En el corredor, la brisa refresca la noche. Las poltronas se mecen. Un matrimonio de edad avanzada toma licor de vainilla. El viejo sonrie y sin pensarlo refiere.
– Te acuerdas conchita de aquella muchacha que venía de Honduras, mucama que te ayudaba en las tareas. Sabes, ese cuerpecito fue mío. La meserita del restaurante que nos atendía, ese cuerpecito fue mío. Se sirvió otra copita de licor y siguió. desfilaron otras más y la anciana sin enojo, brindaba con él. Después un silencio donde se escuchaba el ulular del viento. Y Tú? ¿No tienes nada que decir?
– ¿Te acuerdas zeferino la vez que te fuistes una semana a la montaña a cazar con tu amigo Toño?
– Claro, nos dimos la gran vida, mucho ejercicio, y de las pieles de conejo te mandé hacer una estola.
– En la esquina de iguana con venado ¿sabes qué está?
– Quién no va a saber; siempre ha estado allí el honorable cuerpo de Bomberos, ¿ a qué viene eso?
-Pues todo ese cuerpecito fue mío; mientras tú cazabas.

ancianos