La puber de las pitahayas

Luce la púber porque recolecta pitahayas. Regresa del monte con la bolsa llena de frutos. Brinca, silba. Ágil baja del cerro. los senos prometen ser abultados. A la luz del candil, se corta el pelo, se pinta las uñas, riza sus pestañas. Se irá a la capital. Un forastero que recién conoció le ayudará a conseguir trabajo en un club selecto de hombres de negocios. La vida promete; se mira con vestidos de marca luciendo su figura de libélula. Mientras se acomoda vivirá con la madre de León, que así se llama su amigo.

 

Pitahaya (1)

Certezas de Miriam Chepsy

¿Crees que tu marido puede tener una amiga?
-Imposible, vuelve temprano y solo, después de cenar, todos los días, sale a pasear con los perros.
Enlazados apasionadamente, desnudos sobre la cama, ella gozaba con sus caricias y él apuraba esos cortos momentos de sensualidad y placer en que sus manos y su boca la redescubrían.
Mientras, sus dos perros se disputaban los favores de la perra de María.

perro

Premios y castigos de Leo Mendoza

El escritor pasó lista a su palmarés y se dio cuenta que sólo le faltaba un premio por ganar, el de los narradores carcelarios. Lo único malo era que, para obtenerlo, tenía que estar preso. No lo dudó: fue a la casa del crítico que más odiaba y lo asesinó.
Lo que jamás imaginó, ni en sus peores pesadillas, fue que el crimen quedara impune.

CARCEL

 
 

Las 12 voces inmortales de la música ranchera

pedro infante
Sucede que en la red algunas veces te toca tu dia de suerte. Hoy fue un dia de esos, me encontré este excelente artículo sobre cantantes mexicanos con énfasis en la canción vernácula. Seguramente la página contendrá más información, ya se revisará a conciencia. Abajo la dirección electrónica dandole  el mérito.
Completar el artículo con las canciones que en su voz fueron éxitos.  Hoy me incliné por poner un grupo de canciones y no sólo uno. Si alguno de los lectores desea seguir escuchando o no es decisión de cada quién.
Como cualquier lista, se puede estar o no estar de acuerdo, eso es inevitable.

http://chartsclub.com/Secciones/SeccArtGen.aspx?cve=203&cveseccion=8

Las 12 voces inmortales de la música ranchera, aquí te los presentamos por orden alfabético.

Antonio Aguilar “El charro de México” | Villanueva, Zacatecas, México

La discografía de Pascual Antonio Aguilar sobrepasa los 100 álbumes con ventas de más de 25 millones de copias. Al despuntar la década de los cincuenta, debutó como actor en el cine, al mismo tiempo que se inició como cantante, faceta de su carrera que se extiende hasta los primeros años de la década del siglo 21. Es considerado una leyenda de la música popular mexicana y reconocido por impulsar la charrería a nivel internacional, y es por esto que lo apodan “El Charro de México”.
La madrugada del 19 de junio de 2007, a las 11:45 p.m., hora de México, el «Charro de México» dejó de existir como consecuencia de complicaciones de una neumonía. Antonio Aguilar ha sido el único hispano en llenar el Madison Square Garden de Nueva York durante seis noches consecutivas. Cuenta con su estrella en el Paseo de la fama de Hollywood, exactamente en el número 7060 de Hollywood Blvd.
Amalia Mendoza «La Tariacuri» | San Juan Huetamo, Michoacán, México

 

 

Nació en la ciudad michoacana de San Juan Huetamo en 1923, dentro de una familia de músicos renombrados. Mendoza tuvo tres hermanos, Norberto, Eligio y Juan, quienes se dieron a conocer en la escena musical como el trío Tariacuri, una palabra indígena Purépecha utilizada para dirigirse a su rey.
Mendoza comenzó su carrera como solista en 1954 con el tema “Puñalada Trapera”. Su carrera abarca más de 30 años e incluye 36 álbumes grabados. Entre sus canciones más famosas están «Echame una culpa» de José Angel Espinoza «Ferrusquilla», y «Amarga Navidad», compuesta por el extraordinario José Alfredo Jiménez.
En 1996 salió a la venta un disco donde comparte créditos con Lola Beltrán y Lucha Villa, atinadamente llamado «Las Tres Señoras», a manera de homenaje para las que han sido sin duda las tres más grandes intérpretes de la música vernácula mexicana. Amalia murió el 11 de Junio de 2001 de una enfermedad pulmonar progresiva.
Chayito Valdez “La Alondra de México” | Guasave, Sinaloa, México

 

 

María del Rosario Valdez Campos, mejor conocida como Chayito Valdez, nació el 28 de mayo de 1945. Su nombre y voz están asociados a la música popular mexicana. De ahí que fuera apodada «La Alondra de México». Comenzó su carrera musical siendo niña, participando en competencias de aficionados que se efectuaban en cines populares en las ciudades de: Guasave y Los Mochis, Sinaloa.
A principios de los años setentas, empeñó una máquina de coser de su madre para grabar cuatro canciones en una cabina de radio y consiguió que una pequeña disquera de Guadalajara, le hiciera un tiraje de 50 discos sencillos. Ella personalmente los entregó a las radiodifusoras y el tema “Besos y Copas” resultó un éxito.
Poco después en toda la República Mexicana y Sur de Estados Unidos, había programas de radio a todas horas dedicados a las canciones de Chayito Valdéz; los medios de comunicación la proclamaron la sucesora de Lucha Reyes. Lamentablemente en 1982 perdió la movilidad de sus piernas debido a un accidente automovilístico y en 2003 acudió al hospital por deshidratación y a causa de negligencia médica, su cerebro no recibió oxigeno durante 4 minutos, quedando en estado en coma durante dos años, según su hija Cecilia, luego de despertar, Chayito ya no hablaba, pero si sentía, finalmente falleció el 20 de Junio de 2016
Javier Solís “El rey del bolero ranchero” | Ciudad de México

 

 

