Flexibilidad Laboral

José Manuel Dorrego


En nuestro circo somos muy rigurosos contratando al personal
¿Qué es usted un buen payaso? Perfecto, firmamos el contrato.
Eso sí, antes queremos asegurarnos de que si un día nos falla un
trapecista, es capaz de sustituirlo. “Adaptación, innovación y
desarrollo”, nos gusta llamarlo. Por eso en nuestra empresa los
payasos saben de trapecios, los equilibristas hacen sombras
chinescas si es necesario y hasta la mujer barbuda es capaz de
sustituir al Fantástico hombre bala sin que apenas se aprecie el
cambio. Incluso el tigre hace de domador y el domador de
contorsionista, llegado el caso. Por su aspecto, quizá encaje usted
como tragasables, o como acróbata filibustero, pero vaya
haciéndose a la idea de que debe de empezar a contraerse:
tenemos a los dos enanos de baja laboral por depresión y el
número de los enanos es uno de los que arranca más carcajadas
entre el respetable público ¿Es usted tan amable de firmar aquí?

Empresario En El Pedestal Del Circo Malabarismo Globos Foto de stock y más  banco de imágenes de 30-34 años - iStock

Juntos de Elisa de Armas

Tomado de pequeficciones.

La sombra miraba envidiosa cómo las demás jugaban a pídola, al rescate, a policías y ladrones, al fútbol. Ser la sombra de un niño sin amigos, que se sienta solo en un rincón del patio, es muy aburrido; por eso decidió rebelarse. Aprovechó el momento en que la pelota rebotó junto a ellos para alargar la pierna y pegarle con todas sus fuerzas. Después echó a correr, pero una sombra no puede despegarse de su dueño. Así que el niño tuvo que salir corriendo arrastrado por ella. Desde entonces juegan con los demás, a pídola, al rescate, a policías y ladrones, al fútbol. No son una sombra que imita a un niño, sino un niño imita a una sombra, pero de eso nadie se da cuenta.

Internacional Microcuentista -: Proceso creativo de Elisa de Armas

Aventura

Vimarith Arcega-Aguilar


Ale corre por el pasto, toma impulso y trata de atrapar un colibrí, que desaparece en el cielo, detrás de la parota. Regresa a casa con la manos manchadas de lodo. Mamá, quien espera en la puerta, se molesta. Ale prefiere mojarse bajo la lluvia y brincar sobre la montaña de hojas que se ha formado en el patio; le gusta ser un explorador, y no la pequeña princesa que mamá siempre soñó.

Vimarith Arcega-Aguilar

(México). Licenciada en Letras
Hispanoamericanas por la Universidad de Colima. Estudiante de la
maestría en Estudios Literarios por la Universidad Autónoma del
Estado de México. Co-antologadora del libro Diversidad(es)
minificciones alternas. Tallerista y activista de la diversidad sexual.
Coordinadora de Red de Apoyo Trans Toluca. Sirena, híbrida, bestia.

Colibrí en peligro de extinción; crean jardines para preservar la especie |  Sociedad | W Radio Mexico

María Isabel Quintana

Antologa Lilian Elphick

)
Bestiario
Parado en el hombro del conductor del bus escolar veo venir a los niños. Quieren jugar conmigo, quieren oírme silbar. No tengo ganas, porque hoy es un día de aquellos. Terminado el recorrido,
sobran dos ángeles que nos llevaremos a casa. Mamá los recogerá más tarde, mamá confía en él. El es un hombre cariñoso, parece normal. Normal de la cintura hacia arriba. De sólo pensarlo me tiritan las plumas.
Mi dueño sirve tres vasos de licor, al de los niños agrega una bebida naranja y unas pastillas. Con los pequeños en sus rodillas inicia un cuento con voz susurrante. Los ojos le brillan, las manos le tiemblan. Los ángeles se duermen profundamente. Me volví hacia la ventana, no quería ver como el amo dejaría al desnudo sus patas cubiertas de cerdas, como se transformaría en la semi bestia que era.
Mis silbidos de loro suenan destemplados por un tiempo interminable. Vuelve el silencio. Veo a los angelitos limpios, vestidos, tristes. En el piso yace un par de alas pisoteadas junto a mis plumas verdes que caen en pedazos cada vez que esto sucede.

