Mi primer beso de Rubén García García

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Mi primer beso de Rubén García García

Ella tenía veinte años y yo era un chamaco. Su pelo danzaba cuando subía por los escalones y bajo la rodilla tenía un lunar en forma de ala.

Un día le pedí un beso, ella movió la cabeza y me dio la espalda. aunque logré mirar una mueca que me pareció una sonrisa. La miraba en silencio todos los días. Una tarde me llamó a su oficina.

«Te voy a dar el beso, no soporto tu mirada pedinche». La veía hacia arriba, había almendra en sus ojos y una corona de oro en su diente medió. Cerré mis ojos, sus labios sobre mi frente, por un momento sentí la decepción, y un poco antes de abrir mis ojos, sus labios encontraron los míos. Soy un viejo, pero si me toco el centro de mi boca vuelvo a sentir sus labios y mi juventud aparece.

Lejanía relativa de Rubén García García

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Era una tía lejana, porque radicaba en el extranjero, y también era de tercer grado. Viuda regresó al pueblo. Me tomó como su secretario. Esa vez le preparé su baño y poco después me llamó enérgica, pensé para mis adentros «¿Qué habré hecho mal?»

Sigue siendo mí tía lejana, pero esta tarde en la tina, acortamos distancias.

Una vaca negra en el cielo de Rubén García García

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La tierra apelmazada se suelta por las navajas de una ave. En el cielo hay una nube gorda, perezosa, que simula una vaca negra. Llueve, llueve a cántaros y por una brevedad humedece el ejido. El aroma dormido despierta. Es olor a tierra mojada que se esparce. Es un olor viejo de vida, es cavernícola. Olor que a los muertos despierta y los hace recordar su niñez. El sol irrumpe poderoso y la memoria se cierra, para volver a la eternidad del silencio.

El microrrelato de los viernes: Dos micros en torno a la escritura — Aire Nuestro

UNA INMORTALIDADEl poeta de moda murió, y levantaron una estatua. Al pie grabaron uno de los epigramas que le valieron la inmortalidad y que ahora provoca la indiferencia o la risa, como la chistera, el corbatín y la barba de chivo del pobre busto. El Infierno no es de fuego ni de hielo, sino de bronce imperecedero.CARLOS ALMIRA (Castellón de la Plana, 1965).

El microrrelato de los viernes: Dos micros en torno a la escritura — Aire Nuestro

El ciego Tiresias de Rubén García García

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Solo Tiresias sabía de mi viaje y pasé a despedirme. En la bolsa acomodé la flauta, los maderos, cuerdas y un ramo de hierbas aderezadas por el sereno y la luna. «suerte y buen viaje» me dijo cuando me abrazaba.

Un mes después, en la puerta al inframundo toqué con maestría la flauta y las tres cabezas del perro se durmieron. Caronte me dijo, al bajarme de su barca, «no tienes mucho tiempo». La vi en su sueño profundo y unté en su frente el humor de las raíces. Con dos tablas y las cuerdas inmovilicé su cuello. Poco antes de la salida se oyó una voz imperativa atrás de ella: «¡A dónde vas!» Ella quiso voltear, pero no rompió los amarres. Corrimos hasta ver el día. La mujer florecía en lágrimas al abrazarse con sus hijos, que decían «has vuelto mamá».

Cambio climático de rubén García García

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Llegó abrupto. Entró como el filo en un rojo tomate. El mayo soleado dejó paso a un día invernal. Desaparecieron las moscas y el gato adormilado salió hacía el tejado, pero se regresó antes de que la puerta se le cerrara. Al fondo del patio las gotas frías y afiladas caían sobre el naranjo. El árbol esperaba un chubasco que lo limpiara del polvo y no la insolencia de este frío que lo estremece.

La lluvia se hace más helada y el naranjo no sabe donde guardó la gabardina. Mi madre corre con una sábana de plástico y lo cubre. Ella ama las naranjas dulces que desde niña le ofrece su amigo y ella disfruta.

