Pilar Galindo Salmerón Stilettos de la antología de Lilian Elphick:

» O dispara usted o disparo yo»


Éramos de la misma estatura, si hubiera calzado planta baja, no habría habido problema. Pero no, se encaramaba en los tacones para dejarme en ridículo. La última vez fue demasiado lejos, los stilettos miden doce centímetros. Cuando intentaba llevarla por encima del hombro, tenía que ir en puntas de pies y aún así, parecía que ella me apuntalaba. Se lo pedí, llegué a suplicar, pero no me escuchó. Se complacía en ridiculizarme, se atrevió a llamarme «mi pequeñajo». Le saqué un zapato y le aticé con él en la cabeza. Se le quedó bailando en todo lo alto. Me gritaba «¿qué haces, enano?» Entonces empuje el tacón hacía abajo hasta que se quedó callada.
El informe del forense dice que la herida en la cabeza, causa de la muerte, fue hecha con un clavo o algo similar ¿Cómo iba yo a saber que esos tacones llevaban dentro un fleje de acero? En cuanto al móvil del crimen, la policía carece de sensibilidad, nunca medirían el peso de la humillación.
El arma del crimen viaja, con su otro par, camino de Argentina, calzando a mi prima Rosarillo que vive allá.No tienen nada contra mí. Caso cerrado.

Pilar Galindo Salmerón.

Tengo 75 años, estoy jubilada de la Administración Local. Soy madre, abuela y escritora amateur, a
pesar de mis años. Me gusta el mar y la música. Escribir, leer, charlar. Tengo algunos premios: RTE la Caixa. Canal Literatura. Jirones de Azul. El Coloquio de los Perros. Abadía del Perfume.

La habitación 309

Circo para adultos RGG


En esta parte del planeta ven al sexo como un acto circense. Aplauden cuando hago sexo oral y retumban gritos de admiración y envidia cuando he despachado a media docena de ejemplares masculinos, bien dotados. Y es una locura cuando miran que uno de ellos se ha quedado emasculado. Por supuesto que lo que devoro es una copia perfecta de un pene hecho de almendras. solo el administrador del circo sabe que sí soy capaz de hacerlo.

El viejo de los globos Elena Casero, España

Del libro pequeficciones. Antología de Ortiz Soto José Manuel y Cris Morales


Asciende el hombre por la ladera de la montaña. Allá arriba el cielo, oscuro, denso. Pegada a la oscuridad, está la luna y millones de estrellas que guían su camino. El hombre lleva un puñado de globos de colores atados entre sí y sujetos a su cinturón. Globos verdes, rojos, amarillos y azules que mueve el viento y arrastra risas por toda la montaña. El hombre asciende ligero, sonriendo, silbando. Hace coro a las risas que escucha. Las estrellas titilan al compás, como si esperasen la visita. Al llegar a la cumbre desata los globos del cinturón que se escapan livianos hacia la luna. Las risas parecen ensancharse en la noche, libres y felices por fin.
—Abuelo, eso no puede ser cierto. Los niños tristes no viajan a las estrellas en globos de colores.
—¿Estás segura, hija?
—Nunca he escuchado ninguna risa por las noches.
—Hay que prestar atención, observar las estrellas y la cara de la luna.
—Tú sabes que eso es una leyenda, abuelo.
El viejo sonríe, acaricia la cabeza de su nieta y recoge unos hilos escapados de su cinturón.

Elena Casero (España). Técnico de Empresas Turísticas. Jubilada.
Ha publicado cinco novelas: Tango sin memoria, Demasiado Tarde,
Tribulaciones de un sicario, Donde nunca pasa nada y Las óperas
perdidas de Francesca Scotto. Un libro de relatos: Discordancias. Y
uno de microrrelatos: Luna de perigeo. Ha colaborado en distintos
libros de microrrelatos. Y es músico por afición. Toca el oboe y estudia
piano.

