella se colaba por el diente que te falta. Otro de ellos, sacó la lengua y la dobló en forma de taco. Reían hasta ahogarse. El profesor era de tez blanca, pero en en ese instante, parecía tener rubeola. Pretextando un compromiso, se fue, llevándose a su mujer que le preguntaba ¿y de qué se reían tanto?
He sido un glotón. Disfruto una buena comida, una buena plática de sobremesa con un coñac y un café en la mano. Cincuenta años departiendo: gordo, hipertenso, diabético, ciática y demás. El placer de la comida está por encima. Y lo que quiero para mí, lo quiero para mis gusanos. Por eso cuando el médico me instó a que diera un cambio privándome del sabor. Hable por mí, pero tambien por ellos. Tendrán el placer de disfrutar una carne aderezada en coñac, grasas, pimienta y sal. Será una satisfacción mirarlos en su comilona. Cómo lo hacía yo con mi buen amigo Nerón.
Luego vengo, dijo. Toma su gabardina, besa tu mejilla y sale. Es la madrugada y no ha vuelto. Antes de que se fuese lo abrazó y su boca resbaló sobre el cuello. Los senos se abultaron cuando los empujó sobre su pecho.” es una reunión de caballeros”.“ ¡Bah!, los caballeros ingleses no pueden llegar media hora tarde” Te veo salir del baño. La bata semiabierta y una toalla sobre tu pelo. La seda le va bien a tu cuerpo, vientre breve y sensuales caderas. Frente al espejo cepillas tu pelo, diviso tu piel y un rosa canela que circunda tu pezón. El perfume de sándalo se dispersa en el cuarto. Te tiendes sobre la cama, y esperando al compañero el sueño ha cazado tu conciencia y duermes. Tus ojos de color carbón se han cerrado, solo queda a la intemperie la uva de tu seno. No entiendo la indiferencia de tu varón. ¡Cómo no entregarse a tus colinas llegando a las playas de tu vientre y mezclar el aliento con tu garúa íntima! Salgo del escondite y estoy a tu lado. Por más que intento sacudirte con mi ánimo, no despiertas. Me voy a mi guarida a rumiar mi desorden, que por supuesto, ya no es de este lugar, aún recuerdo las veces que espiaba a las parejas en su procesión de quejidos. Hermosa mujer, yo también me he decepcionado de tu esposo y me he quedado con el deseo de perturbar lo que resta de mis sentidos.
Hace años el chipi chipi era interminable, que coincidía con las vacaciones escolares. De nada servía clavar el machete en medio de un círculo para que dejase de llover. La pandilla sufría por no jugar el fútbol en la calle. La ventana permanecía cerrada y cuando el sol se abría paso entre las nubes, una hora después volvía a oscurecerse y de nuevo la garúa. Hoy los inviernos son de días. Me dice el nieto que está aburrido. Me sonrío y recuerdo los aguáchales donde los gusarapos proliferaban. el coro nocturno de las ranas y la gota perseverante sobre la hoja del plátano…La cocina de mamá era un refugio con olor a café y plátanos fritos y arriba del ropero algunos libros que me abrasaron la imaginación.
Sentados en el café te propuse matrimonio en el preciso momento que una amiga tuya te nombró.
—¿Qué me dijiste?
—¿No escuchaste?
— No, mi amiga me distrajo. Por supuesto que sí había escuchado; tiene un oído agudo, lo he comprobado. Sólo te dije que la noche te hace ver más hermosa. Vi en su cara una sonrisa forzada y el beso que me dio en la mejilla apenas si rozo mi piel. No puedo evitarlo. Si alguien o algo me interrumpe en un momento vital, la percibo como una advertencia que me hace la vida.
Mi corazón parecía un sapo, tenía un episodio de brincos cuando su boca húmeda hacia nido en mi cuello. Minutos después entre sus fauces esperaba la inminencia de su embestida. Recuerdo su pelo negro de pantera y aquellos saltos suaves y finos hasta depositarme en su madriguera. ¡Señora si supiera como la recuerdo! Ser consumido por sus ansias es bailar en los cielos.
Luego vengo, dijo. Toma su gabardina, besa tu mejilla y sale. Es la madrugada y no ha vuelto. Antes de que se fuese lo abrazó y su boca resbaló sobre el cuello. Los senos se abultaron cuando los empujó sobre su pecho. . -«Es una reunión de caballeros”.
“¡Bah!, los caballeros ingleses no pueden llegar media hora tarde”
Te veo salir del baño. La bata semiabierta y una toalla sobre tu pelo. La seda le va bien a tu cuerpo, vientre breve y sensuales caderas. Frente al espejo cepillas tu pelo, diviso tu piel y un rosa canela que circunda tu pezón. El perfume de sándalo se dispersa en el cuarto. Te tiendes sobre la cama, y esperando al compañero el sueño ha cazado tu conciencia y duermes. Tus ojos de color carbón se han cerrado, solo queda a la intemperie la uva de tu seno.
