mar

Tomaré la ruta de oriente. Cruzando el puente, detendré mis ojos en los pescadores que buscan, en las aguas turbias del río, al pez Bobo. Allá arriba, mis ojos se imaginarán los caminos perdidos de la montaña. Después de la cuesta está el mar; y en la lejanía, veré el barco que hunde la quilla en la espuma como un clavo en el silencio. El sol parece nadar en el horizonte.