La señora M de kjel Askildsen

LA SEÑORA M
Autor: Kjell Askildsen tomado del fb.

Una de las pocas personas que saben que aún existo es la señora M., de la tienda de la esquina. Dos veces por semana me trae lo que necesito para vivir, pero no es que se mate por el peso. La veo muy de tarde en tarde, porque tiene una llave del departamento y deja la compra en la entrada, es mejor así, de ese modo nos protegemos mutuamente, y mantenemos una relación pacífica, casi diría amistosa.
Pero una vez que la oí abrir la puerta con su llave, me vi obligado a llamarla. Me había caído y dado un golpe en la rodilla, y era incapaz de llegar hasta el diván. Por suerte, era uno de los días en que le tocaba subirme la compra, así que solo tuve que esperar cuatro horas. La llamé cuando llegó. Quiso ir a buscar un médico inmediatamente, su intención era buena, solo es la familia más allegada la que llama al médico de mala fe, cuando quiere librarse de la gente mayor. Le expliqué lo necesario sobre hospitales y residencias de ancianos sin retorno, y la buena mujer me puso una venda. Luego hizo tres sándwiches que me dejó en una mesa junto a la cama, además de una botella de agua. Al final, llegó con una vieja jarra que encontró en la cocina.
-Por si la necesita -dijo.
Y se marchó. Por la noche me comí un sándwich, y mientras me lo estaba comiendo vino a verme. Su visita fue tan inesperada que he de admitir que me vencieron los sentimientos, y dije:
-Qué buena persona es usted.
-Bueno, bueno -dijo escuetamente, y se puso a cambiarme la venda.
-Esto le irá bien -dijo, y añadió-: Así que no quiere saber nada de las residencias de ancianos; por cierto, supongo que sabe que ahora no se llaman residencias de ancianos, sino residencias de la tercera edad.
Nos reímos los dos de buena gana, el ambiente era casi alegre. Es un placer encontrarse con personas que tienen sentido del humor.
La pierna me estuvo doliendo durante casi una semana, y ella vino a verme todos los días. El último día dije:
-Ahora estoy bien, gracias a usted.
-Bueno, no se ponga solemne -me interrumpió-, todo ha ido perfectamente.
En eso tuve que darle la razón, pero insistí en que, sin ella, mi vida podría haber tomado una desgracia sin rumbo.
-Bah, se las hubiera arreglado de una u otra manera -contestó-, es usted muy terco. Mi padre se parecía a usted, así que sé muy bien de lo que hablo.
Me pareció que estaba sacando conclusiones sobre una base demasiado endeble, pues no me conocía, pero no quise que pareciera una reprimenda, de modo que me limité a decir:
-Me temo que piensa demasiado bien de mí.
-Oh, no -contestó-, debería usted haberlo conocido, era un hombre muy difícil y muy testarudo.
Lo decía completamente en serio, admito que me impresionó, me entraron ganas de reírme de alegría, pero me mantuve serio y dije:
-Comprendo. ¿También su padre llegó a muy mayor?
-Ah sí, muy mayor: Hablaba siempre mal de la vida, pero nunca he conocido a nadie que se esforzara tanto por conservarla.
A eso podía sonreír sin problemas, resultó liberador, incluso me reí un poco, y ella también.
-Supongo que usted también es así -dijo, y me preguntó impulsiva si le dejaba leerme la mano.
Le tendí una, no recuerdo cuál de las dos, pero quiso la otra. La miró atenta durante unos instantes, luego sonrió y dijo:
-Justo lo que me figuraba, debería usted haber muerto hace mucho tiempo.


