Tu boca
es una mano de ave,
lastima y canta
besa y se va.

Octavio Ocampo
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Tu boca
es una mano de ave,
lastima y canta
besa y se va.

Octavio Ocampo
Pere Calders Tomado de «Un cuento al día»

José Palacios fue parte del grupo de compositores, encabezado por los maestros Alfonso Esparza Oteo, Ignacio Fernández Esperón, Tata Nacho y Mario Talavera que fundaron el Sindicato Mexicano de Autores, Compositores y Editores de Música (SMACEM), que se convirtió en la Sociedad de Autores y Compositores de México.
Fue representante de artistas como Marco Antonio Muñiz, Julio Alemán, Ana Bertha Lepe, Cantinflas, Carlos Lico y otros.
José Alfonso Palacios Montalvo, a quien durante un tiempo se conoció en el medio artístico como El Muerto Palacios, ya que vivió un episodio cataléptico en el que se le dio por muerto, falleció realmente en la ciudad de México, el 17 de octubre de 1974.

-Ten cuidado no te vayas a perder.
-Cómo crees ama, ya estoy grande, ya se llegar a la casa.
las manos de ella palpaban la verdura, la fruta y con el rabillo del ojo me buscaba.
Ten cuidado, volvía a decirme, cuando escuchabamos » Allí va el golpe, allí va el golpe.» a pocos metros venían cargando sobre la espalda, la pierna de res o la mitad de un puerco. De la carne goteaba sangre que se derramaba sobre la ropa de los cargadores que a paso rápido transportaban su carga hacia las carnicerías.
-¡Hazte a un lado! y me situaba tras de ella.
Compraba el tomate aquí, la zanahoria allá, y las calabazas, mucho más allá. Íbamos y veníamos como los trompos. Afuera hacía calor, pero dentro del mercado era horno.
-Mama, mire, en este puesto tienen de todo. ¡Aquí compré!
-No. A este señor, le compro el tomate, la viejita que está en el extremo la lechuga, me la da caro.
-Y si se la da caro, ¿porqué vamos hasta allá?
Los dos cargabamos el mandado, hasta llegar a la parada del urbano. Si había asientos, ¡qué bendición!, sino te resignabas a irte de pie.
Hoy mi esposa, la llevo en el auto, toma un carrito y en espacios iluminados, con acondicionador de aire, va comprando al precio marcado. Extraño la voz del cargador y la voz del comerciante que le decía a mama, » Le pongo un tomate de más, para que regrese» y la voz de mamá que decía
«Gracias por el pilón»
Diego Rivera


Alimenté poco a poco mi catarata sobre el cristal y mañana me la arrebatan.

Llegaban mujeres con sus vidas.
Iban
doblando orillas de hombre;
zurciendo esperanzas .
Tú no llegabas.
¿Te escondías?
En mis sueños veía
que la inquietud te despertaba.
En el cielo de tus ojos
las nubes aceradas
transitaban en sospechosa calma.
Despertaba con un resabio
y en la boca el aroma de la oscuridad de tu trenza.
Siguen pasando mujeres
que vienen hilando en el camino.
No te veo.
Quizá nada es cierto.
Nada, sólo fantasmas de luz en el abismo.
Sigo esperando a que cruces.

1. Tomar una o varias porciones de caos (muy pequeñas) y
transformarlas en un pequeño universo.
2. Trabajar con los conocimientos de lector, que sabe más de lo que
cree.
3. Trabajar con la materialidad del texto. Por ejemplo, en este
hiperbrevísimo “Huyamos, los cazadores de letras est-n aq-«.
4. Azotar las palabras hasta conseguir que se agrupen en un rebaño
ordenado. Tener el corral preparado de antemano.
5. Tejer lo fantástico y lo cotidiano en una sola trama. 0 no. Cortar lo
que sobra.
6. Trabajar la primera versión como una piedra en bruto a la que hay
que tallar hasta obtener un diamante facetado. Si no es posible librarse incluso de la más mínima imperfección, tirar la piedra a la basura, sin piedad.
7. Si conseguiste atraparlo, es que está mal. Un buen cuento brevísimo
resulta tan inasible y resbaladizo como cualquier pez o cualquier buen texto literario.
8. A veces no hace falta inventarlos, basta con descubrirlos, incrustados
en otros textos, brillando.
9. Prueba de calidad: si es realmente bueno, muerde.
10. Ser breve. Y, preferiblemente, también genial.
(Rotger, Neus y VALLS, Fernando, Ciempiés. Los microrrelatos de Quimera, p. 141.)

