Laurens y los tríos — Montucanahualt

Un delicioso texto escrito con imaginación y picardía.

El día que aquel sujeto charlatan y lengua larga llegó a sugerirme que debería tener un novio virtual, me pareció una estupidez de su parte. Siendo yo una profesional de la virtualidad sabía que esto solo funcionaba si se respetaban determinadas reglas y la primera era tener una identidad confiable. Creo que subestimé y caí […]

Laurens y los tríos — Montucanahualt
Lo que nadie te dice de hacer un trío sexual | Veintitantos

La diferencia social

Compilación de Paola Tena

Patricia Nasello


—El hidalgo y la aldeana de la Mancha —grita un tipo en dirección nuestra.
Papá se enoja y creo que va a enfrentarlo. A mí me da miedo porque el tipo es un gigante. Mamá lo toma del brazo y le dice unas palabras cariñosas para apaciguarlo. La veo preocupada.
Y también la veo parecida a mí cuando tengo vergüenza por algo que hice. ¿Vergüenza de qué tiene ella? Papá sigue enojado y mamá está triste.

MicroDecamerón – Quarks Ediciones Digitales

Ildiko Nassr en el Microdecamerón

Compiladora Paola Tena

Diez



Eran diez. Éramos diez. Cinco mujeres. Cinco hombres. A ninguno le importaba el género ni el romance. Estábamos concentrados en un objetivo. Ninguno sobrevivió. Queríamos burlar al destino burlándonos de él y de nosotros mismos. Y nos arrasó la desgracia del amor, en una tormenta de la que ninguno pudo rescatar más que unos pocos objetos rotos. Queríamos reír. Y no sobrevivimos.

Comienza #Boccaccio2018: 101 días para leer el “Decamerón” – Postdata —  Prodavinci

De «O dispara usted o disparo yo»

Víctor Hugo López Salas (Santiago, 1955 – Bankok, enero 2017)


Rehabilitación
Contiguo a la cárcel había un polígono de tiros, pertenecía a la
fábrica de armamentos militares. De lunes a viernes después de las seis
de la tarde y los sábados en la mañana, practicaban con revólveres y
pistolas de todos los calibres. Me entretenía identificar las armas, según
el sonido de los disparos. En la celda a la hora de sus prácticas,
tomábamos té con canela, fumábamos tabaco negro, releía libros de
espionaje, escuchábamos discos compactos con una selección de rock
sinfónicos, que nos habías enviado. En las mañanas se oían
ametralladoras, subametralladoras, fusiles automáticos. Se apreciaba la
calidad de los tiradores. Los fusiles automáticos son muy sensibles, al
pulsar el gatillo algunos disparan veintiún balas, que se escuchan como
si fuesen una. Un buen tirador logra disparos de tres en tres. Lo mejor
que logré fueron tiros de a siete, muy efectivos por lo demás. Con uno
de esos me fundieron el intestino. No alcanzaste a dar aviso que nos
estaban esperando dentro del banco, en los cubículos de los ejecutivos
de cuenta. Habían interferido por meses las llamadas telefónicas, así
supieron del día que haríamos «la recuperación».
Me condenaron a cuarenta años; a los doce, por un indulto
presidencial, salí del recinto penitenciario. Fui visitarte al servicio de
rehabilitación traumatológica. Enmudecí al saber que una semana
antes, mientras dejabas sobre la cama el uniforme de cajera, tu esposo
te disparó en la pelvis. Por mucho tiempo había estado leyendo los
mensajes de texto, en tu teléfono móvil
.

Víctor Hugo López S.
Poeta, narrador e ingeniero informático. Reconocimientos: Primer lugar Concurso «Palabras para el Hombre», Agrupación Cultural Universitaria (ACU), Universidad de Chile, 1982; Mención honrosa
Concurso «Vicente Huidobro», Universidad de Santiago, 1985; Mención honrosa Concurso «La Usach tiene cuento», Universidad de Santiago, 2014. Incluido en la antología Árbol de los libres. Poetas de la
Generación NN en Chile, Guadalajara, México, 2010.