Hansel y Gretel

El invierno llegó despiadado. Nevaba y escarchaba alternadamente formando un emparedado duro que acabó con la vida en la hacienda. El patrón y su fiel cocinera no quisieron abandonar la casona.
Juntos permanecieron frente a la ventana viendo cómo se oscurecía el día con los inocentes copos blancos que revoloteaban sin parar. La mortífera manta blanca engrosaba, había cubierto media casa. Las provisiones acabaron, la leña sepultada. Se quemó todo lo que sirviera de combustible para la insaciable cocina de fierro. El frío en las noches era insoportable. La mujer, enflaquecida,
deambulaba como un fantasma. El hombre aún conservaba algunas energías porque engullía una mínima colación diaria, sin preguntas. La despensa se mostraba patéticamente vacía, ni ratas se veían. El viejo sospechaba de las lecturas de su cocinera y de Martín Fierro que pregonaba que «todo bicho que camina va a parar al asador». La mañana asomó clara y azul. Sobre un improvisado tobogán,
una demacrada y joven pareja apareció. Antes de desmayarse, la joven le entregó un envoltorio a la anciana. La mujer, como perro de caza, olfateaba las ropas que envolvían una criatura sonrosada. Recolectó cuánto pudo para avivar el fuego, la fogata levantó sus lenguas ardientes. La cocinera cogió una fuente grande, la que usaba cuando los asados eran para toda la familia. Sus ojos, iluminados por las llamas, brillaron con extraña excitación. Procedió entonces a pelar dos papas que había guardado celosamente, en espera de una gran ocasión, como ésta.

María Isabel Quintana, habitante del sur chileno. Odontóloga de profesión, cuentera por afición. Beca de escritores. Premio Escrituras de la Memoria. Tres libros publicados. Antologada en publicaciones chilenas y extranjeras. Camina por el ciber espacio con varias publicaciones. Reside en Viña del Mar, Región de
Valparaíso.

Arte de Adriana Azucena Rodríguez

Del Microdecamerón

Arte

Nueva corriente estética: el sugardadaísmo. Se trata de intervenir a
alguna chica que ya es, de por sí, bonita. El artista ha de invertir
en una obra que poseerá otro. Es un movimiento artístico con
sentido altruista.

MicroDecamerón – Quarks Ediciones Digitales

La máquina del tiempo

Gabriela Araujo


He decidido hacer justicia. Voy a robarme el tiempo. Las primeras dificultades ya fueron superadas: descubrir dónde guardan la máquina del tiempo, averiguar cuándo y cómo ingresar a ese lugar y, lo más complicado, aprender a manejarla. El mayor desafío fue ganarme la confianza del viejo que manipula el tiempo y aprender qué botones tocar. Obviamente, no me dijo todo. Pero lo que me ocultó lo encontré en Google. Sé que el plan es perfecto. Lo más acertado es no robar todo el tiempo de golpe. Robar de a poco: 3 o 4 minutos por día, para que nadie lo note. Hoy logré la primera meta. Entré una vez más a la oficina del viejo. Moví con precisión los botoncitos del aparato y retrasé 20 minutos el toque del timbre del recreo. Todos parecen más felices. Inclusive las maestras. Ya estoy más cerca de que la hora del recreo sea lo que debe ser: una hora y no esos insignificantes 10 minutos.

Gabriela Araujo (Argentina, 1970).

Su primer trabajo fue en una biblioteca: letras, libros, cuentos y novelas han sido su pasión. Es docente y ama la docencia, considera que ver el mundo con ojos de niños o de adolescentes siempre sostiene la esperanza y es el mejor antídoto contra la vejez. La escuela es y será su segundo hogar, y unomuy feliz

Laberinto de ideas. Web de Noemí Risco, traductora literaria: La máquina  del tiempo

Milton Puga en la antologia de «O dispara usted o disparo yo»

