El Trío Los Panchos se formó en la ciudad de Nueva York en 1944, donde los mexicanos Alfredo Bojalil Gil, mejor conocido como El Güero Gil, y José de Jesús Navarro Moreno, mejor conocido como Chucho Navarro, junto al puertorriqueño Herminio Avilés Negrón, de nombre artístico Hernando Avilés, decidieron unir sus talentos e innovar el género de los tríos cantando a tres voces y tres guitarras. Tiempo más tarde, Avilés y Navarro tocaban la guitarra y Gil el requinto de su propia creación. Se iniciaron en el ambiente artístico el 14 de mayo de 1944 al presentarse en el Hispanic Theatre de Nueva York interpretando música ranchera mexicana con gran éxito, lo que pronto los llevó a grabar su primer disco, para el sello Coda, titulado Mexicantos, con siete temas de música mexicana y el bolero «Hasta mañana», el mismo que les abrió las puertas hacia este género musical con el cual se los identifica en todo el mundo.
El requinto, fue creado por él ante la necesidad de reforzar las introducciones y los pasajes sin voz de las canciones; afinado una cuarta más alta que la guitarra normal. se asemeja a una guitarra pequeña pero con un sonido más agudo, dando un excelente efecto y sonido musical a las interpretaciones. Autor de éxitos como “Hija de la Mala Vida”, “Basura”, “Tu ausencia”, “Solo”, “Cien mujeres”, “Me castiga Dios”, “No trates de mentir”, “Ni que sí, ni quizá ni que no”, “Un siglo de ausencia”, “Ya es muy tarde” y “Lodo”, entre otros. Se dijo también que la introducción del requinto servía para que la voz descansara.
Sobreviven las grabaciones de mas de 2500 canciones, repartidas en unos 260 discos de larga duración, entre los que se encuentran 6 grabados en japonés y 2 en griego. Así mismo participaron en unas 50 películas, ganaron muchos discos de oro e infinidad de premios, trofeos, reconocimientos y homenajes alrededor del mundo, donde se les admiró con gran devoción. Fueron los embajadores del romance ante el universo musical, denominada la “La Trilogía Perfecta del Bolero”, considerada la mejor agrupación músico-vocal de la historia de la música romántica, con reconocimiento a nivel universal, puesto que su música se paseo por todo el mundo con el mismo éxito.https://elblogdelbolero.wordpress.com/2007/11/14/trio-los-panchos-la-trilogia-perfecta-del-bolero/
Integrantes:
Alfredo Gil: Su nombre fue Alfredo Bojalil Gil, también conocido artísticamente como El Güero Gil (el Rubio). Creador y fundador principal del trío. Ejecutante del requinto y la tercera voz desde 1944 hasta 1981. Nació en Teziutlán, Puebla, el 5 de agosto de 1915 y falleció en México D.F. el 10 de octubre de 1999. El requinto, fue creado por él ante la necesidad de reforzar las introducciones y los pasajes sin voz de las canciones; afinado una cuarta más alta que la guitarra normal. se asemeja a una guitarra pequeña pero con un sonido más agudo, dando un excelente efecto y sonido musical a las interpretaciones. Autor de éxitos como «Hija de la Mala Vida», «Basura», «Tu ausencia», «Solo», «Cien mujeres», «Me castiga Dios», «No trates de mentir», «Ni que sí, ni quizá ni que no», «Un siglo de ausencia», «Ya es muy tarde» y «Lodo», entre otros.
Chucho Navarro: Su nombre fue José de Jesús Navarro Moreno, fue miembro fundador del trío. Fue responsable de la segunda voz, guitarra y conducción desde 1944 hasta 1993. Nació en Irapuato, Guanajuato, el 20 de enero de 1913 y falleció en México D.F. el 23 de diciembre de 1993. Considerado como uno de los compositores más prolíficos contemporáneos, autor de éxitos como «Lo Dudo», «Rayito de Luna», «La Corriente», «Una Copa Más», «Sin Un Amor», «Perdida», «Maldito corazón», «Sin remedio», entre otros. Cabe destacar que terminó su carrera como médico pero no se presentó al internado.
