La señora violada y el señor Juez

Juzgaban en el pueblo a un anciano, de violación. el juez detrás del escritorio,  el acusado sentado, y a uno y otro lado, el fiscal y defensor. La agredida al frente, una señora cuarentona, guapa, de mejor cuerpo que sus hijas adolescentes.
Después de haber escuchado a las partes, el juez golpeó con el mazo y sacó un vara. Cansado del bla-bla de ambas partes, quiso poner término a la discusión.
– Acusado, póngase frente a mí y bajese los pantalones y calzones  -Él  hizo lo que pidió el juez. El miembro parecía un capullo de algodón, por las abundantes canas. Con la vara le movió el flácido pene, de un lado a otro sin que hubiese  resistencia y dirigiéndose a la acusadora.
– – Señora ¿usted cree que este moco de pavo, pueda ser capaz de violar?, mire, y movía el pene de un lado a otro sin obtener respuesta de erección.
-Señor juez, con el respeto que merece su señoría, no mueva el miembro con una varita, mejor hágalo con el culo y verá que si se lo ensarta. Dijo la mujer demandante.

juzzgado Descals Ernesto

 

La certeza

Me sentí como un ave sin alas perdida en la selva. Envuelta en la oscuridad, no  dormí esperando la garra final. Falta poco para que llegue la mañana; mi corazón está agotado de tanto correr.

surrealismo

Contramedidas de Pedro Herrero

El mago me ha invitado a que coja una carta de la baraja y la guarde en el bolsillo sin enseñársela a nadie. Luego ha colocado el mazo ante sus ojos, ha fingido atravesarlo con la mirada y, tras pronunciar en voz alta el nombre de la carta ausente, me ha pedido que la recupere y la muestre al público.
Yo vengo a menudo a este local nocturno. Y no precisamente a dejarme engatusar por las argucias de un intruso con chistera, sino a ser yo el que seduzca a toda hembra apetecible que se me ponga por delante.
Sabía que era solo cuestión de tiempo, que algún día el mago querría hacerme el numerito. Suele rondar por las mesas de la sala y elige grupos concurridos, ante los cuales pueda dejar en evidencia a quien lleve la voz cantante.
Esta noche tengo suerte, soy el centro de atención de varias ninfas predispuestas, con las que llevo un buen rato tomando copas como si fuera un pachá. Por eso respondo a la propuesta del mago con una sonrisa díscola, que él, de momento, parece no querer entender. La entenderá enseguida, cuando de mi bolsillo -previamente lleno de cartas- saque aquella que él no espera.
mago

Rusia 2018 o el estilista

No es que tuviese la cabellera larga, lo que sucede es que al mediocampista gustaba peinar la pelota.

