la copla es una forma poética que sirve para la letra de canciones populares. Su nombre proviene de la voz latina copŭla («enlace», «unión»). … El lenguaje de las coplas es coloquial y directo, aunque se recurre a menudo al doble sentido para conseguir efectos cómicos, sobre todo rítmicos.
Los siguientes videos se refieren a la copla con grandes artistas, un vídeo es la excepción donde actúan pedro infante, tintan, y otro con el gran mimo Cantinflas.
El caballo desorientado por un torpe tirón de la brida, dio un salto y el jinete cayó de mala manera. El hombre se rompió una pierna, y el caballo, convencido de que cumplía un deber piadoso, lo remató con una coz en la nuca.
José Alfonso Palacios (1898-1974), compositor de Mi querido Capitán
Fue el primogénito. En un entorno familiar de artistas ya que el padre era actor y la madre cantaba.
En la segunda década del siglo XX, cuando llegó al poder en México Adolfo de la Huerta, se estrenó la revista teatral La huerta de don Adolfo, escrita por Antonio Guzmán Aguilera, versificador zacatecano, y musicalizada por José Alfonso Palacios Montalvo. En la obra, se incluyó el alegre foxtrot Los pavitos, y los cuplés de don Simón, en los que, disfrazada intervenía María Conesa, bella artista española que eligió a México como su segunda patria. En 1920 se estrenó en el Teatro Lírico de la ciudad de México, otra revista de corte político: El jardín de Obregón, en alusión al presidente Álvaro Obregón, también de la autoría de Guzmán Aguilera y de José Palacios. En esta revista teatral se incluyó el foxtrot Mi querido capitán, con letra y música de Palacios Montalvo, que fue un éxito musical y cuya interpretación estuvo a cargo de Celia Montalván.
José Palacios fue parte del grupo de compositores, encabezado por los maestros Alfonso Esparza Oteo, Ignacio Fernández Esperón, Tata Nacho y Mario Talavera que fundaron el Sindicato Mexicano de Autores, Compositores y Editores de Música (SMACEM), que se convirtió en la Sociedad de Autores y Compositores de México.
Fue representante de artistas como Marco Antonio Muñiz, Julio Alemán, Ana Bertha Lepe, Cantinflas, Carlos Lico y otros.
José Alfonso Palacios Montalvo, a quien durante un tiempo se conoció en el medio artístico como El Muerto Palacios, ya que vivió un episodio cataléptico en el que se le dio por muerto, falleció realmente en la ciudad de México, el 17 de octubre de 1974.
Fragmentos de una entrevista que se le hizo al muerto Palacios
La entrevista se realizó en 1970 por encargo de Vicente Leñero y quedó sin publicar, permite sea editada como un documento, talento creativo y picardía del “muerto Palacios”, por haber “resucitado” intempestivamente en su propio velorio y “sobrevivir” más de treinta años.
Celia Montalván fue la gran intérprete, ella estrenó esta canción
…Se la había escrito a una muchacha que “me hacía guaje” con un capitán Un día llegué al teatro y me encontré a la tipa ésta, que aunque le parezca increíble se llamaba Santa; entonces me puse a improvisar algo que tuviera que ver con ella. Armando de María y Campos* me hizo una letra encima del piano, que decía: “Santa tu gracia es tanta que en estas noches de tentación, Santa sin aliño va como niño mi corazón” Era un pretexto para hablar de ella En el teclado dibujé la primera frase y luego me sonó una melodía para el capitán.Para el estreno del Jardín de Obregón yo ya le había prometido al empresario Don Pepe Campillo hacerle algo fácil a Celia, porque por desgracia no había gustado y ya había orden de “darle sus siete días” Como la melodía era muy fácil se hizo popular desde antes del estreno y todos los de la compañía la cantaban Le dije a Guzmán Aguilera “Gus Aguila” que le metiéramos mano al libreto y él estuvo de acuerdo, aunque replicó:
—Pero no podemos decir: “mi querido es capitán” Quítale lo de es y repite más ay hasta que te quede ay ay ay ay mi querido capitán, pues con eso “va a pegar”
Aunque Celia estaba ya completamente “desahuciada”, la hacía yo salir desde una escalera que venía del techo del teatro No preciosamente vestida, sino preciosamente desvestida y salía primero en tiempo de marcha: 4 por 4 Luego cambiábamos a Fox y con todas las muchachas bajando por la escalera en cámara oscura con escalones negros: entonces daba la impresión de que bajaban en el vacío Celia seguía bajando y le pedía al público que si no le coreaba, claro, era una cosa tan fácil que todos cantaban: ay ay ay ay mi querido capitán y todo el teatro era un rugido: se oía hasta el Zócalo Y fue el éxito de mi canción En el Lírico
Años después eran muy de ver las discusiones que tenían Celia y Sofía Alvarez, quien también hizo triunfar la canción, adueñándose cada una del número y peléandose por haber sido la primera en cantarlo Y contaban anécdotas muy bonitas: por ejemplo, Sofía decía que una de las mayores emociones de su vida era haber ido a una plaza de toros en Tampico, donde había miles de almas Cuando cantó, toda la plaza le coreó y dicen que eso era impresionante: Diez o quince mil cantándolo
Y Celia en contestación decía:
—Una de mis mayores satisfacciones fue un día que me invitaron a unos premios de una escuela de niñas en Guadalajara Y salió un coro como de sesenta o setenta niñas vestidas como yo a cantarme Mi querido capitán Para mí fue una emoción grandísima
Después Esmeralda la hizo mucho en sus programas de radio y en disco, que también fue un gran éxito Además de ella, triunfaron con Mi querido capitán, como ya dije: Celia Montalván y Sofía Alvarez, después Rosita Quintana, que hizo la película, con el mismo nombre Los principales eran Rosita Quintana y que estaba adorable y Fernando Soler.