Nota de la E.:
Víctor Hugo me envió su texto vía correo electrónico el 8 de diciembre de 2016. Estaba en Italia. En enero de 2017 falleció esperando un vuelo a Camboya, en el aeropuerto de Bankok, Tailandia.
Sigues viajando, esta vez sin ataduras, querido Víctor Hugo. Que las estrellas iluminen tus caminos.
Mis más profundos respetos a su familia y amigos/as.

Del microdecamerón: «Solo es una broma, cariño»

Por Elena Casero Viana



Recogió la mesa. Eran más de las once. Supo que él no llegaría a cenar ni a dormir. Otra de esas muchas veces que él decía que no se enfadara, que no son más que bromas, que los matrimonios bien avenidos funcionan así. Tú puedes hacer lo mismo. Sal con tus amigas, disfruta. A ella se le había pasado el hambre. Regresó al salón y se quedó de pie junto al acuario. Le gustaba observar el movimiento pausado de los peces, sus ojos redondos e inexpresivos. Ajenos a todo, ellos no sufrían. El pececillo nuevo era rojo, brillante y gordo. Se lo había regalado él para compensar sus continuas ausencias. Ella le sonrió cuando se lo dio, le besó cariñosamente. Sacó del bolso una bolsita transparente y depositó su contenido en el agua. Una sonrisa satisfecha iluminó su tristeza al comprobar el voraz apetito de la piraña.

Amazon.com: Donde nunca pasa nada (Cortoletrajes) (Spanish Edition)  (9788494258657): Casero Viana, Elena: Books

El crimen de la calle principal de Alfredo Lavergne

De la antología » o dispara usted o disparo yo» compiladora Lilian Elphick



Tenía una camisa blanca, corbata suelta, zapatos negros, pantalón azul y su vestón del mismo color colgaba en una silla. Reposaba a lo largo con las piernas abiertas cayendo del diván. En el
televisor, la hermosa mujer de la meteó anunciaba que la canícula continuaría el fin de semana.
Cuando llegaron los dos primeros policías le preguntaron al detective cómo podía soportar el olor putrefacto del cadáver. —En la calle Principal, la primera pregunta sería: ¿hace cuánto tiempo ocurrió esta muerte? Y se puso de pié el investigador. Uno de los policías le afirmó que todo sucedió hace exactamente 43 horas. El superior bebió el último sorbo de cerveza, aplastó el cigarrillo en el cenicero y ordenó a los policías que limpiaran el vaso y el cenizal. Esperó, puso la mesa de centro sobre sus cuatro patas y depositó los objetos sobre el título de un libro censurado.
—Llamen a los periodistas de esta lista, fue una fuga política — dictaminó.
Fuera de la casa, en calles de menor importancia, el agente indagó la hora de la noche y encendió un cigarrillo.

Alfredo Lavergne (Valparaíso, 1951)

El Microdecamerón presenta a Katalina Ramírez

Coordinadora Paola Tena


Pareces una niña, escucha la mujer que se dicen entre hombres y mujeres, como si no supieran que una niña es la fogata que antecede al incendio de una mujer.

O dispara usted o disparo yo presenta a Pedro G. Jara con dos minificciones

Compilación de Lilián Elphick

El francotirador
El francotirador se arrastró un par de centímetros y se quedó
quieto. Su cuerpo se confundía con la arena del desierto. Tomó su fusil
Mosin-Nagant y apuntó al blanco ubicado a 120 metros. «Sigilo y
paciencia», murmuró. A través de la mira podía adivinar el latir del
corazón del hombre que se movía constantemente en un ir y venir
febril. «Los dioses están conmigo», murmuró. El blanco se detuvo
alzando los brazos en señal de victoria. El francotirador apuntó con
cuidado al punto vulnerable. Pasó la bala a la recámara. Dejó de
respirar. Su pulso se afirmó en la quietud y jaló del gatillo. La flecha
salió rauda en dirección al talón de Aquiles dando en el blanco. Paris,
envuelto por una densa neblina propiciada por Afrodita, regresó raudo
a la protección de los muros de Troya.

