Quintilla de minificciones dos: A.Santa Olaya, F. Sánchez clelo, Lorena Escudero, Lola Sanabria y Ildiko Nassr

Congruencia de Angélica Santa Olaya Mex.

Tras el anuncio de aislamiento total en casa durante la pandemia, la fama del
ermitaño decrecía. Calzó sus sandalias y salió a la solitaria calle para morir con
dignidad.

Fernando Sánchez Clelo Mex.

Cuando se te suba el muerto
—Se me sube el muerto en las noches. No he dormido bien en dos semanas —
me respondió Iker. Su semblante era de un despojo. Me preocupo.
—Tienes que respirar —le dije, porque yo sabía de qué hablaba—. Cuando no
puedas moverte, respira profundo con la nariz y la boca, llena de aire los pulmones y el
diafragma, y así despertarás.
Dos días después volví a verlo en la oficina. Aún tenía un aspecto algo
desmejorado, pero ya sonreía. «Funcionó», dijo y me agradeció el consejo.
Esa noche, en mi cama, me desperté al sentir que alguien se sentaba en el
colchón: era la silueta que años atrás me sujetaba las manos y se subía en mi pecho.
No podía moverme, pero no tuve miedo. «No reveles tu secreto», escuché por primera
vez su voz recóndita que luego se tornó melancólica: «Por favor, ya no lo hagas».
Después de esto, respiré profundo y desperté.
No sé si sea cierta mi idea, pero he pensado que esas siluetas son como niños
aferrados a la falda de su madre: están apegados a la casa en la que fueron felices, al
oro enterrado en ollas, a un amor, a la vida misma. Necesitan la energía de nuestro
miedo para subsistir y nos la roban cuando descansamos; por eso, el «por favor, ya no
lo hagas» que dijo, me hizo sentir compasión. Ya no se lo contaré a nadie, pero quizá
escribiré un minicuento sobre ello.

Buzon de Lorena escudero España

Hoy casi lo consigo, echar las cartas al buzón. Lo llevo intentando desde que
nos dejan salir de nuevo. Pero no es culpa mía que aún no lo haya logrado. Han
cambiado el buzón de sitio, está más lejos. Y no solo eso, las aceras son además más
estrechas, los coches pasan demasiado cerca, casi rozándote. El primer día no pude
pasar de mi calle, los edificios eran raros, parecían doblar sus paredes como juncos
sobre mí. Qué angustia. Pero hoy casi lo consigo. Llegué, de hecho, hasta el buzón.
Solo que al extender el brazo los sobres no parecían caber por la abertura. Mañana lo
intento de nuevo, a ver si el buzón abre sus fauces y se las traga de una vez.

Hoeeoe vacui de Lola Sanabria España

Me despertaba y ahí estaba el león rugiendo y mostrándome las fauces, a un palmo de mi cara, con su aliento a carne cruda. Hora de levantarme de la siesta. En cuanto me incorporaba, él se iba por donde había venido. Luego la tarde discurría plácida. Un paseo por la orilla del mar, la partida de cartas y de vuelta a casa. Pero hace días que me despierto de golpe, angustiado. Abro los ojos y escudriño la penumbra de la habitación. Nada.

Dientes de Ildiko Nassr Argentina

Guarda en una cajita de madera de cerezo todos los dientes. Piezas pequeñas blanco amarillentas que, para un observador distraído podrían pasar por cuentas de un collar roto. Atesora la caja (y su contenido). Le ayudan a llevar la cuenta de los asesinatos: dos dientes por víctima.

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