* Tuve el gusto de conocer en Poza Rica. allá por 1962.
Mi vía crucis era cada ocho días. El día que llegaba al mercado la fruta, la verdura. «¡Qué pachorra, mañana hay que levantarse temprano!». Hermosas bolsas de yute tejidas, coloreadas de un amarillo canario o bien de un rosa mexicano. Mi labor era ayudar a mamá, ir detras, mientras hacía la compra. El mercado, rústico, con cientos de gente comprando, pasillos estrechos, ruidosos, extensos.
-Ten cuidado no te vayas a perder.
-Cómo crees ama, ya estoy grande, ya se llegar a la casa.
las manos de ella palpaban la verdura, la fruta y con el rabillo del ojo me buscaba.
Ten cuidado, volvía a decirme, cuando escuchabamos » Allí va el golpe, allí va el golpe.» a pocos metros venían cargando sobre la espalda, la pierna de res o la mitad de un puerco. De la carne goteaba sangre que se derramaba sobre la ropa de los cargadores que a paso rápido transportaban su carga hacia las carnicerías.
-¡Hazte a un lado! y me situaba tras de ella.
Compraba el tomate aquí, la zanahoria allá, y las calabazas, mucho más allá. Íbamos y veníamos como los trompos. Afuera hacía calor, pero dentro del mercado era horno.
-Mama, mire, en este puesto tienen de todo. ¡Aquí compré!
-No. A este señor, le compro el tomate, la viejita que está en el extremo la lechuga, me la da caro.
-Y si se la da caro, ¿porqué vamos hasta allá?
Los dos cargabamos el mandado, hasta llegar a la parada del urbano. Si había asientos, ¡qué bendición!, sino te resignabas a irte de pie.
Hoy mi esposa, la llevo en el auto, toma un carrito y en espacios iluminados, con acondicionador de aire, va comprando al precio marcado. Extraño la voz del cargador y la voz del comerciante que le decía a mama, » Le pongo un tomate de más, para que regrese» y la voz de mamá que decía
En el corredor, la brisa refresca la noche. Las poltronas se mecen. Un matrimonio de edad avanzada toma licor de vainilla. El viejo sonrie y sin pensarlo refiere.
– Te acuerdas conchita de aquella muchacha que venía de Honduras, mucama que te ayudaba en las tareas. Sabes, ese cuerpecito fue mío. La meserita del restaurante que nos atendía, ese cuerpecito fue mío. Se sirvió otra copita de licor y siguió. desfilaron otras más y la anciana sin enojo, brindaba con él. Después un silencio donde se escuchaba el ulular del viento. Y Tú? ¿No tienes nada que decir?
– ¿Te acuerdas zeferino la vez que te fuistes una semana a la montaña a cazar con tu amigo Toño?
– Claro, nos dimos la gran vida, mucho ejercicio, y de las pieles de conejo te mandé hacer una estola.
– En la esquina de iguana con venado ¿sabes qué está?
– Quién no va a saber; siempre ha estado allí el honorable cuerpo de Bomberos, ¿ a qué viene eso?
-Pues todo ese cuerpecito fue mío; mientras tú cazabas.
1. Tomar una o varias porciones de caos (muy pequeñas) y
transformarlas en un pequeño universo.
