La niña responde el teléfono:
– ¿Ayoo? Shi ?
– Hola mi pequeña habla papá, ¿está mamá cerca del teléfono?
– No amá tá adiba en la cama con tío Dobeto.
Tras una pequeña pausa, el papá dice:
– Pero mi amor si tu no tienes ningún tío que se llame Roberto.
– Ti teno, etá a cama co mamá, me dijo no molete po un datito…!!!
– HUMMMM, bien entonces quiero que hagas esto que te digo “Deja el teléfono en la …mesa, sube corriendo a la habitación de mamá, golpea la puerta y le gritas que el coche de papá está entrando en el garaje de la casa”
– Tá bien pá, pera un datito.
Unos minutos más tarde la niña vuelve al teléfono:
– Ya ta papá.
– ¿Y qué pasó hija?
– Beno, mamá neviosa, saió e a cama nesnuda y codía adededor a cama gitando, y topezó con afombra se gopeó a cabeza co a mesita e lu, quedó tidada al suelo. NO SE MEVE.
– Ah, caramba…!!!
– ¿Y que le pasó a tío Roberto?
– Saió e a cama, esnudo … Taba atutado, e tidó vetana de atás a da picina, agua no taba, po te tu la sacate pa pintala. Caió co a cabeza nel fondo, y. NO SE MEVE. .
Larga pausa……!!!
Larguísima pausa……!!!
El papá dice:
– ¿Piscina?… Perdón… ¿Eres Mariana mi hija?
– No…… tá tivocao.
En un documental realizado hace cerca de veinte años, un grupo de estudiantes de cine se propuso recorrer América Latina para preguntar en cada uno de los países que integran la región si conocían la canción Vereda tropical. Sin excepción, todos los encuestados la habían escuchado y hasta podían cantar su primera estrofa:Voy por la vereda tropical, la noche plena de quietud con su perfume de humedad. En la brisa que viene del mar, se oye el rumor de una canción…”
Bolero compuesto en 1937 y estrenado en 1938 en la película mexicana Hombres de mar, es, huelga decirlo, mexicano, fruto de la inspiración de Gonzalo Curiel, nacido en México en 1904 y fallecido el 4 de julio de 1958
Refiere su hijo Gonzalo al períodico Excelcior acerca de su padre
Mi papá tocaba el piano y el violín desde muy niño. Era su gran pasión, pero mi abuelo Juan N. Curiel, contador de profesión, no quería tener un hijo ‘artista’, porque para él los músicos se morían de hambre y llevaban una vida demasiado complicada”,
Obedeció a su padre, lo más que se pudo; hasta que dejó la carrera de medicina para dedicarse a la música. Su padre no le perdonaría nunca tal atrevimiento.
Existe un sinnúmero de historias alrededor de esa canción. Incluso Chavela Vargas afirmaba que ella sabía dónde estaba la famosa vereda tropical en la que mi padre se inspiró y que inmortalizaron todos los intérpretes posibles como ella misma, Pedro Infante, Emilio Tuero, Jorge Negrete, Javier Solís, Pedro Vargas, Eydie Gormé y Los Panchos, Fernando de la Mora, Plácido Domingo, Marco Antonio Muñiz y Presuntos Implicados, entre otros.
Arturo Márquez, compositor que ha llevado al danzón a las grandes salas de música de concierto del mundo, ( Sendero blog, lo tiene en sus carpetas) afirma que la música de Curiel es “de una belleza sobrecogedora y Vereda tropical ha sido un tema que los boricuas, cubanos y venezolanos.
traspasó fronteras a partir de que el hermoso bolero apareció en la película Hombres de mar, que dirigió Chano Urueta. El filme contaba con música de Manuel Esperón y con la actuación de Esther Fernández, Domingo Soler y Arturo de Córdova. Refiere su hijo:
Fue un hitazo inmediato de mi padre. Esther Fernández, intérprete principal, no cantaba del todo bien, así que mi papá decidió que la doblara Lupita Palomera. La carrera de Lupita también se fue para arriba.”