A principios de 1948, Javier Solís aún trabajaba como carnicero y se inició como intérprete solista de música ranchera, actuando en restaurantes, formando parte del Dúo Guadalajara, que después se convertiría en el Trío Flamingo. Durante algún tiempo se le consideró un imitador de Pedro Infante, pero gradualmente fue reconocido como un talento con identidad propia y con más facultades vocales que “El ídolo de Guamúchil”.
Solís realizaba presentaciones en el «Bar Azteca» y también en un espacio de la emisora mexicana XEW, donde grabó algunas canciones, es así como recibe su primer Disco de Platino por las altas ventas de su primer sencillo. Como consecuencia, graba el álbum “Javier Solís, Volumen I”.
En lo sucesivo, su carrera fue meteórica, ya que aunque duró solamente 10 años, grabó 379 canciones y se convirtió en uno de los cantantes más famosos de la historia en México. Falleció el 19 de abril de 1966 debido a un fallo cardiaco, a pesar de pasar a mejor vida a los 34 años, es sin duda unos de los mejores cantantes mexicanos del siglo XX, no sólo de la música ranchera, sino en términos generales.
Jorge Negrete “El charro cantor” | Guanajuato, Guanajuato, México

 

 

En 1931 con el grado de capitán segundo, solicitó licencia del Ejército Mexicano para dedicarse completamente a su carrera de cantante, comenzando en la radio difusora XETR, interpretando entonces romanzas mexicanas y canciones napolitanas.
Durante los años cuarentas, en Argentina fue recibido por una multitud. En el Teatro Colon de Buenos Aires cantó vestido de gaucho, «Adiós pampa mía», con un lleno total. De ahí viajó a Chile con éxito sin precedentes para un artista extranjero en ese país, y después a Perú, donde a pesar de un percance con la prensa local, tuvo también gran resonancia y aceptación. En Uruguay tuvo las entradas más altas para cualquier otro artista foraneo hasta ese entonces, y en España sus presentaciones se asociaban a multitudes de mujeres que gritaban histéricas.
Aún desde países que Negrete nunca visitó, las compañías discográficas filiales de RCA Victor, reportaron ventas de sus grabaciones, tales como Albania o Japón. Muchos cantantes se han visto influenciados y han expresado su admiración hacia Jorge Negrete; desde los populares hasta los artistas líricos, entre ellos los famosos tenores Alfredo Kraus y Plácido Domingo. Falleció en 1953 a causa de una enfermedad crónica originada por una hepatitis “C”.
Juan Gabriel “El divo de Juárez” | Parácuaro, Michoacán

 

 

Es el único cantante que además ha triunfado como gran compositor que está presente en nuestra lista. Su vida es realmente de “película”. Creció en un internado de los 5 a los 13 años, escapó en busca de sus sueños musicales, por lo que viajó a la ciudad de México, donde fue acusado injustamente de robo y permaneció en la cárcel un año y medio, sin embargo ahí conoció a la famosa cantante, La Prieta Linda, quien abogó por su libertad y fue ella el primer artista que le grabó una canción, se trata de “Noche a noche”.
“Juanga” no sólo se da dedicado a la música ranchera, pues ha compuesto y grabado balada romántica, pero a pesar de ello, su caminar por la música vernácula, es suficiente para que se encuentre entre los 15 elegidos de nuestro conteo. Los temas rancheros más emblemáticos de la era moderna, han sido compuestos por él.
Después del fallecimiento de José Alfredo Jiménez en 1973, Juan Gabriel es eñ único que ha creado una cantidad importante de nuevos clásicos rancheros, tales como “Se me olvidó otra vez”, “La farsante” “La diferencia” o “Te sigo amando”, por citar algunos.
Falleció estando totalmente activo, a los 66 años de edad, a causa de un infarto en Santa Monica, California, Estados Unidos.
Lola Beltrán “Lola la grande” | Rosario, Sinaloa, México

 

 

El reconocido escritor mexicano Carlos Fuentes, se refirió a Beltrán de la siguiente manera: «Los antiguos mexicanos daban a su emperador el título de «Tlatoani»: el señor de la gran voz. Lola Beltrán en el México moderno es la Señora de la Gran Voz, la emperatriz de una palabra que nuestras mujeres han conquistado poco a poco. A su amante Doña Marina, el conquistador Hernán Cortes la llama “mi voz” y el mestizaje adquiere la palabra; Sor Juana Inés de la Cruz llena con su voz el silencio de la colonia española; la cantante ranchera da voz al México independiente; ella nos ha dicho siempre las otras palabras, las que no se escuchan en el mundo del machismo cruel o solemne. La voz del machismo no es una voz erótica solo puede ser violentamente sexual. La de la mujer si, si el erotismo como dice Georges Batauille, es la aprobación de la vida hasta la muerte. Esta es la voz de Lola Beltrán”. Carlos Fuentes, enero de 1984.
Este texto escrito por Carlos Fuentes deja en claro la importancia y trascendencia de Lola Beltrán dentro del mundo cultural mexicano del siglo XX. Era tal su fama que llegó a cantar para el rey Juan Carlos de España, la reina Sofía de Grecia, el presidente de Francia, Charles de Gaulle, la reina Isabel II de Inglaterra, y el presidente de los Estados Unidos, John F. Kennedy, entre otros gobernantes. Fue la primera cantante ranchera que cantó en el Palacio de Bellas Artes. También actuó en el Madison Square Garden y en la Casa Blanca.
Lucha Villa “La grandota de Camargo” | Camargo, Chihuahua, México

 

 

“Una voz, inacabable, como ese aullido largo, soterrado, de las focas cuando están pariendo en las soledades antárticas. Magnética, como arrancada a las raíces mismas de lo que vive: así es Lucha Villa. Ese matiz telúrico del fondo de su voz es lo que encanta, y mucho más. La oí cantar un día bajo la lluvia y, lo juro, ni una sola gota de agua nos mojó. Éramos cientos de personas que nos cobijábamos en su voz. Era un concierto para el pueblo en la Alameda de la Ciudad de México; cuando a poco de iniciar su canto, una suave lluvia comenzó a caer. Luego de un rato, en que pareció arreciar, ella, interrumpiendo su espectáculo, alzó los brazos al cielo y, con suaves gestos de sus manos, imploró a San Pedro que cesara las aguas intranquilas: con su tono milenario, rogó que se la dejara trabajar. Y la lluvia cesó”. Waldemar Verdugo Fuentes (Periodista y escritor chileno)
Es una de las más destacadas cantantes en la historia del género ranchero, además de reconocida actriz. Graba su primer disco en 1961, pero es con el tema “La media vuelta”, a comienzos de los setenta, que se le abren las puertas a una prolífica carrera discográfica, así como a la pantalla grande y la televisión, hasta su forzado retiro a finales del siglo pasado.
Gracias a su belleza, alta estatura, voz grave y estilo inconfundible, «La Grandota de Camargo» se ha consagrado como una de las mejores intérpretes de los más representativos compositores de música vernácula, sobresaliendo los temas de José Alfredo Jiménez y Juan Gabriel.
Desafortunadamente, en 1997 se alejó del medio artístico debido al daño cerebral sufrido por las complicaciones de una cirugía estética que le fue practicada. En la actualidad radica en un rancho de San Luis Potosí, cuidada por sus hijas y aquejada por dificultades motrices, de lenguaje y memoria permanentes.
Lucha Reyes “La reina de la canción ranchera” | Guadalajara, Jalisco, México