Abajo

Lilian Elphick
Antóloga

Vivo en un edificio. Mi balcón mira hacia el oriente. Desde la altura uno llega a pensar que tiene algún control sobre lo que ocurre allá abajo. Cruzando la calle hay una gran casa. Es un sanatorio. En los días
soleados sus ocupantes permanecen sentados mucho tiempo mirando el vacío con expresión ausente.
Los últimos días, sin embargo, uno de los residentes discute con las enfermeras y rehúye a los demás internos. El único ritual que lo tranquiliza es recoger con una pértiga las hojas que flotan en la piscina.
Pasa horas en eso.
Un día, cerca del anochecer, cuando las luces de la piscina irradiaban un fulgor azulado, el anciano movía la pértiga sobre la superficie con gran destreza. Una enfermera ya había venido a pedirle
que entrara. Quizá ella perdió la paciencia. Apareció caminando enérgicamente e increpó al anciano. Él se quedó mirándola. Entonces, con un gesto rápido extendió la pértiga hacia la mujer y,
enganchándola por un tobillo, la hizo caer al agua. Antes que pudiera volver a la superficie, el anciano empujó con fuerza la vara y la mantuvo sumergida hasta que ella dejó de moverse.
Minutos después apareció otra enfermera y dio la alarma. El anciano soltó la pértiga y, muy tranquilo, levantó la vista hacia donde yo me encontraba. En ese momento sonó mi teléfono. No me sorprendió.
Desde niño yo sé lo que él es capaz de hacer. Después del accidente de mi madre yo mismo hice que lo confinaran allí.


Abajo

Coincidencia

Un niño se traga un pez vivo mientras bebe un jarabe medicinal preparado en casa. Un carnicero sostiene un cuchillo después de descuartizar un animal. Un grupo de personas se agolpa en la ventana de una mezquitaa para observar cómo doscientos niños serán circuncidados en forma gratuita.

Jóvenes adictos rehabilitados oran de rodillas en el templo de su vecindario.

Una camioneta cruza el centro de la ciudad, transportandomaniquíes desmembrados.
Un niño se ejercita colocando una prótesis en su pierna, en un centro ortopédico.
Una vitrina exhibe ojos de vidrio hechos a la medida de cada cliente.
Un transformista espera su turno para someterse a una operación gratuita de cambio de sexo.
Dos vírgenes se besan, festejando la despenalización de la actividad sexual mutuamente aceptada entre adultos del mismo sexo.
Un policía antimotines sale del interior de un carro blindado y arresta a un hombre vestido de novia.
A la misma hora, un eunuco asiste a una boda.
Nadie podría haber anticipado el encuentro de estas realidades.
Ni la explosión posterior.
Durante las diligencias que siguieron, el novio declaró: «Cura no hallé; mi bálsamo es mi dama; tomó Cupido de sus ojos llama».

El amanecer de Miltón Puga.

Del Microdecamerón: Veraneando

por Karla Barajas


En la última tarea antes de vacaciones, la mayoría de mis alumnas escribe que jugará con el agua de las albercas, de mares o ríos; que la piel se tostará bajo el sol hasta que arda, que caminará descalza sobre el suelo caliente. Voy manejando, recuerdo esas historias. En el semáforo, me cae una cascada de agua proveniente de una botella, veo a dos de mis alumnas limpiando mi parabrisas, pies descalzos sobre el pavimento. Las niñas tienen las mejillas rojas y los brazos quemados por el sol.
–¿Trabajan en vacaciones?
–Solamente en verano trabajamos en las calles, maestra.

LA NIŇA DEL SEMÁFORO | Grecia Portes de Suero

Pequeficciones: El despertador

De Jorge Aguiar de Argentina

Se compró un despertador de acción interna. La cirugía fue sencilla. Pocas horas después, ya podía utilizarlo. Solo bastaba programar, desde el display injertado en su brazo, la hora a la que se quería levantar. Cuando se cumplía esa hora, si estaba durmiendo, se despertaba automáticamente y sin sueño. Lo maravilloso de su nueva adquisición era que también funcionaba como dormidor, o sea que programaba la hora a la que decidía dormir y exactamente a esa hora entraba en un sueño profundo. Todo marchaba perfecto hasta el día del paseo en el bosque. Ese día, se programó una siesta de dos horas y se quedó durmiendo entre los árboles. En ese lapso, se le acabó la pila al dispositivo. Yahí quedó, en ese letargo, a la espera de que algún príncipe azul la despierte con un beso.

