De dimesiones

Miraba el mar. Cada ola era un verso. «seré mejor que Amado Nervo». -decía. Al tiempo la espuma se hizo rala y musitaba entre dientes»trataré de escribir tan bien como él».
Años después, mi mejor endecasílabo estaba a mucha distancia de lo hecho por el poeta. Cerca de mi ocaso, percibí enorme lo  breve, y despedí a la inmensidad con una patada en el trasero. ¡Ay de aquel que piense y sienta  que el mar es muy pequeño para hacer buches!

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Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo, vida,
porque nunca me diste ni esperanza fallida,
ni trabajos injustos, ni pena inmerecida;

porque veo al final de mi rudo camino
que yo fui el arquitecto de mi propio destino;

que si extraje las mieles o la hiel de las cosas,
fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas:
cuando planté rosales, coseché siempre rosas.

…Cierto, a mis lozanías va a seguir el invierno:
¡mas tú no me dijiste que mayo fuese eterno!

Hallé sin duda largas las noches de mis penas;
mas no me prometiste tan sólo noches buenas;
y en cambio tuve algunas santamente serenas…

Amé, fui amado, el sol acarició mi faz.
¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!

Amado Nervo

Endocrino, el último escalón

Estaba a punto de concluir mi carrera, faltaba el curso de endocrinología que el titular de la materia pensó que no tenía méritos para aprobarlo, tenía en la boleta cinco.
-Mire García Robles, esto es lo que sacó. Enseño el exámen, vi la hoja blanca con garabatos.
Dr. esta no es mi letra; yo no soy García Robles.

Después quiso rectificar, Nada se podía hacer el acta iba en camino hacia rectoría.

Tenía dos opciones, volver a hacer el curso con el doctor o bien presentarme a un examen extraordinario. Fui a las oficinas, pagué el arancel. Cuando vi la dirección, me dije » En la madre otra vez por la salida hacia cuernavaca»

La cita era a las quince horas, llegué antes. ¡Sorpresa! encontré viejos conocidos. Cerca de cuarenta que presentaríamos el examen.
-¿Por qué hay tantos?
– ¿No sabes? El maestro le apodamos el «trasatlántico» porque es un gran «barco»* Por eso es que hay muchos.

A las tres llegó el maestro adscrito
» ya no debe de tardar el profesor titular de la materia, el Dr Bueno».
Dieron las seis de la tarde y el auxiliar nos reunió en el salón:

– – En vista de que no ha llegado el maestro, les haré el examen.

Ya nos llevó la chingada, exclamaron varios de mis compañeros. «Este adscrito es un cabrón bien hecho, si nos hace el examen, tronaremos como palomitas de maíz».

Habíamos sacado, el lápiz, el borrador, cuando ¡oh! sorpresa, llegó el titular de la materia.

– – Son muchos, llévate la mitad tú y la mitad yo, así terminamos rápido. ¿Quienes estuvieron en el curso conmigo?

Casi todos levantaron las manos. El dr Bueno, sacó una vieja lista y fue nombrando.

Los que hicimos el examen con el adscrito, terminamos en hora y media el exámen, fue oral. Cinco preguntas, de esas en que sabes o no sabes. Había que esperar, pues la boleta y el acta debe ser firmada por el titular de la materia.

Pasaban de la seis de la tarde cuando empezaron a salir los del grupo que hicieron el examen con el titular. Caras largas, sollozantes y una mirada con rencor.
– ¿Qué pasó?
– Pinche maestro, de todos los que éramos solo pasó a dos. Ya ni chinga, creimos que que nos preguntaría sobre las enfermedades comunes, . Nada de eso se metió con la bioquímica de las hormonas y nos jodió casi a todos.
-Por acá solo reprobaron como cuatro.

Hice parada en la calle insurgentes. Fui a ver a mi mentor, mi maestro grande, el que daba todo cada vez que disertaba. Fui a decirle que había terminado la carrera de medicina. Me dio un abrazo de corazón que aún siento el apretón de su sinceridad.

bocio

De la tómbola de Ficticia.com

El escritor pasó lista a su palmarés y se dio cuenta que sólo le faltaba un premio por ganar, el de los narradores carcelarios. Lo único malo era que, para obtenerlo, tenía que estar preso. No lo dudó: fue a la casa del crítico que más odiaba y lo asesinó.
Lo que jamás imaginó, ni en sus peores pesadillas, fue que el crimen quedara impune.
Leo Mendoza

paisaje con nubes monet claude

Jorge del moral 1900-1941

Compositor (Ciudad de México, 1900-1941). Estudió en en Múnich, Alemania. Obtuvo renombre como concertista de piano haciendo giras a diferentes países. En México, sus canciones fueron interpretadas por destacados cantantes de su época. Destacan: No niegues que me quisiste, Pierrot, Guitarras y flores, Nunca digas, Condénala señor, Divina mujer, y ¿Por qué? También escribió música selecta y religiosa. Es autor de la ópera «Don Ramiro», en tres actos.