 

 

María de la Luz Flores Aceves, mejor conocida como Lucha Reyes, inició su carrera profesional a los trece años, debutando en una carpa ubicada en la plaza de San Sebastián, cerca de su casa. En 1920 viajó a los Estados Unidos para estudiar canto y desarrollar sus aptitudes como soprano, y fue contratada para una gira por varios estados de aquel país, cosechando triunfalmente sus primeros aplausos.
Cuando Lucha regresó a México formó el trío Reyes-Ascencio junto con las hermanas Ofelia y Blanca Ascencio, pero fue despedida por su adicción al alcohol.
En 1927 se unió al Cuarteto Anáhuac, con el que realizó una gira por Alemania, donde ocurriría algo “malo” que se convertiría en bueno: contrajo una fuerte infección de garganta que la hizo retirarse durante un año. Lo inesperado fue que debido a la infección, su voz se tornó rasposa y desgarrada, imponiendo un estilo agresivo a sus interpretaciones, con el que lograría una plena identificación.
A partir de 1928, Lucha Reyes emprendió el sendero de la interpretación vernácula de manera solista. Un año después inició su mejor etapa como artista, logrando sonados éxitos como «La Tequilera», «¡Ay Jalisco no te rajes!», «El Corrido de Chihuahua», «El Herradero», «La Panchita», «Traigo un amor», «Juan Colorado», «El Castigador», «Rayando el sol», «Caminito de Contreras» y más. En 1930 el empresario Frank Founce la contrató para varios conciertos en el escenario del teatro Million Dollar, de Los Ángeles.
Lucha Reyes causaba tumultos en los lugares donde se presentaba, colocandose en el centro del escenario y con una botella de tequila en la mano, cantaba de manera espectacular. En cierto momento levantaba la botella y le daba un grueso trago que servía para sacar la voz cuando sentía que se le hacía un nudo en la garganta.
Desde la segunda semana del mes de mayo de 1944, Lucha Reyes evidenciaba una profunda depresión que se había manifestado tras la muerte de la señora Francisca Cervantes, madre de su primer marido, también fallecido. Reyes partió de este mundo a la temprana edad de 38 años, por ingerir deliberadamente una gran cantidad de medicamentos.
Miguel Aceves Mejía “El rey del falsete” | Chihuahua, Chihuahua, México

 

 

Miguel Aceves Mejía, al igual que la mayoría de los cantantes famosos mexicanos de mitad del siglo 20, era también actor, y las primeras incursiones del cantante de Chihuahua en el cine, fueron sólo como cantante, doblando la voz de José Pulido en el filme “De pecado en pecado” (1947).
Sin duda una de las películas más importantes de Aceves Mejía fue «Música de siempre» (1956), una de las producciones más ambiciosas de la época, al reunir al «Rey del falsete» con otras figuras de la música como Riz Ortolani, Katina Ranieri, Amalia Rodríguez, Ima Zumac y la francesa Edith Piaf.
La popularidad que alcanzó con sus discos y sus películas lo llevó al extranjero. Era tal su éxito, que incluso grabó películas en Argentina y España.
Aceves Mejía grabó más de mil seiscientas canciones de todos los géneros folclóricos mexicanos, Entre las más populares melodías que interpretó se encuentran: “El pastor”, “La malagueña”, “Yo tenía un chorro de voz”, “El jinete”, y “Serenata huasteca”, entre otras.  Falleció a los 90 años, víctima de una neumonía, el 6 de noviembre de 2006.
Pedro Infante “El ídolo de Guamúchil” | Mazatlán, Sinaloa, México

 

 

Es probablemente el ídolo mexicano más completo que se pueda recordar en la industria del entretenimiento, pues difícilmente se combina un excelente cantante y también gran actor, ya que Infante realmente triunfó en ambas tareas, es como si hoy en día Luis Miguel ganará el Oso de Plata de Berlín a “Mejor Actor”, tal y como lo hizo “Pedrito” por su actuación en la cinta “Tizoc”, o como si el popular y reconocido actor Gael García, a la par de su carrera actoral, tuviera la trayectoria musical de «El Sol», pero además Infante poseía un tremendo carisma y sencillez que lo hacían simplemente encantador para el público, así que a nuestro híbrido del siglo 21, habría que añadirle el arrastre de un Vicente Fernández, que si bien el “Charro de Huentitán” también forjó una carrera actoral, nunca lo hizo al nivel de Infante, quien hubiera sido una leyenda aún si se hubiera dedicado únicamente a actuar o a cantar.
“El ídolo de Guamúchil” interpretó canciones de diversos géneros: vals, cha cha cha, canción mexicana tradicional, canción ranchera y bolero. Sin embargo, la inmensa mayoría de sus interpretaciones más populares pertenecen al género ranchero, creando incluso un grito “mariachero” con su propio sello, que hasta el día de hoy resulta clásico y continúa siendo imitado.
En el 2010, año del bicentenario de la independencia Mexicana, el canal de cable History Channel, realizó una encuesta para designar a «El Gran Mexicano» de entre varias personalidades de los últimos 200 años, resultando en segundo lugar, superado solo por Benito Juárez y quedando por encima incluso de héroes de la cultura popular como Emiliano Zapata.
Al igual que otras leyendas que integran nuestra lista como Lucha Reyes, Javier Solís, Jorge Negrete, quienes fallecieron a los 38, 34 y 42 años respectivamente. Infante murió joven, a los 39 años, en un accidente aéreo.
Vicente Fernández “El charro de Huentitán” | Huentitán El Alto, Jalisco, México