Pliegos volantes: La escritora Elena Casero

LAS HOJAS DEL CHOPO — Eltiempohabitado’s Weblog

Como si fuera oroderretido en los caucesdel río que se alejarevuelan emocionesal paso de las horasson las hojas del chopoque caen en la miradade un tiempo que suspirasoledades…… laten los corazonesabrazadosel camino sonríejunto a la música del aguabajo el soplo del vientoque las deja en la orillamostrando en sus coloresla fuerza de la vidao el […]

LAS HOJAS DEL CHOPO — Eltiempohabitado’s Weblog

Quintilla de minificciones dos: A.Santa Olaya, F. Sánchez clelo, Lorena Escudero, Lola Sanabria y Ildiko Nassr

Congruencia de Angélica Santa Olaya Mex.

Tras el anuncio de aislamiento total en casa durante la pandemia, la fama del
ermitaño decrecía. Calzó sus sandalias y salió a la solitaria calle para morir con
dignidad.

Fernando Sánchez Clelo Mex.

Cuando se te suba el muerto
—Se me sube el muerto en las noches. No he dormido bien en dos semanas —
me respondió Iker. Su semblante era de un despojo. Me preocupo.
—Tienes que respirar —le dije, porque yo sabía de qué hablaba—. Cuando no
puedas moverte, respira profundo con la nariz y la boca, llena de aire los pulmones y el
diafragma, y así despertarás.
Dos días después volví a verlo en la oficina. Aún tenía un aspecto algo
desmejorado, pero ya sonreía. «Funcionó», dijo y me agradeció el consejo.
Esa noche, en mi cama, me desperté al sentir que alguien se sentaba en el
colchón: era la silueta que años atrás me sujetaba las manos y se subía en mi pecho.
No podía moverme, pero no tuve miedo. «No reveles tu secreto», escuché por primera
vez su voz recóndita que luego se tornó melancólica: «Por favor, ya no lo hagas».
Después de esto, respiré profundo y desperté.
No sé si sea cierta mi idea, pero he pensado que esas siluetas son como niños
aferrados a la falda de su madre: están apegados a la casa en la que fueron felices, al
oro enterrado en ollas, a un amor, a la vida misma. Necesitan la energía de nuestro
miedo para subsistir y nos la roban cuando descansamos; por eso, el «por favor, ya no
lo hagas» que dijo, me hizo sentir compasión. Ya no se lo contaré a nadie, pero quizá
escribiré un minicuento sobre ello.

Buzon de Lorena escudero España

Hoy casi lo consigo, echar las cartas al buzón. Lo llevo intentando desde que
nos dejan salir de nuevo. Pero no es culpa mía que aún no lo haya logrado. Han
cambiado el buzón de sitio, está más lejos. Y no solo eso, las aceras son además más
estrechas, los coches pasan demasiado cerca, casi rozándote. El primer día no pude
pasar de mi calle, los edificios eran raros, parecían doblar sus paredes como juncos
sobre mí. Qué angustia. Pero hoy casi lo consigo. Llegué, de hecho, hasta el buzón.
Solo que al extender el brazo los sobres no parecían caber por la abertura. Mañana lo
intento de nuevo, a ver si el buzón abre sus fauces y se las traga de una vez.

Hoeeoe vacui de Lola Sanabria España

Me despertaba y ahí estaba el león rugiendo y mostrándome las fauces, a un palmo de mi cara, con su aliento a carne cruda. Hora de levantarme de la siesta. En cuanto me incorporaba, él se iba por donde había venido. Luego la tarde discurría plácida. Un paseo por la orilla del mar, la partida de cartas y de vuelta a casa. Pero hace días que me despierto de golpe, angustiado. Abro los ojos y escudriño la penumbra de la habitación. Nada.

Dientes de Ildiko Nassr Argentina

Guarda en una cajita de madera de cerezo todos los dientes. Piezas pequeñas blanco amarillentas que, para un observador distraído podrían pasar por cuentas de un collar roto. Atesora la caja (y su contenido). Le ayudan a llevar la cuenta de los asesinatos: dos dientes por víctima.

De la metamórfosis de Diana del escritor José Manuel Ortiz Soto

Contrareloj

Contrarreloj

Contrarreloj

Tras lenta y pesarosa marcha, la tortuga chef más famosa llegó al reino de Pensar.

