Marianela Puebla, Chilena, de la antología ” O dispara usted o disparo yo”

Bajo la supervisión de Lilian Elphick


Fin de una historia

Sherlock Holmes mató de un solo disparo a su amigo de siempre y colega en sus investigaciones, el Dr. Watson. La discusión se había alargado tanto que las enfermeras de la casa de reposo no lo podían creer, era casi inaudito pensar que ese sería el destino final de un personaje tan importante en las aventuras del detective privado. Cuando se le preguntó por qué lo hizo, éste respondió que no recordaba nada. La pistola que usó pertenecía al guardia del recinto que había sido engañado por Holmes, aduciendo que necesitaba trasladarse a su dormitorio, momento en que el guardia se acercó lo suficiente para que, sin notarlo, Holmes le sustrajera el arma de servicio.
Lo interesante de esas peleas acaloradas entre Holmes y Watson, era que olvidaban quiénes eran; el Alzhéimer se paseaba por el establecimiento como Pedro por su casa y estos dos personajes después de esa airada discusión de quién era quién, terminaron por dispararse el uno al otro, sólo que Watson usó una cuchara, pero Holmes lo hizo con un arma de verdad.

La calle

La calle solitaria abre sus fauces y la convence de seguir su ruta. Los faroles guiñan sus ojillos crepusculares llenos de un enjambre de polillas encandiladas. Ella se ampara en su buena suerte, la lleva colgando de su cuello como un amuleto, colgando de un precipicio imaginado.
La soledad se le pega a su vestido, tiene terror de encontrarse cara a cara con el bullicio de algún burdel, clientes satisfechos bajan con el cigarrillo a medio fumar; ellas, después de verificar que el dinero está a salvo debajo de sus escotes, entre los mullidos senos, cierran la puerta tras una fingida sonrisa.
Es la misma calle de ayer a esa hora en donde todo sucedió, el recuerdo la estremece, toca su cartera; claro, el hombre quiso arrebatársela, pero ella no cedió, esperó un instante que se hizo un siglo y cuando ya no veía escapatoria, le blandió el puñal que llevaba en su mano, una, dos estocadas y un bulto cayó con quejido de piedras. No quiso darse vuelta a mirar, corrió hasta quedar sin aliento.
Hoy no tiene miedo, la calle lo sabe, por eso no la asedia, la incita a seguir sin apuro; nadie se cruzará en su camino, se lo garantiza, con esa daga que lleva empuñada en su mano izquierda será difícil que
alguien la intimide. Por eso, deja que se vaya junto al silencio que va cubriendo sus pisadas, más allá de la discordia.

Marianela Puebla.

Ha publicado seis libros. En el año 2009 ganó una beca de Creación Literaria del Consejo Nacional de la
Cultura y las Artes de Chile. Ha recibido premios Internacionales, Canadá, México (Jalisco, ganadora Juegos Florales 2004), España, Inglaterra y Chile. Primer lugar narrativa, revista El Grifo 2009, Santiago, Chile. Segundo lugar narrativa, Nuestra Palabra, 2008, Toronto, Canadá.

“Envuelta por diferentes géneros tratados, y todos ellos desde la sensibilidad extrema de una mujer dedicada, durante muchos años a sembrar la palabra. Marianela Puebla, poeta, narradora, con una perspectiva amplia, con giros que nos hacen bailar en la lectura”.
 
Raquel Viejobueno, escritora y editora España.
 

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