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Puede ser excepcional mente medida o bien verso libre, abarca diferentes temas pero cargado hacia el amor o desamor.
Versitos del uno al cinco
Tardes de invierno
me agobian con su píe
al recordarte.
El flash de mi memoria
no sabe y me perturba.
2.-
Inquebrantable
lo que siento por ti,
es mar y hueso
inmenso azul profundo
que teme a tu desprecio.
3-
Llegan mujeres
que pasan a mi lado
zurciendo anhelos
doblando orillas de hombre.
Entre mis sueños
susurraba tu nombre.
Nunca llegaste.
¿Acaso te escondías?
No lo sé…no lo sé
4-
Oscuridad
y silencio en la calle,
nadie transita,
solo yo y mis recuerdos.
El golpeteo
del frío asusta mi alma.
Cuando mi caja
se abra seré ligero
como ave entre los vientos
5
abrió la tarde.
Cuida una primavera,
es breve, mínima,
con dificultad pía;
pero es robusta.
Me comenta la tarde
que su plumaje
esta hecho de arcoíris
de viento y agua,
y cada hora que pasa
se fortalece.
No te extrañe, me dice
que cuando cante
el mundo se despierte
vistiendo mariposas.
La guerra
Los muertos están calientes. Vivieron con la negrura que los abuelos inculcaron. Estamos sin lágrimas, apedreados de la boca. Las mujeres se retiran despacio con sus senos blancos, llenos de leche y angustia.
Se fueron los muertos a pelear en otros silencios, adelgazando sus almas, afilando los odios.
A Cástulo
Te vieron por las calles con las manos de barro ahuecadas como cántaros clamando agua. Me contaron que tus pies desnudos pisaban vientos sumergidos, vacío de tus roperos. El cedro que cuidaste, ahora se lo comen las hormigas, y el maizal apunta con mazorcas sin granos. Campos desiertos de fe, terrones solitarios donde crece la hierba que, ausente de savia, se ha quedado sin tallos.
¿Recuerdas el piano de teclas cabizbajas? Todavía no sabe que enterraste tus años. Me lo contaron sin querer, y yo grité mi dolor sin palabras.
La flor
Escuché atento. Seguí con la vista la mirada del águila. Estábamos en lo alto de un risco y divisé entre el mar la barca de los pescadores.
– ¿Has notado que el amor tiene muchos caminos? Es como una cabellera: veredas que van, lunas frías que pasan sin retorno, trópicos que los pájaros dejan caer, tejos que mueven el corazón. Fíjate en la piedra salobre donde el mar da las horas. Es una lápida que la gaviota desprecia y donde anidan remolinos de viento. En el medio se da el parto de la vida: hay una flor retadora que se levanta, desafiando al viento, al mar y a la gaviota.
Clik
Hay sonidos microscópicos:
cuando el talón hinca un tallo reseco…
A nadie ofende,
o atemoriza.
Son fugacidades
que suceden en el camino. En mi interior hay pasos
Y talluelos a la vera
que se rompen:
como la vez que un hijo nos miente,
un amigo que defrauda,
o nos consume la incertidumbre
al enterarnos,
que ya no somos lo mismo
ante los ojos de la persona que amamos.
Es un clik breve, Intenso,
un alfiler que penetra;
un dolor que nos hace bajar la cabeza,
por días o toda la vida.
Vives en dos mundos
Despierto cuando beso tus caderas. En otro sol descubro el diapasón de tus ojos y la luna de tus hombros.
No estés triste. Recuerda que vives en dos mundos. Soy el de la noche que resbala por tus pestañas y después rodea tus muslos.
No estés triste … son complemento. Así tus hombros… así tus pechos.
En el día eres de él, en las noches vienes conmigo.
Salgamos
El momento
Dualidad
El hastío
Nuestras bocas
Jarra de vino o laguna
Dos lunas
Tus lunas, las beso como una estampida de finas gotas. Lluvia breve en tu brazo sorprendiendo tus sábanas agostadas.
Y te preguntarás ¿de dónde vino esto?
¿Por qué tengo perlado el sendero de mi brazo?
No hay nada que explique porque tu corazón ha corrido toda la tarde visitando tu pensamiento. Sólo sabes que el agua calma la sed de la boca y esa lluvia la de tu corazón…
La barca
Tirémonos en la alfombra y dejemos nuestra ropa. Vivo en tu interior y sueño en tu boca. Seamos viento y flauta. Llevo mis manos por tu cintura y en la media luz de tu espalda la doblaré con la fuerza de un tango. Seré barca en tu mar y sobre tu vientre desnudo mi agitación. Tu ombligo redondo y profundo de pétalo curvado. Mi lengua y mi aliento, carruaje de fuego que se vuelca hacía tu precipicio.
A tu flor me acercaré hasta que la fiebre la impulse a mirarme. La envolveré como la luna hace con la hierba. La barca en el atracadero rechina y rechina…









