El viejo marinero, acomodó los barquitos sobre un mar de papel azul, Miró a los niños, se puso la gorra y con voz pausada se dirigió a los pequeños.
—Mi tatarabuelo que era capitán de los siete mares me dijo que en tiempos muy antiguos los barcos eran de madera. El vigía en la cofa estaba atento a lo que sucedía. Esa vez una flota se detuvo. Sobre las olas, había una rémora que hacía mil acrobacias: se levantaba unos metros de la superficie, daba de vueltas con gracia en el aire y parecía jugar con la espuma y la brisa, Al terminar, graciosamente doblaba su cabeza ofreciendo su respeto a los capitanes. Estos ordenaban que tronaran los cañones, primero uno, después otro; que era la forma de aplaudir y reconocer a la rémora. luego, cada barco seguía su camino.
—¿Y las rémoras son tan grandes como las ballenas? — preguntó Carlitos.
—No tanto, dijo el capitán— pero casi casi…