Definición

Las pitahayas son muñequitas gordas, pecosas, con su falda rosa mexicano, que al bailar, mueven sus olanes.

pitahaya

El río y la moto

La carretera se pierde en la lejanía, Detrás, escucho el motor, que en instantes se hace ruidoso y pasa a mi lado. Es una motocicleta que en segundos se vuelve diminuta. Cuando corro, el sol cae sobre la espalda y mi sombra se inclina sobre la lengua gris del asfalto. Estoy en el pico del cerro, con un charco de sudor en la cabeza. Desde aquí, puedo tomar las nubes con la mirada, los árboles parecen arbustos. Casi podría lavarme la cara con el agua del rio. El río que corre abajo y parte los cerros. Hay un cielo con un azul transparente, sin nubes. Tengo mi garganta seca y la lengua pastosa y el sudor hace regatos por las mejillas. Mi sudor es lluvia y fluye. La moto viene de regreso y el rio se dobla y estira como una sierpe manchada de espejos.

rio amazonas

Vives en dos mundos

 

piernas

foto del google

No estés triste, vives en dos mundos. Soy el de la noche que se
desliza por tus pestañas y después rodea tus muslos.

 

Tu no cumpleaños

Las horas son peones, cada veinticuatro horas se levantan antes que el sol. Hoy es especial; es la fiesta de tu no cumpleaños. Avivemos la mirada cuando se prenda el fuego lunar.  Mientras,  tu sonrisa corre y el conejo reposa, tomaremos el te en los hombros de la montaña y despertemos a las flores de la hierba.

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La danza

Motiva y me da alegría que mi labor poética se extienda en el blog de «piedra y nido» de la escritora argentina Patricia Nasselo. Aquí el enlace: http://piedraynido.blogspot.com/search/label/Rubén%20García%20García?fbclid=IwAR2wDynxOB5onOMsiV9bHa-CvdhZLfOvxWkJMmIjZwt631EVd_1JF3N7WbI

aguacero

¿ Lo han visto?

El silencio se astillaba antes del canto de los gallos. Escuchaba el paso continuo de las bestias, aún de que me cubriera con la almohada. El ¡oh bestia, oh! de los arrieros. Mi casa recogía el eco de los cascos y los gritos de los comerciantes que venían tanto de la costa como de la montaña. Mañana es tiempo de plaza y llegarán de las rancherías, unos a vender, otros a comprar; y otros por el placer de encontrar viejos amigos, un pariente distante, o bien una madre que pregunta por su hijo y trae en las manos una vieja fotografía en blanco y negro. las autoridades y comisariados de tierras siempre tienen puntos en común: la de atender a las personas que solicita un servicio. La madre de la foto, no se cansa de recibir la misma respuesta: “no lo conocemos”, “no lo hemos visto”, ”¿ya preguntó al señor de la tienda?, López, gusta de calzar ese día, su traje de charro y traer el mejor caballo, atrás cabalga su esposa, lleva pulseras y aretes que hacen juego con el vestido. Alrededor del mediodía, la cantina principal está cerrada, solo se permite el ingreso a gente conocida por el presidente municipal o por el hermano que es quien facilita la entrada a los principales. Dentro, platican, se ríen y toman su cerveza, Aunque la energía eléctrica tiene dos meses que entró en funciones, todos la ingieren sin refrigerar. Refieren que el frío le mata el sabor y levantan la botella. En algunos la espuma no es contenida y resbala hasta el cuello causando risa y siendo objeto de bromas.
Se coló y cuando se dieron cuenta estaba en el centro de la reunión enseñando la foto gastada “Este es mi hijo por estos días estaría por cumplir los cuarenta años”
—¿Lo han visto?, ¿lo han visto? … .

foto de un hijo

Todos los textos que se ubican en la categoría de FICCIÓN BREVE son  de mi propiedad, cuando no se menciona al autor. La imagen es tomada del google.