Jorge Aguiar (Argentina, 1981). Nació en Buenos Aires y reside en Mendoza desde 1988. Es ingeniero en sistemas, fotógrafo y escritor. Sus microficciones han sido publicadas en revistas y antologías de
Argentina, Perú, México y España. En mayo del 2020 edita su primer libro Lo que no se dice. Publica sus textos en el blog https://jorgeaguiar81.wixsite.com/microficciones y en Instagram.

Pequeficciones antología, organizada por José Manuel Soto y Chris Morales

Palabras preliminares

¿Qué tú nunca has escuchado la palabra pequeficciones? Debe ser porque nosotros inventamos esa palabra para ti. Pero… ¿qué son las pequeficciones? Son cuentos que, como Pulgarcito, nacieron diminutos, y no crecen por más que se alimenten con palabras o tomen jarabes o vitaminas. Lo único
que hará crecer a una pequeficción es la imaginación de las niñas y niños que la lean. Pero si todavía no te queda muy claro qué son las pequeficciones, dejemos que te lo explique el escritor Luis
Bernardo Pérez:
Había una vez un cuento pequeñito… Era un relato tan, pero tan corto que no alcanzaba a llenar ni
media página. Por eso los cuentos largos le hacían burla y las novelas lo miraban con desprecio. Lo que nadie sabía era que, pese a su brevedad, guardaba para sus lectores esbeltas palmeras, una playa de fina arena, un faro, un marinero y un barco de vela. Incluso tenía espacio para un mar con todo y sus
peces. Los compiladores de este libro agradecemos a Lorena Escudero, Fernando Sánchez Clelo y Paola Tena el entusiasmo que pusieron en este proyecto. Pero sobre todo queremos dar las gracias a las escritoras y escritores que, desinteresadamente, nos regalaron sus pequeficciones para
llenar esta piñata de historias, con la que hoy celebramos a peques de toda Hispanoamérica, y más allá.
Los compiladores: José Manuel Ortiz Soto & Chris Morales

PequeFicciones, un libro para niñas y niños! – Ceremonia de Palabras

Marianela Puebla, Chilena, de la antología » O dispara usted o disparo yo»

Bajo la supervisión de Lilian Elphick


Fin de una historia

Sherlock Holmes mató de un solo disparo a su amigo de siempre y colega en sus investigaciones, el Dr. Watson. La discusión se había alargado tanto que las enfermeras de la casa de reposo no lo podían creer, era casi inaudito pensar que ese sería el destino final de un personaje tan importante en las aventuras del detective privado. Cuando se le preguntó por qué lo hizo, éste respondió que no recordaba nada. La pistola que usó pertenecía al guardia del recinto que había sido engañado por Holmes, aduciendo que necesitaba trasladarse a su dormitorio, momento en que el guardia se acercó lo suficiente para que, sin notarlo, Holmes le sustrajera el arma de servicio.
Lo interesante de esas peleas acaloradas entre Holmes y Watson, era que olvidaban quiénes eran; el Alzhéimer se paseaba por el establecimiento como Pedro por su casa y estos dos personajes después de esa airada discusión de quién era quién, terminaron por dispararse el uno al otro, sólo que Watson usó una cuchara, pero Holmes lo hizo con un arma de verdad.

La calle

La calle solitaria abre sus fauces y la convence de seguir su ruta. Los faroles guiñan sus ojillos crepusculares llenos de un enjambre de polillas encandiladas. Ella se ampara en su buena suerte, la lleva colgando de su cuello como un amuleto, colgando de un precipicio imaginado.
La soledad se le pega a su vestido, tiene terror de encontrarse cara a cara con el bullicio de algún burdel, clientes satisfechos bajan con el cigarrillo a medio fumar; ellas, después de verificar que el dinero está a salvo debajo de sus escotes, entre los mullidos senos, cierran la puerta tras una fingida sonrisa.
Es la misma calle de ayer a esa hora en donde todo sucedió, el recuerdo la estremece, toca su cartera; claro, el hombre quiso arrebatársela, pero ella no cedió, esperó un instante que se hizo un siglo y cuando ya no veía escapatoria, le blandió el puñal que llevaba en su mano, una, dos estocadas y un bulto cayó con quejido de piedras. No quiso darse vuelta a mirar, corrió hasta quedar sin aliento.
Hoy no tiene miedo, la calle lo sabe, por eso no la asedia, la incita a seguir sin apuro; nadie se cruzará en su camino, se lo garantiza, con esa daga que lleva empuñada en su mano izquierda será difícil que
alguien la intimide. Por eso, deja que se vaya junto al silencio que va cubriendo sus pisadas, más allá de la discordia.

