La sombra de Rubén García García

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Escucho un mar embravecido. Sudo, me sofoco y me despierto. Soñoliento creo ver una sombra. Ya recuperado, me hago el dormido y todo está en calma.

Fueron dos semanas de zozobra.

la noche de ayer me ahogaba, y violentamente me desperté. La sombra salió por la ventana y se perdió en la noche. Dormí tranquilo, ya ajustaría cuentas con el gato negro de mi vecina.

Después de la sequía de Rubén García García

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Hace tres años que el río es difunto. Ayer el sol rencoroso fundía el mantel de piedras. Y sin que nadie lo predijese el agua despertó de su sueño longevo. El cielo se oscureció tanto, que las gallinas buscaron las ramas secas de los árboles. Sonaron tambores detrás de los cerros y un relámpago rompió la falsa noche. Cayeron cubetas de agua. Los niños que nunca habían visto llover corrieron asustados buscando las enaguas de la madre. La gente se bañaba en las chorreras, primero vestidos y locos por el agua se desnudaron. Los amantes se perdieron entre la oscuridad y retozaron como gusarapos en medio de los charcos. Era tanto el júbilo que los ancianos tomaron fuerzas y salieron para sentir la inefable seducción de sentir el agua. El río volvió a la vida, una laguna apareció. De los yermos germinaron plantas que solo los abuelos conocían por dichos de los tatarabuelos. La gente desbarató malos entendidos y se unieron para festejar la vida. Cuando el agua bajo, emergió el pueblo.

Día de la amistad de Rubén García García

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Entresacando un texto para el día de San Valentín dedicado a quienes me siguen. Felicidades a todos de su amigo Rubén García García

Lara

Bajo la sombra jugábamos a creer que la nieve caía sobre nuestras cabezas con un sol de treinta y ocho grados; los copos de nieve eran las flores de la limonaria. Le quitaba de su cabello las flores de “nieve” y tarareaba la canción de Lara. ¡Dónde te metes condenada muchacha! gritaba su abuela desde la choza. Y ella al oído decía: «sigue, hasta que grite dos veces más».

Talla 40-copa A de Rubén García García

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Supo que a ella le gustaban los hombres barbudos y con pelos en el pecho. Leía que aquel fármaco tenía como efecto secundario el hirsutismo. «esto es lo que necesito» se dijo. Meses después veía con satisfacción el crecimiento de la barba, pero al mirarse el tronco, vio con horror dos pequeños bultos peludos que reclamaban un corpiño.

Una niña me entrevista de Rubén García García

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Me pregunta una niña, que cómo es que invento tantos cuentos. Le digo, que no hay nada nuevo bajo el sol, que lo escrito por mí, solo tiene mi olor, otros en el pasado me han legado la idea y aun otros, quizá miles, escribieron lo mismo. La niña me hace sonreír, cuando me interroga, que si deseo estar en los libros de literatura. Le contesto que conozco muchos que escriben mejor, que tienen reconocimiento social, que sus libros están en los estantes de librerías y bibliotecas y que aun ellos, podría suceder que dentro de cien años nadie se acuerde. Algunos, tienen el don de compartir sus experiencias y se agradece. Otros, se hacen engreídos y hasta groseros. Entonces ¿por qué escribe? Escribo para espantar a mis demonios, para soltar la banda de mis deseos o quizá, me gusta llenar con palabras mal vestidas la hoja blanca. Entonces, aun escribiendo bonito (conste lo dice la niña) no siente la pretensión de que su nombre forme parte de la historia. ¡claro que no, señorita! Tomó sus notas y se fue a entrevistar a otro (hay millones de escritores) El tiempo me ha dado la razón. Llevó quinientos años yendo a bibliotecas, hemerotecas y de las gentes que conozco, alguno que otro nombre se me hace conocido. ¡Hipócrita!, me dice mi ego, sé bien que te buscas, pero no estás.

De ti por Rubén García García

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El mismo rosal que vimos aquella noche me ha dado otra flor: fresca, bella y perfumada. De ti, solo el recuerdo.

Lo prohibido de Rubén García García

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Me duele pensarte; el ayer casi presente…lejano. Interminables noches, días de aroma, complicidad. ¡Ah! Los falsos de la vida. Cierto, nada nos debemos. Hay días inevitables, inconfundibles, tus manos en mis mejillas, luego, rodeando mi cintura. Tu boca de palabras mudas con estertores que se sumaban al canto de los gallos. ¡qué hermosa insensatez, la de amar a un servidor de Dios.

La vida es una autopista que no tiene regreso de Rubén García García

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No tarda el taxi para trasladarme a la oficina. Él, está mirando a través de la ventana el alboroto que arma la perra persiguiendo a unas palomas. Cuando pienso que no me va a ver, se cruzan nuestras miradas y sonreímos. Me perturba. Mis hijos se han ido a la escuela. Hinco el tacón en el piso de madera, tanto para que el me mire y yo me diga que volar con algo que mañana no estará no es prudente. El taxi ha sonado el claxon. Me despido con un beso en la mejilla, pero siento que él roza sus labios en mi boca. Salgo apresurada. Me descubro cantando una canción “ larala, larala, la vida es una autopista que no tiene regreso”. Le pago al taxista y ordenó que volviera mañana…subo la escalera tarareando la canción.

Oídos sordos de Rubén García García

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«Nunca me hacía caso, se carcajeaba cuando le dije que lo iba a matar» platicaba la mujer consigo misma, mientras repartía licor de frutas en el velorio.