 

Mirando tus quehaceres

Aún escucho tu voz cotidiana platicando con el viento. Con el rabillo del ojo te observo con tus quehaceres. Miras a través de la ventana y mueves la cabeza, seguro viste los fantasmas que van y vienen. Atizas el fogón: las chispas brincan como grillos espantados. Pruebas de la cazuela, y le das el visto bueno a los huevos revueltos con ajo, cilantro y ají. Afuera está la tina con agua que recién llené. Es agua de pozo, fresca y dulce. Salgo al patio y quedo me acerco. ¡Ah la luna que acude a su cita de fotografía, es una quinceañera que nunca cumple años!

Despues de la media noche, los fantasmas, el hambre y la luna se han ido, sólo son recuerdo, mientras en mi oído esucho el alboroto de tus suspiros entrecortados.

cocina

Rui de paula oleo. Texto RGG

Terror

Dañaste a reyes y aldeanos. La mayoría muertos, otros ciegos. En mi perversidad mezclaré tus ácidos para forjarte más letal. Me excita saber que un descuido puede ser mi mortaja. Un día, cuando nadie te nombre y solo seas referente, quitaré las cadenas y te dejaré olvidada en algún aeropuerto. Quince días después renacerás en forma de vesículas hediondas de pus y fatalidad. En la hecatombe te preguntaré desde mi fosa: ¿Estás satisfecha?
*La viruela es una enfermedad infecciosa producida por un virus. La viruela es una enfermedad exclusivamente humana, grave y contagiosa. Afortunadamente está declarada como erradicada de la tierra por la OMS (Organización Mundial de la Salud) desde el año 1979. Desde entonces solo se mantiene en dos laboratorios especializados para su estudio. Sin embargo, si se liberase el virus, por accidente o de forma deliberada, como arma biológica, volvería a asolar a la humanidad como antes de su eliminación mediante los procesos de vacunación llevados a cabo durante más de 20 años.

Un joven y la luciérnaga

¡Terrible! Él prefiere el silencio, que ser objeto de un desprecio. Apretó los puños, movió la cabeza y golpeó la palma izquierda de su mano, al mismo tiempo, que gritaba: ¡eres un pendejo! Harto de calle llegó al departamento, metió la llave con delicadeza, con el propósito de que el ruido no despertará a la familia; tampoco prendió la luz. Penetró a oscuras, rogando no tropezarse con alguna silla del comedor. En la penumbra de la recámara se puso el pijama. Se acostó en línea recta, a fin de no arrugar las sábanas de lino. En el silencio, percibió en su interior una luciérnaga que voló juguetona hacia su pubis y dio paso a una inesperada erección; a la cual cumplió con suspiros entrecortados—parecía un gatito con hipo— Esa satisfacción le daría las fuerzas para sostenerse en los días por venir.

Texto de R.G.G

Gata*

Es la única gata cuyo nombre es Gata. Así entiende. Por la mañana me sigue hacia la cocina, mientras tomo el café, se enrosca en mi pierna y maúlla breve: cómo diciéndome «¡A qué horas, me sirves!” En la noche, al retornar a la casa, me espera en el portón, -ella reconoce el ronroneo del carro y corre a recibirme-, no es que sea muy afectuosa, sucede que tiene hambre. Maúlla suave y prolongado, diciendo: ¡qué tarde llegas!
Gata tiene una historia de sobrevivencia, en eso se parece a mí. Pasa porque la vida convida sorpresas, misterios. Y es un misterio que yo esté con vida; como también lo es para ella.

* Los textos que no escribo el nombre del autor son de mi propiedad. En este caso la foto también.