—¿Por qué no se me había ocurrido? —La idea saltaba en su cabeza cual conejillo inquieto en la chistera del mago―. El único y verdadero culpable de mi lerdo paso es este incómodo caparazón que llevo a todas partes. ¡Pesa tanto el infame!

La tortuga se despojó de su cubierta y fue a unirse al grupo de cocineros que preparaban la sopa. —¡Dos minutos, cuarenta y siete segundos y veintiocho milésimas! —dijo a los invitados el eufórico Monarca de Pensar, reloj en mano—. ¡Algo nunca visto! —alcanzó a oír la tortuga, antes de que el último trozo de su carne desapareciera tras las fauces de los hambrientos comensales.

Cuentacuentos] Cocina rápida para tortugas 2 - Con peques en Zaragoza

LOS ASTROS LO SABÍAN / Maricarmen Delfín Delgado — Los escribas

¡Ah!, ya cerca de casa después de un día desastroso, hoy me sucedió de todo, nunca pensé que el destino me hiciera pasar por tantos malos ratos, todo me lo complicó, de haber sabido, me preparo o de plano, no voy a trabajar. Me quedé dormida por culpa del despertador que no sonó, como ya […]

LOS ASTROS LO SABÍAN / Maricarmen Delfín Delgado — Los escribas

De «cuidado con el amor» cien años

Es un fragmento de la pelicula, la canción se remasterizó

Para quienes lo conocen disfrútenlo, Pedro cada día canta mejor. Y para quienes no lo conozcan entonces escúchenlo. Muchos años ha que se nos adelantó y el pueblo de México lo recuerda como si hubiese sido ayer que nos dejó.

Las sexys fotos de Pedro Infante, el galán de México que murió un día como  hoy
Su padre, Delfino Infante García, era maestro de música y tocaba algunos instrumentos. Desde muy niño comenzó a trabajar, primero como mandadero de una tienda de productos agrícolas y, luego, como carpintero.
A los dieciseis años formó parte de una orquesta conocida como La rabia, y antes de cumplir los veinte años se mudó a la Ciudad de México en busca de mejores oportunidades.
En 1939, debutó en el cine, pero fue en 1943 cuando obtuvo su primer papel principal en La feria de las flores. Fue el comienzo de una fructífera carrera de más de 60 películas en la Época de Oro del Cine Mexicano.
En muchas de sus películas personificó al clásico charro mexicano, a un carpintero
Como cantante grabó más de 300 canciones en estudios, incursionó en los géneros rancherobolerovals y chachachá.
Era aficionado a la aviación y, pese a haber sufrido dos accidentes previos continuó piloteando, falleció el 15 de abril de 1957 al sufrir su tercer accidente. Muchas personas creen que no murió en el accidente y que siguió con vida, de ser así tendría más de 100 años de edad.
Ese mismo, se le otorgó, de manera póstuma, El Oso de Plata al Mejor Actor en el Festival Internacional de Cine de Berlín.
Se le relacionó sentimentalmente con Guadalupe López, María Luisa León, Irma Dorantes, Lupita Torrentera y Silvia Pinal.
Tuvo siete hijos: Cruz Infante Cazañas, Dora Luisa Infante León (adoptada), Graciela Margarita, Infante Torrentera, Guadalupe Infante López, Irma Infante Aguirre, María Guadalupe Infante Torrentera y Pedro Infante Torrentera.

¿Cómo se te ocurre? — El Blog de Arena

. . ¿Cómo se te ocurre? ¿Cómo se te ocurre escribir un poema? ¿Cómo crees que una palabra detrás de otra palabra puede siquiera llegar a tener algún significado?                              “Brilla en la noche                              el silencio magnífico de las estrellas                              y su luz, su cuña                                             su astilla                                                  filigrana                                 de plata […]

¿Cómo se te ocurre? — El Blog de Arena

TAN TON TIN — manologo

Hay quienes son y quienes se hacen. Los primeros porque padecen de un estado que puede ser congénito y los otros que intentan disimular, mirando al techo y poniendo cara de pregunta. Hay situaciones donde quienes se hacen, no es que sean muchos, pero sí son notorios. Haciéndose, obtienen notoriamente mucho y celebran su premio. […]