Hernando Avilés: Su verdadero nombre era Herminio Avilés Negrón, fue la primera voz del trio desde 1944 a 1951 y luego de 1956 a 1958, nació el 1 de febrero de 1914 en San Juan, Puerto Rico y falleció en México D.F. el 26 de julio de 1986. Fue también integrante del trío «Los Tres Reyes» junto a los hermanos, Raúl y Gilberto Puente.
Estos tres son los componentes «fundadores» del trío. Tras el alejamiento de Hernando Avilés seis voces más se unieron al trío marcando distintas épocas. Estas son las demás primeras voces del trío:
Raúl Shaw Moreno: Su verdadero nombre era Raúl Alberto Shaw Boutie, fue la primera voz del trío entre 1951 y 1952. Nació el 30 de noviembre de 1923 en Oruro, Bolivia. Luego de su alejamiento, integró el trio Los Peregrinos y luego Los Tres Caballeros junto a Roberto Cantoral y Benjamín «Chamín» Correa. Posteriormente, mantuvo una carrera como compositor, en su calidad de solista y realizó intervenciones fonográficas en México y Venezuela. Radicado en Argentina, falleció el 14 de abril de 2003.
Julio Rodríguez Reyes: Fue la primera voz del trío desde 1952 hasta 1956. Nació en 1927 en Santurce, Puerto Rico. Durante su estancia con Los Panchos, Rodríguez descubrió el talento de Javier Solís, recomendándolo a la filial mexicana del sello Columbia Records. Compositor de éxitos como «Mar y cielo», se retiró del grupo en 1956 formando más tarde el Trío Los Primos junto a Tatín Vale y Rafael Scharron, el cual fue rebautizado después como Julito Rodríguez y su Trío. Posteriormente, formaría el trío Los Tres Grandes de 1975 a 1983. Muere en el 2013
Johnny Albino: Su verdadero nombre es Juan Antonio Albino, nació el 19 de diciembre de 1919 en Guayama, Puerto Rico. Con su trío «San Juan» fue rival de Los Panchos pero en 1958 formó parte del trío como primera voz, hasta 1966. Compuso temas como «Carilú» que le escribiera a la hija de Chucho Navarro, «Flor Sin Color» y «La distancia nos separa», su alejamiento se produjo en medio de graves desavenencias caracterizadas por demandas legales de ambas partes. Muere en el 2011
Enrique Cáceres: Fue primera voz del trío de 1966 a 1971, nació un 2 de mayo de 19??. Cáceres también se destaco como compositor con temas como «Niñería», «Adulterio» y «Amigo cantinero». A pesar de su bonita voz y de haber grabado infinidad de temas, no convenció a los seguidores del trio, sentían que no expresaba el estilo «Panchista». Es de destacar como un gesto de generosa caballerosidad por parte de Cáceres que cuando fue reemplazado por Ovido Hernández Enrique tuvo una etapa de transición durante la cual el «Trío Los Panchos» alterno las dos primeras voces. Luego de su retiro definitivo continuó con su brillante carrera como solista. Fallece en el 2011
Ovidio Hernández: Nació en la ciudad de Poza Rica, Veracruz, México. Fue primera voz del trío de 1971 a 1976. Fue autor de las canciones «Ah, que gente», «Escoria», «Camina», «Perderás, perderás» y «Por fuera y por dentro». Lamentablemente una infección llamada Encefalitis le cegó la vida falleciendo en México D.F. el 27 de septiembre de 1976, como dijo Chucho Navarro «el primero de Los Panchos que nos deja».
Rafael Basurto Lara: Nació en Tlapa, Estado de Guerrero, México el 15 de abril de 1941. Ingreso al trío en noviembre de 1976 tras el fallecimiento de Ovidio Hernández, manteniéndose como la primera voz hasta hoy. Durante esta etapa se produjo el alejamiento de Alfredo Gil en 1981 y el fin del ciclo del «Trío Los Panchos», después del cual Rafael y Chucho siguieron sólo como «Los Panchos», en respeto a Alfredo. Posteriormente con el deceso de Chucho Navarro en 1993 se cerró definitivamente el ciclo del «Trío Los Panchos» y de «Los Panchos». Rafael Basurto Lara continua grabando y realizando presentaciones por el mundo entero como «La Última Voz de los Panchos» y ha escrito innumerable cantidad de canciones, algunas de ellas fueron grabadas por ellos como «Mari Mari» «Mis excesos» y «Qué Lástima» entre otras.