En su breve vida y su largo trabajo formó su propia orquesta y compuso obras clásica como es el piano concierto No 1 Otras canciones las tendremos en el blog, posteriormente.
Un amigo ordenando sus cosas encuentra un recibo de unos zapatos que mandó a arreglar hace 8 años y que nunca recogió. Piensa
-Será que paso a ver si todavía existe la zapatería y¿ si me tienen esos zapatos?
Al día siguiente llega y la zapatería existe aún, le pasa el recibo al zapatero y éste dice:
-Jueeeputa…………….mae…… esto si es viejo, dejáme a ver si están, pero lo dudo.
El tipo se mete y pasa 15min, 1/2 hora, 1 hora, 2 horas.. y sale todo mugriento, sudado, y le dice:
-Puta man !TENÉS SUERTE guevón……………… sí los encontré. ¡Pero están p’al jueves!
Saldaña es una institución en sus años finales rescató cantantes y compositores para darlos a conocer a los jóvenes . El programa «Añoranzas» . En éste, se encuentra la hija de Alberto domínguez que cuenta la historia de algunas de sus canciones «mala noche». Se da reconocimiento a Abel y Alberto Armando, hermanos y compositores que dejaron un legado de sentimiento y arte. Tenor invitado Garcel, de Colombia. Si tiene tiempo, es romántico, y tiene algo frío en la mano, pues disfrútelo.
El resto de los vídeos, ser´na dedicados a los hermanos Domínguez.
Un hallazgo Canta la hija de Alberto Dominguez
La cantante se llama Dora Luz, fue un proyecto de Disney y Salvador Dali
Ahora puedo sonreír y decir Destino Mi corazón estaba triste y solo Al saber que solo Podías traer mi amor a mí Destino Este corazón mío está emocionado ahora Mis brazos vacíos están llenos ahora Como deberían ser Para llegaste Fuera de un sueño Recuerdo que viniste Para responder a mi llamado Sé que ahora eres mi destino Seremos como uno solo porque conocemos Nuestro destino de amor Destino, destino, destino, siempre que sigo, sigo, sigue mi Destino …
Caminaba un viejito por el bosque cuando escuchó una débil voz a sus pies. Se agachó y descubrió que quien le hablaba era una ranita.
«Soy una princesa hermosa, erótica y sensual, diestra en todos los placeres de la carne y el amor.
La reina mala, envidiosa de mis encantos, me convirtió en rana, pero sí me das un beso volveré a ser bella.
Entonces te daré todos los goces y deleites que mi voluptuoso temperamento puede producir». Sin decir nada, el viejito levanta la rana, se la echa al bolsillo y sigue su camino… Desconcertada, la ranita asoma la cabeza y le pregunta:¿Qué?¿No me vas a besar?
-¡Por supuesto que no! «A mi edad es mucho más divertido tener una rana que habla, que una pinche vieja loca, maniática sexual, y que me chingue mi pensión……ni madres!
Dichas canciones han sido grabadas internacionalmente en diferentes ritmos, entre ellos el rock y el jazz. Algunos de sus intérpretes más reconocidos son Frank Sinatra, Dave Brubeck, George Shearing, Erroll Garner, Oscar Peterson, Gerry Mulligan, Cal Tjader, Woody Herman, Benny Goodman, Nat King Cole, B. B. King, Sarita Montiel, Javier Solís, Vikki Carr, Simone, Raphael, Raúl di Blasio, Marcel Azzola, Andrea Bocelli, Plácido Domingo, Filippa Giordano, Café Tacvba y Luis Miguel, así como grandes bandas, grupos de música popular, orquestas sinfónicas —las cuales han realizado arreglos especiales para estas obras— y muchos artistas más quienes han hecho posible que la música del maestro Domínguez siga vigente hasta nuestros días.
Glenn Miller lo llamaba Musicalizador de las Segunda Guerra Mundial debido a que, según palabras de Miller: “Cuando llegaba con mi espectáculo musical a los diferentes frentes que visitaba para distraer a los soldados, la canción que más solicitaban era Perfidia”, comentaba el jazzista estadounidense.