peinar la pelota

Chavela

Salí a fumarme un cigarro; mi patrona, Chavela, dice que el humo se mete entre los poros del queso. Lo vi desde que abrió el portón. Chavela también lo vio, pero siguió trasteando en la cocina. Era de la ciudad y al caminar parecía pedirle permiso a un pie para poner el otro, se parecía al muñequito que ponen a los pasteles. Se detuvo cuando ladraron los perros. Grité que pasara, temeroso, siguió. Observé la camisa blanca y la corbata que se enredaba alrededor del cuello por el viento seco, frío de  las tardes y que hace remolinos con la hierba seca.
—¡Buenas tardes! – dijo con voz fuerte.
—¡Buenas, tenga usted! –respondí y pregunté qué se le ofrecía.
—Busco a Doña Chavela —dijo, sujetándose la corbata de rayas azules.
—Espérela tantito ahorita que se desocupe lo atiende.
Sabía que la señora había escuchado, pero ella no saldría hasta que yo le avisara. Fui a la cocina y antes de hablar, me hizo la seña de “qué quiere”.
—¡No sé!  —dije alzando los hombros.
En el corredor había una silla desvencijada que le ofrecí. Sacó un pañuelo con el cual sacudió el polvo y se sentó sin perder compostura.
—¿Tardará?
—No creo, debe estar haciendo alguna cuenta.
—¿Trabajas con ella?
Asentí y antes de que me pudiese preguntar le comenté que por la noche haría harto frío.
—¡Ojalá y no llueva! — exclamó.
—Pues es lo que deseamos por aquí, qué llueva, tiene rato que no cae.
En eso estábamos cuando la puerta se abrió, y salió la patrona con su reboso enredado en el cuello, la falda larga de manta oscura y unas chanclas de plástico que siempre llevaba.
—¿En qué puedo servirle?
Lo invitó a que pasara, el viento no dejaba platicar. Todavía escuché que decía.
—Soy el señor Martínez de la compañía de alimentos…
Entraron y vi en la cara del señor un gesto de aprobación y la mueca inicial de la sonrisa. Yo sabía que lo pasaría a un lado de la cocina, una especie de mesa cuadrada de ocote sin barnizar que cubre con un plástico a rayas. Platicaron como quince minutos. El joven trajeado salió con la cara agria y para echar fuera su disgusto me dijo.
—¿Tú crees que no me quiere vender queso? Le doy el precio que me pide y el cheque y me dijo que no. No entiendo por qué no acepta si el cheque es dinero contante y sonante. Además, no es de mi cuenta, sino de la compañía que represento.
Antes de llegar a la nopalera, leí en sus labios: “pinche india”.
Llegó joven y sin hijos. La recuerdo con el cabello rizado, piel morena, ojos vivos y de manos hábiles. Aquí se casó con Jeremías que tenía una parcela donde sembraba alfalfa y en poco se llenó de hijos. Ella misma se atendía el parto; y al día siguiente, andaba como si nada, solo se oían los lloros del recién nacido. Su prestigio de partera se lo ganó a pulso.
Un día amaneció sin marido y poco después supo que se había ido con una fulana. Tomó las riendas de todo; de las dos vacas lecheras, hizo cuatro; después doce que son las que tenemos en el traspatio. Todas suizas, las cuales dan leche todo el año por los cuidados que les prodiga. Aprendió a hacer queso de todo tipo y poco a poco se fue haciendo de fama. En principio utilizaba la leche de sus vacas, después empezó a comprar la que producían los ranchos aledaños.
Los fines de semana llegan los dueños a ofrecer su leche, ella les da dinero por adelantado y la trata por debajo del precio que está en el mercado. “El hombre medio borracho, es capaz de vender lo que sea para seguir tomando con las viejas que cada ocho días vienen a la cantina”, me decía.
Ella, con el paso del tiempo, se volvió de piel cobriza y le salieron manchas en los pómulos. Se viste como todas las de por aquí, pero no es de aquí. Como estaba sola, más de algún “vivillo” quiso hablarle bonito; ella no cayó. Sabía de sobra que si la buscaban no era por su belleza, sino por las vacas y las tierritas. Tengo mucho tiempo trabajando como peón de confianza; bueno, confianza digo yo, pero en realidad ella no confía en nadie. De vez en cuando me pide alguna opinión acerca de un animal o bien de algunas parcelas o de los chismes que corren. Solo me dice.
—¿Sabes dónde está la propiedad de Tiburcio Moreno? Pues vas allá y con el tractor le das una buena revolcada a la tierra y le siembras Alfalfa.
Voy, lo hago, nadie me dice nada. Muevo la cabeza, me digo.
—¿A que mi patrona ya se hizo de más tierritas?
Pensé que no iba a regresar. Era el mismo muñequito que caminaba, pero con paso más seguro. Ya conociendo el camino y a escaso metros me dijo que le hablará a mi patrona. Ella salió y me ordenó que empacara todos los quesos que hubiese en existencia. Cuando le subí la última caja, con voz queda me dijo.
—¡Oiga, qué difícil es la india!
Al día siguiente, después de tomar el café con el pan, escuché que le decía a la hija mayor.
—¡Cuida a tus hermanos! No me tardo.
Ella tomó el reboso, se puso los zapatos cerrados, asió la bolsa de todos los días, sus enseres. Nos fuimos caminando al rancho de Matías.
—Escoge las cinco mejores vacas y te las llevas al establo. Yo pasaré con doña Chucha que ya no tarda en parir y hay que darle su sobada.

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Pedro Diego Alvarado

Ovidio el primer pancho que se fue

Viviendo en la ciudad de Poza Rica, veracruzano, Siendo Ovidio originario de la ciudad, era  obligado rendirle  un homenaje. Hago la observación que al unirse el trío quedo conformado por uno del estado de Querétaro, otro por Puebla y el de Veracruz.