El Autor
Kjell Askildsen
Uno de los mejores narradores contemporáneos, de exigua pero contundente y espléndida obra, el noruego Kjell Askildsen (Mandal, 1929) no ha gozado de la difusión y reconocimiento internacional de otros grandes de su época.
Askildsen tendría unos comienzos un poco accidentados. Su primer libro, de 1953, «A partir de ahora te acompañaré a tu casa» (incluido en el volumen de cuentos recopilatorio ahora aparecido con el título de «No soy así») fue prohibido por «inmoral», debido a su «alto contenido sexual». Algo que compartiría con el gran Strindberg. Aunque Askildsen también se adentraría en el campo de la novela, todos sus libros a partir de 1982 serían volúmenes de cuentos.
(Web: ABC Cultura)

La cena* de Rubén García García

Llegó la abuela a cenar. Ella de por si come poco. Mal comió dos tamales de mole, su taza de chocolate y pellizco su pan de muerto y terminó con su copita de anis del mono. Cruzamos miradas, al mismo tiempo nos levantamos y ya en la puerta, nadie se animaba a encaminarla, hasta que mi madre le dijo: abuela usted ya conoce el camino. Bien sabe que al final fe la calle comienza el cementerio.

Una abuela invitó por error a un adolescente a celebrar Acción de Gracias  en 2016 y se convirtió en una tradición - VIX

*intertextualidad

Se llama La Jument y es uno de los faros más espectaculares de la costa francesa.

La historia de la foto

Del muro de Don Lalo Ferral- Tomado del Fb

Ventana al mundo!!

«Se llama La Jument y es uno de los faros más espectaculares de la costa francesa. Está a dos kilómetros aguas adentro de la isla de Ouessant y fue construido entre1904 y 1911 para señalizar unos peligrosísimos bajos en los que se habían producido multitud de naufragios.¿Cómo se realizó la fotografía? Fue tomada el 21 de diciembre de 1989. El fotógrafo francés especializado en imágenes de faros Jean Guichard sobrevolaba en helicóptero La Jument un día de fuerte tormenta buscando la foto perfecta de esas gigantescas olas del Atlántico golpeando contra la estructura del faro. Dentro, el farero Theophile Malgorn, que por aquel entonces rondaba la treintena de años, escuchó las repetidas pasadas del helicóptero y pensó que algo raro podía ocurrir; quizá el piloto estaba tratando de ponerse en contacto con él por un naufragio o por algún accidente. Y en una maniobra a todas luces descabellada abrió la puerta para ver qué pasaba.La acción completa duró apenas unos segundos. Guichard vio a aquel hombre en la puerta y su instinto de fotógrafo le dijo que allí había una composición perfecta: el hombre y la fuerza de la naturaleza. Empezó a disparar en modo ráfaga su cámara casi a la vez que una nueva ola gigante empezaba a abrazar con toneladas de agua embravecida la estructura del faro. En ese mismo instante, el farero Malgorn –asomado al quicio de la puerta- escuchó un trueno seco, como una estampida brutal (el impacto de la ola contra el frente del faro) y supo que había cometido un tremendo error. Tan rápido como abrió volvió a cerrar la puerta, justo una milésima de segundo antes de que la ola lo arrasara todo. Estaba vivo de milagro. En el carrete de Guichard quedaron impresas 9 imágenes –las que al motor de la cámara le dio tiempo a disparar – que le harían famoso de por vida y con las que en 1990 obtendría el segundo premio en el World Press Photo (el primero fue para la célebre foto de un manifestante chino parando él solo una columna de carros de combate en Tianammen).El farero Theophile Malgorn sigue viviendo en esta isla de Ouessant y no quiere recordar el aprieto en que se vio por la manera irresponsable en que abrió la puerta del faro; él salió a ver qué pasaba por profesionalidad y casi le cuesta la vida. Pero que poco después Guichard lo visitó en su casa, le regaló una foto firmada de aquel “momento decisivo” -que diría Cartier Bresson- y se hicieron muy amigos.Desde julio de 1991 el faro es controlado automáticamente. Los fareros son (o eran) gente muy especial. Seres solitarios y poco habladores, artistas con todo el tiempo del mundo para escribir, pintar o esculpir. Filósofos de una vida que muy pocos hubieran sido capaces de soportar.

”Texto: Paco NadalEl País Tomado de Bellas Artes y Cultura.