El último fumador de la aldea

Era el último fumador de la aldea. Y lo detestaban. El hombre
fumaba fuera del límite del poblado, bajo un árbol. Luego regresaba a
sus asuntos. Aun así la gente de la aldea lo detestaba. Cierta tarde una
turba se dirigió en dirección al árbol: con improperios y los brazos
abiertos le cerraron el paso; luego tomaron las piedras y lo lapidaron
pese a los gritos del hombre. Nadie recogió su cuerpo hasta que la
carne, polvo; los huesos, cal; y el último fumador de la aldea, olvido.

Pe d r o G u i l l e r m o Ja r a .

V i ve e n l a c i u d a d d e
Valdivia desde 1973. Es director, editor y periodista de la revista de
120olsillo Caballo de Proa. Sus últimas publicaciones son: El Korto Cirkuito
(Afiche-literario) (2008); Tres disparos sobre Valdivia, de Peter William
O’Hara (2009); La bala que acaricia el corazón (2010); Kasaka, (libroobjeto, 2011); Patagonia Blues (2013) y Telegrama (2016).

La nave de los locos: PEDRO GUILLERMO JARA
LÁGRIMAS PASAJERAS
….
Mi compañera de viaje duerme acomodada en el asiento del bus. No la conozco y de vez en cuando observo a hurtadillas su perfil, sus manos entrelazadas, su piel blanca, su cabello largo y castaño. Creo escuchar su respiración acompasada. Es hermosa, no sé su nombre y no conozco su destino. Observo el paisaje que se desplaza esta mañana de otoño. En un prado un álamo con sus hojas oro-viejo resplandece con furia.
De pronto una lágrima comienza a rodar por la mejilla de mi compañera de viaje: se desliza con lentitud en búsqueda de las concavidades y pliegues del rostro hasta desaparecer en el mentón. Luego aparece otra lágrima. Tomo mi pañuelo y las enjugo. Ella no se da cuenta porque continúa dormida y soñando. No sé si son lágrimas de pena, de despedida, de separación, de ruptura. Mientras tanto sus lágrimas ruedan y se cobijan en mi pañuelo. Mi compañera de viaje llega a su destino, desciende. La observo desde la ventanilla. Habla por celular.
El bus parte.
El asiento está vacío.
El álamo resplandece.
Duermo.

 

Rara sensación de comerse las emociones

Desde Jujuy Argentina Ildiko Nassr



Las mujeres se reúnen en la cocina y hablan. Es una conversación caótica y divertida. Hablan de los hombres. Les inventan apodos ofensivos y las emociones se vuelven más fuertes y surgen algunas carcajadas incómodas. En la cena, ellos sentirán algo extraño y la comida les sabrá diferente y amarga.

ildiko (ildikotxt) en Pinterest
Ha publicado los siguientes libros de
microrrelatos: “Placeres cotidianos” (Editorial Macedonia, 2007,
2011 y 2017), “Animales feroces” (2011), “Ni en tus peores
pesadillas” (2016), “Los hermanos mayores” (2017), “Urgencias,
disimulos y rutinas” (2019) y en coautoría “Hilos Dorados”
(2017). Sus microrrelatos han sido incluidos en las mejores
antologías del género.

Kill Bill y muerte en Berlín

de Eliah Germani » O dispara usted o disparo yo«


Kill Bill
Fue una mujer la que me cortó el cuello, de un solo hachazo. La
cabeza del ex torturador habló al policía con la misma voz del viejo
Marlon Brando. ¿Una mujer?, inquirió el policía, asqueado por esa
cabeza sin cuerpo y por ese cuerpo sin cabeza que yacía unos pasos
más atrás. Sí, dijo la cabeza, una antigua prisionera vino a pasarme la
cuenta. El policía pensó en Uma Thurman, la rubia vengadora de
Tarantino. ¿Pasarle la cuenta… a un anciano como usted? Así es,
respondió la cabeza, no me tuvo piedad, le dije que yo era un abuelo
enfermo, un jubilado banal, le recordé que las víctimas aborrecían la
violencia, que confiaban en la justicia, que siempre tenían paciencia,
me tiré al suelo, le supliqué. ¿Y qué dijo la mujer?, interrumpió el
policía. Nada, respondió la cabeza, ni una palabra, igual que cuando yo
la interrogaba, nada más que un aullido animal al pegarme con el
hacha. ¿Aullido?, preguntó el policía, temiendo encontrarse en una
pesadilla de zombis. Sí, dijo la cabeza, ese aullido que nunca he
olvidado, el aullido de la tortura… tan parecido al aullido del parto.
Entonces la cabeza enmudeció desangrada, perdió el equilibrio y rodó
dando botes calle abajo, definitivamente muerta. Este asesinato es
secuela de la dictadura, supuso el policía, aunque siguió pensando en
Kill Bill, amparándose en la película para engañar las náuseas. Pero
Uma Thurman no lo salvaría de vomitar. ¡Veía tanta sangre! Sangre de
verdad.

