Visiones

tren.La luz del faro aluza al viento que persigue a la red, las sirenas y las olas. Tiemblan los peces.  En la memoria de la noche se oyen  pasos de viejos naufragios. El mar  contempla  a las almas que abrazadas al viejo tablón  sucumben al ojo espumoso del remolino.
Entre la roca que todo mira, se oye el asma de un tren en la montaña.

Disparos

maizSon tardes de fiesta  en que las  gotas de agua sobre el tejado parecen reproducirse en la cocina. Dentro de la olla de aluminio,  sendos puños golpean las paredes metálicas. Una guerra de disparos se suscitan al unísono: el bongo de la lluvia y el buf-tap de las castañuelas. Luego, el silencio. Afuera,  huele a tierra mojada; y  adentro, el aroma  de un maíz que se hizo palomitas.

Sin nada

d47d8-aguaceroDesnudo y abierto a los caminos, cuento despacio las señales que me dejaste. Allá tu viento de limonarias. El río donde columbro trapecios y redondeces que cuelgan de tu espalda. Con el pensamiento en trote voy a ti para sembrarte de pitahayas. Pero ya no estás. Sólo persisten las tejedoras de la ausencia y yo regreso húmedo de olvido.

Tu voz

mujer derojoMe acercas tu voz, y mi oído se hace fiesta y no sabe qué hacer como el perro amarrado por días  y lo sueltas.  Corro, me detengo, te miro, te beso y me abalanzo sobre ti,  deseo abrazarte y pertenecer a tu adentro.

Tu voz cotidiana que platica del viento,  de los fantasmas que van y vienen mientras tú guisas o te asomas por la ventana para mirar el agua donde la luna acude a su cita de fotografía.

Me alcanza tu voz instructora y las frases que corrige las transforma. Tienes rayos en tus ojos, y las cucarachas del lenguaje corren en desbandada. Me amenazas con tu sonrisa; y bajo tu mirada, atento, pongo mi parco entendimiento para comprender las declinaciones que susurras.

En el devenir  escucho   tu voz de mujer sosiego, mujer oído que con su  savia oculta alcanza mis viejas paredes. Cuando me hablas y cantas mi nombre, mi oído se hincha y baila.

Mujer niña

floresTu voz de cuita, de mujer niña. Eso parece. Eres más. Sólo hay que escarbar en tu pecho y mirar con los sentidos para intuir que tienes una sabia oculta, que vuela,  enternece y da sosiego. Eres jilguero,  y algo inefable que vuela vuela… que no se ve… pero irradia. Abro los árboles y ya no estás. Llueve finito y me despierto.

Ruptura

SOLEDAD ANDENLa soledad pesa más que el mar,  y evocarte me asfixiaba. Suspiré hondo. Me acerqué al bullicio de una estación, compré boleto a cualquier parte y abordé. Llegaría la amnesia. Sepultado tu recuerdo, esperaría el prurito de la cicatriz.

Tus caderas

mujer caminandoSoñé con tus ojos dormidos sobre mi pecho, y un olor de agua me enredó. divisé la sabana y la espiga de la caña mecida por el viento; y entre los crucigramas de sombra que duermen bajo los mangos, te encontré. Fugaz, siempre fugaz  como las chupa rosas que se van a ninguna parte. ¿De dónde eres? Si en tardes soñolientas, cuando te avizoro y voy detrás, olisqueó en tu cadera que son muelle y flor.

El viejo capitán

mar y barcoLa espuma es de un mar antiguo donde las olas se acicalan unas a otras. Ellas lo peinan con sus uñas perladas, y al recorrer su pelo brotan luces que juegan con el recuerdo de sus ojos. Dicen que el amor es un canto sólido que llega cauteloso a los corazones. Es una espalda donde te recuestas – añaden – y son alas que te llevan a un océano de galaxias.