 

 https://www.youtube.com/watch?v=l5IOoahyCNQ

 

Vicente Fernández es un icono mundial de la música ranchera, En 1954, con 14 años, participó en un concurso amateur en Guadalajara, donde obtuvo el primer lugar y comenzó a cantar localmente en restaurantes, bodas, grupos familiares y de amigos.
En 1966, firmó un contrato con CBS México grabando sus primeros éxitos: “Perdóname”, “Cantina del barrio” y “Tu camino y el mío”. Le siguieron una serie de álbumes con ventas importantes, incluyendo “Palabra de Rey”, “Vicente Fernández” y “Ni en defensa propia”.
El tema “Volver, volver” catapultó su fama a nivel internacional y se convirtió en una de las canciones rancheras más conocidas fuera de México, siendo grabada por cantantes como Raphael, Nana Mouskouri, Concha Buika y muchos otros. Sin duda es la voz más popular de la música ranchera de las últimas tres décadas.
“Don Chente” también ha compuesto algunos éxitos como el clásico “Las llaves de mi alma”.
El “Hijo del pueblo” es sin duda la máxima leyenda viva de la música vernácula mexicana.

(A nuestros lectores: José Alfredo Jiménez no fue incluido en esta lista, pues como cantante no lo consideramos al nivel de las voces elegidas, pero sin duda estará en nuestro conteo de máximos ídolos musicales de México, y Estelita Nuñez es una magistral intérprete de música ranchera, más la mayoría de sus discos y éxitos originales son balada pop, decidimos no incluirla al no ser tan representativa del género como los mencionados en el artículo, sin duda estaría en un conteo de las mejores cantantes de México en general.)

La tortuga

Cuando seguía al sol, caminé sobre una cinta grisácea. Aridez de lado a lado. Piedra más piedra, una que otra hierba. Encontré la mujer en el suelo, abrazaba a su hijo. Estaban siendo arrastrados por un sujeto que les gritaba:
-¡largo de aquí! ¡Fuera!
-Ya no me pegues Juan
Poco después llegó otro varón que al verlos caídos les dio agua. Juan regresó furioso. tiró de los cabellos a la mujer. La pelea fue brutal entre los hombres. Juan era tundido a puñetazos, sangraba de ceja y nariz. Desmayado. La mujer con una piedra golpeo la cabeza. Había dos hombres tirados en el asfalto. Una mujer que limpiaba la sangre, decía.
-A mi macho nadie le pega.
Seguí mi camino.

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La tarde

El viento ronroneaba entre las plantas. La tarde calurosa enterraba su bochorno. Salía una luna papel bond, bajo el caimito me llenaba de inmensidad. Las ramas verdes parecían brazos caídos. Se cerraba un día, empezaba a ahorcarse entre el cuchicheo de las hojas. El sombreo de la tarde, la luna blanca destellaba el cobre en su fragua. A su lado fulgía Venus. Las ramas se mecían, yo sumido en el asiento que me vio de niño.

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La musica que se escuchaba en la decada de los veintes en méxico.

https://www.preceden.com/timelines/169822-cronolog-a-del-bolero

Deseando saber más sobre el bolero me encontré esta dirección que nos da una cronología musical que  abarca desde el sigo XIX hasta 1980. Es una guía valiosa para situarse en el tiempo.
Cuando me pregunté acerca lo que había sucedido en la decada de 1930 y los mejores boleros escritos  en el mundo, en méxico, brincaron como pulgas cientos de ligas. que por razones de tiempo es complicado darles lectura. No es la intención del blog hacer una narrativa acuciosa sobre el bolero, sino dar algunos pormenores.
Tuve que hacer una distinción entre los interpretes del bolero y los compositores. También aquellos que lo componen y cantan y que antes  se le denominaban trovadores y ahora cantautores. Aunque la impresión es que éstos quizá sean buenos compositores, Obviamente hay excepciones.
Me dije que sería bueno, irlos ubicando por décadas. Hay compositores o cantantes que se saltan la línea del tiempo. Asi que fije el año de 1942 como un parte aguas, pues es el nacimiento del trío los Panchos que por sus voces, e innovaciones como la creación del requinto sirve para fijar a cantantes y boleros nacidos antes de y después de.
Si bien en este año festejamos los cien años del bolero en méxico, hay que reconocer que pocos boleres sonaban en la década de 1920. Otras canciones llegadas del país del norte nos invadían, El cuplé, la zarzuela, el tango.
Aunque grabada en 1958 fue compuesta  1922, con música de Juan Viladomat Masanas y letra de Félix Garzo. Cantada por Sarita montiel. La cantante es española.  Esta década estuvo cargada fundamentalmente por el tango y por la personalidad y voz de Carlos Gardel. Su influencia disminuye después de su muerte en aquel accidente aéreo en 1935.

 https://www.youtube.com/watch?v=04PP5aW7p1o

 

En 1927 llega una canción de un compositor yucateco Guti Cárdenas, que es elegida ganador en un concurso.  La canción es Nunca con letra del poeta Ricardo López Mendez
va con josé josé, y una  cantante yucateca hermosa María médina

 

Ahora con el trovador Guti, que murió muy joven en un pleito de cantina.

 

 

 

Estas canciones son cubanas, pero estaban en el año 1029 y30  Aquellos ojos Verdes por Utrera, y  lágrimas negras de Matamoros y Nilo menéndez.

Las he puesto para convencerme de que el bolero persiste a través de los  años, o como me digo, lo bueno existe, lo malo se queda en el olvido.