Muerte en Berlín
Era una mañana de domingo y en el horizonte repicaban lejanas
campanas de iglesia. La calle comenzaba a desperezarse, pero su
inquieto rumor aun no ascendía hasta aquel piso de la
Kurfürstendamm. Una suave luz otoñal invadía la habitación cuando
ella abandonó la cama. Abrió la ventana para ventilar pues apestaba a
cigarro. El visitante nocturno había estado fumando. Admiró una vez
más el espléndido ramo de lirios blancos que decoraba la mesita de
noche, pero la inquietó el polen derramado en torno al jarrón, esos
inesperados trazos dorados que también sombreaban los euros del
visitante y el viejo puñal de la Wehrmacht. Más tarde tendría que
limpiar. Se demoró frente al espejo. Con pereza hizo unas
elongaciones, segura de la sensualidad de su cuerpo. Luego se desnudó
para ducharse. Llevaba una pequeña mariposa tatuada en el hombro
izquierdo y el pubis perfectamente depilado. El visitante le había dicho
que se parecía a Heidi Klum. Y esas fueron sus últimas palabras. Sus
últimas y estúpidas palabras. Porque Hedi Klum era una modelo de
lencería. No una Barbie asesina.

Eliah Germani, autor de Volver a Berlín (2010, Premio del
Consejo Nacional del Libro de Chile, en la categoría de Cuentos
Inéditos) y de Objetos Personales (2015). Microrrelatos publicados en la
antología Puro Cuento, de Marco Antonio de la Parra (2004), en la
revista de creación literaria Enclave (The City University of New York,
2012), en la revista de literatura Hispamérica (USA, 2013) y en la revista
de minificción Brevilla (2015).

La dignidad del Microdecamerón

José Manuel Dorrego


Laila Hassad, “La mujer forzuda” de nuestro circo es, con notable diferencia, la mujer más fuerte del mundo. Libanesa y benjamina de una familia de rancio abolengo circense, ha dado pruebas más que suficientes de sus prodigiosos músculos. Existe un documento gráfico –yo mismo hice la fotografía– en el que sostiene, con una sola mano y sin aparente esfuerzo, a sus diecinueve amantes. Trató de convencer a su esposo Akram de que se sumase a la foto, por aquello de completar la veintena, pero él se negó en rotundo. Por dignidad, supongo.

Internacional Microcuentista -: Proceso creativo de José Manuel Dorrego  Sáenz
. Escribo microrrelatos
porque, paradójicamente, la novela se me queda muy corta,
aunque no descarto escribir alguna un día de estos, todo sea por
explayarme un poco más. He hecho mis pinitos en concursos
literarios, publiqué “El contrabajista del Titanic” (Microrrelatos,
2015) y tengo en construcción otro libro de micros y uno al que
no encuentro género oficial para definirlo. Y de siempre me
encantan Boccaccio y su “Decamerón”, en libro, en peli o, por
qué no, imaginado.

Carmen de la Rosa del Microdecamerón

Bodas de plata



Cuando me presentaron a Honorio en la fiesta de fin de curso del instituto me pareció guapo y un poco simplón. Pensé que mejoraría con la edad y con mi empeño en hacer de él el mejor de los hombres. Después de veinticinco años de matrimonio sería injusto que no destacara su habilidad en introducir veleros en miniatura en botellas de vidrio, su tenacidad en el cultivo de bonsáis y su delicadeza en la práctica del cunnilingus. Aunque, eso sí, a pesar de mis esfuerzos, no he logrado jamás que mi Honorio haya cometido ningún acto de genuina inteligencia.

