El paraguas

Se dio cuenta, un paraguas abierto la cubría, La lluvia había llegado sin anuncio previo. Vio a la persona que la resguardó-— no se moleste— no es molestia, ella intentó salirse del área del paraguas,  Él volvió a decir:
— Así me enseñaron a ser. No desconfié.
Ella sonrió y aceptó contrariada. Dio las gracias tímidamente
— Me llamo Roberto, para servirle
— Soy Estela. Estela Romero
— ¿Espera el transporte, al parque América?
— Si.
— Está tardando mucho.
— Si.
— Por allá trabaja?
— Si.
— Se me hace que la invito a tomar un café
— Y ¿qué le hace pensar eso?
— Que a todo dice sí.
Ella intentó salirse del paraguas a pesar de que la lluvia arreciaba
— por favor es un broma, no se moleste , no quise ….
Ella con seriedad le respondió:
— ¡No me gustan mucho las bromas!, así que… ahora invíteme.

paraguas

 

Deben de estar locos

—¡Tienes que estar loco para pensar así! ¿Cómo se te ocurre decirle a esa muchacha que la quieres y, sobretodo, que te vas a casar con ella? ¡Pues qué! ¿Tienes la cabeza en las patas? ¿Con qué la vas a mantener? ¿Dónde vas a vivir? No tienes ahorrado nada, ¡ni para comprarte un par de calzones! Me dices que ella te dijo que sí. ¡Pero si la pobre está que se troza de flaca! No creo que pueda llevar una casa, ¡te lo juro! Antes de que pase una semana huye de ti. Nada más que te vea tirado en la cama, soñando en no sé cuántas cosas, se irá. ¿Qué me dices?— y lo miró fijamente.
—Nada, ya está decidido.
— ¿Decidido qué?
—Que nos vamos a casar.
—Y los papás de ella, ¿ya lo saben?
—En este momento debe de estar diciéndoles.
— ¡Por favor! ¡Vuelve en ti!
Se escuchan pasos por el corredor, tocan a la puerta; la madre, abre bruscamente. El matrimonio da las buenas tardes, y detrás, viene la hija, tan delgada como su sombra. Jorge, el padre de ella, se dirige directamente a la madre.
—Señora Josefa, perdone usted que venga a interrumpir sus quehaceres, el asunto que nos trae por aquí es delicado. Nuestra hija nos acaba de decir que se quiere casar con su hijo, Virgilio. Ya su mamá y yo le hemos hecho ver que su hijo no puede ofrecerle nada y, a pesar de todo, ella insiste.
—Lo mismo le he dicho a mi muchacho, ¡pero no hace caso! Está necio.
—Por eso venimos y ¡qué bueno que usted piensa igual que nosotros! ¡A ver si entran en razón! ¡Y que entiendan que la vida no es un instante!
Los muchachos, a pasos cortos, fueron acercándose uno al otro y, mientras los padres discutían los avatares de una vida en pareja, ellos buscaron la sombra del patio, cuchichean y se reían.
Cuando los buscaron iban rumbo a otro pueblo.

pareja en azul de alejandro Ramos martinez

Lupita y las Guayabas

A Lupita se le antojaron las guayabas. Las vio en el puesto de doña Jesusa, a unos cien metros de su casa.
—Mamá cómprame unas.
— ¿No te llenaste con el pan?
—Sí, pero tengo ganas de comer guayabas.
—No hay dinero, apenas alcanza para frijoles y masa. Tu papá fue en busca de trabajo. Espérate a que regrese.
—Mamá quiero unas guayabas…
— ¡Llévate la moneda de diez pesos y cuidado con andar de boba!
La niña tomó el dinero y se fue. Al regresar, traía la fruta en el hueco que se hace cuando juntas las manos. La mujer del puesto no le había dado bolsa.
— ¿Y el cambio de la moneda? —preguntó la madre.
La niña con las manos ocupadas susurró:
—No sé…
—¡Lo primero que te digo, y lo primero que haces!
La mujer furiosa con una vara azotó la espalda de Lupita. La niña oprimió el tesoro contra su pecho y corrió; corrió por solares vacíos, después por pastizales hasta llegar a un potrero. Al dolor del espinazo se le agregó el de las pantorrillas que sangraban por las heridas que se hizo mientras corría.
Allí la encontró su padre, con la mirada perdida y apretando la fruta contra su pecho. La tarde se iba.
Su papá la llevó en brazos hasta la casa, donde la madre lavaba la ropa.
—Allá la hubieras dejado, para que se le quite lo bruta. ¡Perder el cambio, con la necesidad de dinero que tenemos!
El hombre la situó sobre una poltrona y revisó las heridas. Le quitó la tierra con agua limpia, sin evitar que su enojo creciera.
—No ha de estar tan mal, mira, todavía tiene agarradas las guayabas.
Con violencia, le abrió las manos. Las frutas saltaron y detrás de ellas, rodaban las monedas del cambio que le habían dado a la niña.

niña maggie lp

Puente

Si hubiera vientos y montañas en formación, este puente sería un ave dispuesta al vuelo. Sus rodillas tocan la tierra de los mares y sus ojos siempre despiertan al sol. Es un puente de niños, que juega con la voz alta y le grita al mar. Veo tus deseos de revuelo, cuando pasan por tus muros los peces en procesión.

mujer caminando

Efectos secundarios

A las moscas les valió madre que no hubiese letreros en el arca dándoles la bienvenida. Se posaron sobre la mierda y empezaron a proliferar. Al mes, era tal su cantidad que su asedio se volvió intolerable.
Noé habló implorando al cielo; días después un viento gélido envolvió la nave y casi las exterminó. Otras especies valiosas y bellas murieron.