 

 

 

 

 

jorge del moral

Apuntes de un niño diez ( la cocina)

Las gotas frías caen perseverantes sobre la hojas de los árboles  y el ruido de la lluvia percute en el tejado.
—Esta silla es mía.
— ¿Quién te la va a quitar, tú?
— ¡Mis hermanos, mamá, mis hermanos!
—Deja de hacerte el chistoso, pues bien sabes que no tienes hermanos.
— Bueno, por si las dudas.
Mamá se arrima al fogón, sopla con fuerza para que la lumbre baile alrededor de la sartén y escucho el chirriar del aceite. Al poco rato me llega un rico olor a plátanos fritos, y el aroma que no se ve, que despierta ansias. A mí me lo dan con leche porque los chiquitos no deben tomarlo solo. Me froto las manos para quitarme el frío y mamá me dice cuando sorbo: “Te vas a quemar”. Si supiera mamá que cuando ella se descuida  lo tomo caliente y negro.
En la cocina de mamá se está re bien; hay plátanos, galletas y café. Ella a cada rato me acaricia y me pregunta — ¿No quieres más?
Afuera, el agua se envuelve con el frío y la hoja de plátano al caerle la gotera parece que tirita…

Frag mur. Teodoro Cano

teodoro cano

Peligro en el hospital

La encontré con los ojos cerrados, la luz de la lámpara daba directo a sus ojos. mañana a temprana hora sería intervenida de una desviación nasal. Como residente de pregado, mi obligación era hacerle su documento médico.
-Por favor, apague la luz.
Prendí la que se encontraba en el buró. Me presenté, le referí que le haría su historia clínica; imprescindible para llevarla a quirófano. Atractiva, joven, de voz nasal, por su nariz de cotorra y desviada. Veía una chica abierta, desinhibida. La bata azul permitía visualizar su blanca piel al explorarla, facilitó con agrado el procedimiento.
-¿Si tengo alguna molestia, lo puedo llamar?
-Por supuesto, solo llame a la enfermera.
-Porqué no viene usted y me acompaña, me siento nerviosa y sola.
-No se preocupe estaremos cerca. Casi no hay pacientes, hace frío y llueve.
-Cuando termine mi labor vengo a darme una vuelta.
-No me engañe, estas noches asustan.
Afuera la noche estaba de perros y rayos, el agua, los truenos hacían vibrar las ventanas. El hospital vacío. La enfermera de guardia absorta. Una hora después volví.
-¿Ya ve, no han salido fantasmas?
-No los alborote, que tal si vienen y yo solita.
Se sube al siguiente piso, me toca, -dije bromeando-, dejaré la puerta abierta si se aterroriza.Tranquila y apreté su mano dándole valor.Ella no me soltaba.
-¿Y estará solito?
Moví la cabeza y sonreí.
Me despedí de la enfermera, pidiendo de favor que si algo sucedía me hablara por el teléfono.
Me di una ducha. Llevaba veinticuatro horas de guardia, unas horas de sueño me daría el impulso para llegar a las treinta seis.
Sentí un pie frío entre mis piernas y luego aquella voz de nariz apretada. Su pezón erecto rozando mi piel. Los latidos se fueron a mis sienes, sobresaltado respiré profundo. ¡Nunca imaginé tener una interna en mi cama! Mentalmente eché una moneda al aire. Daba lo mismo, el problema ya estaba allí. Quedé frente a ella y metí mis labios entre su oreja y clavícula. Sentí su mano acariciar el pelo de mi nuca. Pasaban de la una de la mañana, no me dio descanso, se valió de sus atributos para mantener mi atención. A ella tuve que ponerle la almohada en la boca para sofocar sus gemidos. Eran las cinco de la mañana, me vestí, le dije que me siguiera y mientras distraía a la enfermera, ella llegó a su cuarto. No tardarían en darle su medicación preanestésica.
A las seis de la mañana cuando llegó mi compañero de cuarto, me dijo, “puta madre, pues que hiciste en la noche cabrón putañero”
A ella la operarían de su nariz, lejos del abdomen.

pregrado

Coplas con Cantinflas, Pedro infante Jorge Negrete, Chespirito y Tintan

la copla es una forma poética que sirve para la letra de canciones populares. Su nombre proviene de la voz latina copŭla («enlace», «unión»). … El lenguaje de las coplas es coloquial y directo, aunque se recurre a menudo al doble sentido para conseguir efectos cómicos, sobre todo rítmicos.
Los siguientes videos se refieren a la copla con grandes artistas, un vídeo es la excepción donde actúan pedro infante, tintan, y otro con el gran mimo Cantinflas.
Disfruténlo

pero y cantinflas

 

 

 

 

 

Final inesperado

El caballo desorientado por un torpe tirón de la brida, dio un salto y el jinete cayó de mala manera. El hombre se rompió una pierna, y el caballo, convencido de que cumplía un deber piadoso, lo remató con una coz en la nuca.