Marianela Puebla.

Ha publicado seis libros. En el año 2009 ganó una beca de Creación Literaria del Consejo Nacional de la
Cultura y las Artes de Chile. Ha recibido premios Internacionales, Canadá, México (Jalisco, ganadora Juegos Florales 2004), España, Inglaterra y Chile. Primer lugar narrativa, revista El Grifo 2009, Santiago, Chile. Segundo lugar narrativa, Nuestra Palabra, 2008, Toronto, Canadá.

“Envuelta por diferentes géneros tratados, y todos ellos desde la sensibilidad extrema de una mujer dedicada, durante muchos años a sembrar la palabra. Marianela Puebla, poeta, narradora, con una perspectiva amplia, con giros que nos hacen bailar en la lectura”.
 
Raquel Viejobueno, escritora y editora España.
 

Del Microdecamerón: «Visto o no visto»

Autor : José Manuel Dorrego


Hay que reconocer que si algo tenemos en nuestro circo, es un extraordinario fondo de plantilla. Por ejemplo, no solamente contamos con Jack Turpin, “El hombre invisible”, sino que
además tenemos en nómina a Hellen Defoe, “La mujer invisible”. La relación entre Turpin y Defoe, eso sí, no es todo lo fluida que podría esperarse entre dos seres incorpóreos. Defoe siempre ha estado enamorado de Turpin pero él, por quien realmente pierde la cabeza es por Dévora Wallace, La Fantástica Mujer Bala.
Incluso cuentan que un día, en un estado de semiinvisiblilidad, Defoe llegó a arrodillarse en la pista central del circo, sacó un anillo de su bolsillo izquierdo y le pidió matrimonio. En el mundo
de los seres invisibles, siempre son ellas quienes toman la iniciativa. Él, con esa arrogancia propia de los seres invisibles, fue tajante:
—Lo siento, cariño, pero te falta presencia.

José Manuel Dorrego (@JMDorrego) | Twitter
Escritor español con una prosa fluida y un ingenio sobresaliente.

Dos relatos del Chileno:Óscar Olivares (Chuquicamata, 1952)

O dispara usted o disparo yo de la antología de Lilian Elphick


Flores para mi amor


Inclinó la cabeza ante la dura mirada del policía, tenía plena
certeza que había sido descubierta y no le quedaba más remedio que
contarlo todo, estaba segura que había cubierto muy bien los posibles
indicios que la acusarían, sin embargo, debía aceptar la realidad; el
cuerpo del hombre yacía a los pies de la escalera, indicando una
posible caída desde el piso superior, era su esposo, y ella había
reportado un accidente.
Tenía por costumbre revisar las prendas de su marido cada vez
que le correspondía lavado, sin imaginar que ese acto tan cotidiano
sería la causa de una tragedia; al interior de su camisa de algodón,
había un pequeño papel escrito con la siguiente frase: «Donde Alicia,
mañana a las dos».
Siempre sostuvo la posibilidad de la infidelidad de parte de su
marido, pero jamás en situación de comprobarlo. La discusión fue
fuerte, él negaba el engaño, y no pudo explicar el significado de lo
escrito, «te vas a dar cuenta que estás en un error», decía, pero ella no
quiso escuchar.
Permanecía junto al policía ante el cadáver de su esposo, cuando
un mensajero se presentó en la puerta principal, portando un hermoso
y gran ramo de rosas rojas, con una tarjeta que decía: «Hace once años
te conocí en un día como hoy, te amo», las flores cayeron al suelo
mientras la lividez de su rostro fue notoria a todos, el logo de la tarjeta
decía, «Florería Alicia».