Nosotros, pedro Junco Cubano
Contigo, Claudio estrada ( mexicano)
Sin ti. Pepe Guizar ( mexicano)

Tu me acostumbraste, Frank dominguez ( cubano)
Contigo a la distancia, Cesar Portillo de la luz(cubano)
Fallaste corazón Cuco Sánchez
La que se fue, José Alfredo J.
«Me da igual que algo sea corto o largo; me importa la calidad»*
El microrrelato, según lo definen los críticos, es un texto narrativo que no tiene más de veinticinco líneas. Cuando yo empecé a trabajar el género, se lo llamaba de una forma más simple: «cuento brevísimo». Igual que en cualquier otro género, se puede utilizar para hacer buena literatura o chaupucerías de poca monta. El ingenio es un peligro siempre latente: la frontera con el chiste es muy delgada. Encontrar la idea para un microrrelato es un trabajo de minero: se pone uno la lámpara en la frente y va por el socavón buscando algo que parezca brillar. Cuando lo encuentra, lo desprende con el pico y se lo lleva al salón de tallado. En la tarea de joyero, tallado y pulido, se sabe si se trataba de una piedra preciosa, que va a brillar como una joya, o si hay que tirarla y volver al socavón. La inspiración surge leyendo otros microrrelatos. Este género no puede considerarse un paso previo a la novela. De hecho, yo terminé mi primera novela (Soy paciente) antes que mi primer libro de microrrelatos. No todos los novelistas son capaces de escribir este tipo de obras. Y desconfío de los microrrelatistas que no escriben otros géneros y se refugian en este porque lo creen más fácil. A mi criterio, este auge es casi una fantasía. Al menos en el campo literario, al menos en la Argentina. Nunca se va a encontrar un libro de micros en la lista de best sellers. Y las editoriales no los quieren publicar. Soy una de los poquísimos autores que no se han visto obligados a pagarse su propia publicación. En cuanto a la influencia de las tecnologías, no hay nueva tecnología capaz de convertir en escritor a alguien que no lo es. Y por otra parte, la literatura ya conocía el formato breve. Los haikus, por ejemplo, tienen diecisiete sílabas y miles de anos. Son más breves que un SMS o un tweet. A mí me da exactamente igual que un film, una obra teatral o un texto literario sean cortos o largos. Lo que me interesa es la alta calidad: la capacidad de decir algo nuevo, perturbador, acerca del ser humano. La poesía siempre fue breve y no tiene que dar tantas explicaciones. La mala poesía, las malas películas, el mal teatro, las malas novelas son peores cuanto más largas.
*Por Ana María Shua.

En esos días la pasábamos en la cocina con mamá, saboreando el café caliente y un pan recién horneado que al morderlo, crujía y esparcía el sabor de la melcocha. Afuera la gotera caía en la cubeta o resbalaba sobre la circunferencia de las naranjas y el tac-tac que escuchaba al caer sobre las hojas del plátano. Cerraba los ojos y veía en mi mente a los quemadores y cómo de su tallo se desprendían lenguas y pájaros de fuego. Yo volaba en una de esas aves y recorría paisajes desconocidos. Hoy comprendo que aquella lluvia tenaz me obsequió los besos tiernos de mi madre y los andamios de mi fantasía.