Los «claveles» de Rubén García García

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El clavel es la flor favorita de nuestra comunidad política. El otro quehacer que ejercitan con maestría es el de la “vista gorda” Muchos son adictos a los dos, y los de mirada obesa se justifican diciendo que apenas si pueden ver para no caerse de los escalones.

Narración y descripción

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Diferencia entre la descripción y la narración Para entender la diferencia entre estos dos tipos de descripciones es vital conceptualizar ambas y notar los elementos diferenciadores, por ello se definirán a continuación: La Descripción Realizar una descripción es tomar un objeto, una persona, un lugar o un sentimiento y explicar detalladamente cómo es. Es indicar todas las características y detalles de manera ordenada. Todo esto de manera que, el receptor se imagine de la manera más exacta posible la situación o el elemento descrito. Se caracteriza por: Recurrir a los sentidos para presentar la imagen de la realidad: forma, volumen, grosor, olor, sonoridad, ambiente, etcetera. Centrarse en objetos, paisaje, personas o situaciones. Asociar la realidad percibida con las emociones del autor (descripción subjetiva) Observar y fijarse en la realidad con cualidades y propiedades detalladas (descripción objetiva) La Narración El texto narrativo (tanto oral como escrito) consiste en contar, mediante un narrador, una serie de hechos o sucesos que acontecen a unos personajes en un tiempo y espacio determinados. La narración es uno de los tipos de discurso que, junto con el diálogo, más presencia tiene en nuestra vida cotidiana. Se caracteriza por tener Un narrador: que es la persona que cuenta la historia. Los personajes: que son los individuos a los que les acontecen los hechos que el narrador cuenta. Los hechos: los sucesos que se cuentan en el relato. Un orden cronológico definido Una estructura compuesta por una introducción, un nudo (problemática) y un desenlace. La Diferencia Primeramente, se debe decir que la descripción puede formar parte del proceso narrativo. Pero si nos centramos en las diferencias de estos dos recursos literarios, podríamos llegar a la conclusión de que principalmente la descripción puede seguir un orden no necesariamente cronológico y en base de los hechos. También se puede decir que la narración generalmente cuenta con una estructura bien definida, como no pasa con la descripción.

Fuente: Diferencia entre la descripción y la narración
https://ladescripcion.com/diferencia-entre-la-descripcion-y-la-narracion

Diferencia entre la descripción y la narración
Diferencia entre la descripción y la narración

El tio Félix prendió la luz

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Era un reprobador de matemáticas empedernido. Tenía un tio abuelo, que mi padre lo acogió en su negocio. Empezó a darme clases y los problemas que me presentaba se los respondía con acierto. «Sí sabes, eres listo. Con seguridad tus maestros no han reparado, o quizá sean impacientes. Sí sabes me repitió» En el examen de última oportunidad logré una calificación aprobatoria y seguí mis estudios de preparatoria.

El buen maestro prende los interruptores de luz que tiene el alumno y después él será capaz de aluzar su camino.

Mi Tio-abuelo Félix me dio lo que me faltaba: que alguien creyera en mí.

Felicidades Félix Austria donde quiera que te encuentres.

La chifladera de Rubén García García

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Fui a Tlen. Dos días y a la vera del sendero llegué a un campo de piedras encimadas, y algunos hoyos a medio cavar, ¿o buscaban agua, o tesoros? Dicen que por este rumbo campeaba la banda de los Ali hace décadas. Había un socavón. El tiempo y los remolinos lo llenaron de hojas y arena de desierto. De él sobresalía un árbol de pirulí, una frutita roja vistosa que la disfrutan los pájaros viajeros. Me senté a la sombra y al poco tiempo llegaron varios tipos de aves que hicieron un barullo grandioso. En aquel silencio cubierto de lajas y yuyos un árbol tenía su fiesta. Así que me uní a la chifladera.