No entiendo la indiferencia de tu varón. ¡Cómo no entregarse a tus colinas llegando a las playas de tu vientre y mezclar el aliento con tu garúa íntima! Salgo del escondite y estoy a tu lado. Por más que intento sacudirte con mi ánimo, no despiertas. Me voy a mi guarida a rumiar mi desorden, que por supuesto, ya no es de este lugar, aún recuerdo las veces que espiaba a las parejas en su procesión de quejidos. Hermosa mujer, yo también me he decepcionado de tu esposo y me he quedado con el deseo de perturbar lo que resta de mis sentidos.
Ella me dijo, quédate un rato más y le hice caso. Después de que no hubo presupuesto para la torre de Babel, se fue con alguno de los trabajadores que le prometió los jardines de Babilonia
El huracán levantó de la selva cientos de iguanas, que formaron una franja de verde antiguo. Enorme espectáculo que pensé que eran crías de Dinosaurio festejando a Monterroso.
Tengo por fortuna a mi madre con vida. 96 años, privilegiada mente, con recuerdos presentes y pasados. Mi padre murió de un cáncer que en nuestros tiempos hubiese sido curable. Soy el mayor de cuatro hermanos, a quienes amo. Progenitor de cuatro hijos, y cuatro nietos. De profesión me recibí de médico y despues hice una maestría en salud pública. Desde mi adolescencia me daba por escribir ocasionalmente. En los primeros años del 2000 me dio por hacerlo con más frecuencia y rigor. Actualmente sé que me falta, si comparase la narrativa con mi profesión, sería un auxiliar de médico. No me siento satisfecho. Tal vez nunca lo esté. Lo hago por la sencilla razón de que me gusta, si no lo hiciera me consumiría en el laberinto de mi mente.
Mi nacimiento si la escribiese sería una narración extensa salpicada de risas drama y coincidencias, pero solo sería una narración sin chispa.
La vida me ha permitido vivir mucho más de lo que vivió mi padre. Y la inmensa felicidad de ver con vida a mi madre, ninguno de mis hermanos ha muerto, mis hijos y nietos me hacen sentir la vida en su grandeza. Molesta, que nuestra madre tierra agonice, que los que vivimos, hacemos muy poco para socorrerla. Me hieren tantos incendios de bosques, tantas amenazas de guerra por parte de los mandatarios. Tanto avance tecnológico no ha servido para respetarnos entre nosotros. Nuestro interior sigue atado a lo peor del cavernícola que puede justificarse. ¿Cuántos años de paz ha gozado la tierra? les aseguro que muy pocos.
Me rompe el corazón que si vamos en la misma nave sigamos discutiendo temas intrascendentes, cuando el final quizá se encuentre a la vuelta de la esquina.
Es cierto cumplo años, pero no encuentro motivos para festejarlos. El abrazo de mis amores me consuela, pero no es suficiente, Creo que el hombre ha aprendido a no aprehender. Para los de mi época «no les ha caído el veinte»*
el veinte es una moneda que se usaba para hablar por teléfono. En el momento que caía, entraba en automático la linea, la voz lejana.
Llegaron al río las lavanderas de ropa con su chorcha de hijos, cargan la maleta pesada; y las crías lo que pueden. Cada una tiene su sitio, piedras dispersas que el tiempo modeló como bateas. Muchos varones se fueron a su milpa, otros a cuidar el ganado del patrón y algunos más agarraron camino hacia no sé dónde. La chamacada disfruta. Los grandes cuidan a los chicos, que miran curiosos el ir y venir de los peces. Los zopilotes vuelan en círculo, una parvada de cotorros cruza el cielo gritando y se posan en la arboleda que crece por la cañada. La corriente va, tropieza, y su murmullo es un rezo que nadie escucha. Un cuerpo con pantalón de mezclilla con la panza descubierta es arrastrado por la fuerza del agua. Una de las mujeres se da cuenta, avisa a las demás. No hay que afligirse, el muerto no es del lugar, es del algún pueblo de la serranía. Saben que abajo el ahogado quedará varado entre lajas, alguien lo verá y dará parte a la autoridad, que ya estarán llegando a la cantina de Don Julio, para protegerse contra el sopor de la tarde. Se despacha mejor allí, con una cerveza fría en la mano, que en la polvosa oficina.
El sillón cruje cada vez que te meces. Los recuerdos te asaltan. Y la náusea,la corrupción, lo servil. se abren paso. “Trabajas” porque sientes que tu labor de líder es esencial. Tienes miedo a que tu orden sea menospreciada. Nada es para siempre, dices, pero deseas alargar el tiempo hasta el fin. Te levantas enérgico y repites que mañana serás otro hombre. Balanceas con coraje y la poltrona se rompe. Tu cuerpo inmenso queda atorado. ¡Uf, mira como el machete del jardinero te ha traspasado! ayer lo despediste porque cortó la enredadera que en su floración era tu remanso. A un lado de tu mano está la lima que tú le diste para que le diera filo. Sí, que hizo buen trabajo. Qué cosas, ordenaste que deseabas estar solo… y tu palabra se cumple. Mariquita, tu esposa, está en la iglesia. Cada vez más lejano se oye el berraco gemir.