Una rémora detiene a una flota de barcos

El viejo marinero, acomodó los barquitos sobre un mar de papel azul, Miró a los niños, se puso la gorra y con voz pausada se dirigió a los pequeños.
—Mi tatarabuelo que era capitán de los siete mares me dijo que en tiempos muy antiguos los barcos eran de madera. El vigía en la cofa estaba atento a lo que sucedía. Esa vez una flota se detuvo. Sobre las olas, había una rémora que hacía mil acrobacias: se levantaba unos metros de la superficie, daba de vueltas con gracia en el aire y parecía jugar con la espuma y la brisa, Al terminar, graciosamente doblaba su cabeza ofreciendo su respeto a los capitanes. Estos ordenaban que tronaran los cañones, primero uno, después otro; que era la forma de aplaudir y reconocer a la rémora. luego, cada barco seguía su camino.
—¿Y las rémoras son tan grandes como las ballenas? — preguntó Carlitos.
—No tanto, dijo el capitán— pero casi casi…

Siempre contesto al botepronto

Soy un hombre que responde al botepronto. Platica mi esposa con alguno de mis hijos y sueltan alguna palabra y de inmediato lo asocio con un hecho que sucedió en mi vida, y en un silencio que ellos hacen, tomo la palabra e inicio mi narración. Me escuchan un momento y uno de ellos me dice: —eso ya lo ha contado papá. Me callo y me voy hacia mis adentros y me cuestiono. ¿lo habré contado? ¿quizá me estoy volviendo un hombre de recuerdos e ideas repetitivas? Me levanto de la mesa, camino distraído por el sendero que lleva a la arboleda, voy de un lado a otro y no encuentro la fosa que me corresponde.

Soy capulín

Seguramente un pájaro me depositó en el patio de un tal sendero. Él tuvo la gentileza de dejarme vivir, y me dio de beber en períodos de sol y bochorno. Crecí sin saber que la vida me pondría un verde intenso en mis hojas y me daría flores tan blancas que podrían pensar que me cayó nieve; eso sería una locura en el trópico. Se abrieron, y exhalé un aroma dulce y penetrante que llamó a las abejas que prontas acudieron a succionar mi polen. fue hermoso tener tantas visitas e irme con ellas hacia lugares donde fecundaré a otros de mi especie. No sabía. A mis frutos que son de color azul oscuro, casi negro, pequeñas circunferencias que los niños se llevan a la boca y sonríen al ver maculados sus dientes. La gente tritura las esferitas y hace paletas y una bebida caliente que llaman atole, sí , atole de capulín. Cuando me zarandean, me da por suspirar y dejar un exuberante olor que complace a los sentidos más exigentes. Puedo entintar pasteles y servir de sombra a pintores que gusten contrastarme con su luz. Cómo muchos frutos que no somos comerciales, es posible que me pierda en el tiempo por las manos mezquinas del hombre, que piensa que los que no dan dinero, están de sobra.

 

El gallo

Intenso es el frío. Parece un gallo en el tejado. Un gallo de cuello vigoroso, que canta a la boca del oído. Un estertor que hace su cama en mis huesos. El frio medular que abre mis ojos a una alborada de dolor. No hay nadie, todo está en la profundidad de la calma. La enfermera se ha ido dejándome la promesa de que en los próximos momentos estaré mejor. Los ojos como canicas brillosas alcanzar a ver los círculos de luz que ruedan hacia uno y otro lado, son de variados colores, predomina el rojo, el naranja y el amarillo; después, lentos se consumen y queda la oscuridad y el recuerdo de mis desmemorias. Mi voz, el estertor del gallo se hicieron agua que escurre hacia la nada… — ya se durmió.

Los amigos

Cobijados por la tarde vieja, los amigos se despiden, cada quien marcha por diferente camino, unos a pie, otros en mulas. Lejos, ondean el sombrero; uno de ellos, quién está próximo a desaparecer, da la vuelta y sobre la colina el arriero chifla tres veces, deseando buena ventura. El que va hacia la sabana, se detiene y le contesta. Se vuelven diminutos y se pierden. Tal vez nunca volverán a verse, quizá en la próxima fiesta. Un año se va rápido. Nadie sabe, nadie se preocupa.