El psiquiátrico, antes manicomio

A las seis de la mañana los internos de psiquiatría van en fila hacia las regaderas, el agua fría hace estremecer sus cuerpos, tiritan,  mientras esperan a ser secados por la asistente; toman una bata del cesto; regresan a sus camas sobreviviendo a la institución y sus demonios.

locura

Lejanía

Es noche, las lagartijas fueron a su escondite. Escucho voces lejanas; el amanecer no tarda. Pienso en mi amada.¿ Qué estará soñando? Parece verla a tras luz. Es hermosa. Estoy por darle un beso en la mejilla, me detengo, tocaré sus labios. El viento trae sereno, el río pasa a grandes zancadas haciendo rodar las piedras. Despierto.

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Una consulta médica suigeneris

Inocencio se casó con Macorina. Fiesta en grande, no hubo noche nupcial, Chencho tomó su frazada y durmió como lirón. Paso una semana un mes y muchos mas y la casada estaba muy despistada, asi que le contó a su mamá. La señora sugirió que lo llevara al médico.
Macorina era un mujer de concurso, él un joven agradable y regordete bien vestido y con un reloj de oro. Después de haberlo explorado el facultativo, encontró que todo estaba normal y en su sitio. Entró directo a explicarle lo que era una vida sexual activa. El profesional no podía creer lo que había escuchado
– Porque no me da un ejemplo.
– No se encuentra mi esposa, dijo el médico.
– No, con la mía dice él. Ella acepta, ¿verdad que sí mi amor? dijo que sí, moviendo la cabeza.
– Fíjese cómo hago.
– Poco a poco Macorina se fue quedando sin ropa, y el médico cada vez más atrevido, Macorina le dice con cuidado Dr. que aún soy virgen. ¡Dios, que cosas me da la vida! Le dio un ejemplo contundente, macorina tuvo varios orgasmos y poco a poco todo volvió a la normalidad.
– ¡Eso debe de hacer!  inocencio nada dijo…
– ¿Cuánto le debo Dr?,
– No , no es nada,
– No dr, usted hizo un trabajo. le daré el doble su consulta, no,  el triple de honorarios. Así le dejo  pagada la próxima consulta, ¿ dígame cuando se la traigo…?

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El pez-gato y su pesadilla

En la pecera vive un pez gato que se sueña atrapando ratones. Anoche tuvo en su calidad de pez, una pesadilla donde su contraparte lo devoraba.

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Los panchos en Argentina

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Los Panchos recorrieron buena parte del mundo y como reconocimiento a los  anfitriones de la música, del bolero, ellos grabaron a su modo las canciones representativas del país. Entiendo que es solo eso. Pues Carlitos cada día canta mejor. Mismo que los mexicanos amantes del tango le tenemos admiración y respeto.  La primera voz la hace jhoni Albino, la segunda Chucho Navarro, la  tercera y requinto Alfredo Bojalil gil.

Todavía dormía ella Jorge oropeza

Todavía dormía ella, cuando él se levantó de la cama. La miró largamente, y en su mente volvió a escuchar los suspiros inconfundibles de ella cuando hacía el amor. Acarició su rostro casi infantil, iluminado por una plácida sonrisa, y caminó hacia el balcón. El ángel extendió sus alas, y se alejó hacia un nuevo llamado, en una tierna voz: «Ángel santo de mi guarda, de mi dulce compañía, no me desampares….».
mujer dormida

La señora violada y el señor Juez

Juzgaban en el pueblo a un anciano, de violación. el juez detrás del escritorio,  el acusado sentado, y a uno y otro lado, el fiscal y defensor. La agredida al frente, una señora cuarentona, guapa, de mejor cuerpo que sus hijas adolescentes.
Después de haber escuchado a las partes, el juez golpeó con el mazo y sacó un vara. Cansado del bla-bla de ambas partes, quiso poner término a la discusión.
– Acusado, póngase frente a mí y bajese los pantalones y calzones  -Él  hizo lo que pidió el juez. El miembro parecía un capullo de algodón, por las abundantes canas. Con la vara le movió el flácido pene, de un lado a otro sin que hubiese  resistencia y dirigiéndose a la acusadora.
– – Señora ¿usted cree que este moco de pavo, pueda ser capaz de violar?, mire, y movía el pene de un lado a otro sin obtener respuesta de erección.
-Señor juez, con el respeto que merece su señoría, no mueva el miembro con una varita, mejor hágalo con el culo y verá que si se lo ensarta. Dijo la mujer demandante.

juzzgado Descals Ernesto

 

La certeza

Me sentí como un ave sin alas perdida en la selva. Envuelta en la oscuridad, no  dormí esperando la garra final. Falta poco para que llegue la mañana; mi corazón está agotado de tanto correr.

surrealismo