Día del maestro al Dr piña

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Han pasado tres meses de que inició el curso de bioquímica, Ya los conozco bien. Algunos son brillantes, otros con dificultad, pero caminan y otros están atascados. «su calificación trimestral se las daré en privado» El examen no lo hacían los maestros sino el departamento correspondiente. Cómo no voy a estar en problemas sino había comprado el libro y con eso me justifiqué. En clase, comentó el maestro: «ya tengo claridad de quienes se perfilan a repetir la materia» Me encontré con su mirada verde. Se me atragantaban las formulas y volvía una y otra vez al inicio, era inútil. Me veía rodar por el desfiladero. Y empecé desde la introducción e ir párrafo por párrafo para que me llegase algo de oxígeno. En el segundo trimestral pude alcanzar el seis y él irónico: «García, encontraste una tablita, o afilaste la mirada» Sus exposiciones eran destacadas y hubo una luz, cuando él llenaba el pizarrón de      letras y números. En clases sentía su mirada glauca correspondiente a un güero y un pelo castaño. En el pasillo, en el salón me comentaba. Desiste, Te espero en el próximo curso.  El día que lo vi sonreir fue la vez que me lanzó una pregunta y se la contesté con acierto. En el tercer trimestral tuve una calificación de ocho. Con esta calificación estas exento García «no sé como lo hiciste, pero lo hiciste» Para los que no estaban exentos se les dio fecha. Me presenté al examen final y cuando me vio me dijo «¿Y que andas haciendo por aquí?, si te presentas al final y me sacas cinco, esa será la calificación final». Volví a repetir el ocho y el maestro güero, glauco de ojos y pelo rojizo me dio un fuerte abrazo y al oído me dice:  yo sabía lo que eras, solo había que picarte el orgullo.

La mujer musical de Rubén García García

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Es una mujer musical. Si la muevo se estremece y escucho una avalancha de semillas por sus paredes.

De su espalda llegan suaves vientos que me llevan a sentir los oboes al caer la tarde.

Oculto mi perfil en su cuello, y vibra el tam tam con el pulso de un baile de oscuridades.

La dejé ir. Mi corazón exhausto, azuzado por el azogue de su ombligo, jamás pudo seguir su ritmo.

Mis ojos la vieron correr por la sabana, justo cuando el ocaso se hacía más crepúsculo.

La obra de Ana María Shua fragmento de Rosa Navarro

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Frag escrito por Rosa Navarro

Los relatos de Ana María Shua presentan un espectáculo circense en el que las palabras hacen equilibrismos en los trapecios de la ironía, la crítica y la reflexión literaria. En un caos solo aparente, el lector puede encontrar las cuerdas invisibles que sostienen su estructura. Después del espectáculo, el público atento descubre en cada malabarismo las claves del género del microrrelato, así como los rasgos formales, pragmáticos y temáticos que lo caracterizan. En el microrrelato los elementos del texto se sintetizan hasta el límite: la trama carece de complejidad estructural, desaparece la progresión tradicional tripartita (planteamiento-nudo-desenlace) y algunos componentes desaparecen mientras otros adquieren mayor relevancia. Por ejemplo, el título es muy importante en toda la narrativa breve, pues suele conformarse como la base de identificación del texto. Puede actuar como llamada o reclamo, tener función descriptiva o situar el texto dentro de un marco determinado. En la microficción, el título suele formar parte de la estructura al completar el significado del texto u orientar la lectura de este y hacernos tomar una línea de interpretación u otra, marcándonos los elementos que debemos tener en cuenta. Del mismo modo, el comienzo y el final son fundamentales en la microficción. Como ya hemos señalado, la estructura del microrrelato rompe con la tradicional progresión planteamiento-nudo-desenlace del cuento clásico. De hecho, un comienzo habitual de este género es in medias res, comienzo muy adecuado a esa estructura basada en la intensidad, pues se anulan descripciones o caracterizaciones circunstanciales. Por otro lado, los finales suelen ser sorprendentes, pues ponen de manifiesto significados que habían estado ocultos en el texto durante todo el tiempo. Es frecuente el final que produce un cambio en la significación o en el contexto y nos obliga a releer el relato a través de una mirada distinta.