Nace en San cristobal de las casas Chiapas en 1905. falleció el 2 de septiembre de 1975 siendo Vicepresidente de la Sociedad de Autores y Compositores de México, de la que también fue socio fundador. Su cuerpo fue inhumado en el Lote de Compositores del Panteón Jardín.
Todavía se puede encontrar en internet un artículo del escritor español Andrés Ibáñez, publicado el 22 de marzo de 2009 en diario español ABC. Es un texto contra la minificción: una invectiva que desarrolla el viejo tema de que el microrrelato —así lo llama Ibáñez— es sólo un chiste sin mayor mérito, una ocurrencia que prefieren quienes no quieren o no pueden esforzarse en escribir algo más meritorio, es decir, una novela. El texto estaba escrito para indignar y lo consiguió, a juzgar por la respuesta de un buen número de cibernautas españoles que discutieron la cuestión, en muchas ocasiones de forma airada, mientras le duró la novedad.
He aquí los dos párrafos iniciales del texto de Ibáñez:
¿Conocen ustedes la anécdota de Tolstoi y los microrrelatos? Después de escribir varias novelas de inmensa longitud (Guerra y paz, Anna Karenina, Resurrección), un periodista le preguntó al anciano escritor que por qué no intentaba el género del microrrelato. Y Tolstoi, que nunca tuvo pelos en la lengua, contestó: “Porque son muy aburridos.”
Me parece una excelente respuesta. Los microrrelatos, en efecto, son muy aburridos. Y no es ese, probablemente, el peor de sus defectos. Me atrevería a decir que los microrrelatos son a la literatura lo que un sobrecito de ketchup es a la alimentación humana. En otras palabras, que los microrrelatos no son en realidad literatura porque no son, en realidad, nada. No son un género literario. No son un relato muy breve. No son “el resultado de una enorme depuración expresiva”. En el 99.99 por ciento de los casos no son más que chorradas. Y chorradas llenas de clichés, además. Microrrelato: la mínima extensión que puede alcanzar una obra literaria de calidad pésima.
Como se ve, la entonación es más importante que la argumentación en el artículo; no reproduzco el resto porque sigue más o menos la misma línea y, en realidad, no ofrece argumentos que no se hayan reproducido en cien ocasiones: los lugares comunes, por otra parte, incluyen la riqueza mayor de los textos abundantes y lo “fácil” que es escribir breve. En el fondo el texto no es más que una bravata: la manifestación de una pose más o menos estudiada, como tantos que se publican en todas partes.
Me interesa más notar el hecho de que el arranque del texto de Ibáñez, la anécdota de Tolstoi, es una mala minificción: un chiste conservador. Parte de un lugar común —reducir a Tolstoi a la caricatura de “el tipo que escribía libros gordos”— y entonces, sin ninguna ironía, agrega la sugerencia de que le divertía escribirlos y, tal vez, también leerlos: poco más podemos inferir de que el microrrelato aburra al personaje. Ni siquiera se aprovecha el anacronismo de que el concepto de la minificción se inventó después de la muerte de Tolstoi.
Sólo hay una o dos cosas en las que Ibáñez acierta, y una de ellas es que no hay muchas buenas minificciones. La de él es un ejemplo. Por otro lado, eso significa que la narración debe ser realmente fácil de mejorar. Intentémoslo.
Tendríamos que empezar por considerar el remate. Como no se trata de mostrar fidelidad a la realidad histórica ni a ningún dogma literario, sino de crear un texto interesante, podemos quedarnos con el anacronismo de oír a Tolstoi opinando sobre la minificción, pero también podemos buscar una paradoja auténtica: la paradoja, en una buena minificción, acostumbra ser un modo de confrontar las ideas preconcebidas del lector, y no de reforzarlas. Digamos, sólo por seguir con el juego, que a Tolstoi no le disgustaban las minificciones sino que le encantaban, pero no las escribía porque no era capaz. Una nueva versión de la anécdota con este cambio paradójico podría ser:
¿Conocen ustedes la anécdota de Tolstoi y los microrrelatos? Después de escribir varias novelas de inmensa longitud (Guerra y paz, Anna Karenina, Resurrección), un periodista le preguntó al anciano escritor que por qué no intentaba el género del microrrelato. Y Tolstoi, que nunca tuvo pelos en la lengua, contestó: “Porque son muy difíciles.”
