El nieto con su consola de videjuegos se aburre de Rubén García García

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Hace años el chipi chipi era interminable, que coincidía con las vacaciones escolares. De nada servía clavar el machete en medio de un círculo para que dejase de llover. La pandilla sufría por no jugar el fútbol en la calle. La ventana permanecía cerrada y cuando el sol se abría paso entre las nubes, una hora después volvía a oscurecerse y de nuevo la garúa. Hoy los inviernos son de días. Me dice el nieto que está aburrido. Me sonrío y recuerdo los aguáchales donde los gusarapos proliferaban. el coro nocturno de las ranas y la gota perseverante sobre la hoja del plátano…La cocina de mamá era un refugio con olor a café y plátanos fritos y arriba del ropero algunos libros que me abrasaron la imaginación.

▷ Niño jugando videojuegos dibujo | Actualizado enero 2022

La burra no era arisca de Rubén García García

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Cada vez que el martillo se levanta para hundir el clavo, mi dedo huye.

La propuesta abortada de Rubén García García

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Sentados en el café te propuse matrimonio en el preciso momento que una amiga tuya te nombró.

—¿Qué me dijiste?

—¿No escuchaste?

— No, mi amiga me distrajo. Por supuesto que sí había escuchado; tiene un oído agudo, lo he comprobado. Sólo te dije que la noche te hace ver más hermosa. Vi en su cara una sonrisa forzada y el beso que me dio en la mejilla apenas si rozo mi piel. No puedo evitarlo. Si alguien o algo me interrumpe en un momento vital, la percibo como una advertencia que me hace la vida.

Van Gogh, el pintor incomprendido

A veces me da por ser cursi de Rubén García García

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Mi corazón parecía un sapo, tenía un episodio de brincos cuando su boca húmeda hacia nido en mi cuello. Minutos después entre sus fauces esperaba la inminencia de su embestida. Recuerdo su pelo negro de pantera y aquellos saltos suaves y finos hasta depositarme en su madriguera. ¡Señora si supiera como la recuerdo! Ser consumido por sus ansias es bailar en los cielos.

Pantera paseaba en hotel | El Diario Ecuador

Los caballeros ingleses no pueden llegar media hora tarde de Rubén García García

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Luego vengo, dijo.  Toma su gabardina, besa tu mejilla y sale. Es la madrugada y no ha vuelto.  Antes de que se fuese lo abrazó y su boca  resbaló sobre el cuello. Los senos se abultaron cuando los empujó sobre su pecho. . -«Es una reunión de caballeros”.

“¡Bah!, los caballeros ingleses no pueden llegar media hora tarde”

Te veo salir del baño. La bata semiabierta y una toalla sobre tu pelo.  La seda le va bien a tu cuerpo, vientre breve y sensuales caderas. Frente al espejo cepillas tu pelo, diviso tu piel y un rosa canela que circunda tu pezón. El perfume de sándalo se dispersa en el cuarto. Te tiendes sobre la cama, y esperando al compañero el sueño ha cazado tu conciencia y duermes. Tus ojos de color carbón se han cerrado, solo queda a la intemperie la uva de tu seno.

No entiendo la indiferencia de tu varón. ¡Cómo no entregarse a tus colinas llegando a las playas de tu vientre y mezclar el aliento con tu garúa íntima! Salgo del escondite y estoy a tu lado. Por más que intento sacudirte con mi ánimo, no despiertas. Me voy a mi guarida a rumiar mi desorden, que por supuesto, ya no es de este lugar, aún recuerdo las veces que espiaba a las parejas en su procesión de quejidos. Hermosa mujer, yo también me he decepcionado de tu esposo y me he quedado con el deseo de perturbar lo que resta de mis sentidos.

LA MUJER FRENTE AL ESPEJO — Steemit

Ya ni llorar es bueno

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Ella me dijo, quédate un rato más y le hice caso. Después de que no hubo presupuesto para la torre de Babel, se fue con alguno de los trabajadores que le prometió los jardines de Babilonia

Luisa Oceguera on Twitter: "Josealfredo se dio cuenta pronto que lo suyo no  era la portería sino la vaganDIGO la bohemia y la música ranchera.  Trabajaba como mesero en un restaurante yucateco

Nuestro gran Monterroso de Rubén García García

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El huracán levantó de la selva cientos de iguanas, que formaron una franja de verde antiguo. Enorme espectáculo que pensé que eran crías de Dinosaurio festejando a Monterroso.