José José y Manuel alejandro en vivo, para recordar

Ya josé josé se encontraba o iniciaba su enfermedad. Pero aún emociona.

Otras, pues ya entrado…

Quintilla de minificciones tres: Shua, Gabriel Ramos, Villaurrutia, Gabo, Casero

El hermano serpiente AnaM Shua Arg.

En su lecho de muerte, el padre le entrega un cofre. Adentro del cofre vive una serpiente.
–Esta serpiente –dice el moribundo– es tu hermano, fruto de mis amores con una mujer demonio. Lo confío a tu cuidado.
El hijo consagra su vida a la caza de ranas y ratones para alimentar a la serpiente, creyendo que su padre sufre en la Gehena el castigo de los lujuriosos o los magos, sin saber que se cuece, en realidad, en el círculo destinado a los bromistas.

Tres minutos antes de Gabriel Ramos Mex

La bala sale del hígado del heredero; sigue su trayectoria al reloj, cuyos fragmentos se ensamblan y regresan a su estado original. El proyectil entra al cañón de la pistola y se guarda en el cargador junto con los cinco restantes. La pistola regresa a su funda, el hombre da nueve apresurados pasos hacia atrás, sube a su automóvil. Cuando Víctor pasa por el cruce anterior, ve a su medio hermano, que recibió la herencia del padre, y en unos minutos recibirá el disparo.

La caída de Xavier villaurrutia Mex

Susana tenía entonces las mejillas pecosas de una fruta, pero ¿y Aurora? La podía reconocer por la cicatriz que debe llevar en la pierna, de resueltas de una caída. Creo que fue en la huerta. Aurora había subido a un manzano y me prometía un fruto; en vez de dejar caer la manzana se dejó caer ella, distraída.

Fragmentos de «0jos de perro azul» de Gabriel García Márquez Col.

―No podía precisar cuánto tiempo estuvo así, entre esa noble superficie de sueños y realidades;
pero sí recordaba que bruscamente, como si le hubiera sido cortada la garganta por una
cuchillada, dio un salto en el lecho y sintió que su hermano gemelo, su hermano muerto,
estaba sentado al borde de la cama‖.

(La otra costilla de la muerte. P. 28).

Incomprensión Elena Casero Viana Esp.

Anoche me morí en tus brazos. Lo hice sin pensar, por cariño, como lo he hecho todo por ti. Pusiste cara de susto, pero te duró poco tiempo. Después, cuando yo ya había cerrado los ojos y creías que no te podía ver, te relajaste y sonreíste feliz. Me abandonaste en el sofá, tal como me había muerto, algo desmadejada. Entonces te escuché hablar con ella. Tu voz sonaba con un timbre pulido, tan diferente del que usas conmigo, que parece hecho de productos abrasivos, de los que arañan el corazón. Te cambiaste de ropa, te perfumaste y saliste de la habitación sin darme siquiera un triste beso. Esta mañana, he decidido no volver a morirme nunca más.

José Manuel Ortiz Soto de la Metámorfosis de Diana:

Semblanza

Se llama Gregorio S., pero nada tiene que ver con Franz Kafka. Gracias a oír las conversaciones de estudiantes e intelectuales que lo frecuentaban, supo de la vida y obra del célebre escritor checo. A través de la narración de un cineasta admirador de Orson Wells, acompañó al infortunado Josef K. en su viacrucis por la pantalla. En lo personal, su vida está lejos de ser la de un artista al que exhiben enjaulado; la de una cucaracha que añora su antigua condición humana; la de un hombre que busca con desesperación el reconocimiento de sí mismo. Pero si alguien le hubiera dado opción de elegir su propio destino, con toda seguridad habría sido otra cosa. Porque ser retrete y tener pesadillas, le parece terrible.


El accidente

Rubén García García

Pozo decorativo (73 fotos): cómo hacer una opción de madera para el jardín  en el país con sus propias manos - instrucciones paso a paso, ideas para  hacer troncos y ruedas

Cayó al pozo. Ocho días después se despertó la niña y los padres sonrieron. ¿ Dónde está mamá Lucha?, preguntó con claridad. Nadie de las mujeres se llamaba así.