El reconocido cronista de Poza Rica Leonardo Zaleta* fue quien develó el misterio al afirmar que contrariamente a lo que se cree, Ovidio Hernández sí,  nació en Poza Rica y no en Potrero del Llano en la antigua hacienda El Alazán, Municipio de Álamo Temapache. El cantante que triunfó cuando fue integrante del trío de Los Panchos, nació en Poza Rica el 31 de diciembre del año de 1934 y falleció en México D.F. el 27 de septiembre de 1976.

De padre con ascendencia francesa y madre mexicana, fue el más pequeño de cinco hermanos. A los 18 años decidió vivir solo y se mudó a una casa de la  Col. Manuel Avila Camacho, de la ciudad de Poza Rica donde empezó a rodearse de músicos de la época y a destacar por su peculiar voz. No fue sino hasta que el grupo «Los Astros»lo invita a ser su primera voz, cuando se introduce de lleno en ese oficio recorriendo muchas ciudades de la república. Más tarde se integra al grupo Los Galantes y, dada su calidad, en 1971 se suma al reconocido trío Los Panchos. Se da a conocer internacionalmente, interpretó canciones que aún permanecen en el gusto popular.

Recientemente una tarde el 21 de diciembre en 2008. en Poza Rica de Hidalgo, Ver. se cambió el nombre de la «Plaza Garibaldi» a «Plaza «Trío los Panchos» en Memoria del Trío y de su Integrante Ovidio Hernández. En el lugar se encuentra su efigie tallada en bronce.

No existe en Internet ni siquiera un somero perfil de la vida artística del Trío Los Astros, a pesar de que su música tuvo una repercusión extraordinaria dentro del mundo de la discografía mexicana y mundial, siendo que muchos de sus éxitos aun lo seguimos oyendo en su original interpretación, llegándose el caso de que algunos de ellos jamás han podido ser cantados igual o mejor de lo que ellos lo hicieron, pero sin embargo tenemos que reconocer que a ese prestigioso grupo musical no se le ha brindado el reconocimiento que merece y que se ganó a fuerza de imponer su buena música en una época donde la competencia era definitivamente apabullante, por lo que solo sobresalían aquellos que verdaderamente poseían un real y evidente talento que difundir. El denominado Trío Los Astros, fue donde originalmente se destacó Ovidio Hernández antes de formar parte del Trío Los Galantes primero y luego del afamado Trío Los Panchos, tiene un historial digno de hacerse publico para que los amantes de la música, sobre todo del bolero, y del bolero interpretado por tríos, puedan recordar a estos memorables músicos y a los temas que con su arte hicieron famosos en el pentagrama musical universal.  Introito: El Blog del Bolero.
Además de Ovidio Hernández, este afamado grupo musical estuvo originalmente integrado por Florentino Urbina y Felipe Compan Montalvo.  Con esta agrupación musical logra grandes éxitos y un reconocimiento como solista de dimensiones extraordinarias, que le abre un mercado de suma importancia para él. Luego organiza Los Galantes…

“TRIO LOS ASTROS: CANCIONES INOLVIDABLES”

ovidio-hernández

Ovidio Hernández se inicia con los Astros. «Oyelo bien» de Abel dominguez

 

Albur

Motivo y razón

El segundo trío en el que incursionó se llamó los Galantes

Enamorada

Novia mía

Por tu amor

 

Con el trio los Panchos

 

Chucho navarro, autor

 

*Originario de Poza Rica, es licenciado en derecho (UNAM, 1971). Fue coordinador de Servicios Sociales y Culturales de Pemex (1995-1998). Ha escrito 25 libros, 10 de ellos dedicados a Poza Rica. Fue nombrado Cronista en 2001 y en 2011 presidente de Cronistas de Veracruz. Colaboró y dirigió la revista Solidaridad. Es vocal de la Asociación Nacional de Cronistas de Ciudades Mexicanas. Sus libros Tajín: misterio y belleza (con más de 130 mil ejemplares vendidos) y La danza de los voladores, fueron traducidos al inglés y al alemán en 1999.