Buen viaje Gustavo Márquez, cuestión de tiempo de Rubén García García

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Qué tienen las flores del muerto que te cimbran y te muestran lo debilucho que eres; tu vida breve en los rostros que miras, que los viste de niños y que ya hombres te observan y te dan el paso. Llegas a la estación y no sabes cuanto tiempo tardará el último transporte. Todos deseamos que nos sorprenda con los zapatos puestos y nunca mordisqueado por la enfermedad. Retumban los acordes de “Acaba de una vez de un solo golpe” “Caminito” y “Adiós muchachos” y las vibraciones geniales de la quinta sinfonía de Beethoven.

Ayer me dijeron que mi cardiólogo se había muerto, y es como si te quitaran una horqueta que te sostiene. Corrimos juntos en competencias, entre las enredaderas y ceibas enormes. Ya no está el amigo, el especialista y caminas y sientes su ausencia. Ya no está… y cada vez hay menos.

Buen viaje Gustavo Márquez

La seña del murmullo

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LA SEÑA DEL MURMULLO DE RUBÉN GARCÍA GARCÍA

Antier se puso a la venta en AMAZON editado por B.C.R. (colección digital de microficción Iberoamericana ) Agradezco a Homero Carvalho Oliva director, tener el privilegio de ser incluido en tan selecta colección.

ACERCA DEL LIBRO

Es un conjunto de textos que le da la palabra a las voces marginadas. El viajero que tarda en llegar a su destino bajo un sol quemante. Las familias que han visto irse a sus seres queridos en busca de recursos. El matrimonio que vive en la sierra y baja en la madrugada con el niño porque se ha puesto grave. Aquel que llega tarde al entierro de la hermana y escucha ruidos en la fosa. La madre que va de pueblo en pueblo buscando a su hijo que está desaparecido y momentos de risa como el del médico que no encuentra compañero para tomarse una cerveza, o bien el paciente que se ve obligado a comer tlacuache (zarigüeya) para recuperar la salud. El médico tiene que atravesar el cementerio para poder tomar el transporte y siente que lo siguen. El libro contiene treinta textos donde los personajes dejan su quehacer.

COSTO: accesible.

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Que bonito es no hacer nada de Rubén García García

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Asomada a la ventana de un quinto piso siento la brisa de la lluvia. Abajo hay un desfile de sombrillas de colores. Con empeño encuentro la gorra de Fernando Valenzuela. El bombín de Charles Chaplin. La gorra cazadora de cuadros de Sherlock Holmes. Allá va el de Indiana Jones. ¡Oh my God! el pulóver de Cortázar y la capa de Arreola. Allá, a lo lejos aparece el sombrero de la reina Isabel y al lado, otro de paja, ¿será el espantapájaros? No, es Chencha, porque camina como Chencha. Noooo es mi madre y yo ni siquiera he tendido la cama.

Consecuencias de Rubén García García

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Bastó un balazo en el cielo del paladar y escurrió de la comisura un hilo de sangre. El cuerpo se acomodó en el sillón del dormitorio. Era media noche.

El ángel de la guarda del occiso se la pasó dando vueltas en la recámara. El cadáver, aún tenía el arma en la mano y la primera mosca revoloteaba.

El ángel maldecía molesto. «con lo que me encabrona hacer reportes a la santa sede»

El faro de Rubén García García

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Subió con jadeos a la montaña. Levantó los brazos y de su ojo de cíclope salieron destellos de luz que parpadearon sobre el tormentoso mar. Poco a poco la nave evitó los promontorios rocosos zigzagueando con destreza hasta llegar a salvo al muelle. Apagó su ojo. silbo satisfecho y atendió a los reclamos de su madre.

Caras vemos… de Rubén García García

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No hay nadie en casa. Presiento que alguien se esconde, tal vez sea el viento que mueve las cortinas. ¡Nada! No puedo dejar nada que lo haga imaginar que hay en la habitación una respiración diferente de la mía. Es difícil de creer, pero cuándo voy a pensar en un amigo, repiquetea el teléfono, contesto y pregunta: ¿Pensabas en mí? ¿Qué haces? Bastaron seis meses para que sacara las uñas. Me hizo quemar mi directorio, borrar de mi celular el archivo y prolongar mi permiso en el trabajo hasta que me llegó la liquidación. «con lo que gano es suficiente y alcanza para irnos de vacaciones» Él me dio su telefono y dejó que borrara sus contactos, la agenda la quemó y me dijo: estamos iguales. El amor que nos tenemos basta para ser felices en soledad. Cada ocho días vamos al colmado, «con ese vestido tan entallado, te faltaran al respeto. Llévate el vestido azul, es amplio y fresco» Vivimos en una casa que fue de sus abuelos, Tiene un patio extenso, jardines en floración y árboles frutales. Una casa de dos pisos y un sótano que sirve de cava. Ayer me di cuenta que cerca de la cava hay una media puerta camuflada. Pude abrirla y encontré una escalerilla que lleva a una pieza, que parece un bunker. Regresé días después. Encontré papeles dispersos y escrita la palabra Auxilio. Poco sabía de él, lo nuestro fue amor a primera vista y en un tris nos casamos, No hicimos fiesta, sino que tomamos un crucero y después de dos meses regresamos a esta mansión.

Ahora entiendo, soy su próxima víctima. ¡Claro! El no sabe, lo que sé. También ignora de lo que soy capaz.