El viaje

 

mar

Tomaré la ruta de oriente. Cruzando el puente, detendré mis ojos en los pescadores que buscan, en las aguas turbias del río, al pez Bobo. Allá arriba, mis ojos se imaginarán los caminos perdidos de la montaña. Después de la cuesta está el mar; y en la lejanía, veré el barco que hunde la quilla en la espuma como un clavo en el silencio. El sol parece nadar en el horizonte.

 

Rinoceronte

animales.rinoceronte

Si tuvieses la línea esbelta de un caballo serías unicornio. Dios tuvo otros planes.
La hipertrofia muscular y un abdomen donde una mujer obesa podría acostarse, te hace ser terrenal. Cavernícola, obedeces al instinto, a la energía primigenia que brota de la erección de tu armadura. Embistes al viento, a la selva, a la roca y, de ser posible, hasta tu sombra. Se sabe que padeces de visión precaria.
Cuando veo que tu mirada abraza con intensidad el cuerpo del cachorro, entiendo que te reconcilias con la vida y con el amor.

La bella Makiu

niña makiuEl oso,
el gato,
el gorila.
Los tres se pelean
por arrullar a Makiu.
El oso promete un enorme abrazo.
El gorila un grito
que espante a los fantasmas que rondan cerca de la cuna.
El gato en silencio
calienta los pies,
mientras afuera el viento helado desgañita por los tejados.
Makiu duerme y complace al gato que no para de ronronear…

 

El naranjo

arbol de narnajoY se vino el invierno, aún cuando es mayo. La lluvia perezosa y afilada cae sobre el naranjo, ¡qué olvidadizo!, no encuentra la gabardina. Esperaba un chubasco que le sacara el polvo cotidiano y nunca la migaja fría que lo estremece hasta las raíces.
El pájaro verdelimón brincotea entre sus ramas y, canta como si el mundo estuviese sordo, siempre lo tolera, pero con este jodido frío, sus pisadas leves duelen. Llegó la pájara y viene de afilarse las uñas, bailan un tango, vuelan y se posan bajo los paraguas del papayo.
Él se enrama sobre sí, tirita, cierra las hojas y a lo lejos escucha el parloteo de las aves.

En el parque

Monumento a Cuba MadridHay una estatua, que cuando tránsito por la arboleda siento que me mira. Giré la testa con rapidez para sorprenderla y sólo conseguí aceptar que su mirada es más pesada que la mía. Bajé la cabeza y un sabor de hojas removidas me abrazaba.

Tuve una novia que cierta vez, se desató de mi mano y corrió a una banca abanicada por el mar y se recostó cruzando la pierna imitando a una estatua. Nunca supe de ella…
y sólo la recordaba cuando pasaba por esa banca.

Me llené de años y percibí que al pasar por el bosque
la estatua que saluda al sol me mira insistente. Un día, cansado de la persistencia la enfrente cara a cara, ojo a ojo y reconocí en su frente la historia de mi fugacidad. Me quedé a su lado y dejé que mi cuerpo se perdiera entre la arboleda.

La rana

Canta una rana, es la única que queda en el pantano; unas se fueron, otras fueron tragadas por la víbora. Solo canta una; se eleva sobre los juncos trepándose a la picuda piedra. Canta con un tono indefinido. ¿Será de dolor? ¿De soledad? O quizá espera que le contesten.

Solo canta una rana, nadie sabe qué dice o a quién le canta, Ella deja de cantar cuando el agua llena el pantano y la noche se pone ciega. ¿Será por temor o por qué no aparece la luna?

Pedimento

 

Mi cama es blanda con sabanas de algodón guinda. Me gustan las veladoras que aluzan tímidamente y dejan escapar olores  de sándalo. Tengo una sobre el buró, para prender cuando el foco se apague. Como hace calor dormiremos sin frazada. no uso piyama, sólo calzo una camiseta larga que llega a las rodillas. Me quitaré la ropa. ¡no mires!, voltea a la pared. ¿Dime deseas que me ponga perfume o prefieres mi aroma después del baño? Anda  metete a la cama y descubre el lado donde me acostaré. Sabes, siempre tengo pies fríos, ¿te importa si los caliento entre tus piernas? Afuera están los tonos de la noche, aquí  la suavidad de una luz y el  perfume de la veladora.  Me recuesto sobre  tu pecho, tu mano  acaricia mis hombros. Quedo te digo: me encanta que estés en el lugar donde sueño y es la primera vez que un hombre se acuesta conmigo en este lecho, no me defraudes por favor.

 

Incertidumbre

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Acostado en el chinchorro,
cuento las veces que llega la ola;
tiemblo
cuando silban las embarcaciones.
Sé que transitan los barcos
y no puedo evitar que mis raíces se desordenen.
¿Tendré la fuga del nómada?
¿La prisa del viento?
O será el miedo a tus amarillos.
En tus ojos miro girasoles que revientan en mis sueños,
y al jugar con los capullos
no sé qué me da por besar tus pezones.

Es la ola mil
y confuso duermo por no saber qué vendrá primero.

Serie Evadne

mujer espaldas

Cerca. Tan cerca que sí respiro, escuches la luciérnaga de tu sueño.
Tenerte sin que te sobresaltes y traspasar con alfileres a la mariposa negra que ronda tus sueños; o tan lejos, que el oído de tu pensamiento escuche cuando te nombro.

La esperanza

mujer caminandoLlegan mujeres de otras vidas.
Mujeres que pasan a mi lado
doblando orillas de hombre.
zurciendo la esperanza.

Tú no llegabas.

En mis sueños veía
que la inquietud te despertaba
y en el cielo de tus ojos
las nubes aceradas
transitaban en sospechosa calma.

Despertaba con un tal vez,
y en la boca un resabio de la oscuridad de tu trenza.

Estoy en esta esquina
viendo pasar a las mujeres,
que van hilando su camino;
y no te veo.
Quizá nada es cierto.
sólo fantasmas.

Mas… sigo esperando a que llegues.

Vives en dos mundos

mujer caminandoVives en dos mundos.
Así, tus hombros y tus pechos son girasoles de un tallo.
En el día eres cautiva de las horas cotidianas;
en la noche, vienes conmigo.
Qué importa que no alumbre el sol en tu ausencia
si tu eco me lleva a tu aroma de luna agridulce.
Despierto cuando beso tus caderas.

En otro sol descubro el diapasón de tus ojos,
y de tu piel germinal nacen sirenas.
No estés triste.
Recuerda que vives en dos mundos.
Soy el de la noche que resbala por tus pestañas
y fecunda los peces de tu vientre;
empujado por el viento milenario que nos arropa.