Nació el 14 de Febrero de 1894 en la ciudad de Oaxaca. Fueron sus padres Ignacio Fernández Ortigoza y Piedad Esperón. Su padre era médico. Su madre era pianista, no fue ella quien le enseñó a tocar el piano, sino Macedonia, una sobrina del destacado compositor Macedonio Alcalá, autor del vals Dios nunca muere, cuando Ignacio apenas aprendía a leer y escribir.
La familia se trasladó a la ciudad de México. En su casa, se reunían frecuentemente sus padres con Amado Nervo, Luis G. Urbina, Ángel del Campo Micrós, Rubén M. Campos, y otros poetas, escritores y músicos famosos.
A los ocho años improvisaba piezas de canciones. Las tocaba en el piano o en el violín que le habían regalado.
Cuando él contaba con sólo 10 años de edad, en el año de 1904, su padre murió.
En 1929, Ramón P. de Negri, ministro de Industria, antiguo conocido de Tata Nacho, lo envió a la Exposición Iberoamericana de Sevilla, España. Ahí, el poeta Francisco Orozco Muñoz, fue quien encabezó al grupo mexicano. En Sevilla Tata Nacho conoció al poeta Federico García Lorca, con quien llevó, desde entonces, una gran amistad.
Conoció también al rey Alfonso XIII, quien en una ocasión lo reconoció desde su coche cuando Tata Nacho iba caminando, se detuvo y lo llevó al Pabellón Mexicano de la exposición. Durante su estancia en Francia, vio el funcionamiento de la Sociedad Autoral y estudió las leyes correspondientes, ya que en México aún no existía una organización así.
El 22 de Febrero de 1945, Alfonso Esparza Oteo, Ignacio Fernández Esperón y otros compositores, fundaron el Sindicato Mexicano de Autores, Compositores y Editores de Música (SMACEM), que pocos meses después se convirtió en la Sociedad de Autores y Compositores de México, y después en la Sociedad de Autores y Compositores de Música (SACM).
Tata Nacho murió en la ciudad de México el 5 de Junio de 1968; sus restos descansan en la sección de compositores del Panteón Jardín.
http://www.sacm.org.mx/biografias/biografias-interior.asp?txtSocio=08003

Atenas vivía horas de angustia. A 41 km se desarrollaba la batalla contra los persas. alrededor de 10 guerreros persas por un griego.
– ¡Hay que quemar la ciudad! No dejaremos que Darío y sus huestes la saqueen.
– No. Aún no. Esperemos
– Cuando queramos hacerlo será demasiado tarde.
Después de acaloradas discusiones aceptaron el consejo de un anciano que tenía fama de prudente. Esperarían 24 hs y de no tener noticias incendiarían la polis. Muchos abandonaron la ciudad buscando refugio de la ira de los persas.
Era la mañana del día seis de boedromión entre (agosto y septiembre) olimpiada 72 del 29 septiembre 490 antes J.C.
En la llanura del Maratón, los griegos en formación. Milciades dio la orden de atacar, cantando su himno se fueron contra el ejercito invasor que los superaba en número. Los persas no esperaban tal agresividad y se desconcentraron, cundió el pánico cuando fueron atacados por los flancos y huyeron en desbandada, dejando más de seis mil cadáveres, prisioneros y arreos.
—Quemad sus naves, para cortarles la retirada —ordenó Milcíades a sus soldados.
Terminada la lucha Filípides salió con prisa, corriendo intensamente hacia Atenas para darles la buena nueva y evitar que la polis fuese destruida. Al llegar a la ciudad, le esperaban un grupo de atenienses.
El atleta llegó desencajado, con los brazos caídos y como un autómata. La impresión fue aterradora y nadie se atrevía a pronunciar palabra. Enmedio del profundo silencio, musitó
¡Hemos vencido!
Colofón
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Tomado de piedra y nido
https://piedraynido.blogspot.mx/search/label/Alfonso%20Pedraza

Vicente van Gogh
Tomado de la bitácora Plasticidades