«Máquina del tiempo»

A través de este instrumento rudimentario, descubierto casi por azar, es posible entrever ciertas escenas del futuro, como quien espía por una cerradura. La simplicidad del equipo y ciertos indicios históricos nos permiten suponer que no hemos sido los primeros en hacer este hallazgo. Así podría haber conocido Cervantes, antes de componer su Quijote, la obra completa de nuestro contemporáneo Pierre Menard.
(De Casa de Geishas)

«Tarzán»

Avanzando en oleadas malignas, las hormigas carnívoras no han dejado más que esqueletos blanqueados a su paso. Horrorizado, Tarzán sostiene en su mano temblorosa la calavera pelada de un primate. ¿Se trata de su amada mona Chita? Condenado al infinitivo, el rey de la selva se pregunta ¿ser tú Chita, mi buena amiga mona? ¿La compañera que alegrar mis largos días en esta selva contumaz? ¿Ser o no ser?
(De Temporada de Fantasmas)

«El hermano serpiente»

En su lecho de muerte, el padre le entrega un cofre. Adentro del cofre vive una serpiente.
–Esta serpiente –dice el moribundo– es tu hermano, fruto de mis amores con una mujer demonio. Lo confío a tu cuidado.
El hijo consagra su vida a la caza de ranas y ratones para alimentar a la serpiente, creyendo que su padre sufre en la Gehena el castigo de los lujuriosos o los magos, sin saber que se cuece, en realidad, en el círculo destinado a los bromistas.
(De Botánica del Caos)

Sin título

Mi papá no está contento conmigo. Me mira más triste que enojado porque sabe que le oculto un secreto. Estás muerto, quisiera decirle. Pero tengo miedo de que no venga más.
(Microrrelato número 25; de La sueñera)

El primer libro de microficción de Ana María Shua es “La sueñera” (1984)El primer libro de microficción de Ana María Shua es “La sueñera” (1984)

«La ciudad soñada»

Usted llega, por fin, a la ciudad soñada, pero la ciudad ya no está allí. En su lugar se eleva una cadena montañosa de indudables atractivos turísticos. Pero usted no trajo su equipo de andinista, no tiene grampas, ni cables, ni vituallas, usted trajo una guía de restaurantes y un buen traje, y entradas para el teatro. La ciudad, por el momento, está del otro lado, y el guía le ofrece atravesar la cordillera a lomo de mula. Y mientras avanza lentamente sintiendo que su columna vertebral, que sus riñones ya no están para esos trotes, usted percibe en la reverberación del aire que la ciudad está volviendo a formarse a sus espaldas, temblorosos y transparentes todavía los rascacielos, como medusas del aire.
(De Temporada de Fantasmas)

«Las dos mitades»

Charles Tripp, el hombre sin brazos, se ganaba la vida como carpintero antes de entrar en circo. Eli Bowen, el acróbata sin piernas, tenía dos pequeños pies de diferente tamaño que nacían de sus caderas y era considerado el más buen mozo de los artistas de circo. En una de sus actuaciones conjuntas Bowen conducía una bicicleta mientras Tripp pedaleaba. Los espectadores aplaudían como tontos, sin darse cuenta de todo lo que podríamos hacer si tuviéramos esa otra mitad de la que nada sabemos, la mitad que nos falta, la otra parte de estos cuerpos inacabados que sólo por ignorancia imaginamos completos.
(De Fenómenos de circo)

«El dragón»

El problema es que el dragón no sabe hacer nada. Está demasiado viejo para volar y logra apenas un patético revoloteo de gallina. Aunque un par de columnas de humo se elevan débilmente de sus narinas escamosas, ya no es capaz de expeler su fuego vengador. Es interesante, le dice el director, muy interesante, pero más apropiado para un zoológico que para un circo. Embalsamado, en su momento, podrá vendérselo por una buena suma a cualquier museo.
Y el dueño, o tal vez el representante del dragón, se va del circo desalentado, arrastrando su cansina, una familia de vampiros vegetarianos, un ex-ángel que exhibe torpemente los muñones de sus alas mutiladas.
(De Fenómenos de circo)