 

 

 

 

 

 

Sobre el arte de escribir cuentos dos Victor montoya

-Otra pregunta -le dije-. A tu juicio, ¿quién es el buen escritor de cuentos?
-El ñatito que ve como en una película la obra de su creación y es capaz de inventar ficciones sobre los tres pilares fundamentales de la condición humana: la vida, el amor y la muerte, así algunos críticos digan que lo más importante no es QUÉ se cuenta sino CÓMO se cuenta. Tampoco cabe duda de que un buen escritor de cuentos breves, usando los instrumentos simples de la palabra escrita, es capaz de crear personajes, a quienes les concede vida propia con su aliento y su talento, los crea no de un montoncito de tierra, como Dios creó al hombre, sino de un montoncito de palabras, como tú me estás creando contra viento y marea, soplándome vida en tus cuentos de la mina. El buen escritor posee la magia de sacar las palabras hasta por los bolsillos, como el mago saca las palomas por las mangas de la camisa.
-A propósito de ambientes y personajes, algunos de mis lectores dice que me repito demasiado, que patino sobre el mismo tema y sobre el mismo personaje.
-¡Bah! -refunfuñó el Tío-. No les hagas caso, sigue insistiendo sobre el mismo tema, sigue escribiendo sobre este Tío de la mina y, como recomendaba el viejo Tolstoi: “Describe tu aldea y serás universal”.
En efecto, me prometí para mis adentros seguir escribiendo sobre la realidad dantesca de los mineros y sobre las ocurrencias de su dios y su diablo protector encarnados en el Tío, el mismo que en ese instante conversaba conmigo sobre sus autores preferidos y sobre las claves del cuento breve, dándome la oportunidad de preguntarle una y otra vez, por ejemplo, ¿cómo elegir un buen cuento en medio de tanta palabrería?
-Eso varía de lector a lector -aclaró el Tío-. Hay cuentos y cuentistas para todos los gustos. Más todavía, los cuentos, al igual que sus autores, tienen diversas formas, tamaños y contenidos. Así hay cuentos largos como Julio Cortázar y cuentos cortos como Tito Monterroso; cuentos livianos como Julio Ramón Ribeyro y cuentos pesados como Lezama Lima; cuentos chuecos como Augusto Céspedes y cuentos borrachos como Edgar Allan Poe; cuentos humorísticos como Bryce Echenique y cuentos angustiados como Franz Kafka; cuentos eruditos como JL Borges y cuentos dandys como Óscar Wilde; cuentos pervertidos como Marqués de Sade y cuentos degenerados como Charles Bukovski; cuentos decentes como Antón Chéjov y cuentos eróticos como Anaîs Nin; cuentos del realismo social como Máximo Gorki y cuentos del realismo mágico como García Márquez; cuentos suicidas como Horacio Quiroga y cuentos tímidos como Juan Rulfo; cuentos naturalistas como Guy de Maupassant y cuentos de ciencia-ficción como Isaac Asimov; cuentos psicológicos como William Faulkner y cuentos intimistas como JC Onetti; cuentos de la tradición oral como Charles Perrault y cuentos infantiles como HC Andersen; cuentos de la mina como Baldomero Lillo, cuentos rurales como Ciro Alegría, cuentos urbanos como Mario Benedetti y así, como estos ejemplos, hay un montón de cuentos como hay de todo en la viña del Señor. El saber elegirlos no es responsabilidad del escritor sino un oficio que le corresponde al lector.
Al escuchar el chorro de nombres, en mi condición de eterno aprendiz, me quedé turulato por la sabiduría del Tío, quien conocía las técnicas del arte de narrar sin haber escrito un solo cuento. Claro que tampoco tenía por qué haberlo hecho, si en sus manos tenía a un escribano como yo, encargado de transcribir los dictados de su ingenio y su corazón de diablo.
Mi curiosidad por saber más sobre el arte de escribir cuentos breves fue in crescendo, hasta que indagué el porqué de su preferencia por el cuento breve.
El Tío se arrimó en el espaldar de su trono, irguió la cabeza, cruzó los brazos y explicó:
-Porque es una creación literaria donde se ensamblan la brevedad, la precisión verbal y la originalidad, pero también la sintaxis correcta y la claridad semántica, porque no es lo mismo decir: “Dos tazas de té, que dos tetazas”, ni es lo mismo decir: “La Virgen del Socavón, que el socavón de la virgen”.
Estaba a punto de abrir la boca cuando él, sin importarle un bledo lo que quería decirle, se me adelantó con la agilidad propia de un gran conversador:
-El cuento breve es tiempo concentrado, tan concentrado que, algunas veces, puede estar compuesto sólo por un título y una frase. Ahí tenemos “El dinosaurio”, un cuentito corto como su autor: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”, dice Monterroso, seguro de haber cazado un animal prehistórico con siete palabras. Otro ejemplo, Antón Chéjov, acaso sin saberlo, anotó en su cuaderno de apuntes una anécdota, que bien podía haber sido un cuento condensado: “Un hombre, en Montecarlo, va al casino, gana un millón, vuelve a casa, se suicida”. Lástima que el ruso dejó esta idea entre sus apuntes como un diamante no pulido. De lo contrario, éste podía haber sido el cuento breve más perfecto sobre la vida de un millonario suicida. ¿Qué te parece, eh? ¿Qué te parece?
-¿Y qué me dices de los cuentos de largo aliento? -le pregunté sólo por llevar más agua a su molino.
El Tío se dio cuenta de mi actitud de preguntón, paseó la mirada por doquier, se alisó los bigotes con la lengua y contestó:
-Los cuentos largos son como los largometrajes, si no terminas dormido, terminas bostezando como cuando te metes en una sopa de letras. En el cuento breve, que se diferencia de la novela por su extensión, deben figurar sólo las palabras necesarias. No en vano Cortázar decía que el cuento es instantáneo como una fotografía y la novela es larga como una película.
-O sea que la clave de un cuento breve radica en sintetizar el lenguaje -dije sin estar muy seguro de lo que decía.
-Más que sintetizar -precisó el Tío-, es necesario economizar el lenguaje, evitando la “inflación palabraria”, como dice Eduardo Galeano, quien recorrió un largo trecho hacia el desnudamiento de la palabra. El lenguaje tiene que ser llano y sencillo, lo más sencillo y claro posibles. No hay porqué escribir una prosa florida ni abigarrada, ni usar un lenguaje rimbombante ni hacer del cuento un árbol de abundante follaje y pocos frutos. Por el contrario, se trata de hacer un striptease del lenguaje, hasta dejarlo con su pura sencillez y encanto, porque en la sencillez del lenguaje se esconde la belleza del arte literario…
-Cómo es eso de desnudar la palabra -irrumpí, sin haber comprendido el meollo del asunto.
-Fácil -dijo el Tío-. ¿Recuerdas el ejemplito sobre el letrero del pescadero?
-No -contesté, rascándome la cabeza.
-Ay, ay, ay. ¡Qué cabezota, eh! -enfatizó-. Según el ejemplo de Galeano, el pescadero rotuló sobre la entrada de su tienda: “AQUÍ SE VENDE PESCADO FRESCO”. Pasó un vecino y le dijo: “Es obvio que es ‘aquí’, no hace falta escribirlo”. Y borró el AQUÍ. Pasó otro vecino y le dijo: “Es innecesario escribir ‘se vende’, ¿o acaso regala usted el pescado?”. Y borró el SE VENDE. Y sólo quedó PESCADO FRESCO. Sí. Y pasó otro vecino y dijo: “¿Acaso cree que alguien piensa que vende pescado podrido, que escribe ‘fresco’…?”. Y borró FRESCO. Ya sólo figuraba PESCADO. Así es… hasta que otro vecino pasó y le dijo al pescadero: “¿Por qué escribe ‘pescado’? ¿Acaso alguien dudaría de que se vende otra cosa que pescado, con el olor que sale de aquí?”. Así que el pescadero quitó las palabras que escribió sobre la entrada de su tienda…
El Tío parecía levitar mientras hablaba, como haciendo gala de su memoria retentiva. Hizo una breve pausa y luego continuó:
-Qué te parece la ocurrencia del pelado Galeano, ese trotamundos que, además de hacer striptease del lenguaje, logró escribir la historia de América Latina en pedacitos y con las venas abiertas.
-Muy bueno el ejemplo, muy bueno -contesté-. Pero, ¿hacía falta quitar todas las palabras del letrero?
-Está más claro que el agua. Hay cosas que no pueden ser “palabreadas” así nomás. Por eso Galeano, siguiendo las enseñazas del maestro Juan Carlos Onetti, se hizo consciente de que “las únicas palabras que merecen existir son las palabras mejores que el silencio”.
-En eso estoy plenamente de acuerdo -le dije de golpe y porrazo-. Es como cuando se habla, si las palabras que se van a decir no son más bellas que el silencio, lo mejor es callar.
-Así es, pues -aseveró el Tío-. A veces, “la única manera de decir es callando” o como dice el verso de Pablo Neruda: “Me gustas cuando callas porque estás como ausente…”.
Ahí se plantó nuestra conversa y se abrió un largo silencio.
Antes de cerrar la noche, me despedí del Tío, no sin antes agradecerle por su magistral enseñanza que, de seguir machacando mi oficio de artesano en la palabra, me ayudará a mejorar mis cuentos mal escritos, aunque sé por experiencia propia que “del dicho al hecho, hay mucho trecho”, tal cual reza el refrán popular.
Iba a franquear la puerta, cuando de pronto, a mis espaldas, escuché la voz del Tío:
-No dejes de escribir cuentos breves, como esos que a mí me gustan.
Me di la vuelta, le eché una veloz ojeada y pregunté:
-¿Como cuáles?
-Como los cuentos mineros donde cobro vida propia gracias a las aventuras de tu imaginación.
Me volví otra vez y salí de prisa, sin dejar más palabras que el silencio a mis espaldas.
FIN