Oía tu mano en mi hombro

¡Nunca digas que no te guardé!
leía, respiraba tu sabor de luna.
Entre las sábanas oía
tu mano reposar en mi hombro.
No reía,
lloraba.
Mis versos tenían tu carne
y pringaban
como las chispas de un fogón eterno.
Tropezaba con el canela húmedo de tu pezón
y tu nuca alborotada por la fragua
caía insistente
sorbiendo ávida mi textura de varón.
Por favor,
nunca digas que no te guardé.

octavio ocampo

Ellas y los Panchos

Las mujeres de Los Panchos

Lic. Edilberto Escobar Cascante*

No hace muchos años (2012) murió en Argentina Estela Raval (Palma Nicolina Ravallo). Estelita, para los que compartimos con ella algunas veces, Tela para sus tres hijos, sobrinos, hermanos y admiradores de peña, en el barriecito donde nació, desarrolló su vida de artista y murió. Tenía una voz extraordinaria y una voz suavecita, de esas que cuando uno la oye, dice: “¿Será que esta canta o será que lee un poema romántico?”. Era una voz privilegiada, un tono tan, pero tan melodioso que la garganta de la che fue calificada como un susurro, más allá de la opinión de la gran Virginia López, hasta antes de ella, la voz del amor. Estela fue una de las pocas voces femeninas privilegiadas que cantaron con el Güero Gil, con Chucho Navarro y Hernando Avilés; Julito, Johnny Albino, Enrique Cáceres y Raúl Shaw Moreno, en los mejores tiempos de Los Panchos. Con ocasión de su desaparición física la evocamos.

Junto con Eydie Gormé, Gigliola Cinquetti, María Martha Serra Lima y casi, casi, Vicky Carr, fue una de las mujeres de Los Panchos. Un club privilegiado y muy cerrado. Los acompañó a giras, grabó con ellos y fue a México a hacer largas temporadas, en los mejores teatros de la capital azteca de los años setentas. Se encontró con Los Panchos porque entre los años 70 y 71 estos estuvieron en Buenos Aires y Estela era en aquel tiempo la primera voz de los Cinco Latinos.

Ya antes Chucho Navarro y el Güero Gil habían discutido la posibilidad, no de incorporar una voz femenina permanente, en el trío, sino de buscar las mejores voces femeninas de la canción popular de ese tiempo para grabarles y Estela Raval era una de las escogidas. Fue por eso que buscaron en Buenos Aires a la famosa “macha argentina”, que esta ya se había dado a conocer con los Cinco Latinos, con un feelings muy parecido al de los Hermanos Silva de Chile con Teresita Silva.

Pero también Estela Raval hizo época no solo con Los Panchos, con quienes grabó tres LP (Martha, Tú me acostumbraste y Noche de ronda) sino que también lo hizo con Alberto Cortés, Olga Guillot, Vicky Carr, Ray Conniff, Paloma San Basilio, Johnny Mattis, Andy Williams, Sandro y Luis Aguilé. Murió después de 11 largos años de luchar contra el cáncer de mama.

Otra privilegiada mujer de Los Panchos fue Eydie Gormé, una voz hermosa, descubierta entre los clientes de la taberna Copacabana de Nueva York en 1964. Grabó con Los Panchos cuatro LP, entre los que destacaron Piel canela, Desesperadamente, Vereda tropical y Felices pascuas. Con ella Los Panchos conquistaron el mercado norteamericano, gracias a sus presentaciones con Eydie Gormé en los shows de Ed Sullivan, Johnny Carson, Jerry Lewis y Frank Sinatra.

Gormé grabó con Danny Rivera un bolero que a la fecha resuena por todos lados: “Para decir adiós”. Es justo en ese mismo tiempo cuando el famoso trío Los Panchos estuvo muy cerca de fichar a la también norteamericana Vicky Carr (Florencia Vicente de Casillas Martínez Cardona), pero por asuntos meramente de agenda la rubicolochuda texana no pudo concretar su sueño de cantar y grabar con Los Panchos, por eso el trío permitió que ella les grabara temas inéditos y de los que Vicky hizo grandes éxitos.

La tercera bendecida mujer de Los Panchos fue María Marta Serra Lima, nacida en la música en Buenos, Argentina.

Hay que agregarle a Silvia pinal e Imelda Miller ( no lo subo por que es de mala calidad) Sendero

Eydie Gormé