TAN TON TIN — manologo

Un amante furtivo

Autor Rubén García García

Soy fea, se dijo murmurando. Yo también le contestó una voz que arrastraba las palabras. La luz disminuida del bar y con pocos clientes facilitó el acercamiento. Su estima se inflamó. Una mano húmeda peinaba su pelo, dos brazos la sujetaban de las caderas.  Otros arremangaron su vestido, Lo confirmó el frescor en los muslos. Iba a protestar, pero se contuvo cuando un muñón acariciaba con destreza ocasionando un placer nunca antes sentido. fue la primera vez que supo que era una mujer y contestó con un beso intenso y profundo. Los orgasmos bajaron de un tobogán que la cimbraron de rubor, asfixia y gritos contenidos. Llegó a su casa sin saber nada del furtivo amante, pero al volver la película se percató que los brazos la habían tocado al mismo tiempo y se sonrojo, luego le agarró un episodio de risa y se preguntó ¿sería un calamar?

El Colibrí Bar, Puerto Vallarta Instagram posts - Picuki.com

La abuelita de Huilo Ruales

De la antología «O dispara usted o disparo yo» Ant. Lilian Elphick

Cuando nació la niña, los perros doberman negro-azulados tuvieron que mudarse al patio. Nadie les explicó. Trataron de botar las puertas para volver a su territorio: la sala, la alfombra, los cuartos, la
cocina, y sobre todo el dormitorio para seguir pernoctando al pie de los amos. Lloraron humanamente. Rechazaron la comida. Se enfermaron. Una ocasión oyeron al amo que si continuaban así tendría que envenenarlos porque la niña. Y repentinamente dejaron de aullar: fingieron juguetear como dos críos, fingieron comer con apetito, fingieron dormir en la patio como si fuera cama. Llegó el día en que la madre tuvo que reintegrarse a su trabajo, y la niña y la casa quedaron bajo el cuidado de la abuela. Los perros movieron la cola. La anciana cariñosamente les preparó pastelitos y to to to los llamó al umbral de la puerta trasera. Desde su aparente siesta se dispararon como saetas, pasaron por encima de la abuela y entraron en la casa. La puerta se cerró del interior. La anciana lloró, gritó, se dijo entre hipos que eso le pasaba por desobediente, golpeó la puerta hasta lastimarse los nudillos. Al fin optó por romper un vidrio con la escoba. Rasgándosela ropa y magullándose lo huesos se encaramó por el ventanal, desbarató con chillidos el doloroso silencio que encontró en la casa, y corrió hacia la cuna. La niña, tranquila, esperó que el horror se configurara en la cara de la abuela, y
como intuyó lo que iría a preguntarse al respecto de su boca, respondió: «para comerte mejor, abuelita».

Huilo Ruales.

Narrador y poeta. Fundador del colectivo La
pequeña lulupa, y del grupo literario Eskeletra. En 1983 obtuvo en
París el Premio Hispanoamericano de Narrativa «Rodolfo Walsh». Ha
publicado, entre otros: Novela: Maldeojo (Madrid, 1998). Cuento: Y todo
este rollo también a mí me jode (Quito, 1985); Nuaycielo comuel dekito (Quito,
1985); Loca para loca la loca -Premio Nacional «Joaquín Gallegos Lara»-
(Quito, 1989); Fetiche fantoche -Premio Nacional «Aurelio Espinosa
Pólit»-(Quito, 1994); Historias de la ciudad perdida -antología- (Quito,
164
1997). Poesía: El ángel de la gasolina (Quito, 1999). Teatro: Añicos (Quito,
1991).