Ecuación imposible Mónica Cazón

De la antologíaa de Pequeficciones. Ant.: José Manuel Ortiz Soto y Chris Morales


Abuelita lloró durante toda la cena. Las lágrimas licuaron sus ojos
transparentes, mientras nosotros jugábamos en armonía, para que
sonriera. Tratamos de consolarla, pero fue en vano. Luego la
escuchamos hablar por celular:
—¡No entiendo para qué le confesé mi edad, solo números!
Estábamos tan enamorados.
El mundo de los grandes es extraño, ¿tendrá que ver la
matemática con el amor?

Vamos Viendo 11: Mónica Cazón y los zombies de la cultura urbana - Diario  Cuarto Poder

Mónica Cazón (Argentina). Escritora. Licenciada en Ciencias de la
Educación. Especialista en LIJ. Gestora cultural, docente en Plat. Se
desempeña en la UNT. Fundó y coordina #MicroLee, Asociación
Lagmanovich, Microsaurias, Cidelij, y el Ciclo de Lecturas de
Microficción de la BibVal en la Biblioteca del Congreso de la Nación.
Colabora en La Gaceta Literaria y en las revistas: La papa en la
literatura tucumana y otros. Fue traducida al francés, italiano e inglés.
Editó 15 libros.

Casa de juguetes

Rubén García García

La muñeca gritó cuando iba a ser violada.

Cerca, los soldaditos de plomo

jugaban a «serpientes y escaleras»

muy hermosos los juguetes - Opiniones sobre La Esquina, Museo del Juguete  Mexicano, San Miguel de Allende, México - Comentarios - Tripadvisor

Fatalidad de Gabriel Ramos y la fuerza de la costumbre

Del libro la fuerza de la costumbre

Fatalidad

Ella era María, él José, se casaron y tuvieron un hijo al que le pusieron Rafael. Rafita murió de una neumonía antes de cumplir tres años.

     Tuvieron dos hijas más seguidas de otro hijo. Les dijeron que repetir el nombre era de mala suerte.

    Ellos no atendieron la advertencia. Rafael II en su cumpleaños 19 asesinó a los dos.

La fuerza de la costumbre

La fuerza de la costumbre

Ayer fui al supermercado, tomé un carrito que fui llenando con todo aquello que hacía falta en casa. Siendo soltero, mis necesidades son pocas; fui a la sección de frutas y verduras, y al colocar en el carro el racimo de uvas me di cuenta que había un cuaderno para iluminar y unas crayolas; por supuesto que yo no necesitaba aquello, no tengo hijos. Pensé que alguien los había puesto ahí por equivocación. Llegué a la caja, pagué y salí del lugar, al llegar a mi auto y accionar el control remoto, la que abrió sus puertas fue la camioneta de al lado; subí y la eché a andar sin problema. Me dirigí a mi casa y la camioneta por alguna extraña razón tomó su propio camino. Me llevó hasta un edificio antiguo en donde automáticamente se detuvo. Sin pensarlo, subí en el elevador hasta el quinto piso, y con la llave que tenía en ese ajeno llavero, entré a un departamento en el que fui recibido por una bella pero extraña mujer que entusiasmada dijo: “Amor, qué bueno que llegaste”; y poco después con gritos de alegría, salió corriendo un niño que preguntó: “¿trajiste mi cuaderno?”.