Está un poco mejor, tal vez, pero ahora hace falta eliminar la palabrería: nada de presentaciones del autor (”Conocen ustedes”, etc.) y nada de explicaciones: si alguien no sabe quién fue Tolstoi lo aprenderá mejor de Guerra y paz o Ana Karenina, de un libro sobre el escritor o de Wikipedia. Y precisamente el sentido de una buena minificción es jugar con lo que su lector ya sabe: el efecto de las relaciones intertextuales llega al máximo posible en la minificción porque apenas hay más que esas relaciones ante la vista del lector. Así que la siguiente revisión podría ser:
Un periodista le preguntó a Tolstoi que por qué no intentaba el género del microrrelato. Y Tolstoi, que nunca tuvo pelos en la lengua, contestó: “Porque son muy difíciles”.
Pero todavía no es suficiente. La acotación “que nunca tuvo pelos en la lengua” podría haber servido en la “denuncia” de la minificción que está en el fondo del texto de Ibáñez, porque la frase hecha sugiere que se habla de una persona valiente, que no tiene miedo de incomodar a otros con sus opiniones. A esta altura, sin embargo, la declaración de Tolstoi ya no es un “atrevimiento” en el sentido que pretendía tener en el texto de Ibáñez. La acotación se puede quitar, por lo tanto, y junto con ella puede eliminarse también la mención explícita del periodista, que tampoco sirve de nada pues la pregunta podría hacerla Turguéniev, Dostoievsky, el Dalai Lama, cualquiera. Una nueva iteración podría ser, por tanto:
Le preguntaron a Tolstoi por qué no intentaba el género del microrrelato. Él contestó:
—Porque es muy difícil.
Pero todavía no es suficiente. Como en este caso la opinión paradójica de Tolstoi se ha vuelto más llamativa que cualquier otra cosa, la intervención del narrador podría eliminarse por completo para que no le estorbe y el texto podría quedar así:
—Señor Tolstoi, ¿por qué no intenta el género del microrrelato?
—Porque es muy difícil.
O más enfáticamente:
—Señor Tolstoi, ¿por qué no escribe minificciones?
—¡Porque son muy difíciles!
Tal vez el resultado tampoco es tan bueno. Un lugar común en el que también acierta el texto de Ibáñez es el de que muchos creen que hacer minificción es fácil. Pero aquí, como en el trabajo habitual de la minificción, tal vez todo lo que queda, luego de tantas podas y modificaciones, es tirar el texto a la basura. Algo que no siempre se ve es que la minificción no trata de lograr la brevedad por la brevedad misma; quienes buscan el cuento más corto del mundo (típicamente se plantea así: el que supere en brevedad a “El dinosaurio” de Monterroso) corren el riesgo de caer en una suerte de machismo al revés (“a ver quién la tiene más chica”) y producir meros juegos derivativos, gestos imposibles de leer sin una larga glosa… y en efecto, aburridísimos; esto es el otro juicio con el que Ibáñez, si no consigue ser original, al menos tiene razón.
