Lo prohibido de Rubén García García

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Me duele pensarte; el ayer casi presente…lejano. Interminables noches, días de aroma, complicidad. ¡Ah! Los falsos de la vida. Cierto, nada nos debemos. Hay días inevitables, inconfundibles, tus manos en mis mejillas, luego, rodeando mi cintura. Tu boca de palabras mudas con estertores que se sumaban al canto de los gallos. ¡qué hermosa insensatez, la de amar a un servidor de Dios.

La vida es una autopista que no tiene regreso de Rubén García García

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No tarda el taxi para trasladarme a la oficina. Él, está mirando a través de la ventana el alboroto que arma la perra persiguiendo a unas palomas. Cuando pienso que no me va a ver, se cruzan nuestras miradas y sonreímos. Me perturba. Mis hijos se han ido a la escuela. Hinco el tacón en el piso de madera, tanto para que el me mire y yo me diga que volar con algo que mañana no estará no es prudente. El taxi ha sonado el claxon. Me despido con un beso en la mejilla, pero siento que él roza sus labios en mi boca. Salgo apresurada. Me descubro cantando una canción “ larala, larala, la vida es una autopista que no tiene regreso”. Le pago al taxista y ordenó que volviera mañana…subo la escalera tarareando la canción.

Oídos sordos de Rubén García García

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«Nunca me hacía caso, se carcajeaba cuando le dije que lo iba a matar» platicaba la mujer consigo misma, mientras repartía licor de frutas en el velorio.

Buen viaje Gustavo Márquez, cuestión de tiempo de Rubén García García

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Qué tienen las flores del muerto que te cimbran y te muestran lo debilucho que eres; tu vida breve en los rostros que miras, que los viste de niños y que ya hombres te observan y te dan el paso. Llegas a la estación y no sabes cuanto tiempo tardará el último transporte. Todos deseamos que nos sorprenda con los zapatos puestos y nunca mordisqueado por la enfermedad. Retumban los acordes de “Acaba de una vez de un solo golpe” “Caminito” y “Adiós muchachos” y las vibraciones geniales de la quinta sinfonía de Beethoven.

Ayer me dijeron que mi cardiólogo se había muerto, y es como si te quitaran una horqueta que te sostiene. Corrimos juntos en competencias, entre las enredaderas y ceibas enormes. Ya no está el amigo, el especialista y caminas y sientes su ausencia. Ya no está… y cada vez hay menos.

Buen viaje Gustavo Márquez

La seña del murmullo

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LA SEÑA DEL MURMULLO DE RUBÉN GARCÍA GARCÍA

Antier se puso a la venta en AMAZON editado por B.C.R. (colección digital de microficción Iberoamericana ) Agradezco a Homero Carvalho Oliva director, tener el privilegio de ser incluido en tan selecta colección.

ACERCA DEL LIBRO

Es un conjunto de textos que le da la palabra a las voces marginadas. El viajero que tarda en llegar a su destino bajo un sol quemante. Las familias que han visto irse a sus seres queridos en busca de recursos. El matrimonio que vive en la sierra y baja en la madrugada con el niño porque se ha puesto grave. Aquel que llega tarde al entierro de la hermana y escucha ruidos en la fosa. La madre que va de pueblo en pueblo buscando a su hijo que está desaparecido y momentos de risa como el del médico que no encuentra compañero para tomarse una cerveza, o bien el paciente que se ve obligado a comer tlacuache (zarigüeya) para recuperar la salud. El médico tiene que atravesar el cementerio para poder tomar el transporte y siente que lo siguen. El libro contiene treinta textos donde los personajes dejan su quehacer.

COSTO: accesible.

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Que bonito es no hacer nada de Rubén García García

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Asomada a la ventana de un quinto piso siento la brisa de la lluvia. Abajo hay un desfile de sombrillas de colores. Con empeño encuentro la gorra de Fernando Valenzuela. El bombín de Charles Chaplin. La gorra cazadora de cuadros de Sherlock Holmes. Allá va el de Indiana Jones. ¡Oh my God! el pulóver de Cortázar y la capa de Arreola. Allá, a lo lejos aparece el sombrero de la reina Isabel y al lado, otro de paja, ¿será el espantapájaros? No, es Chencha, porque camina como Chencha. Noooo es mi madre y yo ni siquiera he tendido la cama.

Consecuencias de Rubén García García

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Bastó un balazo en el cielo del paladar y escurrió de la comisura un hilo de sangre. El cuerpo se acomodó en el sillón del dormitorio. Era media noche.

El ángel de la guarda del occiso se la pasó dando vueltas en la recámara. El cadáver, aún tenía el arma en la mano y la primera mosca revoloteaba.

