Intenso es el frío. Parece un gallo en el tejado. Un gallo de cuello vigoroso, que canta a la boca del oído. Un estertor que hace su cama en mis huesos. El frio medular que abre mis ojos a una alborada de dolor. No hay nadie, todo está en la profundidad de la calma. La enfermera se ha ido dejándome la promesa de que en los próximos momentos estaré mejor. Los ojos como canicas brillosas alcanzar a ver los círculos de luz que ruedan hacia uno y otro lado, son de variados colores, predomina el rojo, el naranja y el amarillo; después, lentos se consumen y queda la oscuridad y el recuerdo de mis desmemorias. Mi voz, el estertor del gallo se hicieron agua que escurre hacia la nada… — ya se durmió.