¿Me tardé mucho? — ¿Hiciste barquitos, mientras llegaba?, ¿me regalarás uno? quiero el que lleva un ojo de pirata, me gusta — ¿me lo das? Te acaricio con ternura, mis ojos se humedecen, me acurruco en tu pecho —Eres un hombre grande, —te digo— pero me gusta que me ames con la dulzura de un niño.
Soy niño de la calle, tengo ojos de libro y pómulos de barro, quiero que me des tu fuerza de enredadera y me confieses cómo floreaste en el cielo,
Sonrío, me apego más a ti ; entre besos y susurros, me enredo, así jugamos para tocar el cielo…
Hoy sentí el calor de la tarde. Merodeé por el vecindario y regresé a la cueva… yo amo la noche. Algo me pasa, ¡estoy intranquilo! me distraigo cuando vuelo… ¡no soy el mismo! ¡Tengo una rabia!
La vieja pretensión se hizo presente en su fiesta de cumpleaños. Blanca, de cabello color caoba que al caminar ondeaba con gracia, bella de trato y amada por sus dos hijos y su esposo. Llevaba vida social que le permitía su clase social. En el dormitorio, entre los susurros del acondicionador del aire, le llegó el anhelo de lo que en otras familias había mucho. Deseaba una oveja negra.
Aunque tenía confianza con su esposo, guardó el secreto. Poco a poco el deseo adquirió una cuenta de susurros que le cuchicheaban. Se vestía menos formal, dejó de asistir a las tertulias de su clase, para asistir a expresiones de ritmos afrocaribeños. Su esposo, fiel acompañante, se extrañaba de los cambios, pero los atribuyó a los vaivenes que las mujeres padecen. Otras veces acudía a sitios donde el saxofonista dejaba en la penumbra del bar su música sensual..
Ella seguía siendo la mujer transparente, apasionada; su espacio lo ocupó por solos de trompeta. El cónyuge estaba consciente de su transformación, mas ella lo realizaba con la naturalidad de haberlo hecho miles de veces. Así la amaba, el disfrute de ella, era también el de él y optó por guardar silencio.
Su blancura contrastaba con los tonos ciegos de sus vestidos amplios que le daban un bamboleo como lo hacen las cañas cuando las mueve la brisa de la tarde.
Una madrugada, llegó una ambulancia hasta su residencia. En el servicio de urgencia no dudaron en intervenirla. Su marido sorprendido, veía al lado de ella un vástago; ella, hinchada del corazón, acariciaba maternal a su oveja negra.
Hablan los viejos de un concurso suigeneris que se llevó a cabo en despoblado. Concurso de habilidades de búsqueda y encuentro. FBI. Scotlan yard KGb y PGR.
El problema consistia en liberar un conejo x 3 hs y encontrarlo.
Resultados: laFBI lo logró en 8 hs, la KGB en seis, Scotland en 5 la PGR (México) pasaron 2 días. Preocupados los colegas salieron en su búsqueda. 5 hs después, en una casa abandonada. Tenían sentado. maniatado y con luz intensa a un elefante tembloroso y achicado por gritos y tortura.
Diez años después de lo ocurrido en Maratón, el 480 antes de J.C. rey persa Jerjes, hijo y sucesor de Darío, invadió Grecia con el ejército más numeroso de que hace mención la Historia. Su paso a Europa lo realizó por un puente de barcas echado en el Helesponto, hoy estrecho de Dardanelos. Irritado porque el mar destruyó el puente, la primera vez que fue hecho, mandó a sus soldados a que azotaran el mar.
los Estados griegos esta vez unidos. Los espartanos, al mando de su rey Leónidas, fueron a disputar a los persas el desfiladero de las «Termópilas». Célebre lugar, que hoy se llama «Boca del lobo», situado entre el monte Eta y la costa del golfo de Maliaco; pone en comunicación la Tesalia con Grecia central y tiene siete kilómetros de largo y una anchura que en diversos puntos no excede de seis metros.