El ángel maldecía molesto. «con lo que me encabrona hacer reportes a la santa sede»

El faro de Rubén García García

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Subió con jadeos a la montaña. Levantó los brazos y de su ojo de cíclope salieron destellos de luz que parpadearon sobre el tormentoso mar. Poco a poco la nave evitó los promontorios rocosos zigzagueando con destreza hasta llegar a salvo al muelle. Apagó su ojo. silbo satisfecho y atendió a los reclamos de su madre.

Caras vemos… de Rubén García García

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No hay nadie en casa. Presiento que alguien se esconde, tal vez sea el viento que mueve las cortinas. ¡Nada! No puedo dejar nada que lo haga imaginar que hay en la habitación una respiración diferente de la mía. Es difícil de creer, pero cuándo voy a pensar en un amigo, repiquetea el teléfono, contesto y pregunta: ¿Pensabas en mí? ¿Qué haces? Bastaron seis meses para que sacara las uñas. Me hizo quemar mi directorio, borrar de mi celular el archivo y prolongar mi permiso en el trabajo hasta que me llegó la liquidación. «con lo que gano es suficiente y alcanza para irnos de vacaciones» Él me dio su telefono y dejó que borrara sus contactos, la agenda la quemó y me dijo: estamos iguales. El amor que nos tenemos basta para ser felices en soledad. Cada ocho días vamos al colmado, «con ese vestido tan entallado, te faltaran al respeto. Llévate el vestido azul, es amplio y fresco» Vivimos en una casa que fue de sus abuelos, Tiene un patio extenso, jardines en floración y árboles frutales. Una casa de dos pisos y un sótano que sirve de cava. Ayer me di cuenta que cerca de la cava hay una media puerta camuflada. Pude abrirla y encontré una escalerilla que lleva a una pieza, que parece un bunker. Regresé días después. Encontré papeles dispersos y escrita la palabra Auxilio. Poco sabía de él, lo nuestro fue amor a primera vista y en un tris nos casamos, No hicimos fiesta, sino que tomamos un crucero y después de dos meses regresamos a esta mansión.

Ahora entiendo, soy su próxima víctima. ¡Claro! El no sabe, lo que sé. También ignora de lo que soy capaz.

Costumbres de Rubén García García

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En kurú, los niños mayores de seis meses tienen prohibido chuparse el dedo. Medida preventiva y sensata de la tribu caníbal que sabe del poder del instinto.

También otras…

Ya llegará la noche de Rubén García García

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Miro a través de la ventana, la perra nevada juega con su sombra en el jardín mientras afinas tu arreglo en el espejo que cuelga de la sala de estar. Me pierdo en la floración de las buganvillas, pero mi oído me dice que vas y vienes de tu recámara al espejo, Capto el taconeo de tus botas en la duela. Es una pisada que hinca, con el ojo angulado veo que sacudes la cabeza y me roza tu mirada. No tarda el Taxi de la compañía en pitar el claxon y sé que no deseas ir al laburo. Los dos sentimos el deseo de perdernos en la intimidad del tiempo. Me volteo y reímos y sin decirlo nos asalta la idea de volar, pero volar es peligroso y el beso que me das solo queda a la orillas de mi boca.

Como me tienes de huésped, la noche podría meternos zancadilla.

Nos van a ver de Rubén García García

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¡Zas! Se fue la señal, la red y la luz. No quedó más remedio que ir a la iglesia y después al parque central, comprar un “algodón” o una nieve en el quiosco. Citada la amiga, dimos de vueltas alrededor de la alameda. «cómo lo hacían los abuelos». En minutos la neblina lo abarcó todo. Se oían los chillidos de las aves, también los suspiros y uno que otro gemido.

Ya llegará la noche de Rubén García García

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Miro a través de la ventana, la perra nevada juega con su sombra en el jardín y afinas tu arreglo en el espejo que cuelga de la sala de estar. Me pierdo en la floración de las buganvillas, pero mi oído me dice que vas y vienes de tu recámara al espejo, Capto el taconeo de tus botas en la duela. Es una pisada que hinca, con el ojo angulado veo que sacudes la cabeza y me roza tu mirada. No tarda el Taxi de la compañía en pitar el claxon y sé que no deseas ir al laburo. Los dos sentimos el deseo de perdernos en la intimidad del tiempo. Me volteo y reímos y sin decirlo nos asalta la idea de volar, pero volar es peligroso y el beso que me das solo queda a la orillas de mi boca.

Como me tienes de huésped, la noche podría meternos zancadilla.

Una mañana fría

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Jugábamos. Abrí la manivela y las gotas frías cayeron sobre tu cabello, la camisa se pegó a mis senos libres. Te jalé. Aun con la respiración entrecortada mordiste mi labio y había en tu boca yescas. Deslizaste tus besos para llegar a la lava. ¿Quién sentía el agua fría? saciaste tu sed ardiente en la plenitud de mis pechos. Epiléptica de mis deseos tomé tu península y la anexé como territorio conquistado. Sonaba el agua, el gemido y mi pierna fue una boa enroscada a tu cintura.

El frío tomó su sombrero y se fue.