Como agente de ventas iba de pueblo en pueblo. Olvidó las facturas en su casa, asi que regresó de improviso, sigiloso abrió la puerta. Escucho jadeos que provenían de la recámara. Por una rendija de la puerta entreabierta vio a su mujer haciendo el amor, saco su pistola y a punto estuvo de matar a los amantes. Con lágrimas, tomó las facturas y se fue  para nunca volver. Prometió no casarse nunca.
La soledad no es buena consejera. Dobló su decisión y se dijo “será con una mujer fea, llegando a lo horrible” La encontró. Paren una rana y así era. El afortunado vivió bien durante algunos años. Tuvo que regresar intempestivamente a la casa y se encontró con la misma escena, la mujer-sapo, gemía con los besos de fuego que le prodigaba su amante. Esta vez sacó el arma, abrió de una patada la puerta y encañonó al sujeto.

– Estese tranquilo, no me obligue a matarlo, solo contésteme ¿ Dígame que de hermoso le ve a esta mujer? véala, es pálida, chaparra, arqueada de las piernas, senos que parecen huevos estrellados y su nariz doblada como un garfio. Cortó cartucho y el cañón en la sien. ¡ Qué le vio?

Medroso con voz sollozante le dijo:
-Es que tiene las orejas más hermosas que he visto en mi vida.

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