Las olas lo abrazan, suavizan la piel y besan sus cabellos. Lo miran, juegan y perciben que sus ojos se ovillan por el cansancio de los años. Él dice con su voz de viejo capitán:
-Si algún día no llego, déjenme pensar que estoy a su lado y sientan que me tienen en sus brazos. Si un viento violeta resbala por mis pestañas, sabrán, entonces, que viviré con ustedes, y en sus noches dormiré con sus sueños.

Los cotorros

cotorrosHe visto relámpagos horizontales en un zig-zag iridiscente. Creí ver el verde de las naranjas, el amarillo de los crisantemos,
mas por la gritería no pude menos que admirar que eran parvadas de cotorros que transitaban sobre la ciudad borrachos de vida,
sin respetar el rojo de los semáforos ni el silencio obligatorio de los hospitales.

Los buenos amigos y los que vendrán

maripEres palabra de agua que al caminar desprendes olor y murmullo. Melodía de silencio que duerme a mi lado. Hoja que cobija, y cueva que complace. Te siento más que el recuerdo: viva, fresca, constante. Aromática como una tabla desnuda.

Caminas entre mis zapatos ofreciendo apoyo a mis cansancios, a mi poesía que necesita belleza, viento, ala y libertad para amar o construir muros de silencio. Eso es grande, tanto como pulsar el cielo y la fatiga de la mariposa.

Deseos

mujer espaldasDeseo que me abrace, olerla en silencio. Recorrerla con mis manos y llenarme de vueltas. Y ya  de espaldas, besarle la nuca, los hombros. Adherirme a su envés y percibir el calorcillo que la estremece  y hace  que le crezcan rosas en la cadera.

Arboles_023Caminas a mí alrededor y  tus brazos caen como aviones  sobre mis hombros. El café recién hecho  sabe la historia de mi vida.  El olor que se derrama cabizbajo te incluye. En tu danza pareces una barca que rompe el himen de mi agua. Al retirarte  mueves la cabeza, sonríes y  dices que soy un caso perdido. Bien sabes que escribo para ti.

La danza

danzLlueve. Una cortina cubre el horizonte. El viento corre, las gallinas corren, y la ropa vuela en los tendederos.Gotas gruesas,  pesadas, tamborilean en las láminas de zinc. Al golpear,  fraguan un ritmo de sabanas prehistóricas. El cielo tiene la oscuridad del sexo.

 Las chachalacas gritan  y  van de árbol en árbol buscando cobijo. Yo sigo sentado en la poltrona. Me gusta el relajo que arma la lluvia. Me desatiendo de  los gritos que hacen las mujeres y solo me concentro en la danza de las gotas.

 Imagino bailar pintado de sombras y caliza entre un grupo de negras. En ese momento exudo calor y soy  un macho cabrío que afila las pezuñas en las vetas de la roca.

 ¡Qué lejos se oyen los gritos de las viejas,de los guajolotes y chachalacas!Con los ojos entrecerrados  sigo meciéndome,  mientras la lluvia me tira sus cubetas de agua y la danza del vigor me estremece.

Esos amores

mujer-joven-mirando-hacia-fuera-al-mar-6078515Mientras aseo la vivienda, tropiezo con un detalle que abre la memoria. Los recuerdos vuelan alrededor de mi mente, pero no van a ninguna parte; siempre vuelven al refugio. ¡Nunca duermen! Muevo la cabeza, y me digo: ¡basta! ¿Cuándo llegará el desapego?

Todas las tardes salgo y miro el horizonte, el mar, el ocaso y no veo una luna diferente, ni astro que sirva de señal. ¡Dios, el barco que espero tarda demasiado!

El mar rumia cuando azota la roca. Si quitara el mar y la roca, seguiría oyéndolo dentro de mí. El barco tarda, y el desapego no llega.

Éxodo

Carlos Ortega
Carlos Ortega
Los perros caminan y se detienen. Dilatan su nariz,  gruñen y  ladran. Los perros de la aldea tienen hambre y en manada van  hacía otra población. Los hombres salieron ayer.