El río de aguas frías y sus grandes peñascos esconden pequeños camarones. Bajo el agua los peces van y vienen.En el fondo yacen los tejos de infinitos colores y formas. Tienen vida como el pez o el camarón. Tejos de un arroyo, piedras de otro que ruedan igual que un molino, húmedas, con el corazón duro.
Esperan quizá siglos para encontrar la que rueda y pulsa como ella. Un día se encuentran en un recodo de la corriente.Se tallan, se miman, se regodean. Acicalan su corazón emigrante, húmedo de amor y meses después por la mañana llega un niño toma una de ellas y la tira viendo como hace giros entre las ondas de agua.
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