lectora

 

1. Tío: Dios y diablo de la mitología andina. Los mineros le temen y le rinde pleitesía, ofrendándole hojas de coca, cigarrillos y aguardiente.
* Víctor Montoya nació en La Paz, Bolivia, el 21 de junio de 1958. Escritor, periodista cultural y pedagogo. Vivió en las poblaciones mineras de Siglo XX y Llallagua. En 1976, como consecuencia de sus actividades políticas, fue perseguido, torturado y encarcelado. Estando en el Panóptico Nacional de San Pedro y en la cárcel de mayor seguridad de Chonchocoro-Viacha, escribió su libro de testimonio “Huelga y represión”. Liberado de la prisión por una campaña de Amnistía Internacional, llegó exiliado a Suecia en 1977. Egresado del Instituto Normal Superior de Estocolmo, en cuya Institución Pedagógica cursó estudios de especialización. Impartió lecciones de quechua, coordinó proyectos culturales en una biblioteca, dirigió talleres de literatura y ejerció la docencia durante varios años. Ha publicado: “Huelga y represión” (1979), “Días y noches de angustia” (1982), “Cuentos Violentos” (1991), “El laberinto del pecado” (1993), “El eco de la conciencia” (1994), “Antología del cuento latinoamericano en Suecia” (1995), “Palabra encendida” (1996), “Cuentos de la mina” (2000), “Entre tumbas y pesadillas” (2002), “Fugas y socavones” (2002), “Literatura infantil: Lenguaje y fantasía” (2003) y “Poesía boliviana en Suecia” (2005). Fundó y dirigió las revistas literarias “PuertAbierta” y “Contraluz”. Su obra mereció premios y becas literarias. Tiene cuentos traducidos y publicados en antologías internacionales. Actualmente escribe en publicaciones de América Latina, Europa y Estados Unidos. Es director responsable de la edición digital de Narradores Latinoamericanos en Suecia: http://www.narradores.sey del Rincón Literario: welcome.to/heterogenesis.