Gabriel Ramos Zepeda - Mexico, 09, Mexico (23 books)

Pilar Galindo Salmerón Stilettos de la antología de Lilian Elphick:

» O dispara usted o disparo yo»


Éramos de la misma estatura, si hubiera calzado planta baja, no habría habido problema. Pero no, se encaramaba en los tacones para dejarme en ridículo. La última vez fue demasiado lejos, los stilettos miden doce centímetros. Cuando intentaba llevarla por encima del hombro, tenía que ir en puntas de pies y aún así, parecía que ella me apuntalaba. Se lo pedí, llegué a suplicar, pero no me escuchó. Se complacía en ridiculizarme, se atrevió a llamarme «mi pequeñajo». Le saqué un zapato y le aticé con él en la cabeza. Se le quedó bailando en todo lo alto. Me gritaba «¿qué haces, enano?» Entonces empuje el tacón hacía abajo hasta que se quedó callada.
El informe del forense dice que la herida en la cabeza, causa de la muerte, fue hecha con un clavo o algo similar ¿Cómo iba yo a saber que esos tacones llevaban dentro un fleje de acero? En cuanto al móvil del crimen, la policía carece de sensibilidad, nunca medirían el peso de la humillación.
El arma del crimen viaja, con su otro par, camino de Argentina, calzando a mi prima Rosarillo que vive allá.No tienen nada contra mí. Caso cerrado.

Pilar Galindo Salmerón.

Tengo 75 años, estoy jubilada de la Administración Local. Soy madre, abuela y escritora amateur, a
pesar de mis años. Me gusta el mar y la música. Escribir, leer, charlar. Tengo algunos premios: RTE la Caixa. Canal Literatura. Jirones de Azul. El Coloquio de los Perros. Abadía del Perfume.

La habitación 309

Circo para adultos RGG


En esta parte del planeta ven al sexo como un acto circense. Aplauden cuando hago sexo oral y retumban gritos de admiración y envidia cuando he despachado a media docena de ejemplares masculinos, bien dotados. Y es una locura cuando miran que uno de ellos se ha quedado emasculado. Por supuesto que lo que devoro es una copia perfecta de un pene hecho de almendras. solo el administrador del circo sabe que sí soy capaz de hacerlo.

El viejo de los globos Elena Casero, España

Del libro pequeficciones. Antología de Ortiz Soto José Manuel y Cris Morales


Asciende el hombre por la ladera de la montaña. Allá arriba el cielo, oscuro, denso. Pegada a la oscuridad, está la luna y millones de estrellas que guían su camino. El hombre lleva un puñado de globos de colores atados entre sí y sujetos a su cinturón. Globos verdes, rojos, amarillos y azules que mueve el viento y arrastra risas por toda la montaña. El hombre asciende ligero, sonriendo, silbando. Hace coro a las risas que escucha. Las estrellas titilan al compás, como si esperasen la visita. Al llegar a la cumbre desata los globos del cinturón que se escapan livianos hacia la luna. Las risas parecen ensancharse en la noche, libres y felices por fin.
—Abuelo, eso no puede ser cierto. Los niños tristes no viajan a las estrellas en globos de colores.
—¿Estás segura, hija?
—Nunca he escuchado ninguna risa por las noches.
—Hay que prestar atención, observar las estrellas y la cara de la luna.
—Tú sabes que eso es una leyenda, abuelo.
El viejo sonríe, acaricia la cabeza de su nieta y recoge unos hilos escapados de su cinturón.

Elena Casero (España). Técnico de Empresas Turísticas. Jubilada.
Ha publicado cinco novelas: Tango sin memoria, Demasiado Tarde,
Tribulaciones de un sicario, Donde nunca pasa nada y Las óperas
perdidas de Francesca Scotto. Un libro de relatos: Discordancias. Y
uno de microrrelatos: Luna de perigeo. Ha colaborado en distintos
libros de microrrelatos. Y es músico por afición. Toca el oboe y estudia
piano.

Pliegos volantes: La escritora Elena Casero

LAS HOJAS DEL CHOPO — Eltiempohabitado’s Weblog

Como si fuera oroderretido en los caucesdel río que se alejarevuelan emocionesal paso de las horasson las hojas del chopoque caen en la miradade un tiempo que suspirasoledades…… laten los corazonesabrazadosel camino sonríejunto a la música del aguabajo el soplo del vientoque las deja en la orillamostrando en sus coloresla fuerza de la vidao el […]

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