Desnudo y abierto a los caminos, cuento despacio las señales que me dejaste. Allá tu viento de limonarias. El río donde entreveo trapecios y redondeces que cuelgan de tu tronco. Con el pensamiento voy para sembrarte de pitahayas. Pero ya no estás. Sólo persisten las tejedoras de la ausencia y yo regreso húmedo de olvido.

-edgar-degas-frente al espejo