Fluye el Sena Fred Vargas fragmento

Fluye el Sena
Tres casos del comisario Adamsberg
Traducción del francés de
Anne-Hélène Suárez Girard
Nuevos Tiempos Ediciones Siruela
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Salud y libertad*
Apostado en un banco público, frente a la
comisaría del distrito 5 de París, el viejo Vasco
iba escupiendo huesos de aceituna. Cinco
puntos si tocaba el pie de la farola. Esperaba
la aparición de un policía alto, rubio, de
cuerpo lacio, que salía cada mañana hacia las
nueve y media y dejaba con semblante triste
una moneda en un banco. En ese momento,
el viejo, sastre de profesión, estaba realmente
pelado. Tal como exponía a quien quisiera
prestarle oído, el siglo había doblado las campanas
por los virtuosos de la aguja. El «traje a
medida» agonizaba.
El hueso pasó a dos centímetros del pie
metálico. Vasco suspiró y echó unos tragos
* «Salud y libertad» fue publicado en el diario Le
Monde (1997).
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de cerveza a morro de una litrona. El mes de
julio era caluroso y, a las nueve, ya hacía sed;
eso por no mencionar las olivas.
El viejo Vasco llevaba más de tres semanas
instalado en el banco, mañana tras mañana,
salvo los domingos; había acabado reconociendo
varios rostros de la comisaría. Era una
buena distracción, mucho mejor de lo previsto,
y era increíble lo que se movía esa gente.
¿Para qué?, ya me contarás. El caso es que se
agitaban desde la mañana a la noche, cada
cual a su manera. Exceptuando al bajito y
moreno, el comisario, que se desplazaba siempre
muy despacio, como si anduviera bajo el
agua. Salía varias veces al día para caminar. El
viejo Vasco le decía unas palabras y lo miraba
alejarse por la calle, llevado por un ligero
tambaleo, con las manos en los bolsillos de un
pantalón arrugado. Ese tipo no se planchaba
la ropa.
El policía rubio y desgarbado bajó los escalones
de la entrada hacia las diez, presionándose
la frente con un dedo. Esa mañana llevaba
retraso, ya fuera que le doliera la cabeza o
que a la comisaría le hubiera caído encima un
caso de los gordos. Eran cosas que pasaban, al
fin y al cabo, con tanto ajetreo. Vasco lo llamó
haciéndole grandes señas, enseñándole el ciFluyeelSena.indd
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garrillo apagado. Pero el teniente Adrien Danglard
no parecía tener prisa por cruzar a darle
fuego. Miraba fijamente, junto a un banco, un
gran perchero de madera del que pendía una
chaqueta mugrienta.
–¿Eso es lo que te molesta, hermano? –preguntó
el viejo Vasco señalando el perchero.
–¿Qué es esa mierda que has instalado en la
calle? –gritó Danglard mientras cruzaba.
–Para tu información, esta mierda se llama
galán de noche y sirve para colgar el traje sin
que se arrugue. ¿Qué te enseñan en la policía?
¿Ves? Pones el pantalón en esta barra y aquí
colocas delicadamente la chaqueta.
–¿Y tienes intención de dejar eso en la acera?
–No señor. Lo encontré ayer en la basura
de la calle Grande-Chaumière. Me lo llevaré a
casa luego, y lo volveré a traer mañana. Y así
cada día.
–¿Y así cada día? –exclamó Danglard–. Pero
¿para qué demonios?
–Para colgar mi traje. Para conversar.
–¿Y tienes que colgarlo en plena calle?
Danglard echó una mirada a la chaqueta
raída del anciano.
–¿Qué pasa? –dijo el viejo–. Estoy pasando
una mala racha. Esta chaqueta viene de uno
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de los mejores fabricantes de Londres. ¿Quieres
ver la etiqueta?
–Ya me la has enseñado, tu etiqueta.
–Uno de los mejores fabricantes, te digo.
Con un buen retal, ya verás el forro que le voy
a hacer. Me suplicarás que te lo dé, mi traje
inglés. Porque a ti, se te nota que te gusta la
ropa. Tienes buen gusto.
–No puedes dejar ese trasto aquí. Está prohibido.
–No molesta a nadie. No empieces a hacerte
el madero, que no me gusta que me repriman.
Al teniente, por su parte, no le gustaba que
se metieran con él. Y le dolía la cabeza.
–Vas a tirar el galán de noche –dijo con firmeza.
–No. Es mi bien. Es mi dignidad. No se puede
quitar eso a un hombre.
–¡Que te den por saco! –dijo Danglard dándole
la espalda.
El viejo se rascó la cabeza mientras lo miraba
alejarse. Esa mañana no habría moneda.
¿Tirar su galán de noche? ¿Un hallazgo así?
Ni hablar. Mantenía bien recta su chaqueta.
Y sobre todo le hacía compañía. Es verdad,
él se aburría a morir, todos los días en ese
banco. El policía no parecía comprender esas
cosas.
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Vasco se encogió de hombros, sacó un libro
del bolsillo y se puso a leer. De nada servía esperar
que pasara el comisario bajito y moreno.
Había llegado al alba, como de costumbre. Se
veía su sombra pasar delante de la ventana del
despacho. Ése caminaba mucho, sonreía a menudo,
hablaba de buena gana, pero no parecía
llevar mucho dinero en el bolsillo.
Danglard entró en el despacho del comisario
Adamsberg con dos pastillas en la mano.
Adamsberg sabía que buscaba agua y le tendió
una botella sin mirarlo realmente. Agitaba
una hoja de papel entre los dedos, abanicándose.
Danglard conocía suficientemente
al comisario para comprender, por la variación
de la intensidad en su rostro, que algo
interesante se había producido esa mañana.
Pero desconfiaba. Adamsberg y él tenían
conceptos muy alejados de lo que se entiende
por «algo interesante». Así, al comisario le
parecía bastante interesante no hacer nada,
mientras que a Danglard le parecía mortalmente
terrorífico. El teniente echó una mirada
suspicaz a la hoja blanca que revoloteaba
entre los dedos de Adamsberg. Se tomó
las pastillas, torció el gesto por costumbre y
tapó sin ruido la botella. A decir verdad, se
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había acostumbrado a ese hombre, pese a la
irritación que le producía el comportamiento
inconciliable con su propia manera de existir.
Adamsberg se fiaba del instinto y creía en las
fuerzas de la humanidad; Danglard se fiaba
de la reflexión y creía en las fuerzas del vino
blanco.
–El viejo del banco se está pasando de la
raya –anunció Danglard guardando la botella.
–¿«Vasco de Gama»?
–Sí, «Vasco de Gama».
–¿Y de qué raya se pasa?
–De la mía.
–Ah. Eso es más preciso.
–Ha traído un gran perchero al que llama
galán de noche y en el que ha colgado un harapo
al que llama chaqueta.
–Ya lo he visto.
–Y tiene intención de convivir con ese mamotreto
en la vía pública.
–¿Le ha pedido usted que se deshaga de eso?
–Sí. Pero dice que es su dignidad, que eso
no se le puede quitar a un hombre.
–Claro… –murmuró el comisario.
Danglard abrió sus largos brazos dando
vueltas por la estancia. Desde hacía un mes,
el viejo, que además exigía que lo llamaran
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Vasco de Gama, como si no estorbara ya lo
suficiente, había instalado su campamento de
verano en el banco de enfrente. Allí comía,
dormía, leía, y escupía alrededor huesos de
aceituna y cáscaras de pistacho. Y desde hacía
un mes, como si tal cosa, el comisario lo
protegía como si fuera porcelana. Danglard
había tratado varias veces de echar a Vasco,
cuya vigilancia le parecía no sospechosa,
pero sí pesada, y Adamsberg lo había evitado
cada vez mascullando que ya lo verían más
adelante, que el viejo acabaría cambiando de
sitio. Al final, estaban ya en julio, y Vasco no
sólo se quedaba, sino que se traía su galán de
noche.
–¿Vamos a quedarnos mucho tiempo con
ese viejo? –preguntó Danglard.
–No es nuestro –contestó Adamsberg levantando
un dedo–. ¿Tanto le molesta?
–Me sale caro. Y me pone nervioso: no da
un palo al agua, se pasa el día mirando la calle
y recogiendo montones de porquerías que se
mete en los bolsillos.
–Yo creo que algo hace.
–Sí. Pone una ramita en un sobre y se lo mete
en la cartera. ¿Eso es lo que llama «algo»?
–Eso es algo, pero no me refería a eso. Creo
que hace otra cosa al mismo tiempo.

