El estornudo mortal

Después de haber burlado la defensa, tomó la vía rápida y llegó a la central nerviosa. Un ejército iba tras de él. Hábil traspasó la barrera encefálica y se introdujo por la rendija del núcleo. Trabajó rápido, cambiando las señales genéticas, el resultado fue reproducir a millones de virus que saldrán a la búsqueda de humanos susceptibles, Cada vez que se estornude volará la muerte a ciento sesenta kilómetros por hora.

virus de la influesa española

Amantes

Huyamos a una hoja blanca, confundamos con sábanas de guanábana y los cazadores pasarán de largo en  este mar de blancura. 

mimetismo

Las señales

Desnudo y abierto a los caminos, cuento despacio las señales que me dejaste. Allá tu viento de limonarias. El río donde entreveo trapecios y redondeces que cuelgan de tu tronco. Con el pensamiento voy para sembrarte de pitahayas. Pero ya no estás. Sólo persisten las tejedoras de la ausencia y yo regreso húmedo de olvido.

-edgar-degas-frente al espejo

Después de tres copas

Te veo luego, espérame leí en el celular.
La espera ha sido larga. La luna desde la curva del cielo parece decirme:” así somos”. Muevo la cabeza, sorbo mi tercer brandy español, de lejos escucho un tango de Piazzola. Dejo de mirar la ventana y corro hacia la pista dando graciosas piruetas; algunas damas acarician mi elasticidad con su mirada. Abro la puerta y un olor a desinfectante barato entorpece la respiración. Sin ningún recato a las personas que están, me hago un sitio y un chorro caliente baña el recipiente de azulejos. Las perlas de sudor desaparecen y regreso a mi sitio a mirar de nuevo la luna, esperando al mesero, que tarda en traerme otro brandy.
A punto de retirarme, la miro con un vestido de fiesta, con una flor en la sien, con arroz y confeti en el pelo.
Pensé que no te encontraría, me escapé de la fiesta, no recordaba que este día era madrina de la boda de mi prima. ¿Me quieres así?
Uno a uno quité arroces y confeti de colores, pues por cada beso que le daba me comía papelitos con cereal.

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Las moscas

Poco les importó que Noé no las invitara a su arca; se instalaron. Hoy son parte de la familia y no saben de etiquetas, van de la mierda al pan.

mosca

La pareja

Venías por la loma cuando escuché tu silbido. Té grité y clamé al cielo que la tarde no se hiciera noche. Prendí la estufa de petróleo para calentar el té de canela. Esta noche comeríamos sabroso, un cocinero amigo me apartaba algún mendrugo, y esa tarde un comensal dejó cuatro langostinos. Diez minutos se hacen para llegar a nuestra casucha de cartón. Nos conocimos buscando plástico, ella huérfana, yo viudo. Le doblaba la edad, pero eso no importó. Vendría muy cansada por lavar tanta ropa, yo recibí unos centavos de más y le daría un vestido usado que compré. Aluzados por la vela, cenamos. Afuera brillaba la luna.

27-Lavaderos-Iztacalco-1972

 

Una breve historia de amor

El empezó dándole las buenas noches; meses después le daba los buenos días, llevando un café humeante y aromático a la cama.

Couple drinking coffee in bed

 

 

Luchando contra el alemán

este lugar llegué hace cuarenta años. Hoy leí tratando de aprender lo más. Recordé poco de lo leído. No soy el mismo, el tiempo, los excesos cuentan. Lo intento, hago esfuerzo. Releo un concepto. Lo juego en mi cabeza, lo aviento, lo busco; si no le encuentro, le hablo, afino el olfato y sale de algún vericueto de la mente; entonces lo llevo a mi corazón y lo beso. Y allí encuentro a las mujeres que amé.

Bell, Vanessa (1879-1961) Interior with Duncan Grant, 1934

Vanessa Bell

Decía mi abuelo

Que la mujer es como la fruta o la cortan verde o bien se cae de madura. Ahora es ella quien decide en que momento se tira del trampolín.

mujer en trampolin

El psiquiátrico

El sol era un coagulo con el cielo naranja y violeta. escrutó la tierra, el mar, los arrecifes y sonrió
—Hoy amaneció con una cara de dulzura, observó el enfermero.
— Así son estos pacientes furiosos, poco antes de morir cambian. contestó el médico.

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Van Gogh

 

 

 

 

La muerte de hector

Todo el pueblo tenía aroma de flor de cempasúchil. Día de muertos y el pescador falleció de un de repente, malo, muy malo para él. Morirse en esa fecha solo significaba ser cargador, cargador de todo. Había dispuesto la viuda que lo velaran en casa, a la costumbre, rodeado de coronas, ramos de flores y de los amigos. -¡No cierres el ataúd!- ordenó al oído a una de las hijas, tu padre odiaba estar encerrado. Pásenle muchachos, pásenle y toquen la “negra” La canción de él y mía, y después una tras otra de Pedro infante y Javier Solís.
El difunto escuchó la tanda de canciones, con agilidad de muerto fue por su red y bajó hacia el río, cuyo murmullo parecía un rezo que se confundía con las plañideras que velaban el cuerpo. Un cielo que parecía oro sucio y él soltando la red al viento para pescar los últimos coágulos de luz, los destellos del agua, se llevaría también los salmos del río y su risa de niño.

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Los tejos

El río de aguas frías y sus grandes peñascos esconden pequeños camarones. Bajo el agua los peces van y vienen.En el fondo yacen los tejos de infinitos colores y formas. Tienen vida como el pez o el camarón. Tejos de un arroyo, piedras de otro que ruedan igual que un molino, húmedas, con el corazón duro.
Esperan quizá siglos para encontrar la que rueda y pulsa como ella. Un día se encuentran en un recodo de la corriente.Se tallan, se miman, se regodean. Acicalan su corazón emigrante, húmedo de amor y meses después por la mañana llega un niño toma una de ellas y la tira viendo como hace giros entre las ondas de agua.
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Riqueza que solo se mira con el corazón

No había agua potable, solo un sol refrescado por el monte y los veneros; había niños que sobre sus burros llevaban agua en pequeños tambores. Así me abastecía. El local abandonado, lugar de tlacuaches y murciélagos se convirtió en un espacio para observar pacientes delicados. La muchacha que adiestré, se encargaba del cuidado de los signos vitales, alimentación y limpieza. Nemesio dejó de montar al burro, para ayudarme. Ambos sabían hablar el totonaco. Este lugar es habitado por gente creativa, danzadores del cielo, talento para esculpir la piedra y transformarla en belleza. Riqueza que se mira con el corazón.

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