CArmen de la Rosa

Escritora y médica rehabilitadora. Sus relatos y microrrelatos aparecen en los libros “Entre humo y
cuentos”, “Todo vuela“, “Acordeón”, las antologías: “Somos Solidarios”, “99 crímenes cotidianos”, “Ellas”, “Eros y Afrodita en la minificción”, “Perdone que no me calle”, “Antología
española de Minificción en redes” “100 palabras para mamá”; en varias revistas y blogs. Ganó el I y el X premio de relatos breves“Mujeres” del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife.

MicroDecamerón – Quarks Ediciones Digitales

Elementos para escribir cuento negro

Dra Adriana Azucena Rodriguez

1. Agrega a los crímenes frecuentes del policiaco (asesinato, robo, desaparición, etc.) los delitos latinoamericanos frecuentes (secuestro, narcotráfico, ejecución, magnicidio, asesinato serial, feminicidio, etcétera). Elige uno para narrarlo: no tiene que haber ocurrido, sino que podría ocurrir. 2. Elige el ambiente (el desastre) social que quieras analizar mediante el relato: la frontera (y la migración, o la frontera y el narcotráfico, o la frontera y las maquiladoras), la ciudad de México (la trata de personas, la prostitución, los enfrentamientos políticos, la industria privada), un país con dictadura, o durante-después de una guerra civil, etcétera. Apégate lo más posible a la realidad (sistemas judiciales, centros comerciales, barrios según las clases sociales, modo de ser de las personas, calles y lugares turísticos…) 3. Perfila a tu asesino: por qué comete el crimen, cómo lo comete, cómo logra ocultarse, si puede corromper a la policía o al sistema de justicia o no, si está al servicio de alguna organización criminal. No olvides su apariencia, profesión y su psicología. También construye a sus personajes cercanos (uno o dos). 4. Perfila a tu detective: nombre propio, profesión, debilidades. 5. Organiza la historia: recuerda que el descubrimiento o la aprehensión del criminal pasa a segundo plano. Durante la investigación, saldrán a la luz nuevos crímenes, incluso el detective cometerá varios delitos durante la investigación. 6. El clímax y el final, como en todos los cuentos, es una revelación, a veces interna, del personaje. 7. Por último, recuerda que aquí nada está prohibido: puedes emplear el humor, lo sobrenatural, los sueños, etcétera (no ha ocurrido que el lector sea el asesino, pero tampoco estaría prohibido).

Tomado de https://uacmtallerdecuentoiazucenar.blogspot.com

Los Asesinatos del Valhalla: el frío de Islandia oculta un macabro asesino

Historia en negro: tomado del libro » o dispara usted o disparo yo «

Lilian Elphick compiladora

Historia en negro


Durante la noche y por largas cuadras, el detective siguió al hombre de negro. Deseaba saber hacia dónde se dirigía. Si el hombre de negro apuraba el paso, el detective hacía lo mismo; si disminuía su andar el detective lo imitaba. La persecución demoró horas por callejas oscuras e intrincadas donde era fácil extraviarse. Cuando el hombre de negro desapareció al doblar una esquina, el detective lo empezó buscar con insistencia. Miró al frente, a los lados e incluso atrás y, por último, al cielo, por si se hubiera transformado en cuervo.

Walter Garib Chomali

es un escritor y periodista chileno.
Nacido en el seno de una familia de descendientes de palestinos, ha publicado alrededor de catorce novelas y varios cuentos. Fuegalardonado en 1989 con el Premio Municipal de Santiago de Chile, en
la categoría Novela.

Callejones de leyenda en México | El Souvenir

Entrevista a Alberto Sánchez Arguello

Si le gusta la minificción hay que escuchar.
Archivo:Alberto Sánchez Argüello 2017.jpg - Wikipedia, la enciclopedia libre
Nicaraguense, minificcionista un escritor para leer o bien escuchar.