Sobre el arte de escribir cuentos Victor Montoya

El Tío1, como todo diablo de vasta cultura y declarado defensor del cuento breve -brevísimo-, aprovechó una de nuestras conversas para darme una lección sobre el arte de trabajar la palabra con la precisión de un orfebre.
-Escribir un cuento breve es como grabar un verso de García Lorca en un anillo de bodas -dijo-. Así de fácil pero a la vez difícil.
Lo miré callado, pensando en que el Tío, a pesar de sus atributos de Satanás, jamás dice las cosas al tuntún. Es un tipo asaz inteligente, sabio en las ciencias ocultas y en las ciencias de ciencias. ¿Qué no sabe? ¿Qué no puede? ¿Qué no quiere? Es un modelo de constancia y rigor intelectual. Y, lo más deslumbrante, tiene una respuesta para cada pregunta. Así un día, mientras hablábamos de literatura y literatura, dijo: “Los hombres escriben cuentos violentos”. ¿Y las mujeres?, le pregunté. “Ése es otro cuento”, me contestó.
-En tu opinión, ¿cómo se distingue al buen escritor de cuentos? -le dije a modo de tantearle sus conocimientos.
-Para empezar, al buen escritor se lo distingue incluso por la forma de andar -replicó con la sabiduría de quien posee el don del genio y la magia de la palabra-. El escritor de fuste no necesita tarjetas de presentación, críticos ni reconocimientos. En él, más que en nadie, la pasión de escribir es como estar endemoniado, una forma de levitar al borde del delirio, de hacer añicos la realidad y contar un cuento en el cual la mentira es tan cierta que nadie la pone en duda, aparte de que su vicio de escribir en soledad es una enfermedad endémica y sin remedio. Nadie lo puede librar de esa atadura voluntaria, ni siquiera Cristo en calzoncillos…
El Tío, consciente de que la virtud del intelectual consiste en simplificar lo complejo y no en hacer más complejo lo simple, se daba modos de meterme los conocimientos como con cuchara, aplicando una didáctica más eficaz que la de un profesor emérito. Por eso cuando hablaba de un tema aparentemente difícil, como es la literatura, lo hacía con gran desparpajo y muchos ejemplos.
-¿Y cómo se sabe que un cuento es un buen cuento? -le pregunté con la curiosidad de quien aprovecha una charla sobre el arte de escribir.
-Cuando te atrapa desde un principio y el lenguaje fluye con fuerza propia, cuando el lector reconoce las situaciones del cuento y empieza a identificarse con los personajes, quienes, por su verisimilitud, dejan de ser puras invenciones para hacerse creíbles a los ojos del lector. Un buen cuento se parece a un caleidoscopio, donde uno encuentra nuevas figuras literarias cada vez que lo lee y lo relee. Claro que todo esto no depende sólo de la perfección formal del cuento, incluidos el argumento, el lenguaje y el estilo, sino de la destreza del autor, quien debe mantener el suspense del lector hasta el final. En el mejor de los casos, el cuento debe tener un desenlace sorpresivo e inesperado, porque un cuento sin un final sorpresivo es como un regalo descubierto en Navidad.
-Y si el cuento no atrapa desde un principio ni mantiene tenso el ánimo del lector hasta el final, ¿qué hacer? -le pregunté, mientras rememoraba los malos cuentos que escribí en mi juventud creyéndolos obras maestras.
-¡Ah! -contestó el Tío, reacomodándose en su trono-. En ese caso lo mejor es tirarlo como cuando se tira abajo un edificio cuyas puertas y ventanas aparecieron construidas en el techo. A propósito, García Márquez dice: “El esfuerzo de escribir un cuento corto es tan intenso como empezar una novela”. Y si el cuento, por alguna razón misteriosa, no sale bien desde un principio, lo aconsejable es “empezarlo de nuevo por otro camino, o tirarlo a la basura”, porque escribir un cuento que no quiere ser escrito es como forzar a una mujer que no te ama.
Me quedé pensando en que no es fácil ser albañil de la literatura, un oficio que parece reservado sólo para quienes, desde el instante en que conciben una historia en la imaginación, se sienten apresados en un torbellino de imágenes y palabras.

continuará…tomado de purocuento http://www.teecuento.com

lectora

 

Los momentos

El instante se fue. Quedó el almizcle de tus manos, recorrieron mi nuca y el cinturón de la espalda.
A tientas voy por el camino de aromas -es inútil, lo se. Tus besos fueron pájaros delincuentes.

pajaros al vuelo

Violeta de Felipe Garrido

Mamá me dijo que se la había llevado el Diablo, que no pensara en ella ni la buscara; que nunca iba a regresar. Y Lalo y Myriam, que son más grandes que yo, me hicieron señas de que era cierto, que eso había pasado con Violeta, nuestra hermana mayor. Yo tendría tres años; me daba miedo. Empecé a sentir una sombra. Iba de un lado a otro volteando, y me persignaba. Por un tiempo busqué su ropa, sus libros, sus cosas y si oía que en la noche un carro se paraba frente a la casa me levantaba para ver si había vuelto. La soñaba encadenada, envuelta en llamas y me despertaba llorando. La extrañaba. Ella me consentía, me rascaba la cabeza, dejaba que me durmiera en su cama. Y luego un día, mucho después, yo ya estaba en la escuela, vi a una pareja en la cola de un cine, con una niña. El hombre la tenía de la mano y abrazaba por la cintura a la señora, la besaba en la cara y ella se parecía mucho, mucho a mi hermana Violeta.

Mujer de reboos rojo