Poco antes de salir para le batalla de las Termópilas el rey de Esparta, Leónidas, con trescientos lacedemonios, celebraron sus propios funerales
con juegos solemnes. Al despedirse de Leónidas le preguntó su mujer:
— ¿Qué encargo me dejas?
—Te dejo —respondió el monarca— el de que te cases con un hombre digno de mí y que te haga madre de hijos dignos de entrambos.
En vísperas de la batalla de las Termópilas y cuando los invasores se acercaban al lugar del combate, un centinela anunció:
—Ya tenemos encima a los persas.
Leónidas respondió:
—Antes bien los tenemos debajo.
—Pero son tantos —replicó un enviado— que si disparan sus flechas a la vez, formarán una nube que oscurecerá el sol.
Y contestó el valeroso Leónidas:
—Mejor, así combatiremos en la sombra.
Cuando ya estaba a punto de dar comienzo la batalla, Jerjes, admirado de que sólo un puñado de valientes intentara enfrentarse a su poderoso ejército, intimó a los espartanos para que se rindieran y entregasen lasarmas. Y ellos respondieron:
—Ven a tomarlas.
Por espacio de tres días impidieron aquellos héroes el avance de los persas. Pero el griego Esfialtes, traicionando a los suyos, indicó a Jerjes otro paso por el cual pudo coger a los espartanos por la espalda.
Estos resolvieron entonces retirarse, si bien la ley imponía a los espartanos morir antes que abandonar el puesto. Así, pues, se quedó Leónidas con sus trescientos fieles y, ordenando preparar un banquete, les dijo:
—Esta noche os convido a cenar con Plutón.
A la mañana siguiente, rodeados por miles de persas, vendidos por los tebanos y descubiertos por la aurora, fueron muertos todos, excepto uno. Murieron luchando heroicamente y entonando los himnos de Tirteo. No tuvieron más exequias que los millares de enemigos muertos. La severa
Esparta comentó la gesta:
—No han hecho más que cumplir con su deber.
En el mismo lugar donde se inmolaron estos héroes, se levantó después, para inmortalizar su memoria, un monumento que tenía una inscripción con un verso del poeta Simónides:
«Extranjero, di a Esparta que sus hijos han muerto aquí por obedecer
sus santas leyes».
Célibe camina por la playa, siente el cosquilleo que hacen las burbujas entre los dedos. Sentada contempla la puesta del sol. La brisa llega con olores de ostra que alborotan su pelo. Oleaje que brama y soledad. Abierta la blusa, percibe el viento. Entrecruza las piernas. Los brazos reposan en las ingles. Dormita. Relajada disfruta. Recrea. La hermana mayor sentada sobre las piernas del novio, moviendo las caderas. Despeinada. Respira profundo, sus pechos empujan la blusa; germinan sus pezones. Entrelaza sus piernas una y otra vez. Se inquieta. Llega el bochorno que rebalsa recorriendo el cuerpo, hay un rosario de latidos en su bajo vientre. Cierra los ojos y vuelve a rememorar el quehacer de la hermana que es besada en cuello y senos. Los dedos bajo el short tamborilean. La hermana a horcajadas sube y baja con ritmo. Murmullos que son suspiros. La mano laboriosa y gatuna salta al monte de Venus y retoza. El mar estalla y humedece el calor de la arena.
«el drama del desencantado que se arrojó a la calle desde el décimo piso, y a medida que caía iba viendo a través de las ventanas la intimidad de sus vecinos, las pequeñas tragedias domésticas, los amores furtivos, los breves instantes de felicidad, cuyas noticias no habían llegado nunca hasta la escalera común, de modo que en el instante de reventarse contra el pavimento de la calle había cambiado por completo su concepción del mundo, y había llegado a la conclusión de que aquella vida que abandonaba para siempre por la puerta falsa valía la pena de ser vivida».