Si pudiera
llenaría el jarrón
con los latidos presurosos de mi corazón.

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No lo afectó la luz del sol, la cruz o el medallón de ajos; tampoco la estaca, sino cuando le informaron que su primogénito había donado sangre.


Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo, vida,
porque nunca me diste ni esperanza fallida,
ni trabajos injustos, ni pena inmerecida;
porque veo al final de mi rudo camino
que yo fui el arquitecto de mi propio destino;
que si extraje las mieles o la hiel de las cosas,
fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas:
cuando planté rosales, coseché siempre rosas.
…Cierto, a mis lozanías va a seguir el invierno:
¡mas tú no me dijiste que mayo fuese eterno!
Hallé sin duda largas las noches de mis penas;
mas no me prometiste tan sólo noches buenas;
y en cambio tuve algunas santamente serenas…
Amé, fui amado, el sol acarició mi faz.
¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!
Amado Nervo
Después quiso rectificar, Nada se podía hacer el acta iba en camino hacia rectoría.
Tenía dos opciones, volver a hacer el curso con el doctor o bien presentarme a un examen extraordinario. Fui a las oficinas, pagué el arancel. Cuando vi la dirección, me dije » En la madre otra vez por la salida hacia cuernavaca»
La cita era a las quince horas, llegué antes. ¡Sorpresa! encontré viejos conocidos. Cerca de cuarenta que presentaríamos el examen.
-¿Por qué hay tantos?
– ¿No sabes? El maestro le apodamos el «trasatlántico» porque es un gran «barco»* Por eso es que hay muchos.
A las tres llegó el maestro adscrito
» ya no debe de tardar el profesor titular de la materia, el Dr Bueno».
Dieron las seis de la tarde y el auxiliar nos reunió en el salón:
– – En vista de que no ha llegado el maestro, les haré el examen.
Ya nos llevó la chingada, exclamaron varios de mis compañeros. «Este adscrito es un cabrón bien hecho, si nos hace el examen, tronaremos como palomitas de maíz».
Habíamos sacado, el lápiz, el borrador, cuando ¡oh! sorpresa, llegó el titular de la materia.
– – Son muchos, llévate la mitad tú y la mitad yo, así terminamos rápido. ¿Quienes estuvieron en el curso conmigo?
Casi todos levantaron las manos. El dr Bueno, sacó una vieja lista y fue nombrando.
Los que hicimos el examen con el adscrito, terminamos en hora y media el exámen, fue oral. Cinco preguntas, de esas en que sabes o no sabes. Había que esperar, pues la boleta y el acta debe ser firmada por el titular de la materia.
Pasaban de la seis de la tarde cuando empezaron a salir los del grupo que hicieron el examen con el titular. Caras largas, sollozantes y una mirada con rencor.
– ¿Qué pasó?
– Pinche maestro, de todos los que éramos solo pasó a dos. Ya ni chinga, creimos que que nos preguntaría sobre las enfermedades comunes, . Nada de eso se metió con la bioquímica de las hormonas y nos jodió casi a todos.
-Por acá solo reprobaron como cuatro.
–
Hice parada en la calle insurgentes. Fui a ver a mi mentor, mi maestro grande, el que daba todo cada vez que disertaba. Fui a decirle que había terminado la carrera de medicina. Me dio un abrazo de corazón que aún siento el apretón de su sinceridad.



Compositor (Ciudad de México, 1900-1941). Estudió en en Múnich, Alemania. Obtuvo renombre como concertista de piano haciendo giras a diferentes países. En México, sus canciones fueron interpretadas por destacados cantantes de su época. Destacan: No niegues que me quisiste, Pierrot, Guitarras y flores, Nunca digas, Condénala señor, Divina mujer, y ¿Por qué? También escribió música selecta y religiosa. Es autor de la ópera «Don Ramiro», en tres actos.

Frag mur. Teodoro Cano


Corre veloz
Con paciencia de gato;
¿La seguirás?



Tu boca
es una mano de ave,
lastima y canta
besa y se va.

Octavio Ocampo
Pere Calders Tomado de «Un cuento al día»

José Palacios fue parte del grupo de compositores, encabezado por los maestros Alfonso Esparza Oteo, Ignacio Fernández Esperón, Tata Nacho y Mario Talavera que fundaron el Sindicato Mexicano de Autores, Compositores y Editores de Música (SMACEM), que se convirtió en la Sociedad de Autores y Compositores de México.
Fue representante de artistas como Marco Antonio Muñiz, Julio Alemán, Ana Bertha Lepe, Cantinflas, Carlos Lico y otros.
José Alfonso Palacios Montalvo, a quien durante un tiempo se conoció en el medio artístico como El Muerto Palacios, ya que vivió un episodio cataléptico en el que se le dio por muerto, falleció realmente en la ciudad de México, el 17 de octubre de 1974.