Diseño de fondo transparente con iguana verde | Vector Premium

Este día hace 76 años mi madre daba a luz, breve historia.

Tengo por fortuna a mi madre con vida. 96 años, privilegiada mente, con recuerdos presentes y pasados. Mi padre murió de un cáncer que en nuestros tiempos hubiese sido curable. Soy el mayor de cuatro hermanos, a quienes amo. Progenitor de cuatro hijos, y cuatro nietos. De profesión me recibí de médico y despues hice una maestría en salud pública. Desde mi adolescencia me daba por escribir ocasionalmente. En los primeros años del 2000 me dio por hacerlo con más frecuencia y rigor. Actualmente sé que me falta, si comparase la narrativa con mi profesión, sería un auxiliar de médico. No me siento satisfecho. Tal vez nunca lo esté. Lo hago por la sencilla razón de que me gusta, si no lo hiciera me consumiría en el laberinto de mi mente.

Mi nacimiento si la escribiese sería una narración extensa salpicada de risas drama y coincidencias, pero solo sería una narración sin chispa.

La vida me ha permitido vivir mucho más de lo que vivió mi padre. Y la inmensa felicidad de ver con vida a mi madre, ninguno de mis hermanos ha muerto, mis hijos y nietos me hacen sentir la vida en su grandeza. Molesta, que nuestra madre tierra agonice, que los que vivimos, hacemos muy poco para socorrerla. Me hieren tantos incendios de bosques, tantas amenazas de guerra por parte de los mandatarios. Tanto avance tecnológico no ha servido para respetarnos entre nosotros. Nuestro interior sigue atado a lo peor del cavernícola que puede justificarse. ¿Cuántos años de paz ha gozado la tierra? les aseguro que muy pocos.

Me rompe el corazón que si vamos en la misma nave sigamos discutiendo temas intrascendentes, cuando el final quizá se encuentre a la vuelta de la esquina.

Es cierto cumplo años, pero no encuentro motivos para festejarlos. El abrazo de mis amores me consuela, pero no es suficiente, Creo que el hombre ha aprendido a no aprehender. Para los de mi época «no les ha caído el veinte»*

  • el veinte es una moneda que se usaba para hablar por teléfono. En el momento que caía, entraba en automático la linea, la voz lejana.
Puede ser una imagen de persona, niños, de pie y scooter
el nieto más pequeño

Lo que el río lleva de Rubén García García

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Llegaron al río las lavanderas de ropa con su chorcha de hijos, cargan la maleta pesada; y las crías lo que pueden. Cada una tiene su sitio, piedras dispersas que el tiempo modeló como bateas. Muchos varones se fueron a su milpa, otros a cuidar el ganado del patrón y algunos más agarraron camino hacia no sé dónde. La chamacada disfruta. Los grandes cuidan a los chicos, que miran curiosos el ir y venir de los peces. Los zopilotes vuelan en círculo, una parvada de cotorros cruza el cielo gritando y se posan en la arboleda que crece por la cañada. La corriente va, tropieza, y su murmullo es un rezo que nadie escucha. Un cuerpo con pantalón de mezclilla con la panza descubierta es arrastrado por la fuerza del agua. Una de las mujeres se da cuenta, avisa a las demás. No hay que afligirse, el muerto no es del lugar, es del algún pueblo de la serranía. Saben que abajo el ahogado quedará varado entre lajas, alguien lo verá y dará parte a la autoridad, que ya estarán llegando a la cantina de Don Julio, para protegerse contra el sopor de la tarde. Se despacha mejor allí, con una cerveza fría en la mano, que en la polvosa oficina.

Lavanderas | Raíces

En la noche un berraco llora de Rubén García García

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El sillón cruje cada vez que te meces. Los recuerdos te asaltan.  Y la náusea, la corrupción, lo servil. se abren paso. “Trabajas” porque sientes que tu labor de líder es esencial. Tienes miedo a que tu orden sea menospreciada. Nada es para siempre, dices, pero deseas alargar el tiempo hasta el fin.  Te levantas enérgico y repites que mañana serás otro hombre. Balanceas con coraje y la poltrona se rompe. Tu cuerpo inmenso queda atorado. ¡Uf, mira como el machete del jardinero te ha traspasado! ayer lo despediste porque cortó la enredadera que en su floración era tu remanso. A un lado de tu mano está la lima que tú le diste para que le diera filo. Sí, que hizo buen trabajo. Qué cosas, ordenaste que deseabas estar solo… y tu palabra se cumple. Mariquita, tu esposa, está en la iglesia. Cada vez más lejano se oye el berraco gemir.