2. Trabajar con los conocimientos de lector, que sabe más de lo que
cree.
3. Trabajar con la materialidad del texto. Por ejemplo, en este
hiperbrevísimo “Huyamos, los cazadores de letras est-n aq-«.
4. Azotar las palabras hasta conseguir que se agrupen en un rebaño
ordenado. Tener el corral preparado de antemano.
5. Tejer lo fantástico y lo cotidiano en una sola trama. 0 no. Cortar lo
que sobra.
6. Trabajar la primera versión como una piedra en bruto a la que hay
que tallar hasta obtener un diamante facetado. Si no es posible librarse incluso de la más mínima imperfección, tirar la piedra a la basura, sin piedad.
7. Si conseguiste atraparlo, es que está mal. Un buen cuento brevísimo
resulta tan inasible y resbaladizo como cualquier pez o cualquier buen texto literario.
8. A veces no hace falta inventarlos, basta con descubrirlos, incrustados
en otros textos, brillando.
9. Prueba de calidad: si es realmente bueno, muerde.
10. Ser breve. Y, preferiblemente, también genial.
(Rotger, Neus y VALLS, Fernando, Ciempiés. Los microrrelatos de Quimera, p. 141.)
Bolero que fue compuesto por el cubano. Pedro Junco, muchas historias se han tejido sobre la canción titulada. «Nosotros «, se dice que fue basado en un hecho verídico sobre un hombre a punto de morir y quería decirle a su amada antes del fatídico deceso, lo que sentía por ella, por eso la frase,»» No es falta de cariño, te quiero con el alma, te juro que te adoro, y en nombre de esta amor y por tu bien te digo adiós», porque él sabía que padecía tuberculosis pulmonar en etapa terminal y no quería contagiar a su amada, y eso le inspiro a componer esta canción.
Pero lo verdadero es, que Pedro Junco, el compositor de «‘Nosotros», tenía su novia para casarse y sucedió que en esos tiempos azotaba a Cuba una epidemia de tuberculosis pulmonar que dejo muchísimas personas fallecidas, y que todo aquel que se contagiaba moriría irremediablemente, en esos tiempos no existía cura alguna para esta enfermedad.
Pedro Junco se contagió de tuberculosis, y antes de morir compuso la canción que le dedico a su novia, es como una conversación con ella…Atiéndeme, quiero decirte algo, que quizás no esperes, doloroso tal vez….
Pedro Junco falleció a los pocos meses en plena juventud a los 23 años, dejando su sentida canción que ha recorrido el mundo entero, y aunque han pasado muchos años, aun se escuchan sus frases en toda la canción que ha sido grabada en diferentes ritmos y versiones por muchos cantantes y orquestas, convirtiéndose en un clásico musical romántica.
En 1945, el título «Nosotros «fue utilizado para la película mexicana protagonizada por Ricardo Montalbán y Emilia Guiu, la canción en esa película fue interpretada por el fallecido bolerista mexicano. Fernando Fernández.
Pedro, era cubano de la provincia Pinar del Rio. Luis Sexto y Alfonzo Vinas cuentan que a esa hora, el silencio se acentuaba en El Vedado en La Habana, sobre las 11 de la noche del 25 de Abril de 1943, en la habitación que Junco ocupaba en la clínica Damas de la Covadonga, se oía suavemente, «Soy como soy ‘una canción que Pedro Junco compuso y fue grabada en la voz de Rene Cabel, y se dice que el enfermo acababa de quedarse solo, la frecuencia respiratoria había aumentado, el tórax subía y bajaba velozmente María Antonia, su hermana, salió a buscar al médico de guardia, de pronto la música continua sonando en el cuarto ya vacío…Pedro falleció casi silenciosamente, cómo dispersándose en el aire tras las notas de la canción de su autoría.
