Milton Puga en la antologia de “O dispara usted o disparo yo”

Abajo

Lilian Elphick
Antóloga

Vivo en un edificio. Mi balcón mira hacia el oriente. Desde la altura uno llega a pensar que tiene algún control sobre lo que ocurre allá abajo. Cruzando la calle hay una gran casa. Es un sanatorio. En los días
soleados sus ocupantes permanecen sentados mucho tiempo mirando el vacío con expresión ausente.
Los últimos días, sin embargo, uno de los residentes discute con las enfermeras y rehúye a los demás internos. El único ritual que lo tranquiliza es recoger con una pértiga las hojas que flotan en la piscina.
Pasa horas en eso.
Un día, cerca del anochecer, cuando las luces de la piscina irradiaban un fulgor azulado, el anciano movía la pértiga sobre la superficie con gran destreza. Una enfermera ya había venido a pedirle
que entrara. Quizá ella perdió la paciencia. Apareció caminando enérgicamente e increpó al anciano. Él se quedó mirándola. Entonces, con un gesto rápido extendió la pértiga hacia la mujer y,
enganchándola por un tobillo, la hizo caer al agua. Antes que pudiera volver a la superficie, el anciano empujó con fuerza la vara y la mantuvo sumergida hasta que ella dejó de moverse.
Minutos después apareció otra enfermera y dio la alarma. El anciano soltó la pértiga y, muy tranquilo, levantó la vista hacia donde yo me encontraba. En ese momento sonó mi teléfono. No me sorprendió.
Desde niño yo sé lo que él es capaz de hacer. Después del accidente de mi madre yo mismo hice que lo confinaran allí.


Abajo

Coincidencia

Un niño se traga un pez vivo mientras bebe un jarabe medicinal preparado en casa. Un carnicero sostiene un cuchillo después de descuartizar un animal. Un grupo de personas se agolpa en la ventana de una mezquitaa para observar cómo doscientos niños serán circuncidados en forma gratuita.

Jóvenes adictos rehabilitados oran de rodillas en el templo de su vecindario.

Una camioneta cruza el centro de la ciudad, transportandomaniquíes desmembrados.
Un niño se ejercita colocando una prótesis en su pierna, en un centro ortopédico.
Una vitrina exhibe ojos de vidrio hechos a la medida de cada cliente.
Un transformista espera su turno para someterse a una operación gratuita de cambio de sexo.
Dos vírgenes se besan, festejando la despenalización de la actividad sexual mutuamente aceptada entre adultos del mismo sexo.
Un policía antimotines sale del interior de un carro blindado y arresta a un hombre vestido de novia.
A la misma hora, un eunuco asiste a una boda.
Nadie podría haber anticipado el encuentro de estas realidades.
Ni la explosión posterior.
Durante las diligencias que siguieron, el novio declaró: «Cura no hallé; mi bálsamo es mi dama; tomó Cupido de sus ojos llama».

El amanecer de Miltón Puga.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s