Por un pelo

Después de mucho tiempo el muchacho había ido a visitar a su
abuela, la que vivía sola en una gran casona del barrio antiguo de la
ciudad; gozaba de buena salud salvo los achaques propios de la edad,
los que aliviaba con un sinnúmero de hierbas que jamás faltaban en su
cocina; algunas de ellas las colgaba detrás de la puerta para secarlas.
Había llegado temprano encontrándola aún con su bata de
dormir.
Cuando la anciana ingresó al baño, su nieto se apresuró por
alcanzar el dormitorio, afanosamente buscó al interior del velador
ubicado al lado derecho de la cama, no hallando lo que buscaba, desde
un rincón de la habitación el gato angora de su abuela lo observaba
atentamente, «debe llevarlo puesto», pensó, decidiendo esconderse en
el armario a esperar que saliera del baño.
Se abalanzó sorpresivamente sobre ella, dirigiendo su mano
hacia el cuello para arrebatarle la gruesa cadena de oro que portaba,
toda resistencia fue inútil, fue anulada por un certero golpe en la
cabeza.
La policía lo sindicaba como principal sospechoso de la muerte
de la anciana, pero todo intento de ubicarlo en la escena del crimen
resultaba inútil, no había rastros de sangre, ni huellas de ningún tipo, y
nadie informó haberlo visto ingresar o rondar la casa, hasta que
determinaron revisar rigurosamente las ropas que vestía el día del
asesinato, el examen permitió descubrir en sus pantalones un fino y
delicado pelo, pertenecía al gato angora de su abuela.

Óscar Olivares.

Ganador del XXVI Certamen Literario de
Relato y Poesía González-Waris de España, modalidad Relato;
Mención Honrosa del XIV Concurso Literario Nacional Vita Mayor,
de Chile; Ganador del Tercer Concurso Literario Nacional de Adultos
Mayores Líneas de Vida, de Chile, además de diversas publicaciones en
antologías de diferentes partes del mundo. Su preferencia literaria son
los relatos cortos o microrrelatos.

Hombre Inconsciente Tirado En La Escalera Foto de stock y más banco de  imágenes de Adulto - iStock

Poética del Micro

Por Margarita del Brezo

El microrrelato es un arte. Como pintar un cuadro, componer una canción, hacer una tortilla de patata o escuchar. No, no sirve cualquiera.

Tiene que ser intenso, arrollador, corto, impactante, sugerente, atrevido. Igual que el amor a primera vista. Porque o te enamoras en la primera línea o te arriesgas a que no haya una segunda y te quiebres las ganas contra el margen.

Que no te tiemble el pulso al escribirlo.

Tendrás que sajar las palabras, desenterrar sus raíces, ponerlas del revés, extraerles sufijos, prefijos y toda su descendencia, estrujarlas hasta conseguir que confiesen su cuarta acepción, cambiarles el género, el número, las letras,… En suma, tendrás que sudar. Sudor y tinta.

Mímalo como si fueras a despertar el resto de tus días a su lado.

No olvides que todas las palabras cuentan.

Y cuando alguien lo lea, que le tiemblen las ideas y se pare su reloj. Que sienta un hormigueo de cigarras. Que imagine. Que se emocione. Que se enamore. Que tenga ganas de cantar, de salir huyendo, de sentarse del susto, de gritar de contento, de saltar, de llamarte por tu nombre, de inventar algo viejo, de tener tres orejas para oírte mejor. De lo que sea, pero que sean ganas.

Con permiso de Calderón: Una ilusión, una sombra, una ficción; y el mayor bien es pequeño; que toda la vida es sueño, y los micros, sueños son.

https://escribirsobrelapuntadelai.es/category/microrrelatos/

Margarita del Brezo recogió agradecida el VIII Premio de Microrrelatos del  Colectivo Manuel J. Peláez | Zafra - Hoy

Del Microdecamerón «Elección»

Carmen de la Rosa


Me bastaba con tus labios, con tu calor, con tus dedos, con tus dientes, con tus brazos, con tu voz, con tus años, con tus canas, con los puentes de tus coronarias, me bastaba con eso. Te lo dije mil veces pero tú preferías siempre la pastilla azul, el latido de tu sangre despertando al viejo dragón que duerme entre tus piernas. Lo preferías a él, tenso y erguido, yo no. Yo hubiera preferido siempre que siguiera latiendo tu corazón.

MicroDecamerón – Quarks Ediciones Digitales