Pere Calders Tomado de «Un cuento al día»

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Mi querido capitán por el muerto palacios 1898 – 1974

José Alfonso Palacios (1898-1974), compositor de Mi querido Capitán
 Fue el primogénito. En un entorno familiar de artistas ya que el padre era actor y la madre cantaba.
En la segunda década del siglo XX, cuando llegó al poder en México Adolfo de la Huerta, se estrenó la revista teatral La huerta de don Adolfo, escrita por Antonio Guzmán Aguilera, versificador zacatecano, y musicalizada por José Alfonso Palacios Montalvo. En la obra, se incluyó el alegre foxtrot Los pavitos, y los cuplés de don Simón, en los que, disfrazada intervenía María Conesa, bella artista española que eligió a México como su segunda patria. En 1920 se estrenó en el Teatro Lírico de la ciudad de México, otra revista de corte político: El jardín de Obregón, en alusión al presidente Álvaro Obregón, también de la autoría de Guzmán Aguilera y de José Palacios. En esta revista teatral se incluyó el foxtrot Mi querido capitán, con letra y música de Palacios Montalvo, que fue un éxito musical y cuya interpretación estuvo a cargo de Celia Montalván.

José Palacios fue parte del grupo de compositores, encabezado por los maestros Alfonso Esparza Oteo, Ignacio Fernández Esperón, Tata Nacho y Mario Talavera que fundaron el Sindicato Mexicano de Autores, Compositores y Editores de Música (SMACEM), que se convirtió en la Sociedad de Autores y Compositores de México.

Fue representante de artistas como Marco Antonio Muñiz, Julio Alemán, Ana Bertha Lepe, Cantinflas, Carlos Lico y otros.

José Alfonso Palacios Montalvo, a quien durante un tiempo se conoció en el medio artístico como El Muerto Palacios, ya que vivió un episodio cataléptico en el que se le dio por muerto, falleció realmente en la ciudad de México, el 17 de octubre de 1974.

Fragmentos de una entrevista que se le hizo al muerto Palacios
La entrevista se  realizó en 1970 por encargo de Vicente Leñero y quedó sin publicar, permite sea editada como un documento, talento creativo y picardía del “muerto Palacios”, por haber “resucitado” intempestivamente en su propio velorio y “sobrevivir” más de treinta años.
Celia Montalván fue la gran intérprete, ella estrenó esta canción
…Se la había escrito a una muchacha que “me hacía guaje” con un capitán Un día llegué al teatro y me encontré a la tipa ésta, que aunque le parezca increíble se llamaba Santa; entonces me puse a improvisar algo que tuviera que ver con ella. Armando de María y Campos* me hizo una letra encima del piano, que decía: “Santa tu gracia es tanta que en estas noches de tentación, Santa sin aliño va como niño mi corazón” Era un pretexto para hablar de ella En el teclado dibujé la primera frase y luego me sonó una melodía para el capitán.Para el estreno del Jardín de Obregón yo ya le había prometido al empresario Don Pepe Campillo hacerle algo fácil a Celia, porque por desgracia no había gustado y ya había orden de “darle sus siete días” Como la melodía era muy fácil se hizo popular desde antes del estreno y todos los de la compañía la cantaban Le dije a Guzmán Aguilera “Gus Aguila” que le metiéramos mano al libreto y él estuvo de acuerdo, aunque replicó:
—Pero no podemos decir: “mi querido es capitán” Quítale lo de es y repite más ay hasta que te quede ay ay ay ay mi querido capitán, pues con eso “va a pegar”
Aunque Celia estaba ya completamente “desahuciada”, la hacía yo salir desde una escalera que venía del techo del teatro No preciosamente vestida, sino preciosamente desvestida y salía primero en tiempo de marcha: 4 por 4 Luego cambiábamos a Fox y con todas las muchachas bajando por la escalera en cámara oscura con escalones negros: entonces daba la impresión de que bajaban en el vacío Celia seguía bajando y le pedía al público que si no le coreaba,  claro, era una cosa tan fácil que todos cantaban: ay ay ay ay mi querido capitán y todo el teatro era un rugido: se oía hasta el Zócalo Y fue el éxito de mi canción En el Lírico
Años después eran muy de ver las discusiones que tenían Celia y Sofía Alvarez, quien también hizo triunfar la canción, adueñándose cada una del número y peléandose por haber sido la primera en cantarlo Y contaban anécdotas muy bonitas: por ejemplo, Sofía decía que una de las mayores emociones de su vida era haber ido a una plaza de toros en Tampico, donde había miles de almas Cuando cantó, toda la plaza le coreó y dicen que eso era impresionante: Diez o quince mil cantándolo
Y Celia en contestación decía:
—Una de mis mayores satisfacciones fue un día que me invitaron a unos premios de una escuela de niñas en Guadalajara Y salió un coro como de sesenta o setenta niñas vestidas como yo a cantarme Mi querido capitán Para mí fue una emoción grandísima
Después Esmeralda la hizo mucho en sus programas de radio y en disco, que también fue un gran éxito Además de ella, triunfaron con Mi querido capitán, como ya dije: Celia Montalván y Sofía Alvarez, después Rosita Quintana, que hizo la película, con el mismo nombre Los principales eran Rosita Quintana y que estaba adorable y Fernando Soler.
* Tuve el gusto de conocer en Poza Rica. allá por 1962.