El Telégrafo - Noticias del Ecuador y del mundo - Huilo Ruales, cultor de  la estética del esperpento

La fuerza de la costumbre

De Gabriel Ramos

La fuerza de la costumbre

Ayer fui al supermercado, tomé un carrito que fui llenando con todo aquello que hacía falta en casa. Siendo soltero, mis necesidades son pocas; fui a la sección de frutas y verduras, y al colocar en el carro el racimo de uvas me di cuenta que había un cuaderno para iluminar y unas crayolas; por supuesto que yo no necesitaba aquello, no tengo hijos. Pensé que alguien los había puesto ahí por equivocación. Llegué a la caja, pagué y salí del lugar, al llegar a mi auto y accionar el control remoto, la que abrió sus puertas fue la camioneta de al lado; subí y la eché a andar sin problema. Me dirigí a mi casa y la camioneta por alguna extraña razón tomó su propio camino. Me llevó hasta un edificio antiguo en donde automáticamente se detuvo. Sin pensarlo, subí en el elevador hasta el quinto piso, y con la llave que tenía en ese ajeno llavero, entré a un departamento en el que fui recibido por una bella pero extraña mujer que entusiasmada dijo: “Amor, qué bueno que llegaste”; y poco después con gritos de alegría, salió corriendo un niño que preguntó: “¿trajiste mi cuaderno?”.

Cómo evitar contagiarnos de coronavirus en el supermercado al hacer la  compra

Dos pequeficciones de:Homero Carvalho Oliva y Daniel Arturo Casanova

Antología de José Manuel Ortiz Soto y Chris Morales

Los poetas

En el país de la gente del agua se cuenta que un mal día la naturaleza
se enojó con los seres humanos, porque pasaban junto a las flores sin
verlas ni olerlas y comían frutas sin disfrutar de sus sabores; dicen que
decidió ocultar sus colores, sus aromas y sus sabores. El mundo se
volvió descolorido e insípido. Las personas se desesperaron porque
las cosas se volvieron feas y algunas quisieron irse a buscar lo perdido;
una niña y un niño descifraron el misterio mientras jugaban,
escucharon las voces de los árboles y aconsejaron que dejaran la
indiferencia, que agradecieran a la naturaleza cantando a la belleza de
las flores, a los deliciosos sabores de las frutas y que festejaran las
fragancias infinitas de la Creación. Los ancianos cuentan que a los
primeros hombres y mujeres que escribieron sobre estas cosas
hermosas los llamaron los poetas del pueblo.

Homero Carvalho Oliva (Bolivia, 1957).

Escritor, poeta y gestor
cultural, ha obtenido varios premios de cuento a nivel nacional e
internacional como el Premio latinoamericano de Cuento en México,
1981 y el Latin American Writer’s de New York, USA, 1998; dos veces
el Premio Nacional de Novela con Memoria de los espejos y La
maquinaria de los secretos. Su obra literaria ha sido publicada en otros
países y ha sido traducida a varios idiomas.

La protagonista por Daniel Arturo Casanova Gómez

La niña esperaba con mucho cariño a su padre cada noche. Su llegada
significaba que disfrutaría una nueva historia antes de dormir. Adoraba
que le contara cuentos. Cuando su papá no llegaba, la niña tardaba
mucho en conciliar el sueño; y a veces, ni dormía.
Una noche que no tenía ningún cuento disponible para su hija,
ella le dijo que no se preocupara, porque durante esas largas noches,
ella imaginaba a los personajes de las historias que había oído y que
tenía más de doscientos cincuenta nuevas historias para que él le
contara.
Al tomar el cuaderno y empezar a contar, el padre notó que su
hija brillaba mucho y que ya no se encontraba en la cama: ahora
estaba saltando entre las ramas de un árbol dibujado en una página del
primer cuento escrito por ella misma.

Daniel Arturo Casanova Gómez (México).

Profesor de Letras,
promotor de la cultura escrita, narrador oral, escritor, coordinador de
Bibliotecas Públicas en Carmen, Campeche. Publicado en la Antología
Virtual de Minificción Mexicana, en el libro Cuerpos rotos de la Editorial
Bitácora de Vuelos; en la Revista De la Tripa, de Adán Echeverría; en
las antologías Historias de Camiseta, de Esteban Dublín, y en Los 100
Mejores Minicuentos de la Cuarentena, de Ruth Pérez Aguirre.