Corriendo

Si me pienso mujer, corro desnudo, percibo el oleaje debajo de mi vientre.
Al ser hombre busco el tam tam que hacen los pechos, y al encontrar tu sexo  bailo contorsionando mis caderas; húmedo de gemidos nos volvemos cometas.

baile

 

La sugerencia

La lluvia menuda, fría, moja la oscuridad, los pastizales. Se oye el pujido asmático del camión de pasajeros que conduce a la ciudad. El grito de los pájaros anuncia su llegada. Si deseo abordarlo, es preciso salir corriendo de la cabaña hacía la carretera.
Ella me besa y me pregunta ¿Y si te vas temprano?

cabaña

«Y llegaré hasta la última consecuencia»

Ésta se enteró que estaba siendo perseguida, y se fue al laberinto.
“Aquí no te encontraran», -le susurro el Minotauro.

minotauro picasso

 

 

Diario de una mujer doce

 

“Siempre tuve la impresión de que un acto de infidelidad me dejaría con una sensación de vergüenza, con el sabor de haber masticado lo amargo de unas hojas, con un sentimiento sucio pegado en mi alma. Contigo las cosas tomaron un rumbo distinto; a tu lado sentí la suavidad de una pluma en mi cuerpo. Mi nombre fue hermoso en tu boca, tuve una sonrisa diferente. Nada tan tierno que verme en tus letras. En noches frías, tú sabías encenderme y despertar en mí a la mujer. Nada más cotidiano que vernos caminando por una banqueta del mundo, que tú cargas mis libros, y hurgo en tu costillar; que nos detenemos en cada esquina y contemplamos la gente que va, viene, corre porque el aguacero es inminente…”

paraguas dos

Auntenticidad

Nadie intenta suplir, cada quien es como es y eso lo define como auténtico. Amo a las personas por esta cualidad y no por la apariencia. Me río al imaginar a una campana que suene como rebuzno.

catedral teziutlan.

Literatura de Julio Torri

El novelista, en mangas de camisa, metió en la máquina de escribir una hoja de papel, la numeró, y se dispuso a relatar un abordaje de piratas. No conocía el mar y sin embargo iba a pintar los mares del sur, turbulentos y misteriosos; no había tratado en su vida más que a empleados sin prestigio romántico y a vecinos pacíficos y oscuros, pero tenía que decir ahora cómo son los piratas; oía gorjear a los jilgueros de su mujer, y poblaba en esos instantes de albatros y grandes aves marinas los cielos sombríos y empavorecedores.
La lucha que sostenía con editores rapaces y con un público indiferente se le antojó el abordaje; la miseria que amenazaba su hogar, el mar bravío. Y al describir las olas en que se mecían cadáveres y mástiles rotos, el mísero escritor pensó en su vida sin triunfo, gobernada por fuerzas sordas y fatales, y a pesar de todo fascinante, mágica, sobrenatural.

barco.

Las perlas

Por los pinares, las arañas se dan gusto tejiendo. Hacen collares para todo cuello; de hoja a rama o de rama en rama. Mañana llegará la helada; el rocío atrapado en la telarañas se transformará  en perlas.

telaaraña

Rboheme

La modernidad

Estas piedras que forman tu calle, situadas por los abuelos con el callo de sus manos,
son centenarias,crecieron con paciencia. son cultura. Sudor y paciencia de los abuelos; pensaron en los hijos de los hijos y tú político ignorante decides que es mejor una cinta de cemento gris que el ajedrez que ha enfrentado al tiempo. 

cuetzalan

Cuetzalan puebla

 

Búsqueda

Tu mirada parecía buscar barcos en la lejanía. Abriste. La luna descubrió tus pechos, el tul de la cortina danzaba. ¡Te busqué tantas veces!, sólo las naves en el horizonte pretendían la palabra, cerca las olas furiosas rompían en el acantilado.