«Me da igual que algo sea corto o largo; me importa la calidad»*
El microrrelato, según lo definen los críticos, es un texto narrativo que no tiene más de veinticinco líneas. Cuando yo empecé a trabajar el género, se lo llamaba de una forma más simple: «cuento brevísimo». Igual que en cualquier otro género, se puede utilizar para hacer buena literatura o chaupucerías de poca monta. El ingenio es un peligro siempre latente: la frontera con el chiste es muy delgada. Encontrar la idea para un microrrelato es un trabajo de minero: se pone uno la lámpara en la frente y va por el socavón buscando algo que parezca brillar. Cuando lo encuentra, lo desprende con el pico y se lo lleva al salón de tallado. En la tarea de joyero, tallado y pulido, se sabe si se trataba de una piedra preciosa, que va a brillar como una joya, o si hay que tirarla y volver al socavón. La inspiración surge leyendo otros microrrelatos. Este género no puede considerarse un paso previo a la novela. De hecho, yo terminé mi primera novela (Soy paciente) antes que mi primer libro de microrrelatos. No todos los novelistas son capaces de escribir este tipo de obras. Y desconfío de los microrrelatistas que no escriben otros géneros y se refugian en este porque lo creen más fácil. A mi criterio, este auge es casi una fantasía. Al menos en el campo literario, al menos en la Argentina. Nunca se va a encontrar un libro de micros en la lista de best sellers. Y las editoriales no los quieren publicar. Soy una de los poquísimos autores que no se han visto obligados a pagarse su propia publicación. En cuanto a la influencia de las tecnologías, no hay nueva tecnología capaz de convertir en escritor a alguien que no lo es. Y por otra parte, la literatura ya conocía el formato breve. Los haikus, por ejemplo, tienen diecisiete sílabas y miles de anos. Son más breves que un SMS o un tweet. A mí me da exactamente igual que un film, una obra teatral o un texto literario sean cortos o largos. Lo que me interesa es la alta calidad: la capacidad de decir algo nuevo, perturbador, acerca del ser humano. La poesía siempre fue breve y no tiene que dar tantas explicaciones. La mala poesía, las malas películas, el mal teatro, las malas novelas son peores cuanto más largas.
La gente decía que había norte cuando veíamos al viento azotar las palmeras y caían las gotas diminutas que significaba pasar las vacaciones escolares metido en la casa sin poder salir a jugar por días y días. Era lluvia fina, afilada, helada, que caía monótona por semanas, empapaba en brevedad la ropa y dejaba una humedad que hacía tiritar. Le decíamos chipi-chipi.
En esos días la pasábamos en la cocina con mamá, saboreando el café caliente y un pan recién horneado que al morderlo, crujía y esparcía el sabor de la melcocha. Afuera la gotera caía en la cubeta o resbalaba sobre la circunferencia de las naranjas y el tac-tac que escuchaba al caer sobre las hojas del plátano. Cerraba los ojos y veía en mi mente a los quemadores y cómo de su tallo se desprendían lenguas y pájaros de fuego. Yo volaba en una de esas aves y recorría paisajes desconocidos. Hoy comprendo que aquella lluvia tenaz me obsequió los besos tiernos de mi madre y los andamios de mi fantasía.
Nació el 14 de Febrero de 1894 en la ciudad de Oaxaca. Fueron sus padres Ignacio Fernández Ortigoza y Piedad Esperón. Su padre era médico. Su madre era pianista, no fue ella quien le enseñó a tocar el piano, sino Macedonia, una sobrina del destacado compositor Macedonio Alcalá, autor del vals Dios nunca muere, cuando Ignacio apenas aprendía a leer y escribir.
La familia se trasladó a la ciudad de México. En su casa, se reunían frecuentemente sus padres con Amado Nervo, Luis G. Urbina, Ángel del Campo Micrós, Rubén M. Campos, y otros poetas, escritores y músicos famosos.
A los ocho años improvisaba piezas de canciones. Las tocaba en el piano o en el violín que le habían regalado.
Cuando él contaba con sólo 10 años de edad, en el año de 1904, su padre murió.
En 1929, Ramón P. de Negri, ministro de Industria, antiguo conocido de Tata Nacho, lo envió a la Exposición Iberoamericana de Sevilla, España. Ahí, el poeta Francisco Orozco Muñoz, fue quien encabezó al grupo mexicano. En Sevilla Tata Nacho conoció al poeta Federico García Lorca, con quien llevó, desde entonces, una gran amistad.
Conoció también al rey Alfonso XIII, quien en una ocasión lo reconoció desde su coche cuando Tata Nacho iba caminando, se detuvo y lo llevó al Pabellón Mexicano de la exposición. Durante su estancia en Francia, vio el funcionamiento de la Sociedad Autoral y estudió las leyes correspondientes, ya que en México aún no existía una organización así.
El 22 de Febrero de 1945, Alfonso Esparza Oteo, Ignacio Fernández Esperón y otros compositores, fundaron el Sindicato Mexicano de Autores, Compositores y Editores de Música (SMACEM), que pocos meses después se convirtió en la Sociedad de Autores y Compositores de México, y después en la Sociedad de Autores y Compositores de Música (SACM).
Tata Nacho murió en la ciudad de México el 5 de Junio de 1968; sus restos descansan en la sección de compositores del Panteón Jardín.