Diez años después de lo ocurrido en Maratón, el 480 antes de J.C. rey persa Jerjes, hijo y sucesor de Darío, invadió Grecia con el ejército más numeroso de que hace mención la Historia. Su paso a Europa lo realizó por un puente de barcas echado en el Helesponto, hoy estrecho de Dardanelos. Irritado porque el mar destruyó el puente, la primera vez que fue hecho, mandó a sus soldados a que azotaran el mar.
los Estados griegos esta vez unidos. Los espartanos, al mando de su rey Leónidas, fueron a disputar a los persas el desfiladero de las «Termópilas». Célebre lugar, que hoy se llama «Boca del lobo», situado entre el monte Eta y la costa del golfo de Maliaco; pone en comunicación la Tesalia con Grecia central y tiene siete kilómetros de largo y una anchura que en diversos puntos no excede de seis metros.
thermopylae
Poco antes de salir para le batalla de las Termópilas el rey de Esparta, Leónidas, con trescientos lacedemonios, celebraron sus propios funerales
con juegos solemnes. Al despedirse de Leónidas le preguntó su mujer:
— ¿Qué encargo me dejas?
—Te dejo —respondió el monarca— el de que te cases con un hombre digno de mí y que te haga madre de hijos dignos de entrambos.
En vísperas de la batalla de las Termópilas y cuando los invasores se acercaban al lugar del combate, un centinela anunció:
—Ya tenemos encima a los persas.
Leónidas respondió:
—Antes bien los tenemos debajo.
—Pero son tantos —replicó un enviado— que si disparan sus flechas a la vez, formarán una nube que oscurecerá el sol.
Y contestó el valeroso Leónidas:
—Mejor, así combatiremos en la sombra.
Cuando ya estaba a punto de dar comienzo la batalla, Jerjes, admirado de que sólo un puñado de valientes intentara enfrentarse a su poderoso ejército, intimó a los espartanos para que se rindieran y entregasen lasarmas. Y ellos respondieron:
—Ven a tomarlas.
Por espacio de tres días impidieron aquellos héroes el avance de los persas. Pero el griego Esfialtes, traicionando a los suyos, indicó a Jerjes otro paso por el cual pudo coger a los espartanos por la espalda.
Estos resolvieron entonces retirarse, si bien la ley imponía a los espartanos morir antes que abandonar el puesto. Así, pues, se quedó Leónidas con sus trescientos fieles y, ordenando preparar un banquete, les dijo:
—Esta noche os convido a cenar con Plutón.
A la mañana siguiente, rodeados por miles de persas, vendidos por los tebanos y descubiertos por la aurora, fueron muertos todos, excepto uno. Murieron luchando heroicamente y entonando los himnos de Tirteo. No tuvieron más exequias que los millares de enemigos muertos. La severa
Esparta comentó la gesta:
—No han hecho más que cumplir con su deber.
En el mismo lugar donde se inmolaron estos héroes, se levantó después, para inmortalizar su memoria, un monumento que tenía una inscripción con un verso del poeta Simónides:
«Extranjero, di a Esparta que sus hijos han muerto aquí por obedecer
sus santas leyes».

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