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Un tango para los dos

Dejamos ropa, bailamos, llevo las manos por tu cintura, hasta  la media luz que cubre tu  espalda. Seré barco en tu mar y bajo tu vientre náufrago. Tu ombligo redondo, profundo, curvado. Mi aliento, carruaje de ola que vuelca hacía fondos de coral y vida.

paisaje coral

 

Sospecha infundada

Me desordena el color fucsia de la blusa, El vestido corto que descubre tu piel, tu aroma que dispersas al caminar. Me turba la túnica que erecta tus pezones, la seda que hunde su respiración en la intimidad de tu surco, la mirada descarada de los transeúntes. Me Altera qué mis ojos dejen de ser tímidos y capturen tu sonrisa cómplice. Me insulta saber que tienes un amante y que tu esposo sospeche que soy yo.

TOULOUSE 6

Mentira que fue verdad

Sobre la frente, manaba sudor, ojos espantados. No lloraba, parecía. Lo encontré en la poltrona. Había dos beatas, una de cada lado, que con abanicos trataban de reanimarlo. La testa, la reclinaba sobre el cabezal del mueble otras fingía ser un péndulo que bamboleaba entre sus piernas.Respiraba superficial, rápido; tenía los globos de los ojos saltones, sus manos  las cerraba, en otras las abría para darse aire; o bien pegarse sobre el pecho.
Él cursaba con una gran crisis. A cada rato repetía:¿Qué tengo? Yo callaba. Su mirada recorría todos los lugares y en ninguno se fijaba.
Sabía con exactitud lo que pasaba: Cuando llegó su secretaria para decirme que fuese a darle atención; me informó que después de una breve e intensa discusión, ella le mencionó que no le había bajado su menstruación. “Se lo dije en broma” “ estaba molesta” de esa manera se disculpó la muy cabrona. El sudor, el sofoco, en un hombre menor de 35 años y con el antecedente de la noticia, me ofrecía un diagnóstico certero y la seguridad de tenerlo activo en un lapso de horas. Abrí su vena, le instalé un suero, metí grandes dosis de vitamina B y por último un tranquilizante. Mañana, antes de clarear, estaría como si nada hubiese sucedido, ofrecería  la misa de gallo para el pueblo.
Eso pensé. Pero no fue así. !Quién me iba a decir que el sacerdote era alérgico a la vitamina B! y el farmacéutico por ser feriado se había ido del pueblo. Hace quince días se le dio sepultura. Y hoy vino la secretaria a decirme, entre sollozos, que la broma que le había dicho al sacerdote, ya no era tal.

Dante G. Rossetti

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El curandero

Llamó el sanador. Juana tiene veinte años, débil, sus rodillas desfallecen. Delgada, con perfil de cuchillo y pálida confía su fe en el rezandero. Él ofrecerá oraciones para restituir la salud.
Al llegar ordena que las veladoras y los santos estén en armonía con las flores. El rosario y el misal al lado de San Judas Tadeo. oró como si platicara con él, y el santo.
—¿ Recuerda la bata de flores amarillas? La noche en que lloró. ¡Qué a nadie dijo! Lo supe  por el libro de misal que es suyo. huele a lágrimas secas.
Su voz resuena en las cuerdas del alma de Juana. Olor de hierbas; murmullos y eructos. Después de tres horas las plegarias están en camino.
Meses después ella canta y corta rosas para los floreros, mientras el sanador la recuerda con dolores intensos en las rodillas, con un perfil de cera y diezmado por fiebres.

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Crucigrama

Eres tan enigmática como una tarde que parece mañana. Tan serena que no sé si el río corre o se detiene. La señal de tus manos es distinta a la de tu abrazo. ¿ tu abrazo? hace tiempo que lo olvidé. ¿cómo será?

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¡Futuro para qué!

Todas las madrugadas despierto y me levanto a caminar por los recovecos de la casa. Me he sorprendido mirando el cielo y son los azahares del naranjo los que avivan mi vigilia. No sé qué pasa cuando regreso;  ¡puedo vivir sin futuro! Tiendo el lecho para hacerlo confortable y, cierro ruidosamente mi ataúd.

http://www.vuni.net - digital art

La espera

Espero una mujer. Tejo el riesgo de mirarla y perderme en el precipicio de sus aguas. No sé qué vendrá: sí la muerte, o la esperanza.mujer en paisaje

Una enfermedad llamada rutina sexual

Mi esposo duerme. Luego de la intimidad,  ronca y es  que después de veinte años de convivencia, queda la sensación de haber hecho el amor con un amigo de la infancia.

pareja ferran

El estornudo de la muerte

Después de haber burlado la defensa, tomó la vía rápida y llegó a la central nerviosa. Un ejército iba tras de él. Hábil traspasó la barrera encefálica y saltando se introdujo por la única rendija al núcleo. Trabajó rápido, las señales genéticas fueron cambiadas, recibiendo nuevas órdenes para clonar al intruso. Millones dispuestos a todo. Un puñado de ellos saldrá a la búsqueda de más humanos susceptibles, cada vez que se estornude volará la muerte.

 

virus

La cita

Cuídate como si me cuidarás a mí. Eres casi lo que soy. Estás lejos, pero nunca te has ido de mí. Hoy mismo moría por contarte lo que soñé, eres la única en quién confío, la que me conoce a cabalidad. Cuídate, que aún tenemos una cita pendiente, será mañana o en algún nunca, no lo sé.

picasso.