El escritor pasó lista a su palmarés y se dio cuenta que sólo le faltaba un premio por ganar, el de los narradores carcelarios. Lo único malo era que, para obtenerlo, tenía que estar preso. No lo dudó: fue a la casa del crítico que más odiaba y lo asesinó.
Lo que jamás imaginó, ni en sus peores pesadillas, fue que el crimen quedara impune.

CARCEL