paisaje mar

Sonata

Un día al año la luna se aparta del camino. Con su luz de cobre ilumina el viejo bosque, dentro, hay una casa abandonada; aluzada, cobra brillo la madera, la teja enrojece, los vidrios destellan. Se oye la sonata de Beethoven; al finalizar hay aplausos y sonrisas. Poco a poco la casa oscurece y la cubre el silencio.

monet otoño

A grandes males…

Le puso remedio a sus noches de insomnio. Partió a la funeraria y se compró un ataúd con respiradero; estaba hasta la madre de que todas las noches la sangraran los moscos. 

ataúd

 

El Mudo

Voy a los lavaderos comunales y las señoras me saludan con afecto y emoción. Aunque tengo lengua, ellas saben que soy mudo.
-Tome agua de mango que traje.
– Hay enchiladas de mole con huevo.
-Ser mudo no es el infierno, sobre todo si sabes manejar una lengua larga.

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Rafael latorre

Depresión

Era sagaz; Llegando la lectura a mitad de la novela, abandonaba. Intuía con mucha probabilidad el final y se deprimía.

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El último wisqui

La plática en el club, se hizo privada, sólo quedamos él y yo. Un recién egresado, y un viejo lobo de los quirófanos. En ocasiones habíamos transitado por los corredores del hospital, no era su íntimo, pues mediaba una clase social, una buena pila de años. Tal vez por los whiskies ingeridos, la soledad, el deseo de ser escuchado. No lo sé, después de que cada galeno habló sobre sus pacientes, sus errores, virtudes diagnósticas, sólo quedamos no más de cinco. Dos de ellos hablaron de anécdotas picantes, en lo que no habían participado ellos, y él, de vez en cuando decía “Sí, me lo contó el primo de una amiga.” después de la media noche, dijo, “me acompaña con la caminera” asentí con la cabeza, alcé mi copa y le dije salud.
¡Ah mis colegas!, son unas blancas palomitas. Debajo de la piel de un médico se esconden secretos complicados.
—¡Usted tiene uno?
—Tengo muchos, cómo los que un día tú tendrás.
De joven trabajaba como médico en una institución que ofrecía servicios de seguridad social y nuestros pacientes provenían de una clase social elevada. Un día, casi para terminar la consulta tocaron a la puerta. Era una prima. Pensé en aquel momento que quizá al ver mi nombre sobre la puerta, se había detenido a saludarme, gran sorpresa, pues estrictamente hablando, ella llegó en calidad de paciente.
Una prima con la que no convivía, tenía una gemela. Me confundía con ellas.  La recibí con agrado. Era una mujer que demandaba atención. Así que inicié la entrevista. Ella tenía la piel y el color de una aceituna, un blanco moreno con grandes ojos y profundas y largas cejas. ¿Qué me contestaría?, ¿qué dijo? no recuerdo. Algo, algo mencionó… algo pasó, que hizo que detonase mi deseo. El rostro de ella olía a complicidad. Arreglamos una cita. Cuando contactamos, en vez de irnos a un café, convenimos con los ojos, que no era saludable un lugar público. Fuimos a un motel.
Ambos sabíamos, lo hicimos y nos comportamos como cualquier pareja, o mejor dicho como pocas parejas. Pues lo prohibido motivó a que el deseo se fuese a la cúspide. Ella poseía un cuerpo formado, duro, gatuno, cuando sus piernas estaban a un lado de mi torso, o bien cuando ella me aprisionaba, decía » no sabes cuantas noches soñé que me tenías así y ahora que lo hago, pienso que es un sueño.
Estaríamos como tres horas y el descanso sólo era breve, así que dejamos de hacerlo, cuando el roce de nuestros sexos despertaba más dolor que placer. Ella se fue por un lado y yo por el otro. No hubo una segunda vez.
—¿Supo usted quién de las dos fue?
—No. Y cuando en una ocasión conviví con ellas, al verlas, no me atreví a investigar y preferí defender el recuerdo del lunar morocho alunado en su nalga izquierda.

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