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Apuntes de un niño 9 (El mercado)

Mi vía crucis era cada ocho días.  El día que llegaba al mercado la fruta, la verdura. «¡Qué pachorra, mañana hay que levantarse temprano!». Hermosas bolsas de yute tejidas, coloreadas de un amarillo canario o bien de un rosa mexicano. Mi labor era ayudar a mamá, ir detras, mientras hacía la compra. El mercado, rústico, con cientos de gente comprando, pasillos estrechos, ruidosos, extensos.

-Ten cuidado no te vayas a perder.

-Cómo crees ama, ya estoy grande, ya se llegar a la casa.

las manos de ella palpaban la verdura, la fruta y con el rabillo del ojo me buscaba.

Ten cuidado, volvía a decirme, cuando escuchabamos » Allí va el golpe, allí va el golpe.» a  pocos metros venían cargando sobre la espalda, la pierna de res o la mitad de un puerco.  De la carne goteaba sangre que se derramaba sobre la ropa de los cargadores que a paso rápido transportaban su carga hacia las carnicerías.

-¡Hazte a un lado! y me situaba tras de ella.

Compraba el tomate aquí, la zanahoria allá, y las calabazas,  mucho más allá. Íbamos y veníamos como los trompos. Afuera hacía calor, pero dentro del mercado era  horno.

-Mama, mire, en este puesto tienen de todo. ¡Aquí compré!

-No. A este señor,  le compro el tomate, la viejita que está en el extremo la lechuga, me la da caro.

-Y si se la da caro, ¿porqué vamos hasta allá?

Los dos cargabamos el mandado, hasta llegar a la parada del urbano. Si había asientos, ¡qué bendición!, sino te resignabas a irte de pie.

Hoy mi esposa, la llevo en el auto, toma un carrito y en espacios iluminados, con acondicionador de aire, va comprando al precio marcado.  Extraño la voz del cargador y la voz del comerciante que le decía a mama, » Le pongo un tomate de más, para que regrese» y la voz de mamá que decía

«Gracias por el pilón»

 

Diego Rivera

AZTECAS

Una platica postmadura

En el corredor, la brisa refresca la noche. Las poltronas se mecen. Un matrimonio de edad avanzada toma licor de vainilla. El viejo sonrie y sin pensarlo refiere.
– Te acuerdas conchita de aquella muchacha que venía de Honduras, mucama que te ayudaba en las tareas. Sabes, ese cuerpecito fue mío. La meserita del restaurante que nos atendía, ese cuerpecito fue mío. Se sirvió otra copita de licor y siguió. desfilaron otras más y la anciana sin enojo, brindaba con él. Después un silencio donde se escuchaba el ulular del viento. Y Tú? ¿No tienes nada que decir?
– ¿Te acuerdas zeferino la vez que te fuistes una semana a la montaña a cazar con tu amigo Toño?
– Claro, nos dimos la gran vida, mucho ejercicio, y de las pieles de conejo te mandé hacer una estola.
– En la esquina de iguana con venado ¿sabes qué está?
– Quién no va a saber; siempre ha estado allí el honorable cuerpo de Bomberos, ¿ a qué viene eso?
-Pues todo ese cuerpecito fue mío; mientras tú cazabas.

ancianos