GALLETAS DE NAVIDAD

Ella vio a su amiga Margot poner un chicle en la bolsa del pantalón del maestro y con picardía le cerró el ojo, al tiempo que el dedo índice cruzaba los labios de su boca. Cuando el mentor de primaria, metió la mano para buscar sus llaves, se encontró con el pegajoso chicle. —Tú fuiste Margot. —No maestro, yo hacía mi tarea con Dané. ¿Verdad Dan, que sí? El maestro movió la cabeza y siguió su clase. No dándole mayor importancia. Una mañana, cuando su mamá había dispuesto la ropa que calzaría su papá, impulsivamente puso un chicle en uno de los calcetines. Cuando llegó de la escuela, su papá le preguntó: -¿Fuiste tú quién metió un chicle en mi calcetín? -No papá -¡Segura! Los ojos del padre la veían directamente y ella a diferencia de su amiga, no sostuvo la mirada. —Estás castigada. —No te compraré nada en esta semana previa a la navidad. Sigue leyendo «GALLETAS DE NAVIDAD»

LA ESPERA

Despierto a la hora en que el viento golpea las ramas de la Guácima. El cementerio es alumbrado todavía por las veladoras que depositaron en la tarde. Algunas personas transitan por aquí para llegar a la parada del camión. Las sigo. Luego regreso. Este atajo lo recorrí una noche sin luna. José caminaba delante, yo atrás. Sólo se oían nuestros pasos y,Sigue leyendo «LA ESPERA»

CORRIENDO EN LA MADRUGADA

El sol está hamacado en las montañas. Sigilosa caminas y reúnes pensamientos. Las margaritas duermen y hay ecos lejanos y gorjeos de pájaros nocturnos; por momentos el tránsito del silencio permite oír tus pasos cuando cruzas la calle adoquinada. Un resplandor lejano complace y las torres de la iglesia se iluminan. Tu mirada se acurruca en ellas y surge el color viejo y lagañoso del ayer. Te estremeces. Caminas al paso para calentar tendones y músculos. Te dices que serán siete kilómetros en esta ciudad que creció en la planicie de las montañas.Sigue leyendo «CORRIENDO EN LA MADRUGADA»

CANÍCULA

Cuando comía la sopa,  — ¿No quieres más?, me decía—. El sol hacía arder la lámina de zinc, y el calor nos deshacía en la casucha. Entonces sacaba la poltrona y la tendía bajo la sombra del mango. Ella traía un banco y, me hacia descansar las piernas sobre el.  Se arrodillaba. Con tijeras y escalpelo recortaba mis uñas de los pies y con la lija de piedra frotaba la planta y el talón. Yo, confiado en su destreza dormía.Sigue leyendo «CANÍCULA»

LA NOVIA

Hace tres años había sido mi novia. Pero en tres años suceden muchas cosas.
Lo supe aquella tarde vieja, cuando caminaba por el paseo y los tordos alborotaban con sus gritos la llegada de la noche. Ahí coincidimos. Nos fuimos tan despacio como años atrás, rebasábamos los árboles, los semáforos y los carros estacionados. Llegamos a su casa y creí prudenteSigue leyendo «LA NOVIA»

EL BAILE DEL PAYASO

Me habían dicho que Lillo era quien bailaba vestido de payaso. No imaginé que aquel viejo aserrador, diestro en trepar a los árboles, fuese el danzante. De cara terrosa, cuarteada y con ojillos que simulan persianas entrecerradas. Llegaba a la falda de la montaña al clarear la mañana para aserrar la caoba, el cedro o el carboncillo. Es el oficio que aprendió y sabe del quehacer, pues una tabla serruchada por él mide una pulgada por cualquier lado. Lo hacía a escondidas de los militares, por encargo de los ricos. -Es un trabajo duro que lo contrapone con sus emociones-, por lo que murmuraba en totonaco un rezo de perdónSigue leyendo «EL BAILE DEL PAYASO»

UN DIA ESPECIAL

Me dió el presentimiento de que sería un día especial, eso pensaba, cuando el agua tibia de la regadera acarició mi rostro.Elegí la ropa con cuidado, ¡Qué halago para el cuerpo cuando el algodón ajusta! me sentí ligero, -felino-. Miré a través de la ventana; el sol amodorrado. El viento mecía las manzanas. ¡Hace tiempo esperaba un día como este! Saqué la loción de madera y el perfume refrescó intensamente la barba recién rasurada. El espejo parecía asentir, cuando el triángulo de la corbata quedó en armonía. Tomé mi bastón. Caminé sobre el pasto húmedo. Me complacía ver las huellas de mi pie sobre la hierba y percibir al unísono el aroma de los eucaliptos. Es una mañana fresca que sabe a churros con chocolateSigue leyendo «UN DIA ESPECIAL»

EL DIARIO

Aquel sótano de vidrios plomizos olía a vejez. Llegué a él por una venta anual de libros de segunda. Había largas mesas y encima libros y libros. Hasta mis manos llegaron unas hojas sueltas y por reflejo empecé a leer. Hablaba de amor y me interesó, pues atravesaba por una viudez que mitigaba con prolongadas caminatas. Seguí y no pude evitar decírmelo en voz alta:

“Llegué un día de invierno y pasamos tiempos finitos platicandoSigue leyendo «EL DIARIO»

DOÑA ABIGAIL

-Pásale hijo, pásale, que ya te vi.
-¿Cómo está?
-Entreteniéndome, ¿y tú?
-Pasaba por aquí.

-¿Venías a ver a las muchachas?
-Sí, ¿están?
-No. Andan con su tía Mica. Ocho días hace que se fueron y parece que olvidaron a la abuela. Ay, ay, ay -lloriqueó, mientras con una mano se frotaba la rodilla derecha.
-¿Qué tiene, Doña Abigail?Sigue leyendo «DOÑA ABIGAIL»

LA DECISIÓN

Cuando llegaron al camino rojo, ella se vio como una adolescente acostada entre la alfombra de hojas mirando las nubes en su carrera hacia las montañas. Él en cambio sólo vio un camino de piedras volcánicas acolchado por hojas ocres. Unas ardillas retozonas que iban y venían por los senderos leñosos de aquel bosque de Eucaliptos. Al caminar ella conserva el paso de una mujer consciente de su atractivo. Por lo que pareciera que danza sobre las hojas, él en cambio cada vez que marcha rompe el silencio y deja un barrido de hojas dispersas. Con una voz sonora le dice:— ¿Qué hemos hecho amiga? Cuando despierto preparo dos desayunos, pensando que uno será para ti.Sigue leyendo «LA DECISIÓN»

LA SOSPECHA

Cuando su hijo cerraba la puerta, le lanzó un beso sonoro,  chasqueando la lengua y juntando los labios. Ella entrecerró los ojos y creyó ver a su esposo.  Hace dieciocho años se había ido de viaje. Aún lo recuerda con la ceja levantada y aquella sonrisa coqueta con la cual se despidió. Para ella no era extraño que él se ausentara algunos días. Aquella vez, fue un otoño, y el frío se colaba por las rendijas de la puerta.
Vivían en un condominio,  donde los edificios parecían haber sido calcados. Lo recuerda como una buena persona, amoroso, sin embargo, eran notorias sus ausencias, que manifestaba por no mover una pestaña y una mirada lejana o aveces infinita. Muchas veces tuvo que golpearle la mejilla para que volviera a la realidad. A veces lo sueña. Ella piensa que lo mataron, tal vez por robarle, tal vez…

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