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En el dormitorio de Rubén García García

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Bastó un balazo, y fue viuda esa noche. Mañana será un día agitado. Su lavado de dientes, la bata rosa de franela y las tres aves maría para ahuyentar las pesadillas.

mujer-arrodillada-al-pie-de-la-cama-con-ojos-cerrados-orando-en-oracion -  Prensa Impacto

A mitad del río de Rubén García García

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He dormido tanto que no me despierto. Entre la corriente llegan pececillos. Frente de mi hay uno de buen tamaño que parece mirarme. Lo reconozco y lo recuerdo con su montura de plata. Sacó la pistola y yo hice lo mismo. A la vera del río nuestros caballos disfrutan de los retoños.

covaza | Covaza Nutrición Equina

La señora de la limpieza de Rubén García García

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Un mes trabajando el cuento, a media res había sido la mejor manera de presentarlo. A las tres de la madrugada resolví acostarme. Por la mañana, fui a la oficina, la señora de la limpieza me dejó el cuarto impecable. Encontré una sola hoja, una frase: «aprovechen el viento, nos despoja del sopor, oxigenamos con aires de montaña el espíritu y una segunda ráfaga, que tal vez nunca llegue.

Era el tiempo de la “Olivetti” y la campana del camión de la basura se oía lejos de mi calle.

Camiones de limpieza no paran todo el día | Periodico Noreste

Cenarás conmigo

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Para Dainini

Si me hubiesen preguntado a quien prefieres: a mamá o papá, contestaría que a mi papá. Qué él me hablase golpeado, cortante o que no me nombrara me dejaba muda de sentimiento. Un día previo en la escuela vi a Margot como dejaba caer un chicle en la bolsa del maestro. El mentor metió su mano para buscar sus llaves y… -Tu fuiste Margot. -Yo no fui maestro, pregúntele a Dané. Por la mañana, mi padre al ponerse el calcetín, se encontró con un horrible chicle que yo le había puesto. Sus ojos sobre los míos y yo esquivando su mirada. No tuvo que preguntar…Estas castigada, no compraré las galletas que te gustan. Esa noche iba en el auto con mi padre. Me distraía con el fulgor de las figuras que adornaban las calles de la ciudad. Aparcó el carro frente a la tienda de pasteles. La vitrina rebosante de panecillos.—¡Papá papá cómprame mis galletas! —Ya no recuerdas que estás castigada. — Le contestó con voz seca. Ella hizo un silencio.—Ahora vengo.—¡No me vas a llevar! Se fue sin contestarme.—No pude más y lloré. Silenciosas corrieron por las mejillas. lloré sin gritos con un dolor que se atoraba. Cuando un extraño tocó el parabrisas del carro. —¡Niña! niña… estás de suerte, mira que mi hija no quiere galletas de chocolate y me da tristeza tirarlas. Te las regalo. Y dejándomelas siguió su camino. Ella no se atrevió a decirle. Durante los años siguientes creí que la fortuna me había sonreído, por haber degustado las crujientes achocolatadas. Hoy es Navidad y recordé a mi padre con su sonrisa abierta y sintiendo su abrazo apretado. Ahora entiendo que el desconocido que me las obsequió era mi padre…-Danéee, Danéee… ya estás lista! Apúrate o llegaremos tarde para la cena de navidad.

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Cielo nublado de Rubén García García

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Te desperté, tu cuerpo se tensa al escuchar mis pasos. Por un instante se abren tus ojos, pero vuelven a cerrarse. Pasaron los días en que comíamos ciruelas del mismo plato. Creí que había interrumpido tu sueño. Te veo y no estás. piso como gato, como si no estuviese. ¿Quién ha cavado en nuestros cuerpos que solo ha dejado la soledad? Cascarones de carnaval inundados de ausencia. El hijo que un día deseamos, quiza leyó que era mejor volverse una estrella fugaz.

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