Por otra parte, hay algo que Ibáñez, y algunas de las (pocas) personas que lo defendieron razonablemente, no tienen en cuenta en ningún momento: la mayoría de las minificciones que valen la pena existen acompañadas, pero no de un aparato de lectura a modo, sino de otras minificciones: se escriben y se publican en series y su propósito no es que tengan la contundencia de un cuento tradicional sino que logren, por acumulación, una impresión de vastedad distinta a la que logra una novela: la de las variaciones que se pueden crear sobre un concepto, una idea, una referencia intertextual, un tema. Quienes atacan la minificción declarando que no conocen buenos libros completos de la especialidad deberían asomarse, por dar sólo unos pocos ejemplos, a la obra de Ana María Shua, de José de la Colina, de Mario Levrero, de José Luis Zárate…, todos llenos de este tipo de series. Es muy difícil escribir, desde luego, buenas colecciones así, porque cada “término” de la serie debe proponer efectivamente alguna novedad y no quedarse en el refrito o el chiste fácil. Pero puede hacerse. A lo mejor algún microcuentista de talento podría, incluso, crear una sexta versión de Tolstoi y colocarla en un conjunto que ironizara sobre ideas recibidas, que hablara de las especialidades literarias…
Todo esto tiene el propósito de sugerir que la “depuración” en la que Ibáñez no cree sí es posible. Hay quienes la llevan a cabo y han producido, luego de muchos trabajos, textos extraordinarios. Es cierto que la mayor parte de las personas que escribe minificciones no se toma nada de este trabajo y produce (y publica, dios nos asista) pura porquería. Pero también es una porquería la mayor parte de los grandes y gordos novelones, las esbeltas nouvelles, los discursos de los políticos, los planos arquitectónicos, las composiciones musicales, los peinados en el salón de belleza, los planes de gobierno, etcétera.
Una última observación: si a usted le interesa leer y no le gusta la minificción, no la lea. Así de fácil. Déjenos leer en paz a los demás y no habrá ningún problema. Pero si le interesa escribir y no le gusta la minificción, entonces léala de todos modos: busque buenos ejemplos, aunque le cueste (aunque haya tantos textos malos por ahí, aunque no se sienta cómodo en historias de menos de 500 páginas) porque de lo que se trata en su caso es de enterarse de todo lo que hay, de ir un poco más allá de lo que ya conoce. Vea los desfiguros de quienes lo rodean y se dará cuenta de que usted está, aunque sea por poco, en el grupo de los más amenazados por los prejuicios y los clichés.
Publicado en la edición 149 de Crítica
Por Alberto Chimal
Alberto Chimal es un escritor mexicano. Autor de más de una docena de libros de narrativa, ensayo y dramaturgia; colaborador frecuente de revistas y suplementos, y profesor y coordinador de talleres con larga experiencia, Chimal ha sido considerado “uno de los escritores más originales y enérgicos” de su país (de acuerdo con CNN en español) y uno de los 100 mexicanos más destacados de su generación (según la revista Día Siete). Además es el primer autor de su generación en ser objeto de un volumen de estudios académicos: la colección Mito, fantasía y recepción en la obra de Alberto Chimal, compilada por Samuel Gordon y publicada por la Universidad Iberoamericana.
Esta gran canción fue compuesta por Pepe Guizar en 1954, nacido en Guadalajara en 1912; decidió fotografiar con palabras la belleza de la que consideraba la ciudad más mexicana. La fidelidad y poesia con las que describió esta región, le valieron su apodo de Pintor Músical de México con el que fue reconocido cuando trabajó en la XEW de México.
Guizar nos lleva en esta canción a las colonias y municipios de Guadalajara, en especial a Zapopan, pasando por Tlaquepaque y la laguna de Chapala. Nos habla de su lluvia y el sonar de las campanas, nos describe olores, comida y tradiciones como los gallos y el mariachi. (http://tusamigosenmexico.tumblr.com/post/25576383588/nuestras-canciones-guadalajara)
Estudió leyes pero;
«Una vez, me acuerdo, cuando cursaba el tercer año, me tocó acompañar a un actuario para llevar a cabo un deshaucio. Me dio tanta pena que fui a casa, robé dinero de la caja fuerte de mi padre y liquidé el adeudo de aquella familia que iba a ser echada. Yo no serviría para abogado.”
Para el pueblo de México Pedro cada día canta mejor. Libertad Lamarque cino de la pampa argentina y nos deja su recuerdo. Lo que verán está tomado de una película.
La inauguración de los juegos panamericanos fue una fiesta de folklor. Tb se canta Guadalajara y algo más con Vicente Fernández.