El gato

 

gato

Por la fría mañana pasan con lentitud viejos años.
La neblina levanta y cubre en espirales el bosque de perones
Una mano niña tirita en la ventana
y por la rendija
descubre que hay motivo para sonreír;
es el gato que intenta atrapar los cabellos de la niebla.

La noche

rayo

En noches de tormenta
las gotas caen insistentes sobre el techo
El ruido monótono golpea las hojas
y ese roer roer
que talla el almidón de la madera
Sobreviene un ruidoso silencio
desgarrador
Claros que tapizan mi ventana.
Y el rayo espada que cae
se oye el estrépito
Un  cuerpo
La rama cargada de mangos
sobre la arcilla
Y los transeúntes del patio
El loro, el perro y las ardillas
enmiedecen.

Tejos en el río

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Solo silencio.

Agua fría de la montaña

Y grandes peñascos

Que esconden pequeños camarones de río.

Bajo el agua los peces se comen

Y en el fondo yacen los tejos

De finitos colores y formas,

Tienen vida como el pez o el camarón,

Tejos de un arroyo

Piedras de otro.

Ruedan más que las ruedas de un viejo molino.

Húmedas, con su corazón de piedra.

Esperan quizá siglos

Para encontrar la que rueda y pulsa como ella.

Y se encuentran en un recodo de la corriente

Se tallan

 Se miman, se regodean

 Se acicalan

Y a las diez de la mañana

Llega un niño   toma una de ellas y la tira viendo como hace giros entre las ondas de agua.

 

Ser lluvia

beso despues de la lluvia de jorge blanco

Siento venir la lluviabeso despues de la lluvia de jorge blanco
La veo en el desierto,

Emplumada 
Late, rompe.
Me siento tejado 
Enmudezco, corre, tintinea. 
Me percute.
Mi espalda florea en diminutos que festejan dando vueltas.
Me siento tallo. Entregado a ella exhalo aroma.
Si me pienso mujer, corro desnudo y percibo el oleaje debajo de mi vientre.
al ser hombre busco el tam tam que hacen los pechos, y al encontrar tu sexo bailo contorsionando mis caderas; 
húmedos de gemidos nos volvemos estrella.

Gea

20170306_161501Es tarde

inminencia nocturna

la bellota del plátano cercana a la tierra

Punta que te harás mata. No tardara la lluvia

y la hoja sera una percusión

tambor que fabrica la nube.

Tambor de mi corazón

Oh Gea cuanto nos amas.

 

 

Soledad y desigualdad

mujeres lavando

El árbol extiende su sombra
es refrescante para las rocas.
¡tanta lejanía!

 Cuando el ave planea en el desfiladero

Se oyen voces que parece vienen de un velorio de hace años,
pero no
son las mujeres que cuchichean
mientras sus manos callosas tallan la ropa en el vientre de las lozas
Cerca de ahí los hombres platican,
mientras la espuma de la cerveza resbala por la boca.

Los niños grandes cuidan a los chicos
y las mujeres parece que rezan.
Pero no, es el río que murmura cuando arrastra las piedras

Los hombres  salen
las mujeres en fila cargan la ropa

El ave se ha ido,
dejando soledad en la boca del desfiladero

Dónde están los dictadores tan temidos

mujer-joven-mirando-hacia-fuera-al-mar-6078515Breve el placer, el amor, el tiempo;
larga la muerte.
Todo se abrevia: te duermes y no eres.
Las palabras son palomas,
hojas que caen,
flores que abren,
estrellas que muertas nos alumbran.
nuestra dimensión, 
se oscurece en el sueño,
o en la infinita soledad.
El deseo nos hace perseguir la vida, 
ser aire y gaviota. 
Se nos abrevian los sentidos, 
se oscurecen, 
pozos sin luz, 
¡Somos briznas en el tiempo!
¿Dónde los dictadores temidos?, 
¿dónde los convertidos en oro…? 
¡Nada! Sólo un río de olvido.

Un viejo dolor

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Intuyo que tu alma tenía la fuerza de esos remolinos que miramos en la pradera,
levantan polvo, se agotan,
pero después reinician con más fuerza.
No comprendo cómo dices quererme tanto y añades en un punto y aparte
“que lo mejor sería proponerse objetivos nuevos.”
.
En ese estado de tu interior, —aún pensando que me quieres—
me pregunté: ¿porqué sacaste la hoz y segaste?
Más de alguna noche me dije:
¡Es que esto no puede venir de ella!
Y movía la cabeza como esas marionetas estúpidas que encuentras en los mercados de vecindad.
Entonces:
cerré el libro
y acepté de una vez por todas
que tu silencio era una indicación de que la complicidad se había roto.

Ocaso

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El ocaso se pierde.
Llegan las nubes cara de vaca y ocultan los rayos de sol.
Nada interrumpe mi oleaje que teje la espuma como eficaz hilandera.
Hay dolores que revientan y no espantan; ni tampoco las felicidades adolescentes que envanecen.
Alabo el sacerdote que nunca ha dejado de ser pobre y que ahora es viejo.
Admiro a la mujer que es feliz aunque para todos viva en pecado.
A mi edad la muerte reclama un sitio en mi cama. Y la vida es río hasta que se pierde en el mar.
Me sorprenden las garzas que llegan, el croar de las ranas y los gritos de las chachalacas.
El amor florece.
Me entusiasma vivir, pero entiendo que todo lo que inicia termina.  huelo la tierra mojada y buscaré un lugar al lado de los sapos barraganes.
Sabiendo que la mudez se acerca.

El viaje

 

mar

Tomaré la ruta de oriente. Cruzando el puente, detendré mis ojos en los pescadores que buscan, en las aguas turbias del río, al pez Bobo. Allá arriba, mis ojos se imaginarán los caminos perdidos de la montaña. Después de la cuesta está el mar; y en la lejanía, veré el barco que hunde la quilla en la espuma como un clavo en el silencio. El sol parece nadar en el horizonte.

 

Rinoceronte

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Si tuvieses la línea esbelta de un caballo serías unicornio. Dios tuvo otros planes.
La hipertrofia muscular y un abdomen donde una mujer obesa podría acostarse, te hace ser terrenal. Cavernícola, obedeces al instinto, a la energía primigenia que brota de la erección de tu armadura. Embistes al viento, a la selva, a la roca y, de ser posible, hasta tu sombra. Se sabe que padeces de visión precaria.
Cuando veo que tu mirada abraza con intensidad el cuerpo del cachorro, entiendo que te reconcilias con la vida y con el amor.

La bella Makiu

niña makiuEl oso,
el gato,
el gorila.
Los tres se pelean
por arrullar a Makiu.
El oso promete un enorme abrazo.
El gorila un grito
que espante a los fantasmas que rondan cerca de la cuna.
El gato en silencio
calienta los pies,
mientras afuera el viento helado desgañita por los tejados.
Makiu duerme y complace al gato que no para de ronronear…